sábado, 1 de octubre de 2016

HABLA Y LENGUA. ESCUCHAR



EL HABLA Y LA LENGUA.  EL BIEN ESCUCHAR


Lucila González de Chaves


La escuela de Saussure distingue dos factores: la lengua y el habla.

El habla
Es un acto individual de la voluntad y de la inteligencia; pero, el hablante necesita los códigos de la lengua para expresar su pensamiento. La relación entre  lengua y habla es la de  un complemento mutuo.

La lengua
Existe en la colectividad como algo que es patrimonio común de  los individuos. El habla tiene combinaciones individuales, dependientes de la voluntad del hablante y de su personal fonética. No el habla es el origen de todos los cambios de la lengua (o idioma).
Cada cambio empieza por ser una práctica individual o de un número reducido de individuos,  antes de convertirse en un hecho de la lengua. El habla es actualizada, movible, libre, concreta, cambiante. Esto no quiere decir que toda forma del habla tenga que entrar forzosamente en la lengua; de ser así, entrarían en ella los cambios fonéticos y expresivos de los niños,  el argot o jerga de algunos jóvenes y adultos, etc. Aprendemos nuestra lengua por el  habla de los otros, es decir, “de oído”; y por esto, es el habla la que hace evolucionar la lengua como instrumento y  producto del habla.

¿Significa esto que todos tenemos libertad para hablar como nos plazca?

En principio, sí. Pero en la vida práctica no podemos hacer esa afirmación categórica: todos queremos y necesitamos que nos entiendan; esa necesidad de comunicación reduce  lo puramente individual en la expresión; y la vida en sociedad exige cultura, decencia en las palabras, educación, buenas maneras; elementos muy necesarios en  el bien decir.
La libertad de expresión y los signos convencionales de la comunicación necesitan gobierno, dirección, autoridad, orientación; las normas contribuyen a forjar un tipo de expresión disciplinada, un correcto manejo de la lengua.
Los maestros del idioma conceptúan que el lenguaje por sí mismo no es correcto ni incorrecto; lo es el uso, el empleo o manejo que de él hacen las personas. Rufino José Cuervo afirmó que “en todas partes hay personas que hablan bien y otras que hablan mal”.
Para hablar con propiedad y corrección, no es suficiente articular bien las vocales y las consonantes. Hay que conocer los rasgos principales de su entonación. Cada lengua tiene una entonación característica que la distingue de las demás; por eso, quien pronuncia bien un idioma extranjero es aquel que imita su entonación lo mejor posible.
La entonación ayuda a expresar en forma adecuada las ideas, las emociones, los deseos. En español, la IMPROPIEDAD DE LA ENTONACIÓN altera el sentido de toda la frase. El tono  de la voz se nota y se estudia en toda la expresión, no en palabras aisladas.
Los lingüistas han señalado tres etapas en el hablar:
Acto locutivo:
Es el nivel en el cual se emiten los sonidos con significado o sin él. De esto se ocupa la fonética.
Acto elocutivo:
Se realiza al decir algo, teniendo en cuenta las relaciones entre el emisor  (quien envía el mensaje) y el receptor  (quien lo recibe). El hablante convierte el idioma (o la lengua) en un discurso con sentido. Al escucha le es necesario conocer la intención del hablante en ese proceso de comunicar:
- ‘qué’
-‘por  qué’
-‘cómo’
-‘para qué’.
El acto elocutivo se refiere a los principios del pensamiento. Saussure afirmaba que el saber elocutivo es saber hablar, y que este saber es una capacidad inconsciente. Chomsky, el de la gramática generativa, opinó que el acto elocutivo o el saber hablar es un conocimiento intuitivo.
Acto perlocutivo:
Comprende las realizaciones que se desprenden del acto elocutivo. Es decir, son las reacciones del oyente frente al acto elocutivo (el escucha frente al hablante). Este acto, que busca mover, convencer, reaccionar, se trabaja mucho en las propagandas, en la política, en los sermones religiosos, en la oratoria, etc.
El lingüista Eugenio Coseriu opina que en el acto de hablar hay tres planos fundamentales y los clasificó así:
Designación:
El habla  hace referencia a objetos no lingüísticos, sean estos objetos, estados de cosas o contenidos mentales.
Significado:
Corresponde al plano lingüístico (manejo del idioma o lengua) de cada uno de los seres humanos.
Sentido:
Se trasmite  en lo “dicho”, en el habla;  corresponde a las actitudes, intenciones o suposiciones del hablante.

Lengua o idioma:
Así llama la Real Academia al conjunto de palabras y modos de hablar de cada nación.
Para que una lengua o idioma se considere como tal, debe poseer gramática y literatura propias, y ser hablado por muchas personas.

Estrategias del idioma:
Son cuatro: leer, escribir, hablar, escuchar. En publicaciones anteriores habíamos repasado sobre el leer y sobre el escribir. Hoy estamos recordando la importancia del hablar y del escuchar.

El lenguaje
 Es una de las manifestaciones de la aptitud del hombre para representar las cosas, las ideas y los hechos por medio de sonidos, gestos, actitudes, comportamientos, signos….
En la actualidad, debido al gran avance científico y tecnológico, se han desarrollado nuevos sistemas de comunicación, como: el lenguaje visual, el auditivo, el matemático, el de la lógica formal, el de las imágenes, etc., etc.

La ciencia del lenguaje
Se divide en dos grandes bloques:
SOCIOLINGÜÍSTICA: afirma que el lenguaje tiene relaciones con las ciencias sociales, especialmente con la psicología social, la geografía humana y la sociología. La sociolingüística no concede mucha importancia a la gramática; destaca la intencionalidad del individuo.
PSICOLINGÜÍSTICA: estudia los nexos entre la psicología y la lingüística. Abarca conceptos biológicos, antropológicos, sociológicos y educativos. Se ocupa de las diferencias entre el lenguaje humano y la comunicación animal; enfatiza en la relación lenguaje-pensamiento y en  la influencia que sobre el individuo tiene su medio familiar, social, educacional, etc.
En este siglo XXI, se está estudiando sobre NEUROLINGÜÍSTICA: Muchas definiciones en torno a esta palabra. Muchas aplicaciones.

La escucha
Escuchar significa  captar con atención lo que dicen los demás. En las relaciones personales la escucha es un factor de éxito para  mantenerlas, tanto en lo social como en lo familiar. No es exagerado decir que muchas amistades y los  vínculos familiares se rompen por incapacidad de escuchar.
Oyentes profesionales como psiquíatras, consejeros familiares, trabajadoras sociales, psicoanalistas, psicólogos están de acuerdo en hacernos las siguientes recomendaciones:

1. Escuchemos con todo nuestro ser:
 El hablante  notará nuestra distracción y falta de atención en el contacto visual, en nuestros gestos que NO lo animan a que continúe hablando. Nuestra postura corporal  indica el interés en lo que lo que el otro dice.

2. No estemos buscando qué decir; simplemente, escuchemos:
Los que hablan necesitan un buen oyente. Una persona que sabe escuchar es bien recibida en cualquier reunión y altamente apreciada.

3. Alentar la conversación con pequeñas frases:
Tales como: ¿En serio?; explícame un poco más; qué interesante lo que dices…me aclara muchas cosas.
Opinan los profesionales de la comunicación que conversar con alguien  que no reacciona, es como gritarle a un teléfono dañado; nos sentimos ridículos y renunciamos a seguir hablando.

4. Desarrollemos sensibilidad para comprender lo que está detrás de las palabras de quien habla:
 Hay pensamientos internos que las palabras esconden. Debemos “OÍR” no sólo lo que las personas dicen, sino también lo que se callan. Si sabemos escuchar, reconoceremos la preocupación, o la frustración  detrás de la crítica.

5. Escuchemos sin juzgar:
 Los seres humanos vivimos estableciendo normas del bien y del mal; siempre estamos dictando juicios. Son circunstancias desagradables que cortan la comunicación.
Saber escuchar  es dar satisfacción a la comunicación. La carencia de esta habilidad genera incomprensión, conflictos, soledad y desagrado.



miércoles, 7 de septiembre de 2016

SIMONE DE BEAUVOIR, A TREINTA AÑOS DE SU MUERTE




SIMONE DE BEAUVOIR, FILÓSOFA Y FEMINISTA

Lucila González de Chaves
Lugore55@gmail.com

Esta destacada francesa (1908 – 1986) brilló como escritora, maestra, filósofa, periodista, crítica y ensayista. Nació en París, en una familia cristiana. Pocas mujeres influyeron tanto en los cambios socioculturales del siglo XX como ella.
Sus convicciones fueron fuertes y promovió abiertamente la igualdad de derechos y condiciones entre el hombre y la mujer. Sus obras dan cuenta de sus observaciones y exploraciones en torno a los dilemas presentados por  la libertad social e individual.
“La historia de los años treinta (1930) es la historia de un período de crítica social, de realismo y activismo, de radicalización de las actitudes políticas y de la convicción cada vez más extendida de que solo una solución radical puede servir de algo”. (Arnold Hauser).
Mientras Simone de Beauvoir estudiaba filosofía en la Universidad de la Sorbona conoció a Jean-Paul Sartre, a quien la unió una relación afectiva e intelectual. Él sería, pasados unos años, uno de los pensadores más importantes del siglo XX.
A esta destacada autora de novelas, biografías, ensayos políticos, sociales y filosóficos, la historia literaria la cataloga como gran representante del existencialismo y creadora del feminismo con su obra  El segundo sexo. Este libro fue su consagración literaria en 1949. Su publicación causó gran escándalo y fue objeto de debates literarios y filosóficos, se convirtió en el marco teórico esencial para las reflexiones de los fundadores del movimiento de liberación de la mujer.
El capítulo dedicado a la maternidad y al aborto, equiparado al homicidio, fue la mayor fuente de escándalo. Beauvoir sostenía que el matrimonio era una institución burguesa repugnante.
Con la obra  Los Mandarines  ganó el Premio Goncourt; es un libro sobre la posguerra. (Segunda Guerra Mundial).
En 1958 empezó a escribir su autobiografía, en la que describe el mundo burgués de París en que creció, sus prejuicios, sus tradiciones degradantes. Relata su relación con Jean Paul Sartre, considerándola como un éxito total.
En 1964 publicó el libro  Una muerte muy dulce en el cual relata la muerte de su madre. Al leer este corto texto, uno encuentra a una mujer en la que aún perdura el nexo familiar. Se preocupa por su madre enferma, la atiende, la acompaña en el hospital, se angustia un poco por las desacertadas relaciones con ella en el pasado. De las reflexiones agudas y punzantes y del dolor íntimo impregnado, a veces,  de indiferencia, la libera la muerte de la anciana.
Según Sartre, es su mejor escrito.
En 1981 publica  La ceremonia del adiós, un año después de la muerte de su compañero Sartre. Relata los últimos diez años de vida con él, y termina con esta reflexión:
“Su muerte nos separa. Mi muerte no nos reunirá. Así es; ya es demasiado bello que nuestras vidas hayan podido juntarse durante tanto tiempo”.
Su libro La fuerza de las cosas explica su negativa al matrimonio, propuesta hecha por Sartre; ella dice:
“No pensé en aceptar aquella propuesta…. El matrimonio multiplica por dos las obligaciones familiares y todas las faenas sociales…El afán de preservar mi propia independencia  pesó mucho en mi decisión; me habría parecido artificial buscar en la ausencia una libertad que con toda sinceridad, solamente podía encontrar en mi cabeza y en mi corazón”.
Sin embargo, el lazo que los unía era tan fuerte que ella pudo decir al encontrar en su vida a Sartre: “Era la primera vez en la vida que yo me sentía intelectualmente dominada por alguno”.
La vejez  es un libro ubicado en “la situación de la ancianidad en el imaginario occidental”, y critica su marginación y ocultamiento. Un hecho que repite la familia y la sociedad, a diario, con los viejos: hay que marginarlos; hay que ocultarlos.
En  La invitada  narra algunos de sus amores especiales, y reflexiona sobre las posibilidades de la reciprocidad.
Memorias de una joven formal, es un libro que relata cómo fue criada por una madre religiosa; cómo perdió la fe cristiana a los catorce años de edad, y su emancipación de su familia y sus valores burgueses.
La mujer rota  es un libro que impresiona:
La primera expresión que abre el libro y que interroga, es: “¿Mi reloj se ha detenido?”; eso ya es la señal de la sensación que ha de acompañarnos en este primer relato de Simone de Beauvoir: el tiempo se ha detenido… se aquietó…, es que la descripción de cosas, de sentimientos, de recuerdos es lenta, o no transcurre.
Otras claves para entender al personaje: “¡Qué fastidio todas esas cantinelas sobre la incomunicación! Si uno quiere comunicarse, mal que bien lo logra. No con todo el mundo, pero sí con dos o tres personas”.
Y las dualidades y paradojas que acosan a esta mujer – creo – se condensan en lo que ella describe como la vida en pareja: “Una larga vida con risas, lágrimas, cóleras, abrazos, confesiones, silencios, impulsos, y a veces parece que el tiempo no hubiera pasado…”
En este primer relato, “La edad de la discreción”,  la remembranza hace que  todos los sentidos entren en acción. Presenta diferentes estados de la mujer tales como:
La mujer jubilada: “La viejita renquea… con sus mechas tiradas hacia atrás…”. “¡Qué placer vivir sin consigna, sin apremio! En ocasiones, el estupor me gana. Me acuerdo de mi primer puesto, mi primera clase… entonces el día de la jubilación me parecía irreal como la muerte misma. Y he aquí que ha llegado… atravesé otras líneas… esta tiene la rigidez de una cortina de hierro”.
La mujer derrotada es el típico caso de la madre posesiva que cree que no hay más futuro para su hijo que el de seguir las huellas de su madre. Además, debe  soportar, al mismo tiempo, la llegada de su jubilación y el matrimonio de su hijo, con una mujer que ella, su madre, no eligió.
Y es  derrotada porque las eternas preguntas sin respuesta y las innumerables dudas no la dejan gustar la vida. Es derrotada por ser: intransigente, desconfiada, insegura.
En el segundo relato, la autora lo llama “Monólogo”…, podríamos cambiarle el título…. Este segundo espacio narrativo nos muestra a una mujer arrinconada (desatendida, olvidada). A las gentes y a las cosas, ella las ve asquerosas, inmundas.
Asquear, arruinar, hacer pedazos, dopar, cochinos, sexo, jeta, zaparrastrosos (zarrapastrosos), imbécil, roñosa, atorrantes…ese es el vocabulario de esta mujer arrinconada,  y la literatura de la autora, correspondiente a estas situaciones zarrapastrosas está a la altura de dicho vocabulario, hasta los signos ortográficos están trastocados como el mismo personaje, ajeno a lo que es la autoestima. Es una literatura patética, naturalista, despiadada.
Cincuenta y nueve veces utiliza,  esta mujer arrinconada, la palabra “harta”. Es cruel. Inconcebible lo que dice y siente, pensando en el millón de niños masacrados.
El tercero y último relato,  “La mujer rota”, nos enfrenta con una mujer traicionada. Un relato en el que predomina la manipulación, el cinismo, la pusilanimidad.
Hay un marido que engaña… y engaña a su mujer. Y una mujer que ¡a sabiendas! se deja… y se deja… y se deja engañar.
Y para ella,  “la mujer rota”, todo es como en un laboratorio; todo lo consiente: observa, piensa, deduce y escribe un diario.

Muchas de las producciones de Simone de Beauvoir son una alucinante mezcla de pesadillas y realidad; pero la realidad también es pesadilla… ¿cómo separar una cosa de otra?, ¿cómo hace el lector para no sentirse atrapado por tan extrañas, dolientes y pesadas realidades, que… ¡son pesadillas!
¿Será exagerado decir, que mucha parte de sus escritos son intimistas? ¿Qué todo lo que ve, oye y dice  tiene la impronta de su doloroso mundo interior?
Con varios intelectuales franceses, Simone de Beauvoir fundó la revista “Los tiempos modernos” para difundir la corriente existencialista a través de la literatura contemporánea.
En el año 2008 se creó en su honor el  “Premio Simone de Beauvoir por la Libertad de la Mujeres”. 



viernes, 19 de agosto de 2016

Un aniversario: García Lorca

FEDERICO GARCÍA LORCA: CRÍTICO, DRAMATURGO Y POETA.

EL “CANTE JONDO”


Lucila González de Chaves


A ochenta años de su fusilamiento.

De este célebre escritor español (1898 -1936) son muy conocidas sus poesías, entre ellas La elegía por la muerte de Sánchez Mejías, que contiene cuatro tiempos: La cogida y la muerte, La sangre derramada, Cuerpo presente y Alma ausente.
En 1931 escribe su Poema del Cante Jondo, en que muestra su originalidad. Lo que hasta ese momento sólo había sido musicalidad y graciosa popularidad, desaparece para dar paso a un tono patético que recoge el tremendo dramatismo de la canción andaluza. García Lorca está considerado como el mejo intérprete del alma de Andalucía.
Algunos críticos consideran que García Lorca es muy superior en sus dramas. La trilogía: Bodas de sangre; Yerma; La casa de Bernarda Alba, son obras que lo ponen a la vanguardia de los mejores.

BODAS DE SANGRE

El tema es el amor frustrado de la mujer que se casa, pero en la misma noche de la boda es arrastrada por su antiguo amor al adulterio. Vienen las consecuencias fatales de muerte para los dos hombres, y una soledad inmensa envuelve a la protagonista.
Los elementos poéticos, el lirismo, los personajes simbólicos de luna o de muerte, la expresión patética pero sobria en labios de los personajes que son símbolos humanos, todo contribuye a la eficacia poética de este drama. El autor se detiene en subrayar los sentimientos primordiales de los hombres, las voces del corazón que son voces eternas de la vida.
En este drama escrito y estrenado en 1933, la Madre, el Novio, la Novia y Leonardo son los personajes principales; los tres primeros no tienen nombre, como símbolos que son de una aventura eterna, profundamente humana.
Leonardo ha amado a la Novia y ha sido correspondido; pero, al ser rechazado por el padre de ella, a causa de su dudosa moralidad, él se casa con otra.
El día de la boda de la Novia con otro hombre, el primero que llega es Leonardo. El recuerdo de sus amores pasados es tan apremiante entre los dos, que una vez celebrada la ceremonia nupcial, la recién casada huye con su antiguo pretendiente, Leonardo.
El Novio los alcanza, y en su duelo pierden los dos hombres la vida. La Madre siente el peso de los presagios: quedó viuda por un crimen; a consecuencia de otro, perdió a uno de sus hijos, y ve en esta última muerte violenta el destino de los hombres.

LA CASA DE BERNARDA ALBA

Obra teatral estrenada en 1936; de oscuro dramatismo, cuya figura central es la madre que vela ferozmente por la castidad de sus hijas, mas no la de sus hijos.
Bernarda ha enviudado dos veces; de esos dos matrimonios le quedan cinco hijas: Angustias, heredera de  los bienes del primer marido, Magdalena, Amelia, Martirio y Adela a las que no les son permitidos ningún sentimiento, ninguna emoción, ninguna perturbación afectiva; viven oprimidas por el luto pueblerino, a causa del único hombre de la casa, el esposo y padre.
Bernarda domina a las cinco hijas y vive celosa de la honra de la casa. Ella representa el valor de la sangre  que mantiene la unidad de la estirpe.
La más joven de las hijas se entrega al prometido de Angustias, Pepe el Romano, y acaba suicidándose. Bernarda siempre estará clamando que su hija murió virgen.

YERMA

Es un sobrio drama rural sobre la frustración de la maternidad. La protagonista no soporta el deseo de tener un hijo. Se ha casado, precisamente, para tener hijos; el amor no ha tenido en su vida ninguna importancia. Su esposo, Juan, es un trabajador excelente pero no quiere hijos. Yerma ha preparado todo lo necesario para ese hijo que no vendrá.
Cuando su esposo le revela que no quiere hijos, Yerma se siente traicionada; cuando él se le acerca, Yerma lo degüella, y en su angustia grita que ha matado a su hijo.
Federico García Lorca es también autor de muchos trabajos de carácter ensayístico y crítico, pero son los textos más desconocidos.
En 1922, invitado por el Comité de Cooperación Intelectual, este genio lírico y teatral, nacido en Granada (España), dictó una admirable conferencia en el Salón Imperial sobre el tema “Arquitectura del cante jondo”. Los siguientes son algunos de sus conceptos:
“Los hechos históricos […] que tanto han influido en los cantos, son tres:
“La adopción por la iglesia española del canto litúrgico, la invasión sarracena y la llegada a España de numerosas bandas de gitanos. Son estas gentes, misteriosas y errantes, quienes dan la forma definitiva al ‘cante jondo’ […]”
“[…] en el año 1400 de nuestra Era, las tribus gitanas, perseguidas por los cien mil jinetes del Gran Tamerlán, huyeron de la India […]. Y estas gentes, al llegar a nuestra Andalucía, unieron los viejísimos elementos nativos con el viejísimo que ellos traían, y dieron las definitivas formas a lo que hoy llamamos “cante jondo” (canto hondo)”.
“Las coplas del ´cante jondo´ tienen un fondo común: el Amor y la Muerte… pero, un amor y una muerte vistos misteriosamente”.
“Y son estos cantos, señores, los que en el último tercio del siglo pasado y lo que llevamos de este, se han pretendido encerrar en las tabernas mal olientes, o en las mancebías, la época incrédula y terrible de la zarzuela española, la época de Grilo y los cuadros de historia, han tenido la culpa. Mientras que Rusia ardía  en el amor a lo popular, única fuente, como dice Roberto Schumann, de todo arte verdadero y característico, y en Francia temblaba la ola dorada del impresionismo, en España, país casi único de tradiciones y bellezas populares, eran  ya de baja estofa la guitarra y el cante jondo”.
“Vean ustedes, señores, la trascendencia que tiene el ´cante jondo´, y qué acierto tan grande el que tuvo nuestro pueblo al llamarlo así. Es hondo, más que todos los pozos y los mares que rodean el mundo; mucho más hondo que el corazón actual que lo crea y la voz que lo canta, porque es casi infinito. Viene de razas lejanas, atravesando el cementerio de los años y la frontera de los vientos marchitos. Viene del primer llanto y el primer beso […]”.
“Una de las características más notables de los textos del ´cante jondo´ consiste en la ausencia casi absoluta del ´medio tono´. Los andaluces rara vez nos damos cuenta del ´medio tono´. El andaluz o grita a las estrellas o besa el polvo rojizo de sus caminos […]. El ´cante jondo´ canta siempre en la noche. No tiene ni mañana ni tarde, ni montañas ni llanos. No tiene más que la noche, una noche ancha y profundamente estrellada. Y le sobra todo lo demás”.
…..
Concepto del crítico J.L. Cano: “Las preguntas que todos se hacen: ¿quién compuso esos poemas? (“cante jondo”) ¿Qué poeta anónimo los lanza en el escenario rudo del pueblo? Realmente no tienen respuesta. Nacen porque sí, son un árbol más en el paisaje, una fuente más en la alameda”.

Cante jondo:                  
A mi puerta has de llamar,
no te he de salir a abrir,
 y me has de sentir llorar.
……………………………….
Todas las mañanas voy
a preguntarle al romero
si el mal de amor tiene cura
porque yo me estoy muriendo.
………………………………………


Esta es una muestra del tono poético en la canción andaluza:

Muerto se quedó en la calle
con un puñal en el pecho.
No lo conocía nadie.
¡Cómo temblaba el farol!

Madre.
¡Cómo temblaba el farolito
De la calle!

Era de madrugada. Nadie
pudo asomarse a sus ojos
abiertos al duro aire.

Que muerto se quedó en la calle
con un puñal en el pecho
y que no lo conocía nadie.


Entre los romances más célebres de García Lorca, y uno de los más conocidos, está Prendimiento de Antoñito el Camborio en el camino de Sevilla; patético, conmovedor:

Voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Voces antiguas que cercan
voz de clavel varonil.
Les clavó sobre las botas
mordiscos de jabalí.
En la lucha daba saltos
jabonados de delfín.
Manchó con sangre enemiga
su corbata carmesí,
pero eran cuatro puñales
y tuvo que sucumbir.
……………………………
Antonio Torres Heredia,
Camborio de dura crin,
moreno de vede luna,
voz de clavel varonil:
¿Quién te ha quitado la vida
cerca del Guadalquivir?
Mis cuatro primos Heredias
hijos de Benamejí.
Lo que en otros no envidiaban,
ya lo envidiaban en mí.
………………………………
Tres golpes de sangre tuvo
Y se murió de perfil.
………………………………..

Y ¿cómo era la voz de Federico García Lorca?
Dice el ensayista José Luis Cano en su obra La poesía de la Generación del 27 (1927), p. 28:
“Nadie que alcanzó a oírla la podrá olvidar. Porque era una voz mojada, oscura y cálida, quebrada a veces por la alegría o la pena. Y esa voz iba, con frecuencia, acompañada de su risa, también inolvidable, que contagiaba a todos y  se prodigaba generosamente con la fuerza natural de su radiante juventud, de su simpatía irresistible, de su misterioso ´ángel´ que  a todos conquistaba. Pero, no todo era alegría y risa en su vida. Quienes le conocieron, supieron también de sus penas, de sus ´dramones´, como él decía, bromeando. Así, Vicente Aleixandre, uno de sus más entrañables amigos, recordó, a su muerte, al noble Federico de la tristeza, al hombre de soledad y pasión, que en el vértice de su vida de triunfo difícilmente podía adivinarse […].
“Lo primero que sorprende a quien se enfrenta con la obra de García Lorca – sea su poesía o su teatro - es la obsesión de la muerte que en ella domina. […] Una muerte que a veces es sólo una amenaza, o un presagio, y otras desemboca en sangre, en herida…”.

La  mayoría de los críticos se han preguntado por los motivos de esa obsesión por la muerte, y algunos han visto en ello un presagio, una predestinación del trágico final que le esperaba en plena juventud: murió fusilado en la madrugada del 19 de agosto de 1936.

viernes, 29 de julio de 2016

ENTREVISTA CON EL PERIÓDICO EL MUNDO DE MEDELLÍN



PERIÓDICO EL MUNDO

VIERNES 29 DE JULIO DE 2016

ENTREVISTA



Viernes 29 de Julio de 2016  http://www.elmundo.com/portal/img/linea_separadora.jpg  Actualizado 01:53 am.
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Relato de un amor entre dos maestros 
Autor: 
Daniel Grajales 
29 de Julio de 2016

La maestra, escritora y experta en Lenguaje, Lucila González de Chaves, presentó hace unos días su más reciente título Carta abierta al maestro. 



Lucila González de Chaves y su esposo, el tenor lírico Luis Eduardo Chaves, en los retratos que la autora tiene ubicados en su estudio. 
Cuando terminó la gran guerra que padecía el mundo en 1945, a Medellín llegaron muchos europeos, entre ellos lituanos y austriacos, de origen judío, quienes fundaron la Orquesta Sinfónica de Antioquia. Bajo la dirección de Joseph Matza Dusek, un trompetista había conquistado entonces el amor de Lucila González, hasta ese momento sin apellido de casada, quien, en la magia de sus dos decenios de vida, se formaba en la Alma Máter de Antioquia. 

Sin embargo, por esa capacidad que tiene el destino de cambiar de rumbo la vida de las personas, la joven, de 24 años, se enamoraría de otro hombre, catorce años mayor que ella, quien también tendría en las venas el sentimiento musical, el amor por las partituras, por las voces, por los tonos, por la melodía que significa dedicar la existencia al sonido. Muy al estilo de la reflexión de Luciano Pavarotti, con su idea de  que “una vida dedicada a la música es una vida bellamente empleada”, el hombre que conquistaría a la entonces autora en formación sería un maestro musical. 

“Yo estaba un día esperando a mi novio, violinista de la Orquesta Sinfónica de Antioquia. Recuerdo que salía de la Universidad de Antioquia, ahí en el Paraninfo, donde estaba estudiando Letras, a las 5:00 p.m., iba por él a Bellas Artes, en La Playa, esperaba a que acabara los ensayos, y nos íbamos para el Astor. Un día vi a un señor que entró, serio, con un caminadito diplomático, muy bien puesto, y le dije a Valerio, el papá de la gran pianista que tenemos, Teresita Gómez, ‘¿quién es ese señor?’, y me dijo: ‘no sé, un señor que canta’. Yo me imaginé que era uno de Los Panchos, que estaban de moda en ese momento, entonces dije ‘no estoy interesada en esos Panchos tan pinchados’… Seguimos conversando y me di cuenta de la dimensión, del hombre que era”, relata la experta en Lenguaje, refiriéndose al maestro Luis Eduardo Chaves, a quien dedicó su vida, y ahora dedica su libro Carta abierta al maestro, publicación que da cuenta de un amor intenso, real y duradero. 

“Tanta conquista, tanta admiración, tanto afecto nos causamos el uno al otro que a los cuatro meses nos casamos”. 

Esta nueva obra de Lucila González de Chaves fue publicada gracias a la insistencia de la poetisa Mara Agudelo, amiga de la autora, quien encontró letras de valor para poner en contexto hoy, como una invitación a reflexionar sobre temas fundamentales como la familia y el rol de los padres. 

“Ver partir, poco a poco, al amor de su vida, al maestro admirado, al padre de sus hijos, al artista, al amigo y confidente, sin desplomarse, es de valientes. Y ella, la maestra, lo demuestra día a día”, precisa Agudelo en el prólogo, en el cual enfatiza además que en estas letras hay en “memoria cultural y artística, recuerdos familiares, amor, fortaleza y fe, ¡mucha fe!”.

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La autora tiene guardados en su casa algunos de los afiches de los conciertos internacionales y nacionales del maestro Chaves. 
En la intimidad de la maestra

Lucila González de Chaves dice que Carta abierta al maestro “no nació como libro. Fueron unos apuntes que naturalmente, cuando uno está tan domesticado para estar escribiendo, todo lo que ocurre lo escribe, y yo fui escribiendo momentos de nuestra vida en común, de nuestro matrimonio, de todas las actividades que el maestro Chaves fue desempeñando. Aquí está toda la historia cultural de Medellín, desde 1951, aproximadamente hasta 1965. Hay que retroceder más de cincuenta años para saber que Medellín era incipiente en temas culturales. Cuando él se enfermó, empezó su decadencia, yo fui escribiendo día a día. Hice el seguimiento de todas las circunstancias de su enfermedad. Cierro el libro el día en el que él muere”. 

Estas letras salen a la luz develando un matiz poco conocido de la autora, reconocida por su columna semanal en EL MUNDO en la cual enseña Lenguaje, sus decenas de títulos académicos y las cartillas de apoyo a los maestros que creó hace unas décadas cuando cambió el sistema educativo, que formaron en escritura y lectura a varias generaciones. 

“Sí, esta es una publicación muy diferente, en todo: en tamaño, en presentación, en color, en contenido. Estos son mis apuntes personales que Mara los conoció alguna vez aquí y se empeñó en que había que publicarlo. Ella se fue para la Asociación de Institutores de Antioquia Adida, les contó y ellos le dieron el apoyo económico para hacerlo. Ella fue a la tipografía, ella corrigió las pruebas, escribió el prólogo, precisó el día de la presentación. Todo lo hizo Mara, a ella hay que agradecerle infinitamente todo”. 

“Es muy diferente, en todo, en tamaño, en presentación, en color, en contenido. Estos son mis apuntes personales que Mara los conoció alguna vez aquí y se empeñó en que había que publicarlo. Ella se fue para la Asociación de Institutores de Antioquia Adida, les contó y ellos le dieron el apoyo económico para hacerlo. Ella fue a la tipografía, ella corrigió las pruebas, escribió el prólogo, precisó el día de la presentación. Todo lo hizo Mara, a ella hay que agradecerle infinitamente todo”, detalla la autora. 

Así, el lector se encuentra con una mujer que deja a un lado todo el rigor con el que forma en su área del conocimiento, guardando su buena escritura e impecable ortografía, para mostrar sentimientos, emociones, anhelos y sensaciones diferentes. 

“Miércoles 16 de marzo del 2011

¡Mi maestro!  A las nueve y media de la noche te has ido para siempre. Ya estabas listo y el Gran Maestro te tendió los brazos y te dijo ¡ven! Te fuiste en medio del sueño, con paz y serenidad. Para ti,  ¡nuestro homenaje de amor y de recuerdo por siempre!

¡Acompáñanos desde el cielo!”, dice en la contraportada de la obra, apuntando al maestro Chaves sus palabras de adiós, luego de su muerte, hace cinco años. 

González de Chaves cita en este mismo espacio un poema de Edgar Poe Restrepo, poeta antioqueño, autor de la letra del Himno de la Universidad de Antioquia:

“¡Qué tristeza más triste, más tristísima,

Qué desolada soledad tan triste!

Qué soledad más sola, más solísima,

Qué triste soledad tan desolada

Tenía esa palabra: ¡Triste!, ¡Sola!”.

Deja ver su intimidad, quiere dar cuenta de una vida bien vivida, para aportar a la formación de ciudadanos.

“Creo que son lecciones de vida: cómo aceptar el dolor, cómo vivir el nexo de la compañía, cómo vivir el compromiso matrimonial, cómo acompañar a alguien que se amó durante tanto tiempo, tanto en el éxito y la gloria como en la decadencia y la muerte. Hay lecciones de amor, de fortaleza frente a la vida. No tiene nada de didáctico, no es moralista, no predica ética, no predica religión. Es una entrega voluntaria, a los 24 años de edad, a un hombre voluntariamente elegido, por la admiración de sus valores artísticos, espirituales, intelectuales”. 

Su amor fue largo, comenzó con “un noviazgo de cuatro meses, para un matrimonio de sesenta años. Compartimos todo, lo bueno, lo malo, lo feo, lo bonito, lo negro, lo gris. Fue mi maestro y mi amigo durante toda la vida”. 

Y el arte, la cultura, la formación, fueron los caminos que recorrieron juntos: “Cuando lo conocí, cuando yo tenía 24 años, empecé a afianzar mi admiración por el arte. Era una admiración vaga, yo sabía que estaba enamorada de lo sublime, de lo que uno sabe que existe pero es inasible. Nos unió la música para siempre, la conversación sobre el arte para siempre, y aquí estoy todavía queriéndolo, cuando han pasado cinco años de su muerte”.

La voz de narradora

Para la autora no fue fácil dejar ver lo que sucedió durante tantos años tras las cortinas de su casa, pero descubrió, con orgullo, que todo había sido bello, que no había nada para ocultar. 

“Yo siempre tuve inseguridad, miedo, susto, porque cuando uno pone a la vista de las gentes lo íntimo de su idiosincrasia, de su personalidad de sus sentimientos; eso da desazón. Tengo una natural condición hacia la timidez, a que no conozcan mi vida íntima, no tanto en la parte subjetiva de los sentimientos”. 

En el rol de narradora acepta que se siente “muy bien”, dice estar “contenta”. 

“Yo ya había escrito muchas narraciones. Escribí toda mi vida de niña en Titiribí, toda mi niñez de estudiante, de adolescente todos los castigos en el Colegio de La Presentación porque uno tenía novio. Me encanta contar cosas y este libro tiene una característica, llamémoslo opúsculo porque la gente que nos lee nos dirá que sí es un libro muy grande y es un opúsculo”. 

Desde su experiencia, tras una vida dedicada a las letras, González de Chaves explica que en Carta abierta al maestro “hay retrospección, el libro empieza en el momento mismo en el que él pierde la salud, cuando él tenía 93 años, mirando para atrás nuestra vida, nuestros hijos, el Instituto de Bellas Artes, las corales, las presentaciones de ópera, etcétera. Hay introversión, porque está lo que yo siento, lo que pienso, también lo que trato de entender de lo que él siente con sus molestias”. 

“Es un libro circular porque comienza muy tarde, da muchas vueltas por todas las vías existenciales de los 24,  30, 40 años, y casi que termina en el momento en el que empieza. Entonces, es circular, eso que los profesores llamaban ‘bueno, ¿y el tiempo interno?’, y los muchachos se desbaratan mirando a ver cuál es el tiempo interno, pero es un tiempo circular, no es el tiempo lineal de las novelas”.

El maestro Chaves según su amada

Lucila González de Chaves describe a continuación a su esposo, el maestro Luis Eduardo Chaves:

“Admiro de él un infinito desapego de la parte económica. En el libro consta que yo siempre lo vi flotando en una nube de ideales, de ilusiones artísticas: óperas, conciertos, maravillas de la música. A veces aterrizaba en esta casa para saber que tenía que almorzar. Muchas veces, escuchando una ópera, me preguntaba ‘¿yo ya almorcé?’. Lo que más le admiro es ese desinterés de llevar el arte a todas partes sin esperar nada”. 

“Él trajo de Sofía, la capital de Bulgaria, el Método Kodaly para empezar a educar a los niños y a los jóvenes en la música, desde los 5, cuando en Medellín no se estudiaba música, con el entusiasmo más grande. Y le dijeron comunista. Inmediatamente, la Secretaría de Educación lo mandó para el Magdalena Medio, después vinieron otras cosas muy insoportables, que no quiero repetirlas porque me afectan, pero en el libro están todas las afrentas que recibió”. 

“Formó muchas casas de la cultura, llevó sus enseñanzas musicales, la música clásica y barroca, a las universidades de Medellín, a instituciones educativas. Daba clases particulares. Escribía para la prensa”. 

“Otro valor, muy bonito y muy escaso en la gente, su capacidad de asimilar las incompetencias de los demás. Entenderlas, comprenderlas, perdonarlas, aceptarlas y continuar la vida de una manera normal. Lo digo porque yo era una muchacha de 24 años, que apenas sabía estudiar y él tenía 38”. 

La unión de la familia

Para González de Chaves, el papel de la familia es fundamental en cualquier sociedad, por eso “a pesar de todo lo que él fue y de todo lo que yo hice, nunca dejamos el rol de papá y de mamá”. 

“Nuestros hijos crecieron en el tapete, en la sala, escuchando ópera. Les compramos, siendo muy niños, la enciclopedia El mundo de los niños, y ellos, sin saber leer, ojeaban sus páginas. Cantaban pedazos de ópera, porque como eso era lo que oían todo el día, entonces cantaban eso que les resultaba como unos enredos”. 

Ella se siente orgullosa de lo logrado en el seno familiar.

“Hoy tengo cuatro hijos profesionales y ocho nietos profesionales, me doy el lujo de decir que ninguno tiene ningún vicio. Trabajan con una consagración y una responsabilidad admirable. No quiere decir que fueran unas lumbreras como estudiantes, recuerdo que había a una a la que le preguntaba ‘¿Y la medalla?’, y me respondía: ‘ah, no, no alcanzaron’… Son buenos hijos, buenos esposos, buenos papás. Entonces, yo me devuelvo en mi historia y me siento tan contenta de ver la profesión que pude desempeñar, cómo la desempeñé, cómo la amo, porque yo no me siento jubilada todavía, porque uno se jubila de cargar costales, de cocinar, de barrer, de vender, pero de escribir, de leer y de estudiar uno no se jubila, y de enseñar tampoco. Me siento muy contenta”. 

González de Chaves precisa la libertad, el respeto, pero también la guía de los padres como eje fundamental en el desarrollo de una familia de bien: “todos eligieron sus profesiones, no fueron músicos como el papá porque fui yo quien les dijo que siguieran estudiando más, porque la música va perdiendo cada vez más visión frente a la gente, menos aprecio, entonces muy bueno que en los ratos libres estudiaran música, solfeo, pero que tuvieran una profesión”. 

También habla del feminismo, extendiendo un consejo a las mujeres de hoy: “a mí me ha ido muy bien en la vida siendo mujer. No sé porque ahora muchas mujeres quieren apabullar a los hombres, meterlos detrás de la puerta y salir como las diosas, las gerentes, las que mandan. No. Necesitamos a las parejas”. 

La reflexión final

Como despedida, la experta en Lenguaje, la mujer que ha formado a los estudiantes del departamento y el país con sus conocimientos, mira cómo la lucha del maestro Chaves por la cultura de Medellín y Antioquia debe seguir en los gestores, periodistas culturales, críticos, artistas e investigadores.

“No fuimos capaces de alcanzar una cultura clásica, armónica, barroca, no nos acercamos a los griegos. Hoy la poesía es particular, hay que buscar la manera de que nos enseñen a entenderla. Nos faltan modelos, nos falta seriedad, respeto para aceptar los modelos, nos encanta payasear y tomar las cosas inoportunamente, convertir las cosas serias en expresiones de medianía. La gente no le pone mucho cuidado ni a las exposiciones, ni a los conciertos, ni a los artistas. Nos falta, y no estoy hablando por todo el mundo, que nos expliquen con plastilina qué es ese cuadro, yo no me voy a parar allá al lado de ese cuadro a hacer un papelón de persona que sí entiende una obra para quedar bien”. 

“Nos falta sensibilidad. Con esta falta de sensibilidad artística y estética que tenemos, no vamos a poder adelantar nada en las artes”, concluye González de Chaves.