martes, 29 de julio de 2014

USO DE ALGUNOS PREFIJOS

                                     ***
  Por primera vez se ofrecen en la ortografía académica normas explícitas sobre la escritura de las voces o expresiones prefijadas.
  Los prefijos son elementos afijos, carentes de autonomía, que se anteponen a una base léxica (una palabra o, a veces, una expresión pluriverbal) a la que aportan diversos valores semánticos. Se resumen a continuación las normas que deben seguirse para la correcta escritura de los prefijos en español:
Se escriben siempre soldados (unidos) a la palabra que afectan, cuando esta es univerbal, es decir, cuando está constituida por una sola palabra: antiadherente, antirrobo, antitabaco, cuasiautomático, cuasidelito, exalcohólico, exjefe, exministro, exalumno, exnovio, expresidente, posmoderno, posventa, precontrato, prepago, proamnistía, probritánico, provida, superaburrido, superbién, supermodelo, vicealcalde, vicesecretario, etc. 
En este caso, no se consideran correctas las grafías en las que el prefijo aparece unido con guion a la palabra base (anti-mafia, anti-cancerígeno) o separado de ella por un espacio en blanco: anti mafia, anti cancerígeno. Si se forma una vocablo anteponiendo a la palabra base varios prefijos, estos deben escribirse igualmente soldados (unidos), sin guion intermedio: antiposmodernista, requetesuperguapo.
Los prefijos se unen con guion a la palabra base cuando esta comienza por mayúscula, de ahí que se emplee este signo de enlace cuando el prefijo se antepone a una sigla o a un nombre propio univerbal: anti-ALCA; 
mini-USB; pos-Gorbachov; pro-Obama. 
El guion sirve en estos casos para evitar la anomalía que supone, en nuestro sistema ortográfico, que aparezca una minúscula seguida de una mayúscula en posición interior de palabra. También es necesario emplear el guion cuando la base es un número, con el fin de separar la secuencia de letras de la de cifras: sub-21, super-8.
Se escriben necesariamente separados de la palabra base a la que afectan, cuando esta es pluriverbal, es decir, cuando está constituida por varias palabras. Hay determinados prefijos, como ex-, anti-,  pro-, que son especialmente proclives (propensos a, inclinados a), por su significado, a unirse a bases o palabras de este tipo, ya se trate de locuciones o de grupos sintácticos, característica por la cual la gramática ha acuñado para ellos la denominación de prefijos separables: ex relaciones públicas, anti pena de muerte, pro derechos humanos. Esta misma circunstancia puede darse también con otros prefijos: pre Segunda Guerra Mundial, super en forma, vice primer ministro.
  Así pues, un mismo prefijo se escribirá soldado a la base o palabra, unido a ella con guion o completamente separado en función de los factores arriba indicados: antimafia, anti-OTAN, anti ácido láctico; provida, pro-OLP, pro derechos humanos; supercansado, super-8, super en forma, etc.
  Las normas aquí expuestas rigen para todos los prefijos, incluido ex-. Para este prefijo se venía prescribiendo hasta ahora la escritura separada —con independencia de la naturaleza simple o compleja de su base— cuando, con el sentido de: ‘que fue y ya no es’, se antepone a sustantivos que denotan ocupaciones, cargos, relaciones o parentescos alterables y otro tipo de situaciones circunstanciales de las personas. A partir de la edición (año 2011) de la ortografía de la RAE, ex- debe someterse a las normas generales que rigen para la escritura de todos los prefijos y, por tanto, se escribirá unido a la base si esta es univerbal (exjugador, exnovio, expresidente, exalumno, etc.), aunque la palabra prefijada pueda llevar un complemento o adjetivo especificativo detrás: exjugador del Real Madrid, exnovio de mi hermana, expresidente brasileño, etc.; y se escribirá separado de la base si esta es pluriverbal: ex cabeza rapada, ex número uno, ex teniente de alcalde, ex primera dama, etc.




                                 

viernes, 18 de julio de 2014

Respuesta de la Real Academia Española

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Consulta RAE (tilde en ordinales; tuit, Twitter)

Estimada Sra. González:

    En relación con su consulta, le remitimos la siguiente información:

    1. Como se indica en la Ortografía de la lengua española (2010), los ordinales complejos correspondientes a la primera y a la segunda decena se pueden escribir en una o en dos palabras, pero hoy son mayoritarias y, por ello, preferibles las grafías univerbales (decimotercero, decimocuarto, vigesimoprimero, vigesimoctavo, etc.), más acordes con el proceso de cohesión prosódica y morfológica experimentado por estas formas complejas.

    Si el ordinal se escribe en dos palabras, el primer elemento mantiene la tilde que le corresponde como palabra independiente: vigésimo segundo, vigésima cuarta, trigésimo octavo, cuadragésima quinta; pero si se escribe en una sola palabra, el ordinal compuesto debe acentuarse de acuerdo con las normas generales.

    Así, decimoséptimo debe escribirse con tilde por ser una voz esdrújula.

   2.  Las denominaciones de programas y sistemas informáticos, así como los de redes sociales, portales y buscadores de Internet, son nombres comerciales o registrados, por lo que no se adaptan y se escriben con redonda:
Acabo de instalar el Windows Vista.
Descargue su actualización de Mozilla Firefox.
Hace tiempo que tiene un perfil en Facebook.
¿Lo has buscado en Google?
   Así pues, Twitter, por su condición de nombre propio registrado, conserva su grafía originaria.

   En cambio, para el nombre común inglés tweet la adaptación indicada en español es tuit, forma ya recogida en la próxima edición del diccionario académico, junto con tuitear, verbo derivado de ella.

    Reciba un cordial saludo.
__________
Departamento de «Español al día»
Real Academia Española


sábado, 5 de julio de 2014

¿POR QUÉ ESCRIBIR?   ¿CÓMO HACERLO?


Lucila González de Chaves
lugore55@gmail.com

Saber escribir supone unas normas, la voluntad de respetarlas y un esfuerzo para llegar a descubrir las riquezas de la propia lengua.
Saber escribir exige cuatro cualidades: claridad, precisión, elegancia y sensibilidad.
En el momento actual, muchos se preguntarán: ¿Por qué hay que escribir? ¿No estamos en la era de lo audiovisual? ¿No estamos en la civilización de la imagen?
Ocurre que cada vez se enseña más, según métodos audiovisuales, y la televisión escolar tiene ahora muchos seguidores; incluso, muchos escritores han abandonado la literatura y se han pasado al cine.
Ninguna imagen, ninguna voz, podrá sustituir las palabras y las frases que tracemos en el papel, y sobre las cuales podremos reflexionar, resaltar un matiz, introducir una sutileza que dé a nuestro pensamiento todo su valor.
Son muchas las circunstancias en las cuales necesitamos escribir:

Para comunicar una información general o personal.
Para solicitar una información o un servicio.
Para expresar un sentimiento o una emoción.
Para convencer o conmover.
Para poner orden en nuestras propias ideas, para ver más claro dentro de nosotros.
Por el simple placer de comunicarnos con una persona que queremos o admiramos.
Para huir de la soledad, para salir de nosotros mismos.
Porque lo escrito permanece.
Porque lo escrito se recuerda más que lo oral.

Algunas recomendaciones para escribir:

Cuando se escriben frases muy largas, se deben simplificar, eliminando despiadadamente las palabras inútiles.
Evitar las jergas, aún las que estén de moda; los términos oscuros, o las imágenes equívocas. En cambio, utilizar imágenes que le lleguen con claridad al lector. La prensa y la publicidad nos están dando titulares llenos de imágenes chocantes, cuando no, contradictorias.
Escribir las palabras adecuadas en el lugar que les corresponde. Cuanto más rico sea el vocabulario, mayores serán las posibilidades de una correcta redacción. Desgraciadamente nos están invadiendo las palabras que sirven para todo y limitan la comunicación, incluso, la convierten en ambigua. Empleamos en todo momento palabras como: espectacular, funcional, problemático, estupendo, lindo, bellísimo, percepción, extraordinario, mundial y otras más; todas las que se van poniendo de moda.
Dice el escritor francés Jean-Pierre Saïdah: “Sólo el lenguaje diplomático está repleto de matices o subterfugios que permiten que el interlocutor caiga en la trampa de las palabras, de los sentidos supuestos, de los sentidos ocultos o de los sentidos claros”.
Las palabras pueden, a veces, ser equívocas y falsear el sentido del deseo de comunicarnos. Debemos aprender a sopesarlas, sin olvidarnos de utilizar dos balanzas: la nuestra y la de lector.
Evitar el abuso de definiciones y de frases que empiecen así: ‘yo pienso que’, ‘no es eso precisamente lo que yo quería decir’, ‘me atrevería a insinuar, a sugerir’, ‘dicho de otra manera’, ‘a propósito, yo sugeriría’, etc.
Evitar frases caracoleantes, barrocas que desarrollan largamente lo que bien podría decirse en una, dos o tres palabras.
Evitar los pleonasmos, muy frecuentes especialmente en la conversación. Ejemplos viciosos: lo dijo totalmente todo; el primer número uno de la lista; previó con anticipación el hecho; subió arriba y se sentó en el asiento; entrar adentro; venir de otra parte; salir de dentro; una frase de palabras; anda moviéndose; habló diciendo, etc.
3. Los adjetivos son palabras difíciles de manejar: se peca por pobreza,  o por abundancia, o por uso impreciso y vago de dichos adjetivos. Si abusamos de ellos, acaban por ser palabras "vacías".

No emplear los adjetivos degradados en busca de fuerza efectiva. Ejemplos: una película espectacular; unos zapatos espectaculares; un libro ¡bárbaro!; ¡Qué talento más bestial!

Prescindir de grupos de adjetivos, como: solo y único; primero y antes que todo; es alto y derecho; cabello rubio de color claro; color negro y oscuro; agua clara, transparente.
Existen los pleonasmos literarios para dar un efecto de insistencia, como: yo, yo fui quien lo dijo; yo lo he visto con mis propios ojos; yo me estaba diciendo a mí mismo para mis adentros, etc.  Es muy difícil emplear estos pleonasmos literarios sin dañar la elegancia del escrito; se necesita ser un gran maestro de la pluma.
No es necesario, como algunos escritores creen, ser oscuro para parecer profundo, ni ser rebuscado para tener aire de sabio. Una idea clara, un estilo sencillo no necesitan impropiedades, sobre todo cuando existen las palabras correctas.
Evitar la banalidad; ella no es la tan indispensable claridad. Al contrario, la repetición de frases hechas hacen desaparecer la idea expuesta
Es indispensable una exacta puntuación. Quien redacta y no cuida la ortografía, perturba la índole constructiva del español e induce a errores de expresión y de comprensión.
 Veamos las diferencias en estas frases puntuadas de diferente manera: Gabriel dijo: Julián vendrá con nosotros. Gabriel, dijo Julián, vendrá con nosotros. ¿Cuántos libros se vendieron este año? ¡Cuántos libros se vendieron este año!
Cuidar el orden de las palabras en la frase. Sin el orden correcto, puede expresarse lo contrario de lo que se quiere decir, ejemplos: Como tú, jamás me opuse a la democracia. Jamás me opuse a la democracia, como tú. Yo he visto a tu hermana pasar por la ventana. Por la ventana he visto pasar a tu hermana.
Evitar el equívoco. Ejemplos: Los profesores no imponen a los alumnos más que un trabajo por semana, aunque ellos tienen toda la libertad para hacerlo. ¿Quién tiene la libertad? ¿Los alumnos para realizar el trabajo, o los profesores para imponerlo o no? Luis fue al teatro con su novia y su hermana. ¿La hermana de quién? ¿De Luis? ¿De la novia?
Estar muy seguro en el empleo de palabras parónimas para no usar las unas en lugar de las otras; ejemplos: acepción y aceptación; afección y afición; alusión e ilusión; perceptor y preceptor; perjuicio y prejuicio; etc.
Usar sin miedo las palabras relativamente breves y de formación simple, y evitar las frases clichés que nada añaden a la idea, tales como: ‘de algún modo’; ‘en todo caso’; ‘por así decirlo’...
Tener en cuenta el valor que va a dársele a cada palabra: afectivo, satírico, irónico, político, religioso, etc., para que dicha palabra quede bien contextualizada.
Corregir los escritos y leerlos en voz alta, hasta que el oído esté satisfecho. El sentido auditivo es la mejor ayuda para la armonía del escrito; pero al suprimir vocablos en beneficio de la armonía, no debe correrse el peligro de sacrificar la claridad del contenido.
Cuidar la correspondencia de los tiempos verbales: si el verbo de la oración principal está en presente (o en futuro), el verbo de la oración subordinada puede usarse en cualquier tiempo, según lo que se quiera expresar, aquí no hay regla de concordancia de tiempos que aplicar. Si, por el contrario, el verbo de la oración principal  está en tiempo  pasado, el verbo de la oración subordinada se emplea, casi siempre, en pasado del subjuntivo; ejemplos: temía que no viniera a verlo; quería que me dijera la verdad; juzgamos que habría terminado el examen.


En la redacción se necesitan, fundamentalmente, tener algo que decir, y encontrar la formulación del pensamiento. Algunas recomendaciones para lograrlo son:

1. Evitar el abuso de los artículos.
2. Cuidar el empleo del posesivo "SU"  por las ambigüedades que presenta.
4. El lenguaje escrito debe ser más pulido, correcto y de más altura. Evitemos el habla popular. El lenguaje del pueblo, dentro de los escritos, tiene su lugar en la literatura costumbrista.
5. Tener presente siempre en la elaboración de textos, por cortos o intrascendentes que sean, las normas de la concordancia, la correlación de los tiempos verbales……
6. Evitar el abuso, las repeticiones de la partícula "que"; esa ligereza de expresión vuelve los textos pesados, molestos e inarmónicos.
8. Evitar la repetición de una misma palabra en frases próximas, sin ninguna justificación, especialmente de sustantivos, adjetivos y verbos. Es correcto que se repitan los elementos de enlace.
9. El defecto más ridículo en la redacción es la ampulosidad. Hay que luchar contra el lenguaje afectado, melindroso. La prosa debe discurrir fluida, sencilla, precisa, elegante, sobria.
10. El escrito debe acomodarse a la importancia de la idea o el pensamiento que se quiere expresar. Las ideas sencillas y claras producen escritos breves; las complejas, escritos largos. No hay que alargarse en lo que no es necesario.
11. Evitar las fallas de sentido o incoherencias, las faltas de lógica... son producto de la charlatanería, el chamboneo, el querer ser muy originales, la falta de respeto por el idioma, la superficialidad, la pereza para cuidar y pulir lo que se escribe, etc. 

DICE EL MAESTRO AZORÍN:

Escribamos brevemente, lo más brevemente posible. Seamos sobrios y llanos en todas nuestras páginas. Nada de abalorios, sibaritismos de expresión, ni vocablos suntuosos. Lo que en el mundo envejece y se extingue con más prontitud es la novedad. Hay que decantar y comprimir la frase: quitarle sus meandros y su ramaje vano. Hacerla limpia, emotiva, directa y fina como aguja de surtidor.

Desdeñemos, nosotros también, lo superfluo, lo accesorio, lo inútil y dejemos tan solo en nuestras páginas lo sustancial y peculiar. Es el único camino de hacer obra perfecta y duradera.”



sábado, 14 de junio de 2014

EL PODER Y LA MISIÓN DE LAS PALABRAS

La historia de gobernantes y gobernados, en todos los tiempos pasados y presentes,  ha mejorado o empeorado no solo según los comportamientos, los intereses creados, las filosofías, el grado de dignidad, de compromiso, de ética de gobernantes y gobernados, sino también, mediante el lenguaje que cada uno (y, especialmente, el periodismo hablado y escrito) va utilizado en cada momento, en cada minuto, según sus propios intereses.

¿Ejemplos? Muchos. En esta hora de ahora de Colombia, hemos sufrido todos los tropiezos, todas la dudas, los sinsabores, los atropellos, las injurias, las ordinarieces, vulgaridades y mala educación, la deshonestidad, los falsos testimonios, las promesas desvergonzadas; todo ello valiéndose del lenguaje como el vehículo conductor más adecuado.

¡Qué vergüenza y qué deterioro y qué desfachatez! 

Todos ellos, y, de sobra, sabemos quiénes, han envilecido el idioma, lo han convertido en trampolín de vituperios, de mentiras infamantes, de deshonestidades, de informaciones tendenciosas, en formas diversas y superficiales y groseras y poco creíbles de periodismo, (se salvan muy pocos) etc. etc.

Como maestra del idioma, protesto contra todos los abusadores de la palabra en todos los estamentos: políticos, gubernamentales, periodísticos, sociales. Han olvidado el principio de que la palabra VIVIFICA O ASESINA.

 Lo que quiero compartir hoy con ustedes, amigos lectores de este blog, no son las vergüenzas  que nos hacen pasar los aspirantes a...., los dirigentes,  los políticos y los periodistas - sobre  todo los del periodismo hablado -; lo que quiero compartir- digo - es una feliz frase hallada hoy en un periódico: ella es la síntesis de lo que ha sido esta campaña electoral, es la palabra bandera de estas justas insoportables, hecha ya un jirón; una palabra que antaño fue sagrada y que nació para nombrar el don glorioso que el ser humano debía defender para que existiera siempre en nuestra vida y en nuestra convivencia; pero, hoy, en Colombia ,  en esta rebatiña, la muy amada significación de dicha palabra, ha sido convertida en señuelo para engañar conciencias.

¡Felicitaciones a quien tan lúcidamente creó y manejó esta frase, con la sola ayuda de la ortografía, frase que es un gran mensaje y una excelente campaña:

"La paz no se escribe con S  sino con Z"


miércoles, 4 de junio de 2014

JORGE FRANCO, PREMIO ALFAGUARA, 2014

UN PREMIO LITERARIO QUE NO ACABA DE CONVENCER


Lucila González de Chaves



No era ella  sola, la princesa; eran los tres, unos príncipes.

Príncipes de la cordialidad, de las buenas maneras, de la hospitalidad, de la conversación amena y atractiva, por los temas que con tanta naturalidad se trataban; y, por sobre todo, príncipes de la cultura, de lo que antes se entendía por “cultura” (desarrollo artístico, literario, científico, etc.)

El libro El mundo de afuera  (Jorge Franco)  -Premio Alfaguara, 2014 - está tejido sobre dos hilos conductores: la fantasía y la truculencia, que son los alimentadores del suspenso vivido por el lector, hasta el final. Digo mal, después de leer el libro, continúa el suspenso hasta para aquellos que recordamos el final trágico de don Diego y para todos quienes no son de aquella época y desconocen la vida y la entrega a la cultura de Don Diego Echavarría, de doña Dita y de Isolda.

Por consiguiente, son dos planos en los cuales se desenvuelve el relato colmado de truculencias, morbosas la mayoría, y de fantasías imprecisas que nada explican, que nada embellecen; a veces, aparece una pisca de lirismo en la obra, pero no es sostenible. Hay invenciones acerca de la vida privada  de los tres personajes, y ningún testimonio de su vida entregada a fomentar la cultura, especialmente la musical, en Medellín, y a formar artistas de verdad; y, si  no, habría que preguntarles a la gran soprano Lía Montoya, a la pianista Aída Fernández, entre otros muchos otros artistas a quienes don Diego costeó sus estudios en el exterior.

Y, ¿qué de las bibliotecas y centros culturales y colegios e instituciones de servicio, creados por tan inolvidables príncipes? Y, ¿qué de la brillante inteligencia y logros alcanzados, tanto académicamente como en las relaciones sociales de Isolda en todos sus años – hasta graduarse como bachiller – en el Colegio Villa Lestonac de las Monjas de la Enseñanza, sector El Poblado?

Las verdades en la obra son medias verdades y pocas y, creo, muy escogidas según las conveniencias y la intención del autor del libro. Parece que solo importaron los tres personajes para crear sensacionalismo y demostrar un poco de desagrado contra las clases cultas de esa época que tenían casta, dignidad y dinero….

Y el oscuro y tenebroso mundo del hampa, ¡ese sí que está bien re-creado, bien representado!  licor, sexo, hurtos, prepotencia, traiciones, prostitución, vidas inocentes que ayudan al mal, triquiñuelas, equivocados amores manejados de manera ordinaria y vulgar y un lenguaje muy apropiado que realza la caracterización de un mundo y de unos personajes que, en ese entonces, empezaban a llevar a Medellín al desastre moral y social.

Yo tuve el privilegio de asistir con mi esposo músico, el maestro Luis Eduardo Chaves a las cenas musicales a las que los príncipes de El Castillo invitaban, de manera generosa y discreta; personas que en ese entonces (1954 a 1960) eran artistas o amaban el arte. ¡Qué veladas culturales! Conciertos de los pianistas Blanca Uribe y Harold Martina, de la Coral del Instituto de Bellas Artes, acabada de fundar por el maestro Luis Eduardo Chaves, de la soprano Lía Montoya interpretando baladas alemanas que tanto le gustaban a don Diego, el mismo género musical que él recomendó al maestro Chaves para que encaminara a Lía Montoya en sus primeros pasos como soprano; con la interpretación de esas páginas musicales, Lía alcanzó muchos triunfos en Alemania, cuando el señor Echavarría la envió allí, a estructurarse como cantante.

En Medellín, en el Teatro Junín, ella cantó la ópera Madame Botterfly, y allí estuvo don Diego y su familia, rindiendo sus aplausos. Era  la primera ópera que se presentaba en esta ciudad (década del 50 al 60), dirigida y organizada por los maestros Luis Eduardo Chaves y Pietro Mascheroni, con la Orquesta Sinfónica de Antioquia, cuyo director era el maestro Joseph Maza.

Muchos años después, Lía cantaría esta misma ópera en Alemania (en donde está radicada porque allí formó su familia), más de veinte veces, según los recortes de prensa.

Isolda solo se fue a estudiar diplomacia a EEUU cuando se graduó como bachiller en Villa Lestonac, y no a los quince años.

Si como se dice que esta cuasi-historia es una novela, y que como tal no tiene que ceñirse a la verdad, ni a la realidad, supongo que el autor debió cambiar los nombres, porque si su libro es ficción, los personajes también deben serlo.  O, ¿cuál fue la intención para conservar los nombres de pila?

Por todo lo anterior, aplaudo la determinación de Marta Ligia Jaramillo, ella misma alumna del Colegio de La Enseñanza, de no prestar el Castillo como escenario de  presentación de ficciones como esta.


 CARTA ABIERTA AL MAESTRO LUIS EDUARDO CHAVES


Maestro Chaves:


Emoción… nostalgia… recuerdos… añoranza… paradoja: presencia de las cosas idas….

Son las cinco y treinta de esta tarde de domingo 22 de julio de 2012 y acabo de llegar de EL CASTILLO.

Fui en busca del pasado, y los recuerdos y las cosas me pusieron frente a ti y frente a don Diego Echavarría… ¿Recuerdas? Eran las noches de conciertos en la inmensa sala de música, y eran los anfitriones don Diego y doña Benedicta (Dita). Nosotros, los visitantes y los concertistas, todos invitados, nos perdíamos en un mundo lleno de belleza sonora y de arte; un arte que nos apretaba los sentidos, viendo y oyendo, lo que en el Medellín de esa época (años 1955 a 1960) era imposible disfrutar.

Hoy, maestro, eché por el atajo de todos los recuerdos, y dentro del que fuera el hogar de don Diego (+ 1971) volví a ver el inmenso salón de música, el majestuoso piano de cola; pasé mis dedos (sin que me lo permitieran) por el fino teclado por donde las manos de don Diego, las de Isolda (+1967), las tuyas, las de Harold Martina, las de Blanca Uribe…  acariciaron las notas más sublimes. Ahí, a la derecha y a la izquierda del piano, unas extraordinarias y exóticas tallas de Beethoven, y muy cerca del teclado la pulida estatua de Mozart…

Pero… hoy ese piano no está en el salón de música, lo tienen en un cuarto contiguo al auditorio, para dar clases, y  rara vez un concierto con verdaderos artistas… ¡quien sea el depositario del Museo El Castillo, ignora lo que es y para qué sirve realmente un piano de cola!

Ahí, a pocos pasos está el salón comedor, en donde nos esperaba la suntuosa cena después del concierto; otra vez vi la elegancia y finura de cubiertos y vajillas, la cristalería; las tres copas verdes para el vino de don Diego, doña Dita e Isolda; la profusa colección de cucharitas; pero todo está hoy encerrado en vitrinas; pocas cosas quedan por fuera.

¡Otra añoranza!, maestro Chaves, hoy la entrada a El Castillo no es por la amplia puerta claveteada y bien tallada, la puerta principal. Hay que entrar con tiquete en mano por el lado izquierdo, por una oficinita en donde prohíben llevar bolsos, tomar fotos, usar celulares… Damos la vuelta y estamos por la parte de atrás de la entrada principal y otra vez, como ayer, los enormes óleos de Bolívar y Santander custodian una hermosa puerta que siempre está cerrada.

Y una ilusión frustrada, maestro Chaves: no estaba el carro de don Diego, la elegante limusina. El ocho de agosto de 2010, la prensa escrita contó la historia de ese lujoso carro que estuvo perdido durante treinta años; lo restauraron, le pusieron las piezas originales y desfiló por las calles de Medellín con los demás autos antiguos. Agregaba el periodista que la limusina sería llevada a El Castillo y guardada en una urna de cristal. ¡Pues, no la han llevado!  Y al preguntar por ella, nadie sabe dar razón.

En el segundo piso de este único Castillo, al final de la escalera, están los cuartos de Isolda niña, de Isolda joven, el de don Diego y el de doña Dita. Decorados europeos, camas con dosel traídas de Francia, retratos familiares que muestran la juventud y belleza y luego la edad madura de sus dueños.

Damos la vuelta y ¡la biblioteca! Miles de libros en vitrinas de grandes vidrieras, en un alto porcentaje escritos en alemán, italiano, francés; muy pocos en español. Don Diego estudió y se formó en Europa donde conoció a doña Benedicta. Por sobre las estanterías y casi pegados al techo, como antaño, los óleos de los grandes maestros de la música barroca: Mozart, tu gran amor y el de don Diego, ¿recuerdas cuántas horas pasaban ustedes dos hablando de Mozart en esa biblioteca?, y más allá Schubert, Bach, Beethoven, Liszt, Brahms, Verdi, Wagner…

¿Recuerdas, maestro, que mientras Humberto Echavarría defendía la grandeza de Wagner, tú y don Diego enaltecían la musicalidad y armonía de Mozart? Y… conversar con doña Dita de literatura, su devoción, era un alelamiento incomparable.

El salón francés, el de los gobelinos,  los espejos, las lámparas, las esculturas… todo está como hace cincuenta y cinco años.

Han remodelado muchos espacios, como los baños personales de los dueños de casa; La Tarantela, que fuera la casa de muñecas de Isolda, es hoy un saloncito de café y a la vez tienda; los jardines también han sido diseñados de nuevo; por ejemplo, el hermoso rosal a la entrada de la puerta principal tuvo que dar cabida a unos senderos peatonales y a otro tipo de jardines y flores; quedan pocas rosas (de todos los tamaños y colores) de las que don Diego cultivaba personalmente. Y los árboles de caucho, cuya primera semilla trajo al país don Diego, han ido desapareciendo, sólo vi dos; y ¡los añosos y monumentales  cipreses que aún hacen calle de honor para entrar a El Castillo!….

Y al salir del Castillo, el sol es ardiente y me hace recordar al poeta Neruda: “A veces, como una moneda, se encendía un pedazo de sol entre mis manos”.

Y el paisaje se aquieta y los recuerdos se remansan y las imágenes interiores me traen afanosamente a casa para escribir estas líneas “in memoriam” de ti, maestro Chaves, del gentil señor Echavarría, de su bella e inteligente hija y de su cultísima esposa.



lunes, 19 de mayo de 2014

DESACIERTOS PERIODÍSTICOS

Amigos: Ustedes los que leen mi blog, buenas tardes. 
Seguramente, esta mañana se llevaron una sorpresa al leer el periódico y comprobar  la liviandad con  que se dan  las noticias o se informa sobre hechos de cultura, de educación, etc. 
Leyeron esto, ¿verdad?


1. "Hay también nombres que parecen seudónimos, como el del poeta mexicano Amado Nervo, que se llamaba Amado Nervo".


2. "... tal vez (...) fuese un juego de exploración poética, de observar su identidad literaria, pero,sería lo mismo leer a María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga y no a Gabriela Mistral..."


Pues bien, el nombre del gran poeta mexicano (1870 - 1919) era Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo y Ordaz.
Y el de  la poetisa chilena Gabriela Mistral (1889 - 1957) era Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga.
No es lo mismo en la historia literaria, y no se asocia  bien, al decir: Gabriela Mistral  = María Godoy Alcayaga, que:
Gabriela Mistral = Lucila Godoy Alcayaga.

................

De esta gran maestra y poetisa, leamos:


ORACIÓN DE LA MAESTRA


Gabriela Mistral (chilena, 1889 – 1957)


¡Señor! Tú que enseñaste, perdona que yo enseñe; que lleve el nombre de maestra, que Tú llevaste por la Tierra.

Dame el amor único de mi escuela; que ni la quemadura de la belleza sea capaz de robarle mi ternura de todos los instantes.

Maestro, hazme perdurable el fervor y pasajero el desencanto. Arranca de mí este impuro deseo de justicia que aún me turba, la mezquina insinuación de protesta que sube de mí cuando me hieren. No me duela la incomprensión ni me entristezca el olvido de los que enseñé.

Dame el ser más madre que las madres, para poder amar y defender como ellas lo que no es carne de mis carnes. Dame que alcance a hacer de una de mis niñas mi verso perfecto y a dejarte en ella clavada mi más penetrante melodía, para cuando mis labios no canten más.

Muéstrame posible tu Evangelio en mi tiempo, para que no renuncie a la batalla de cada día y de cada hora por él.

Pon en mi escuela democrática el resplandor que se cernía sobre tu corro de niños descalzos.

Hazme fuerte, aun en mi desvalimiento de mujer, y de mujer pobre; hazme despreciadora de todo poder que no sea puro, de toda presión que no sea la de tu voluntad ardiente sobre mi vida.

¡Amigo, acompáñame! ¡Sostenme! Muchas veces no tendré sino a Ti a mi lado. Cuando mi doctrina sea más casta y más quemante mi verdad, me quedaré sin los mundanos; pero Tú me oprimirás entonces contra tu corazón, el que supo harto de soledad y desamparo. Yo no buscaré sino en tu mirada la dulzura de las aprobaciones.

Dame sencillez y dame profundidad; líbrame de ser complicada o banal en mi lección cotidiana.

Dame el levantar los ojos de mi pecho con heridas, al entrar cada mañana a mi escuela. Que no lleve a mi mesa de trabajo mis pequeños afanes materiales, mis mezquinos dolores de cada hora.

Aligérame la mano en el castigo y suavízamela más en la caricia. ¡Reprenda con dolor, para saber que he corregido amando!

Haz que haga de espíritu mi escuela de ladrillos. Le envuelva la llamarada de mi entusiasmo su atrio pobre, su sala desnuda. Mi corazón le sea más columna y mi buena voluntad más horas que las columnas y el oro de las escuelas ricas.

Y, por fin, recuérdame desde la palidez del lienzo de Velázquez, que enseñar y amar intensamente sobre la Tierra es llegar al último día con el lanzazo de Longinos en el costado ardiente de amor.



Y de Amado Nervo, su insuperable poema:




EN PAZ


Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida
ni trabajos injustos ni pena inmerecida;

Porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
Cuando planté rosales coseché siempre rosas.

… Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡Mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas,
y en cambio tuve algunas santamente serenas…
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes!  ¡Vida, estamos en paz!




miércoles, 30 de abril de 2014

Reflexiones sobre el realismo mágico y la soledad

REALISMO MÁGICO – SOLEDAD – MACONDO; EL AYER Y EL HOY

                              
                                Lucila González de Chaves


En  la mayoría de los escritores -los que perduran en el tiempo y en la historia- su enamoramiento del arte, de la ciencia y de las civilizaciones más avanzadas hace florecer su forma de idealizar lo real; es decir, ellos se elevan sobre la realidad, porque han encontrado el orden y la armonía en las cotidianas formas de la vida, la que convierten en arte.

En la obra de los grandes, es siempre la realidad la que ha dado las pautas y ha sido el punto de partida. El mérito está en su talento para convertir la vida en obra de arte. Por eso, las obras inmortales son aquellas que, por estar inspiradas en el mundo real, tienen mayor calor de humanidad: ahí están Homero, Cervantes, Goethe, Shakespeare…. No falsearon la realidad, por eso sus obras son reales e ideales a la vez, como todos los ensueños del hombre, como todo el vivir de la humanidad.

En Gabriel García Márquez ocurrió lo mismo, por eso será un clásico de la literatura; la realidad le ofreció el modelo, pero él, con sus dotes de escritor y con su capacidad imaginativa, llevó dicha realidad  a la idealización; es decir, elevó a las personas y las cosas sobre la realidad sensible, por medio de la inteligencia y de la fantasía, y les dio vida y continuidad en la historia literaria con el embrujo de su narrativa.

Eso mismo habían hecho ya, Juan Rulfo en “Pedro Páramo”, y casi todos los escritores del Boom Latinoamericano, en la segunda mitad del siglo XX, entre ellos García Márquez; y nació, entonces, aquella forma literaria tan repetida, tan alabada, tan enseñada, pero tan poco estudiada, que se ha llamado  “Realismo Mágico”.

El Realismo Mágico en García Márquez está apoyado en una gran figura o imagen literaria llamada hipérbole; al trasladar la realidad común y corriente de cada ser humano, la vida de un pueblo, la cotidianidad de una familia, al llevar todos estos aspectos hasta el límite de la concepción, y todavía después, más allá de una simple semántica o de un cuadro costumbrista, empiezan a aparecer en sus obras: lo alucinante, lo maravilloso, lo hechizante; por ejemplo: un doctor que vive en un pueblo durante veinticinco años y nadie sabe quién es, de dónde ha venido, cuál es su nombre; un médico que come “hierba de esa que comen los burros”. Una vorágine compuesta de malas costumbres, de dinero obtenido y gastado a montones porque una compañía bananera ha corrompido las costumbres, una “hojarasca” que deja desolado a un pueblo solitario, polvoriento y ardiente.

Ese mismo pueblo, en otra obra, es fundado por un iluminado Buendía, trashumante y alucinado, y solo sobrevive los cien años que tiene la esposa del fundador, con ella muere también el pueblo; el mismo de las mariposas amarillas, de las sábanas que envuelven a una dama en su ascensión, unas lagartijas que arroja otra de tan insólita estirpe, y otra que se da aires de dama de sangre azul, un gitano que aporta progresos, un militar con treinta y tres guerras perdidas, un continuo aguacero de más de cuatro años, una mujer adulta que come tierra y cal,  la interminable lluvia de hojas porque la matrona ha muerto, los nombres de las cosas impuestos por la urgencia de reconocerlos cuando llegue la peste del olvido.

Los personajes de la mayoría de las obras del Nobel colombiano son soledosos. Su soledad consiste en la incapacidad de reconocerse a sí mismos, en no poder ubicarse, en la falta de una auténtica y fraternal comunicación, todos los amores y las relaciones son de paso, son ocasionales, de ahí que no haya muchos diálogos; una soledad que nace en la ensoñación con la que  cada cual se pasea por la realidad, sin apenas pisar con verdadero amor e interés, y despaciosamente, el campo vital de los otros.

Hay soledad y desamparo en el coronel que semana a semana, y por siempre, espera que el gobierno le reconozca una pensión de jubilación por sus servicios prestados en las guerras. Ese coronel existe hoy, camina desolado, envejecido y agotado, por las calles, esperando, contra toda esperanza, que el gobierno sepa quién es él, que le reconozca sus servicios, que le ayude a vivir con paz y bienestar sus últimos años, concediéndole una jubilación. Ese gallo del coronel, en una de las mejores novelas de García Márquez, es ahora, la imagen viva de la necesidad imperiosa que tienen los viejos de una razón para vivir y unos sueños que alimentar.

Por eso, el realismo mágico y la soledad no han muerto, ni con los escritores del Boom ni con García Márquez; son elementos del diario vivir, del ahora nuestro.

Hay, ahora, en Colombia, realismo mágico en la manera de aplicar justicia,  en la caprichosa y subjetiva forma de interpretarla, en el comportamiento y en el lenguaje de algunos mandatarios, en las apreciaciones y compromisos del Congreso. Hay realismo mágico en los maestros y alumnos que creen que ÚNICAMENTE la pantalla del computador es la mejor y más perfecta forma de “educar”, de adquirir cultura, de aprender a ser ciudadanos de alguna parte…. Nada de ciencias humanas, ni de foros, ni de conversatorios; nada de filosofías, ni de ética, ni de libros físicos.

Hay realismo mágico cuando tenemos que preguntarles a los artefactos mecánicos cuánto suman cuatro más cuatro. El celular es realismo mágico. También lo es la ya larga historia de algún alcalde del país.

Si en los polvorientos y calurosos pueblos de García Márquez, hay soledad, y en Macondo hubo que ponerles nombres a las cosas  y escribirlos por miedo a la peste del olvido, ahora, nosotros también tenemos que fijar los nombres de los amigos, de los vecinos, de las familias antes que la tecnología nos succione por completo la mente y el corazón.

¡Qué inmensa soledad se siente al tomar un café con amigos, cada uno “metido” en su celular!  ¡Qué desconcierto mirar sus gestos, su concentración, su furtiva sonrisa, y tener la certeza de que nada de ello es para nuestras palabras, para nuestro afecto, nuestro calor humano, nuestras ideas, sino para alguien que, desde muy lejos, con sus mensajes, viene a perturbar la conversación, y a convertir la presencia en ausencias, y a llenarnos de soledad.

Y la hojarasca de hoy… arrolladora. Los rezagos humanos –y también muchos que no lo son-  se han convertido en fuerte amenaza para la vida, la propiedad y el trabajo honrado. Y esta hojarasca nuestra no es como la del escritor García Márquez, que llega, destroza y se va… la nuestra permanece, se vigoriza, crece y se arraiga mediante la corrupción del poder, de la política y del dinero.

Medellín, 30 de abril de 2014

CEFA