viernes, 18 de abril de 2014

EL CABALLERO DE LAS LETRAS HA MUERTO





EL CABALLERO DE LAS LETRAS UNIVERSALES, NACIDO EN ARACATACA (COLOMBIA), HA MUERTO.


+ 17 de marzo de 2014, jueves santo, a las 3 p.m.

………………………….


CIEN AÑOS DE SOLEDAD, NOVELA SÍMBOLO DE UNA ÉPOCA


                                                                  Lucila González de Chaves


Nota: Este comentario a la obra de Gabriel García Márquez, publicado en el periódico EL COLOMBIANO en el año 1967, pocos meses después de aparecer en las  librerías, su gran novela “Cien años de Soledad”, fue el primero que se conoció en Antioquia.

…………….

La novela de García Márquez, tan celebrada por los más y tan discutida por tantos, se desenvuelve en un lugar de la región del norte de Colombia: el supuesto Macondo; región hostil; sin embargo, los personajes van a tener más poder que la misma naturaleza.

(A propósito: el año pasado, 1966, la revista “mundo Nuevo” editada en París para los países de América Latina, publicó en su novena entrega  -según información de Lecturas Dominicales del periódico El Tiempo, 23 de abril de 1967-  fragmentos de la novela de García Márquez El Insomnio de Macondo. ¿Será ésta la que hoy conocemos como Cien años de Soledad… de Macondo?).

Si se nos permite, pudiéramos decir que la obra se divide en tres partes, así:

 1. Fundación de Macondo.  
 2.  Vida política, militar y social de Macondo. 
 3.  Decadencia y desaparición de Macondo.

Cada una de estas tres partes tiene sus típicos personajes: el primer Buendía, José Arcadio, el fundador: un iluminado que guía a su pueblo de acuerdo con sus propios sueños. Melquíades, el gitano, que lleva  progreso y adelantos civilizadores, un personaje que no quiere quedarse en el mundo de los muertos, y sigue asistiendo a Macondo desde su cuarto de inventos.

Aureliano (no recordamos si es el primero, el segundo o el tercer Buendía de esta historia), que reparte su vida entre su esposa, Fernanda, y la amante, Petra Cotes. Esta última es quien ha hecho de los jóvenes de Macondo, hombres, y de los muchos hombres, indefensos niños.
Todos los Buendías  -la lista es larga-  son, en su orden y en su tiempo, personajes típicos, tanto hombres como mujeres, tanto los legítimos como los que no lo son.

Otra de las características de la novela es la mezcla de realidades y de situaciones legendarias, fabulosas: las levitaciones, el aburrimiento de Melquíades en el mundo de los muertos y sus constates apariciones, las que lo convierten en un permanente visitante de la casa-hotel-manicomio (que es la peculiar casa de los Buendías), el aguacero persistente, tanto de día como de noche; más exactamente: “Llovió cuatro años, once meses y dos días” (p. 267, primera edición, 1967);  -esta es un de tantas hipérboles del libro-, las mariposas amarillas que van anunciando el encendido amor del galán  de una de las Buendías, la lluvia de hojas que caen insistentemente a la hora de la muerte de la ya centenaria Úrsula de Buendía, etc.

Pero, volvamos a los personajes. Todos ellos viven sus vidas vulgares, ordinarias, en un escenario gris y sin relieves. La monotonía y el aburrimiento no logran amordazar las pasiones de este grupo de Buendías que pueblan las páginas de esta novela.

De todo hay en el mundo descrito por García Márquez: ya dijimos que el primer José Arcadio Buendía es iluso y visionario; pero, además es el hombre que tiene miedo a la realidad. Un soñador suele ser una cosa peligrosa. Y muy soñador es este Buendía que funda un pueblo y luego se construye un mundo interior: habla sin cesar de cosas que nadie oye y, un día, acaba atado al almendro de la casona.

Y Úrsula, la esposa de José Arcadio, batalladora e indomeñable, que asiste a los cien años del Macondo de su esposo.

Y Amaranta  -Buendía también-  que esconde bajo la máscara de la pureza y de la abnegación de buena tía, la vergüenza de una vida íntima poco limpia.

El más célebre de los Buendías, el segundo: el Coronel Aureliano Buendía, quien promueve treinta y dos guerras  -y las pierde todas-, riega por todo el territorio colombiano diecisiete hijos: diecisiete Aurelianos, según la voluntad de Úrsula, la abuela y madrina de todos estos niños.

Este Coronel Aureliano es una mezcla extraña de dignidad y de cobardía, de ideales y miserias; igual a Petra Cotes, que reúne en grandes cantidades el pecado, la valentía y la generosidad.

No podemos pasar por alto a Santa Sofía de la Piedad, mujer silenciosa, solitaria e impenetrable, quien en algún momento de este apretado relato es madre de otro Buendía y que, al perderlo, se dedica a cuidar silenciosamente al Buendía de turno, quien ocupa el cuarto del gitano.

Fernanda, la esposa legítima de un Buendía soñador y andariego, desentona un poco en la casona, porque tiene aires de gran dama, de matrona de sangre azul. Quizás, por esto, Remedios la Bella (otra de las esposas de uno de tantos en esta casa de muchos) se eleva hacia el firmamento llevándose las sábanas recién lavadas de la distinguida señora Fernanda.

Rebeca, otra esposa de un Buendía, alivia sus tensiones emocionales regresando a sus vicios de infancia: chupa dedo, come tierra y cal; tal vez, por esto es por lo que vomita lagartijas vivas. Es ella la que da uno de los escasos toques románticos a esta obra: después de haber vivido un apasionado amor con José Arcadio Buendía (hijo o nieto del primer José Arcadio), cuando lo pierde, rompe con el mundo y se encierra a vivir de los recuerdos. (p. 139, primera ed., 1967).

En la novela de García Márquez predomina la narración.

 ¡Qué forma embrujadora de narrar!

Son muy escasos los diálogos. En cambio, hay secuencias como el monólogo de Fernanda que abarca cuatro páginas en las que no hay un solo punto y aparte. Esta obra de gran excelencia narrativa, tiene sus toques de humor irónico, sus apreciaciones brillantes sobre la injusticia social, a raíz de la recién creada Compañía Bananera en Macondo, y cuya huelga marca la decadencia del pueblo. Leerla y entenderla es un poco difícil por la gran ampliación de ideas en muchas de sus partes y por la incansable repetición de los nombres que desconciertan y desorientan en el seguimiento de la trama.

Medellín, 1967

…………………………………………………………………………………………….


PERSONAJES DE “CIEN AÑOS DE SOLEDAD” PARIENTES ENTRE SÍ:

Petronila Iguarán – Tranquilina María Miniata Alacoque Buendía – Aureliano Iguarán – Aureliano Buendía 1. – José Arcadio Buendía 1. – Úrsula Iguarán – Rebeca – Pilar Ternera – Aureliano Buendía, el Coronel – Remedios Moscote – Amaranta – Aureliano José – Santa Sofía de la Piedad – José Arcadio 2. – 17 Aurelianos, hijos del mismo padre y con el mismo nombre, regados por todo el país – Remedios la Bella – Petra Cotes – Aureliano 2. – Fernanda del Carpio – José Arcadio, el que debía ser Papa – Mauricio Babilonia – Renata Remedios (Meme) – Gastón – Amaranta Úrsula – Nigromanta – Aureliano, discípulo de José Arcadio 2. – Rodrigo Aureliano.


PESONAJES NO PARIENTES ENTRE SÍ:

Melquíades – el sabio catalán – Coronel Gerineldo Márquez – Coronel Gregorio Stivenson – Camila Sagastume (la Elefanta) – Coronel Lorenzo Gavilán – Bruno Crespi – Pietro Crespi – 60 compañeras de Meme – 4 monjas acompañantes – Petronio el sacristán – el judío errante – los gitanos – los gringos de la Compañía Bananera – Mr. Brown – Mr. Herbert – el Padre Antonio Isabel – las prostitutas francesas – el capitán Aquiles Ricardo – Alirio Noguera – General José Raquel Moncada – Prudencio Aguilar - 
Arnaldo de Volanova.
…………………………………………………….

Como maestra de literatura e idioma durante cincuenta años, me uno  al duelo por la muerte de este arquetipo de las letras, Gabriel García Márquez (1927 – 2014), y volveré a leer las obras que más me han gustado:

El Coronel no tiene quien le escriba

El General en su laberinto

Del amor y otros demonios

El rastro de tu sangre en la nieve

En este pueblo no pasa nada

Y, su primera novela, de la que nadie se acuerda y nadie nombra, en la extensa lista de la producción del Nobel: La hojarasca. Cortísima novela que yo he leído más de tres veces y la he puesto de ejemplo al hablar del manejo del monólogo en la literatura. No importa que los críticos la hagan a un lado porque se parece a tal autor, a tal novela, etc.

El siguiente es un pequeño apunte sobre esta significativa Hojarasca:

En tres preciosos monólogos: El del viejo Coronel, el de su hija Isabel y el de su nieto; tres personajes que asisten al velorio del enigmático médico que un día llegara a Macondo. El autor, con una sutileza, hábilmente manejada, refleja la desolación y la angustia que la fiebre del banano ha dejado en nuestro país.

¿Por  qué se suicidó el doctor?

Cada uno de los tres personajes da rienda suelta a sus pensamientos; así, esta breve obra se convierte en una de las piezas con más carga psicológica que en muchas otras producciones.

Al final no quedan sino baúles llenos de secretos y hojas (dinero) que se los lleva el viento, y que constituyen parte de la hojarasca:

El primer párrafo:

De pronto, como si un remolino hubiera echado raíces en el centro del pueblo, llegó la compañía bananera perseguida por la hojarasca. Era un hojarasca revuelta, alborotada, formada por los desperdicios humanos y materiales de los otros pueblos, rastrojos de una guerra civil que cada pez parecía más remota e inverosímil. La hojarasca era implacable. Todo lo contaminaba de su revuelto olor multitudinario, olor de secreción a flor de piel y de recóndita muerte.


Y, ¿el personaje principal? Ni su nombre, ni su lugar de origen, ni su familia…

En la pág. 52 leemos:


Fue el único médico en el pueblo, hasta cuando llegó la compañía bananera […]. Él debió ver los nuevos rumbos trazados por la hojarasca, pero no dijo nada. Siguió abriendo la puerta de la calle, sentándose en su asiento de cuero, durante todo el día, hasta cuando pasaron muchos sin que volviera un enfermo. Entonces echó el cerrojo a la puerta, compró una hamaca y se encerró en el cuarto […].

jueves, 17 de abril de 2014



(Recuerdos de una especial Semana Santa)


LA BLANCA Y SEÑORIAL POPAYÁN

Lucila González de Chaves


Reconstruida en un noventa y cinco por ciento, la ciudad de Popayán emerge del caos en que la dejó sumida el último terremoto en 1983. Y surge uniforme, gallarda y acogedora, como si fuera otra Colombia. Ella es la “señora de la cultura”, la limpieza, la aristocracia, la religiosidad. Ni en sus muros encalados, ni en sus monumentos, universidades y colegios se encuentran grafitos (“grafitis”) desafiantes, jocosos o acusadores. En el sector histórico y colonial, nada atenta contra aquella armonía blanca que es Popayán, “fundada por Sebastián de Belalcázar en 1537, y que recibe cada mes unos diecisiete mil turistas; en Semana Santa, por lo menos, sesenta mil visitantes”, según datos de la Secretaría de Planeación Municipal (Banco de Datos).

La Semana Santa

Comienza su Semana Mayor a las once de la mañana con la procesión del Domingo de Ramos. En ella desfilan los decanos de la Orden de la Alcayata, detrás de los miembros de la Junta Permanente Pro-Semana Santa.

El lunes santo no hay procesión, es el “Día del Carguero”;  a las 6 de la tarde se celebra una misa solemne en la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, en la que el señor obispo, o su delegado, hacen una sentida semblanza de los cargueros y condecoran a los más antiguos, con la “Alcayata de Oro”.

El martes santo, a media tarde, se realiza la “Procesión de la caridad”, organizada por la Unión de Voluntariados del Cauca; su objetivo es ayudar a los ancianos; por eso, todos los participantes portan alimentos, mantas, sábanas y todo lo que pueda necesitarse en el asilo. Confundidos con los fieles, vimos a los altos gobernantes llevar su “aporte de caridad” para los ancianos: bolsas plásticas con alimentos.

Pero, “La Jerusalén de América” tiene cuatro procesiones mayores organizadas por la alta sociedad payanesa: martes, miércoles, jueves y viernes santos; las cuatro, en las horas de la noche.

Las flores que adornan los pasos (nueve, en total) de la solemne procesión del martes son blancas, símbolo de la pureza de la Víctima que va a entregarse por los hombres. El miércoles, las flores de todos los pasos (también nueve) deben ser rosadas, símbolo del júbilo de los hombres por haber sido rescatados del pecado. Los pasos (quince) del Jueves Santo se adornan con flores rojas porque es el Día del Amor. Y las del Viernes Santo son moradas: todos llevamos en el corazón el luto por la muerte del Señor y un gran dolor por la soledad de la Madre. Los pasos de este día son trece.


Los cargueros

Son señores entre los veinticinco y sesenta años que difícilmente ceden su puesto junto a su  Paso  (“paso: efigie o grupo que representa un suceso de la Pasión de Cristo y se saca en procesión en la Semana Santa” – DRAE). Muchos de ellos son aristócratas; otros ocupan altos cargos públicos y han recibido de sus mayores la tan  honrosa herencia de “cargueros”. Para cada Paso se necesitan ocho, cuatro adelante, cuatro atrás. Tienen la misma estatura, marchan con el mismo pie, al  mismo ritmo, y sienten el orgullo de cargar su  Paso y colocar en su hombro encallecido y en su cintura, la blanca estola, que manos de mujer enamorada (esposa, hermana, novia, abuela o madre), bordó con primor, exclusivamente para ellos y para ese trascendental momento. Esto también es tradición.

Cada cincuenta metros, descansan cinco minutos porque el peso del Paso va desde quinientos hasta ochocientos kilos. En los minutos de descanso, el Paso se asienta sobre cuatro soportes a la altura de las andas, llamados “alcayatas”. (De ahí se derivó el nombre de la condecoración para los cargueros). Las siguientes palabras de un carguero, nos dan la dimensión exacta de esa vocación:

“Cuando transcurren las procesiones y vamos cargando, surge en nuestro interior la verdadera cara de identidad como payanés, como semanasantero y como cristiano”. (Eduardo Bonilla Montúa).

Y este párrafo del doctor Carlos Lleras Restrepo es la mejor definición de los cargueros:

“Es hermoso el espectáculo de una ciudad que se une con los círculos fortísimos de la tradición para esta imponente celebración colectiva. Pero sobre todo, he admirado a los “cargueros” que son los mejores depositarios de esa tradición. Cuando los veía avanzar con acompasado paso, bajo el peso de las imágenes sagradas, a la par humildes y orgullosos, me parecía ver en ellos a los portadores de una historia llena de gloria y sacrificios, soportando el peso de glorias pasadas y de los problemas presentes, con nobleza histórica”.

Las sahumadoras


Son jóvenes bellas y esbeltas de alta clase social, que en las noches de las procesiones, visten  trajes de “ñapangas” (mestizas, mulatas), llevan en sus manos sobre ricos mantos hermosamente tejidos, un pebetero adornado con flores en que el incienso se quema lentamente y va perfumando la noche payanesa y la majestuosidad de la procesión. Pero, hay entre las sahumadoras, una que es del pueblo, sin belleza, sin pergaminos, sin juventud. Su constancia, entusiasmo y fe le han dado el derecho de ejercer este rito durante cuarenta años consecutivos.



Los alumbrantes

En dos interminables filas van hombres, mujeres y niños de todas las edades, de diferentes clases sociales. Portan un cirio encendido y dos o tres para ir encendiéndolos, porque las procesiones duran de cuatro a cinco horas. Los alumbrantes dan realce a la procesión y marchan en silencio, con lentitud y recogimiento porque se han dicho a sí mismos “que cada cirio encendido sea un NO a la violencia”.

Los regidores

Imponen el orden en las procesiones. Vestidos de riguroso frac y con el signo de la redención (una pequeña cruz) en sus manos enguantadas, van recorriendo las calles en silenciosa vigilancia de su Paso, de sus cargueros, de los alumbrantes y del público espectador, para que no se quiebren el silencio y el respeto que acompañan a tan grandiosa manifestación de fe.

Realidades que van convirtiéndose en leyendas

A los turistas les cuentan las gentes de Popayán muchas historias que corresponden a realidades lejanas y que se van convirtiendo en leyendas. Entre las que por Semana Santa cobran importancia, están:

El ánima sola

Alguna persona se vestía como los cargueros (túnica y capirote) y salía por calles y plazas recogiendo dinero para el alumbrado y las flores de la Semana Mayor. Hoy, cuando se presenta en las noches, nadie le da limosna y los turistas intrigados, preguntan por su nombre.

Barrabás

En el atrio de la iglesia de San Francisco, el Viernes Santo, solía apostarse un hombre taciturno que pedía limosna para los presos. Estaba siempre custodiado por un policía, porque también él era un preso. Ese día, salía de la cárcel, por unas horas, para simbolizar el hecho histórico de cómo se prefirió soltar a Barrabás y condenar a Jesús.

El Cachorro

Cuando el doctor Guillermo León Valencia (hijo del gran poeta Guillermo Valencia) –presidente de Colombia-  estuvo en España, vio agonizar en una calle de Sevilla a un gitano apodado “el cachorro”, víctima de unas cuchilladas. Cuentan que le impresionó tanto la expresión de aquel rostro, que hizo esculpir un Cristo con ese modelo. Trajo el Crucifijo –aproximadamente de dos metros de alto-   a Popayán y lo entregó a sus amigos los cazadores de patos. Desde entonces, este destacado grupo social payanés tiene Paso propio en la procesión del Jueves Santo: es El Cachorro, nombre con  que se conoce este Crucifijo, símbolo ya de toda una ciudad heroica y noble.

El festival religioso

Hay que destacar el suceso artístico de cada año, realizado también en la época de la Semana Santa; es el “Festival de Música Religiosa” que en el presente año (1991) realizó la vigésima séptima edición. En el hermoso templo de La Encamación, de puro estilo barroco, se reúnen cada año los amantes de la música de varias ciudades del país, para escuchar obras inmortales en conciertos diarios desde el domingo de Ramos hasta el Viernes Santo. Año tras año el doctor Edmundo Mosquera Troya logra conformar el Festival con agrupaciones como la Orquesta Sinfónica del Valle, la Sinfónica de Colombia; grupos corales de gran valía y técnica llegados de diferentes ciudades del país, y solistas destacados de la talla de Blanca Uribe, Harold Martina, Álvaro Huertas Nieto.

Una grey sin Pastor

La blanca catedral se llenó de luto, silencio, lágrimas y adioses al Pastor. La catedral, su obra predilecta, que reconstruyó con amor y dedicación; a solo cinco meses de haberla dado al servicio, Monseñor Samuel Silverio Buitrago Trujillo (arzobispo de Popayán) comparece ante el Padre. Una estatua de la Virgen Asunta de casi siete metros de altura abre sus brazos y se yergue majestuosa para presidir los funerales del príncipe de la Iglesia. La aristocracia payanesa se confunde con el pueblo en una interminable fila para dar el último adiós a su Pastor. A las once de la mañana del Jueves Santo, el Día del Amor, Cristo reclama a su representante, y una grey huérfana llora su ausencia.



(Artículo publicado en El Dominical del periódico El Colombiano, el domingo 31 de marzo de 1991, y merecedor de un diploma del Círculo de Periodistas de Antioquia y una elogiosa carta de los gobernantes del Cauca).

........................................

lugore55@gmail.com

Tel. 413 15 63

Blog: lucilagonzalezdechaves.blogspot.com

lunes, 14 de abril de 2014

Encuentro cultural en homenaje al Idioma

EL IDIOMA Y SU PRESENCIA EN LA VIDA DEL HOMBRE


Lucila González de Chaves
Lugore55@gmail


Antes de hablar de lo que el idioma representa en la vida del hombre, quiero  resaltar esta noche la fuerza y la eficacia de dos grandes amigos de siempre, ambos cultores y promotores del arte: Adriana Hernández, el “Hilo de Luz” que, en tertulias de gran valor artístico, hace gustar y admirar la cultura de Antioquia y Colombia, en lejanos espacios extranjeros. Ella, es un Hilo de Luz, poderoso y radiante, que un día quiso abrir esta Casa del Arte: Centro de emprendimiento cultural “El Café Rojo”, para continuar la historia de nuestro pueblo ávido de arte. Además, reconocemos en Adriana, no solo a quien interpreta con excelsitud la poesía, también a quien cultiva con gran acierto, el arte de crearla, ¿cuándo podremos presentar aquí su libro de poemas  Esperando Abril?

Y Henry Cardona quien ha entregado su vida entera a formar juventudes para el arte; pero no solo es mentor (él también, un hilo de luz), sino que ha organizado infinidad de actos culturales en Medellín y en muchísimos pueblos de Antioquia, para dar a conocer la diversidad del arte. Aquí mismo, ya lo han visto ustedes dirigiendo, orientando, iluminando brillantes presentaciones de diverso género.

Adriana, Henry y  sus amigos y colaboradores más cercanos y desinteresados aúnan fuerzas, esperanzas y realizaciones para sacar adelante sus proyectos. Por todo ello, es para mí un honor estar esta noche con ellos y con todos ustedes.

Quiero hacerles un reconocimiento especial en las palabras del escritor español Víctor Corcoba Herrero, quien dice:

“En la poesía están todas la emociones, todas la identidades creativas y todos los cánticos liberadores. Hay que volver a ella para hallarse consigo mismo y aproximarse a lo absoluto, para reencontrar la paz malgastada y borrar de la memoria amores que no son.
“En el perenne gozo de la enigmática belleza (que es la poesía) anida la autenticidad de la que estamos hambrientos…
“La poesía es una exigencia para dar voz a los sentimientos arrinconados… A la poesía hay que reconocerle su efecto socializador, su carácter persuasivo y único. Convive con cada uno. Forma parte de  nuestra existencia. Lo decía Bécquer: ‘Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía`.
“Los intentos del ser humano por comprender el origen de los dioses y, en ellos, del cosmos, encontraron su primera locución en la poética….
“La poesía es imprescindible y necesaria en la época actual, aunque solo sea para poder respirar placenteramente y saber que existimos con pensamientos renovados y libres de ataduras…
“En el fondo, un poema no es algo que se ve, sino algo que se siente…”

Por eso, estos amigos entrañables, Adriana y Henry, y todo su equipo colaborador llevan como consigna que el idioma y sus manifestaciones en todos los campos, tienen que estar presentes en la vida del hombre. A esa verdad de que el idioma es, al mismo tiempo, nuestro ser, nuestros sentimientos y pensamientos, agrego unos cuantos conceptos para afirmar


EL  PODER  DE  LA  PALABRA


porque ella es el núcleo fundamental de la expresión. Desde siempre se nos ha dicho que el hombre es un animal racional, es decir, capaz de razonar. Si el ser humano razona, si piensa, es capaz de amar, de reír y de hablar. El amor, la risa y la palabra nos separan definitivamente del animal. Dicho de otro modo: la capacidad de ser alegres y el don divino de la comunicación, hacen que  seamos un grupo aparte, en el proceso de la creación y en el desenvolvimiento de la historia.

(En virtud de mi profesión de maestra del idioma y de literatura, durante cincuenta años, con la lectura y el estudio de numerosos escritores y ensayistas de todas las escuelas y de todas las épocas, entre ellos, Ortega y Gasset, Pedro Laín Entralgo, Martín Vivaldi, Eugenio Coseriu, Azorín, Pedro Salinas, García de Diego, Marouzeau,  he podido ordenar y enriquecer mis conceptos sobre el idioma, esa suma de palabras, que dan cuenta de nuestro ser.)

La palabra, tan necesaria en la comunicación, no tiene cabida sino en la frase; y en la frase no la tienen los múltiples significados de la palabra, sino uno sólo, el necesario en esa frase. La palabra, tiene en ella una significación momentánea, determinada por la situación, que nuestro pensamiento o nuestros sentimientos le asignan en esa  frase, dirigida, exclusivamente, a quien nos escucha o nos lee. Por eso somos responsables de nuestras palabras; una sola de ellas da cuenta, a quienes nos escuchan, de nuestra nobleza interior o de la mezquindad de nuestra vida espiritual, o cultural, o afectiva. Somos en nuestro interior tal y como son nuestras palabras.

La palabra es un puente entre nuestra muy íntima realidad y la realidad del otro; entre el YO hacia el TÚ, para llegar a un NOSOTROS; pero ocurre casi siempre que nuestras deslealtades, nuestros prejuicios y odios y rencores incondicionales, borran el NOSOTROS, desconocen el TÚ, es decir, a los otros, y sólo quedan las palabras narcisistas alabando el YO.

La efectividad de la palabra está circunscripta al “almacenamiento” interior de cada individuo. Un almacenamiento que está constituido por lo psicológico, lo afectivo, lo espiritual y lo intelectual. A mayor almacenamiento, mayor necesidad de la palabra y, por consiguiente, mayor responsabilidad en el empleo de ella. A un mayor y enriquecido almacenamiento interior, corresponden más amabilidad en las palabras, mayor equilibrio en el tono con que se pronuncian, mayor facilidad en el acercamiento a los demás, cualesquiera sean quienes nos hablan o nos escuchan; a menor almacenamiento interior, corresponden mayor rudeza y altanería en la palabra, más egolatría, menos comunicación amable y bondadosa.

Es bueno preguntarnos en esta celebración del Idioma, y siempre, ¿cuánto respeto tenemos por la palabra hablada y escrita?, ¿cuánto hemos estudiado su funcionalidad y manejo en relación con nuestro ámbito familiar, afectivo, laboral, cultural?, ¿hemos pensado seriamente en las secuelas positivas o malignas que nuestra palabra pueda dejar en el otro?

El sentido de la palabra no puede ser más que aproximativo, como lo es nuestro propio pensamiento;  ocurre que las palabras resultan muchas veces impotentes, para expresar todos los aspectos del pensamiento, del sentimiento, de la imaginación. Está ya comprobado que nuestra palabra nos traiciona muchas veces por defecto, y también por exceso.

El diccionario, con toda su riqueza de léxico, no es, a fin de cuentas, más que un lugar donde yacen las palabras. El ser humano, como un taumaturgo dotado del mágico poder de revivir esos vocablos que están inertes en el diccionario, les ordena  levantarse, vivir. Así, cada palabra, se transforma en ser vivo, lleno de significación y de sentido, de comprensión y de amor. Pero, a veces, nuestra pequeñez de alma, en un momento de odio, de rencor, de envidia, ordena a la palabra: ¡aplasta a ese que me escucha!  Y ella obedece, destrozando una vida, dañando la más bella relación.

La belleza y elegancia de un texto escrito no residen en las palabras aisladas, sino en su artística conexión; esa capacidad de expresión, habita en el modo y en la sabiduría de utilizar las palabras y, por sobre  todo, en la riqueza interior de quien habla o escribe.

La profundidad y trascendencia de lo que hablamos y escribimos, resultan de lo que, con las palabras, como vehículo, hagamos sentir o pensar a quien nos lee o nos escucha.

Es bueno recordar que hay palabras vacías de significación o mal colocadas tanto al hablar como al escribir.

Un texto en el que predominan las palabras vacías produce una impresión de ordinariez, de indigencia mental y espiritual. Y en lo hablado, ya el diccionario incluyó el adjetivo ‘cantinflesco’ para referirse a todo lo que hablamos falto de sentido, de mensaje, de coordinación, a semejanza de aquel célebre actor de cine mexicano conocido con el sobrenombre de “Cantinflas”.

O por el contrario, las palabras llenas de valores, de significación y de sinceridad, prestan a la frase una densidad considerada como elemento del buen estilo. Pero, hay que tener cuidado, porque tal densidad puede ser también fatigosa y difícil de sostener mucho tiempo, puesto que exige una permanente tensión espiritual y mental.  La excesiva densidad puede resultar indigesta.

Encontramos ejemplos de este estilo indigesto, por demasiado cargado de ideas y pensamientos, en algunos filósofos para quienes escribir es ‘apretar’ de tal modo el pensamiento, en palabras y frases tan densamente significativas, que la lectura se transforma en un ejercicio análogo al que se realiza para desentrañar el sentido de una fórmula matemática.

El manejo de cada palabra en la comunicación NO es tarea fácil. Recordemos que son pocas las palabras que tienen un sentido claro y un solo significado. Cuanto más se estudian las sutiles diferencias y matices en el significado de las palabras, más se convence uno de la responsabilidad, al utilizarlas como instrumentos para razonar y para transmitir ideas y, sobre todo, sentimientos.

Una palabra mal empleada estropea, y a veces para siempre, el más bello pensamiento, la más brillante idea y el más dulce de los sentimientos.

En el ejercicio de mi magisterio, yo también he rendido homenaje a la palabra, enseñándola y disfrutándola; producto de ello son mis dieciséis libros; el último: LITERATURA, investigación, lecturas y análisis, que es


UN LIBRO DE ESTUDIO

El autor argentino Constancio C. Vigil dice: “Hay muchas más almas por conquistar que tierras por cultivar”. La filosofía de este autor y la sentencia del sabio escritor alemán Juan Wolfgang Goethe cuando afirma: “Solo lo que es fecundo es verdadero”, fueron el despertar de mi conciencia ética e intelectual y el incentivo que me llevaron a estudiar para enseñar y, luego, a recoger en libros, todo mi trabajo de estudio e investigación en el campo de la literatura y del lenguaje, durante cincuenta años de labor profesional.

Empezó, entonces la tarea de releer, corregir, hacer ajustes, cuestionar opiniones, comparar conceptos, ubicar hechos y circunstancias, jerarquizar apreciaciones literarias, reflexiones de contenidos, puntos de vista sicológicos y estéticos; ubicar en el tiempo y en el espacio a autores, obras, corrientes humanísticas, escuelas literarias, manifestaciones poéticas, ensayísticas, situaciones objetivas y subjetivas; confrontar datos, dejar un poco las estrictas normas lingüísticas y estilísticas en el recorrido por el abrupto camino en el intento de descubrir la belleza, la armonía, la verdad, el mensaje de cada libro, de cada personaje, de cada poema, de cada autor, el porqué de las circunstancias, de los comportamientos, de las imágenes literarias, de la elegancia y el libre y claro fluir de las palabras…

Una extensa bibliografía da cuenta de lo mucho consultado; pero, por sobre ella están las diarias experiencias de mis lecturas, de mis apreciaciones, de mi propio sentir y pensar que durante muchísimos años, yo como maestra llena de asombro y amor por la belleza y la verdad expresadas, bien en prosa, bien en poesía, fui asimilando, acumulando  y compartiendo hasta dejar huella en mis alumnos y plenitud en mi alma.

En este libro he querido destacar la inmensa y valiosa presencia de la mujer en las letras, en especial en la poesía, y, remontar esa presencia en Colombia hasta llegar a la época en que a la mujer le estaba vedado el campo de la poesía. Fue Laura Victoria la valiente mujer boyacense, que se permitió poetizar los sentimientos amorosos en inolvidables páginas, producciones poéticas que fueron rechazadas por la iglesia, la sociedad y la familia. Tantos problemas llevaron a la poetisa a radicarse en México, en donde vivió desde 1935 hasta 2004 cuando murió a la edad de cien años.

El poema más criticado y rechazado por audaz y erótico, y precisamente, el que la llevó a la fama, tiene por título “En Secreto”………

……………………………

(La gran intérprete del verso, Adriana Hernández, nos regaló –después de mis palabras- un precioso recital, encabezado precisamente, por el poema en mención).

(Este texto fue leído en el Centro de Emprendimiento Cultural Café Rojo, en el homenaje al Idioma, el 10 de abril de 2014.)


EN SECRETO


Ve, acércate más, bebe en mi boca
esto que llamas nieve;
verás que con tu aliento se desata,
verás que entre tus labios se enrojecen
los pétalos de ámbar….

Ven, acércate más.
Muerde mi carne
con tus manos morenas;
verás que dulcemente se desmaya
el cactus de mi cuerpo,
y surge tenue de la nieve dura
la misteriosa suavidad del nácar…

No sentirás mi carne llamearse
con tersas rosas cárdenas,
pero sabrás que es tibia como un nido
de plumas sonrosadas…

Ven, acércate más,
bebe el aliento
que se aleja de mí como una ráfaga;
en vez de fuego sentirás el fresco
despliegue de mis alas…

Deja que entre tu pelo se deshojen
mis manos delicadas;
sabré quererte con piedad de arrullo,
sabré dormirte con calor de lágrimas.

Nadie en la vida te dará más seda
que la que yo destrenzaré en tu almohada:
Tendrá el olor del musgo humedecido
y una sutil irradiación castaña.

Ven, acércate más.
Para tu cuerpo
Seré una dulce ondulación de llama;
y si tu ardor entre mi nieve prende,
y si mi nieve entre tu fuego cuaja,
verás mi cuerpo convertirse en cuna
para que el hijo de tus sueños nazca.

Laura Victoria, colombiana
(Gertrudis Peñuela de Segura)






viernes, 28 de febrero de 2014

UNA GRAN VELADA CULTURAL EN "OTRAPARTE"

¿Conocemos al poeta y profesional de la arquitectura, Hugo Álvarez Restrepo?


Muchos sabemos de las mil cosas que hace… Otros más, saben qué tiene… Pero… ¿sabemos  quién ES?

Hugo es un ser humano excepcional, “un buen ser humano”, y eso significa: “un ser generoso, humilde y amable”, según el decir de la escritora María Clara Villegas, en su reciente libro “La gente feliz es más exitosa.”

Así, pues, Hugo es gentil, alegre, leal, buen amigo de sus amigos. Es un ser inteligente y, como tal, es común que, a veces, se le salgan del “almario” la ironía, la crítica, el sarcasmo, el magnífico buen humor, la picardía; y, ahí, en esas características, aterriza una sobresaliente forma poética que es la décima, en la cual, Hugo es un maestro; por eso no es casualidad que el periódico El Tiempo esté siempre atento a publicar las frecuentes décimas que a nuestro amigo le van surgiendo con motivo de cada acontecimiento importante, o cultural, o ridículo, o deshonrador que, a montones, ocurren en esta patria nuestra.

La décima o espinela, pues su creador fue el poeta Vicente Espinel (español, entre siglos XVI y XVII), es una de las formas clásicas de estrofas, frecuente en nuestro idioma. Digamos simplemente: la décima es una estrofa de diez versos, cada uno de ocho sílabas. Así nació, pero con el correr del tiempo, los diversos autores le han ido añadiendo más sílabas.

Veamos esta muestra tomada del libro de Hugo, “Mis Versos”, que presentamos esta noche:

Mi abuela por lo sabia, distinguida,
un consejo me daba esta semana:
“Quien come cada día una manzana
al médico lo aleja de su vida”.
Pensando en tal lección tan conocida,
siempre con excelente resultado
para todo el que la haya practicado,
ahora le pregunto a mi abuelita:
¿Qué fruta consumir se necesita
 pa ‘ alejar de mi vida al abogado?

Pero, además, y en grandes proporciones, Hugo es un ser sensible, tan sensible que, a veces, es vecino de la hiperestesia.
Nombrémoslo de otra manera: hermano del dolor, de las lágrimas, de las penalidades, del sufrimiento de los menos favorecidos de la fortuna. Declarémoslo, según sus versos, encarnación
 del amor soñado,
del amor olvido,
del amor gozado,
del amor desengañado,
del amor perdido,
del amor engendrador…

Este “buen ser humano” es propenso al afecto; damos testimonio de ello: su esposa, la doctora María Isabel, sus hijos, sus amigos… y, especialmente, su niño del alma: José Fernando, cuya temprana desaparición tanto ha azotado el corazón de nuestro poeta y tantos doloridos poemas ha hecho brotar de su corazón. Que escuche, desde allá, José Fernando, en esta hora única de poesía, lo que siempre ha ocupado el corazón de su noble padre:


La mañana está triste y la neblina
se esparce perezosa por doquiera.
La rosa del jardín ansiosa espera
el rayito de sol que la ilumina.

Llora el cielo con lluvia, y en la encina
se ha refugiado el ave mañanera,
y del hijo la ausencia tempranera
torna gris la jornada decembrina.

La vida es, sin dudar, una cadena
formada por la dicha y por la pena,
y con placer y con dolor empieza.

Mi vida, ya sin fe y sin ilusiones,
se forma solamente de eslabones
de infinita amargura y de tristeza.

Este es uno de sus más bellos sonetos; exigente estilo de poesía que Hugo cultiva con esmero.

El soneto, cuyo nombre en latín significa “pequeño sonido”, es una composición de catorce versos (dos cuartetos y dos tercetos) con un patrón de rima fijo, inventado en Italia en el siglo XIII. Dante, el autor de la “Divina Comedia”, fue el primer gran poeta que usó el soneto de manera brillante, en su obra “Vita Nuova”.
Después, con Petrarca y su “Cancionero”, apareció el primer gran ciclo de sonetos; en esa obra, el poeta abolió todas las anteriores formas complicadas (dieciséis)  de hacer un soneto.
El escritor español Juan Boscán introdujo el soneto en España; pero, es el gran Garcilaso de la Vega quien lo perfeccionó (siglo XVI).

Invito a quienes admiran la producción poética de Hugo a conocerlo en familia:
 A su gentil esposa le dedica un soneto bien estructurado en la forma y en el sentimiento. Que escuche María Isabel lo que Hugo dice de ella:

Mujer: significado de amor y de ternura.
Palabra hecha poema, palabra hecha canción.
……………………………………………..
Mujer, quien ilumina nuestra senda oscura,
dispuesta a los trabajos, dispuesta a la oración.
………………………………………………

Mujer, a quien Dios quiso nombrarla cierto día
para que fuera siempre el faro que nos guía.
Mujer, nombre que empieza con eme de mamá.


Y a su hijo Ricardo le declara su rendición por el embrujo de esos ojos tristes; pero… cambia el concepto poético y termina diciéndole:

……………………………………………
No son tus ojos tristes; son serenos
como los ojos de los niños buenos,
picarescos y tiernos sin medida.


Y a Alejandro, que le convierte la pesadumbre de la existencia en un liviano vivir, le habla a media voz:


                           
                          ……………………………………………
Y tú  harás renacer la primavera
del padre que entregó su vida entera,
con toda el alma, para amarte a ti.

Las anteriores muestras de su producción nos dan un fino retrato del poeta-arquitecto, pintor y musicólogo; pero, nos falta el capítulo de la amistad y…, le doy paso al orgullo y a la vanidad para contarles que en ese apartado estoy yo, amiga de la nobleza de su corazón, admiradora de su talante poético y vecina cordial de su querida familia.

Y dice Hugo, desde su nobleza:

Amistad…Amistad…Palabra bella
que en el mundo resuena día a día.
Amistad en la pena o la alegría.
¡Cuánto nos dice la palabra aquella!
………………………………………..

Eso eres tú, amiga verdadera,
que aunque docta es sencilla, fiel, sincera.
¡La amistad eres tú, noble Lucila!


En esta noche, amigos, quiero enaltecer al poeta, al profesional, al artista, al hombre cabal; abrazar emocionada a su esposa y a sus hijos, y evocar a José Fernando para que él y todos nosotros, juntos, llenemos con amorosa presencia este recinto y esta noche del soneto.

Medellín, 27 de febrero de 2014


Lucila González de Chaves

sábado, 1 de febrero de 2014

LA GENTE FELIZ ES MÁS EXITOSA

LIBRO: LA GENTE FELIZ ES MÁS EXITOSA (Autora: María Clara Villegas)

                                                     Lucila González de Chaves


La profesional, alta ejecutiva y conferencista excelente, María Clara Villegas, ha puesto en este libro, La gente feliz es más exitosa, su conferencia del mismo nombre; conferencia la más solicitada y vendida del 2011 y el 2012, especialmente en las empresas y en centros educativos.

María Clara o “María” (nombre que adoptó luego de encontrarse a sí misma  e instalarse gozosamente en la autoestima) tiene una gran riqueza de conocimientos: economía, filosofía, habilidades gerenciales, etc., etc. y sus importantes experiencias laborales y educativas las consigna en este libro que nos llega con una muy contextualizada dedicatoria.

La autora de este interesante libro, quiere, a través de él, hacernos entender que ser feliz es ser uno mismo, dueño de sí, conocerse, crecer, enriquecerse interiormente para pasar a ser un “buen ser humano”, lo que es distinto de ser “buena persona”. Poder lograr ser un buen ser humano es poder vivir en la autoestima, no en el EGO; éste está basado en el “hacer” y el “tener” y nos mantiene en ese mundo EGOísta.

Poder vivir en la autoestima es poder compartir con los demás sin celos, sin odios ni reproches, sin críticas negativas y crueles, y, además, poder lograr que los otros también vivan y actúen de acuerdo con la voz de sus propias virtudes, una voz que es la voz del “ser” (no del “hacer” y el “tener”), y la única que nos lleva a la paz, a la serenidad y a la plenitud, porque ser feliz no es estar riendo siempre y utilizando el tiempo en sandeces y banalidades. Ser feliz es ser “gente”,  ser “un buen ser humano”, practicar las virtudes, vivir de acuerdo con ellas y llamarlas en el momento de las decisiones. Ser feliz es “no tener vacíos”, y sólo vive sin vacíos el que es “gente”, el que sabe “darse” (no “dar”).

La autora sostiene, y quiere comprobarlo por medio de ejemplos valiosos  (ella los llama “milagros”) que vivir en el EGO, vitalizado por el “hacer” y el “tener”, es vivir solamente, únicamente (el subrayado es mío) de acuerdo con las normas y comportamientos establecidos por la familia, la herencia ancestral, el colegio, los amigos, la sociedad; todo ello constituye lo que la escritora Villegas llama “el libreto”, al cual la educación nos ha inducido siempre. El “libreto” nos lleva a tener muchas expectativas, a esperar siempre algo de alguien o de algo, y como las cosas no salen siempre como lo esperamos, se generan los “vacíos”.

Por distintos caminos de pensamiento y con palabras convincentes, llenas de plenitud y de experiencia, la autora nos invita a diferenciar conscientemente las dos maneras de vivir: en el ego, o en la autoestima. En la vida del EGOísmo están como punto de éxito y de bienestar sólo el “hacer” y el “tener”. En la vida de la autoestima funcionan como soportes de ella: ”Ser generoso, humilde y amble”.

Contundentemente expresa:

 “Cuando uno y nadie más que uno mismo, da testimonio de lo que “es”, logra sentir, por primera vez, el verdadero poder de la autoestima, la estima propia”.

“La felicidad es no manejar vacíos; las expectativas son las que más los generan, en la medida en que las cosas no salen siempre como lo esperamos”.

“Las aptitudes necesarias para trabajar en una Organización, son: visión de helicóptero, capacidad de análisis, imaginación, sentido del negocio, sentido de la realidad, decisión, orientación al logro, capacidad de motivar (de inspirar), comunicación y delegación”.

“Hay que ser competente, no competitivo. Vinimos a esta tierra a contribuir, a aportar nuestros talentos, aptitudes, capacidades físicas especiales, con humildad y generosidad porque nos fueron dados”.

“Darse significa ofrecerle al mundo entero sus conocimientos, sus habilidades, sus aptitudes en forma auténtica. Y cuando esto se hace, queda el sentimiento de que no se ha guardado nada para sí, y por eso no se sienten vacíos”.

“No se les olvide que lo que la familia, los amigos y la sociedad quieren de ustedes es su ser, sus virtudes”.

“Vivir en el mundo del ego es miedo a defraudar, miedo a fracasar, miedo a no ser querido, a no ser reconocido, miedo a no dar la talla, miedo a perder algo, una sensación contraria a la felicidad, la que es simplemente no manejar vacíos”.

“El miedo va ligado a las pérdidas. Las personas que se valoran por la familia, los hijos, la salud, el trabajo, lo que saben, etc. y no se valoran por lo que son, sufren de miedo porque consciente o inconscientemente saben que todo eso lo pueden perder”.

“El que vive en la autoestima (y no en el ego) sabe que la vida le puede quitar todo lo que hace y tiene, pero nadie, absolutamente nadie, le puede quitar a uno el libre albedrío de practicar una virtud y sentir ese ¡wash! (plenitud), ese sentimiento que va más allá de un simple placer, que es un sentimiento de realización, de coherencia, de bienestar, de plenitud, de buenaventura”.



20 de diciembre de 2013