lunes, 10 de junio de 2013


Los dígrafos:

En nuestro idioma, las letras son los grafemas o signos gráficos simples.
Además de las veintisiete letras, existen cinco dígrafos o combinaciones de letras:

1. El dígrafo ch (che)

Hoy, de acuerdo con las normas internacionales, en los diccionarios, la ch ha pasado a la columna de las palabras que empiezan por C. Los vocablos cuya primera letra es la che, están situados exactamente antes de las palabras que, en el diccionario, empiezan por ci.

2. El dígrafo ll (elle)

La elle ha pasado  a la columna de las palabras que empiezan por L. Los vocablos que empiezan por elle los encontramos en los diccionarios, después de las palabras que empiezan por li.

3. El dígrafo gu (g) antes de las vocales e, i: pliegue, guiño.

4. El dígrafo qu (c) antes de las vocales e, i: queso, esquina.

5. El dígrafo rr (rr) entre vocales: arroz, tierra.

“Los dígrafos ch,  ll   dejan de ser considerados letras del abecedario español, lo que no significa que desaparezcan de su sistema gráfico. Estas combinaciones seguirán utilizándose como hasta ahora en la escritura de palabras españolas. Ocurre que los dígrafos son combinaciones de dos letras ya incluidas en el alfabeto. En todas las lenguas de escritura alfabética, se consideran letras del abecedario solamente los signos simples”. (RAE).


viernes, 31 de mayo de 2013

POR QUÉ LEEMOS MAL

Porque no nos interesamos en el contenido del texto. Porque no obligamos al cerebro a estar pendiente de las ideas del texto. Porque nos falta interés por aprender y adquirir cultura y conocimientos por medio del hábito de la lectura. Por eso, elegimos lecturas fáciles, superficiales que no enseñan nada, que no nos dejan vernos a nosotros mismos a través del texto. Porque no amamos la lectura y preferimos dedicarnos a otros medios más facilistas para emplear nuestro tiempo libre. Leer es una disciplina que se adquiere. Porque creemos que leer es juntar letras y palabras y no interesarnos por el contenido. Porque nos conformamos con lo poquito que sabemos y no nos atraen los horizontes culturales que abre la lectura. Por falta de respeto a quienes nos escuchan, cuando tenemos que leer en público. Por falta de costumbre. Sólo se aprende a leer, leyendo. Y, además, hacer de la lectura oral un hábito. Para quienes están enseñando a leer es un buen ejercicio la lectura coral porque ella acompasa las voces y colabora para tener un buen ritmo.

miércoles, 24 de abril de 2013


Loor a doña Lucila González de Chaves
Autor: Iván Guzmán López 
16 de Abril de 2013

http://www.elmundo.com/images/fotosinternas/110311080348IVAN%20GUZMAN%20LOPEZ%20(2).jpgEl pasado 22 de marzo de 2013, salió al mercado editorial el libro número 14 de doña Lucila González de Chaves, bajo el afortunado título de “Literatura, investigación, lecturas y análisis”. 
http://www.elmundo.com/images/sindicacion/@@delicious.png http://www.elmundo.com/images/sindicacion/@@digg.png http://www.elmundo.com/images/sindicacion/@@menefante.gif http://www.elmundo.com/images/sindicacion/@@addthis.gif 

El pasado 22 de marzo de 2013, salió al mercado editorial el libro número 14 de doña Lucila González de Chaves, bajo el afortunado título de “Literatura, investigación, lecturas y análisis”. Se trata de una obra pulcra, bien diseñada y atractiva, cuya carátula aparece ilustrada con la obra “ En Contravía”, del artista Óscar Velásquez Tamayo, quién también tuvo el honor de prologar dicho tratado. Es un compendio de 430 páginas “deliciosas, como toda la creación de doña Lucila”, dividido en cuatro capítulos, esenciales y coherentes. Ellos son: 1. Ensayos, 2. Poetas, 3. Novelistas, y 4. Libros (comentarios y citas textuales). El primer capítulo presenta un cúmulo de ensayos tratados con donosura y propiedad, como: “Presencia femenina en El Quijote”, “Don Quijote o la caballería rediviva”, “El hidalgo inmortal”, “El sentimiento amoroso en la literatura”, entre otros 27 adicionales. El segundo capítulo, Poetas, nos presenta en forma breve y precisa, la vida y obra de poetas entrañables como Alfonsina Storni, Delmira Agustini, Fancisco Luis Bernárdez, Gabriela Mistral, Rubén Darío, Sor Juana Inés de la Cruz, entre otros 11 nombres que han hermoseado por años a la  gran literatura. El capítulo tres, estudia a novelistas esenciales como André Maurois, Ernesto Sábato, Miguel Ángel Asturias, entre otros. El capítulo cuatro, Libros, se abre como un banquete al buen lector, pues en 96 extraordinarias páginas nos entrega sendos y breves comentarios bien fertilizados con citas textuales, certeras y oportunas. El libro cierra con una bibliografía, a mi juicio, justa y necesaria, y un bosquejo biográfico completo donde el lector puede cotejar la calidad de la obra y las virtudes mismas  de la autora. 

Escribir, que conlleva dos condiciones esenciales: competencia lingüística y capacidad cognitiva, y, colateral a ello, múltiples actitudes y aptitudes, no es fácil, por obvias razones, y es por ello que debemos ponderar, reconocer y recomendar la obra en su conjunto de doña Lucila González de Chaves, la maestra, por excelencia, del idioma castellano.

Joven aún, como en el famoso poema del celebrado yarumaleño Epifanio Mejía, “conocí” a doña Lucila, cuando el bicho de la lectura y la escritura se me había metido por los ojos y los poros. Entonces yo era un estudiante adolescente, de los primeros años del bachillerato, en un pueblo antioqueño donde los buenos libros eran pocos y los suplementos dominicales  de los periódicos se constituían entonces, en una deliciosa golosina. En uno de ellos aparecía una columna hebdomadaria que ella firmaba con el título de “Funcionalidad del idioma”. Desde entonces, he sido “alumno” (y por suerte, ahora, amigo) de ese manojito de huesos, saber y ternura que responde al nombre de Lucila, y que se apellida González, y que casó con el músico Luis Eduardo Chaves Becerra, con quien tuvo a Luis, Carlos, Ana y Juan, y ahora aparece en el mar de la virtualidad con el sugerente nombre virtual de “Aprendiz de brujo”.

Nacida en Medellín, pero llevada a Titiribí desde muy corta edad (por una de esas jugadas definitivas del destino), vivió allí su infancia (en la tierra de su admirado poeta Jorge Montoya Toro), al cuidado de los siempre añorados abuelos y de la tía Maruja Restrepo, a la sazón maestra del pueblo. Muy pronto regresó a Medellín para ejercer su fructífero magisterio en varias de nuestras más queridas instituciones educativas, entre ellas el Centro Formativo de Antioquia, CEFA  Hoy, más que nunca, doña Lucila es paradigma viviente de un idioma vivo,hermoso y dúctil como nuestro español. Ella, tan parecida hoy en su sonrisa y vigor a su sentencia: “El idioma siempre será un adolescente”,  es ejemplo diario de respeto, amor y cultivo por el idioma; es desafío vital para nuestros maestros, periodistas y estudiantes (entre otros especímenes), que maltratan día y noche el idioma, sin que encuentren en ello reato alguno de conciencia, y menos de responsabilidad académica.

Cada vez que tengo la oportunidad de saludar y abrazar a doña Lucila, veo en ella a mi primera maestra, y es entonces cuando esbozo una sonrisa de niño, como cuando Gabo recibió el Premio Nobel, y acordándose de Rosa Fergusson, su primera maestra, pronunció su nombre y ensanchó una sonrisa de niño feliz.

Puntada final: bienvenido éste, su libro número 14, mi querida doña Lucila, y los muchos que le faltan.

viernes, 15 de marzo de 2013

DOÑA LUCILA GONZÁLEZ DE CHAVES, MUJER DE PERSONALIDAD SUBYUGANTE


DOÑA LUCILA GONZALEZ DE CHAVEZ: Mujer de personalidad subyugante por su inteligencia y en especial por su sensibilidad  y capacidad para realizar iniciativas educativas y culturales. Su vida laboral se caracterizó por una entrega disciplinada, creativa, investigativa, innovadora y docente, de condiciones tan excepcionales, que su solo nombre representa la excelencia del magisterio antioqueño y la perfección estética de las prácticas pedagógicas en el aprendizaje y el uso correcto del lenguaje.
Fue Maestra de Maestras y Formadora de Formadores. Como profesora de Español y Literatura en todos los niveles del Sistema Educativo Nacional, a la vez que autora de los textos escolares con los cuales se formaron y siguen educándose  generaciones sucesivas de hablantes, escuchas, lectores y escritores de modales refinados y cultos, cumplió a cabalidad con una de las principales  tareas  que la sociedad, las familias y el Estado le encomiendan a los educadores: enseñar a los niños y a los jóvenes a pensar, a razonar y a expresarse correctamente ,a través del conocimiento y  el uso apropiado de las estructuras y las formas del lenguaje.
Para sus alumnos, doña Lucila, como cariñosamente se le nombra, es un referente obligado cuando se hace alusión a la producción intelectual y académica con la cual un educador puede y debe inspirar a sus alumnos, infundiéndoles el deseo de la superación permanente y la constante búsqueda del conocimiento que sirve de soporte a la realización personal y al ejercicio de la libertad.

Gabriel Jaime Arango Velásquez
Doctor en Filosofía y Letras
Director del programa de Docencia de EAFIT

PRESENTACIÓN DE DOÑA LUCILA EN LA GALA “MAESTROS PARA LA VIDA”,
Teatro Metropolitano - 2012

lunes, 11 de marzo de 2013





PRECISIONES DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA (RAE) EN SU ORTOGRAFÍA DEL AÑO 2011



En su edición del año 2011 (743 p.), la Real Academia Española conceptúa: Un grupo limitado de palabras que tradicionalmente se habían escrito con tilde por resultar bisílabas (además de ser agudas terminadas en -n, -s o vocal), en la pronunciación de buena parte de los hispanohablantes,  ahora pasan a considerarse monosílabas a efectos de acentuación gráfica, y a escribirse, por ello, sin tilde, ya que los monosílabos no se acentúan gráficamente, salvo los que llevan tilde diacrítica.
  Las palabras afectadas por este cambio son formas verbales como crie, crio,  criais, crieis (verbo criar), y las que se usan con el pronombre VOS: vos crias  de criarfie, fio fiais, fieis y las del voseo: vos fias,  (verbo fiar); flui, fluis (de fluir); frio friais, de freírfrui, fruis (de fruir = gozar); guie, guio, guiais, guieis y las del voseo: vos guias,  de guiarhui, huis (de huir); lie, lio, liais, lieis y las del voseo: vos lias,  de liarpie, piais, pieis y las del voseo pias, pia, de piarrio, riais, de reír.
Sustantivos como guion, ion, muon, pion, prion, ruan y truhan; y ciertos nombres propios, como Ruan y Sion, también van sin tilde.
  Aunque la ortografía de 1999, donde se establecieron las citadas convenciones, prescribía ya la escritura sin tilde de estas palabras, admitía que los hablantes que las pronunciasen como bisílabas pudiesen seguir acentuándolas gráficamente. En cambio, a partir de la edición de 2010 se suprime dicha opción, que quiebra el principio de unidad ortográfica, de modo que las palabras que pasan a considerarse monosílabas por contener este tipo de diptongos o triptongos ortográficos deben escribirse ahora obligatoriamente sin tilde.

  Esta convención es solo ortográfica, por lo que no implica, en modo alguno, que los hablantes deban cambiar la manera en que pronuncian naturalmente estas voces, sea con hiato o con diptongo.
  La palabra solo, tanto cuando es adverbio y equivale a solamente (Solo llevaba un par de monedas en el bolsillo) como cuando es adjetivo (No me gusta estar solo), así como los demostrativos este, ese y aquel, con sus femeninos y plurales, funcionen como pronombres (Este es tonto; Quiero aquella) o como determinantes (aquellos tipos, la chica esa), no deben llevar tilde según las reglas generales de acentuación, bien por tratarse de palabras llanas terminadas en vocal o en –s; bien, en el caso de aquel, por ser aguda y acabar en consonante distinta de n o s.
  Aun así, las reglas ortográficas anteriores prescribían el uso de tilde diacrítica en el adverbio solo y en los pronombres demostrativos para distinguirlos, respectivamente, del adjetivo solo y de los determinantes demostrativos, cuando en un mismo enunciado eran posibles ambas interpretaciones y podían producirse casos de ambigüedad, como en los ejemplos siguientes: Trabaja sólo los domingos [= ‘trabaja solamente los domingos’], para evitar su confusión con Trabaja solo los domingos [= ‘trabaja sin compañía los domingos’]; o ¿Por qué compraron aquéllos libros usados? (aquéllos es el sujeto de la oración), frente a ¿Por qué compraron aquellos libros usados? (el sujeto de esta oración no está expreso y aquellos acompaña al sustantivo libros).
  Sin embargo, ese empleo tradicional de la tilde en el adverbio solo y los pronombres demostrativos no cumple el requisito fundamental que justifica el uso de la tilde diacrítica, , ya que tanto solo como los demostrativos son siempre palabras tónicas en cualquiera de sus funciones. Por eso, a partir de ahora (2010, edición española),  (2011, edición en Colombia) se podrá prescindir de la tilde en estas formas incluso en casos de ambigüedad. La recomendación general es, pues, no tildar nunca estas palabras.
  Hasta ahora se venía recomendando escribir con tilde la conjunción disyuntiva o cuando aparecía entre dos cifras, a fin de evitar que pudiera confundirse con el cero. Este uso de la tilde diacrítica no está justificado desde el punto de vista prosódico, puesto que la conjunción o es átona (se pronuncia sin acento) y tampoco se justifica desde el punto de vista gráfico, ya que tanto en la escritura mecánica como en la manual los espacios en blanco a ambos lados de la conjunción y su diferente forma y menor altura que el cero evitan suficientemente que ambos signos puedan confundirse (1 o 2, frente a 102). Por lo tanto, a partir de este momento, la conjunción o se escribirá siempre sin tilde, como corresponde a su condición de palabra monosílaba átona, con independencia de que aparezca entre palabras, cifras o signos: ¿Quieres té o café?; Terminaré dentro de 3 o 4 días; Escriba los signos + o  en la casilla correspondiente.

  Por primera vez se ofrecen en la ortografía académica normas explícitas sobre la escritura de las voces o expresiones prefijadas.
  Los prefijos son elementos afijos, carentes de autonomía, que se anteponen a una base léxica (una palabra o, a veces, una expresión pluriverbal) a la que aportan diversos valores semánticos. Se resumen a continuación las normas que deben seguirse para la correcta escritura de los prefijos en español:
Se escriben siempre soldados (unidos) a la palabra que afectan, cuando esta es univerbal, es decir, cuando está constituida por una sola palabra: antiadherente, antirrobo, antitabaco, cuasiautomático, cuasidelito, exalcohólico, exjefe, exministro, exalumno, exnovio, expresidente, posmoderno, posventa, precontrato, prepago, proamnistía, probritánico, provida, superaburrido, superbién, supermodelo, vicealcalde, vicesecretario, etc. En este caso, no se consideran correctas las grafías en las que el prefijo aparece unido con guion a la palabra base (anti-mafia, anti  -cancerígeno) o separado de ella por un espacio en blanco:
(anti mafia, anti cancerígeno). Si se forma una palabra anteponiendo a la palabra base varios prefijos, estos deben escribirse igualmente soldados (unidos), sin guion intermedio: antiposmodernista, requetesuperguapo.
Se unen con guion a la palabra base cuando esta comienza por mayúscula, de ahí que se emplee este signo de enlace cuando el prefijo se antepone a una sigla o a un nombre propio univerbal: anti-ALCA, mini-USB, pos-Gorbachov, pro-Obama. El guion sirve en estos casos para evitar la anomalía que supone, en nuestro sistema ortográfico, que aparezca una minúscula seguida de una mayúscula en posición interior de palabra. También es necesario emplear el guion cuando la base es un número, con el fin de separar la secuencia de letras de la de cifras: sub-21, super-8.
Se escriben necesariamente separados de la palabra base a la que afectan, cuando esta es pluriverbal, es decir, cuando está constituida por varias palabras. Hay determinados prefijos, como ex-, anti- o pro-, que son especialmente proclives (propensos a, inclinados a), por su significado, a unirse a bases o palabras de este tipo, ya se trate de locuciones o de grupos sintácticos, característica por la cual la gramática ha acuñado para ellos la denominación de prefijos separables: ex relaciones públicas, anti pena de muerte, pro derechos humanos. Esta misma circunstancia puede darse también con otros prefijos: pre Segunda Guerra Mundial, super en forma, vice primer ministro.
  Así pues, un mismo prefijo se escribirá soldado a la base o palabra, unido a ella con guion o completamente separado en función de los factores arriba indicados: antimafia, anti-OTAN, anti ácido láctico; provida, pro-OLP, pro derechos humanos; supercansado, super-8, super en forma, etc.
  Las normas aquí expuestas rigen para todos los prefijos, incluido ex-. Para este prefijo se venía prescribiendo hasta ahora la escritura separada —con independencia de la naturaleza simple o compleja de su base— cuando, con el sentido de ‘que fue y ya no es’, se antepone a sustantivos que denotan ocupaciones, cargos, relaciones o parentescos alterables y otro tipo de situaciones circunstanciales de las personas. A partir de esta edición (2011) de la ortografía, ex- debe someterse a las normas generales que rigen para la escritura de todos los prefijos y, por tanto, se escribirá unido a la base si esta es univerbal (exjugador, exnovio, expresidente, exalumno, etc.), aunque la palabra prefijada pueda llevar un complemento o adjetivo especificativo detrás: exjugador del Real Madrid, exnovio de mi hermana, expresidente brasileño, etc.; y se escribirá separado de la base si esta es pluriverbal: ex cabeza rapada, ex número uno, ex teniente de alcalde, ex primera dama, etc.

domingo, 17 de febrero de 2013



*         Cultural
*          
*         PERIÓDICO EL MUNDO DE MEDELLÍN


Doña Lucila González de Chaves, the masterful teacher of the language

Doña Lucila González de Chaves, la gran maestra del idioma 



En su blog en la Internet, doña Lucila González de Chaves hace comentarios y apuntes para el correcto uso del castellano. En su página web se pueden descargar documentos sobre el mismo tema. 
http://www.elmundo.com/images/ediciones/Jueves_26_4_2012/Jueves_26_4_2012@@lucila_gra.jpg

Ilustración Mateo Camargo / EL MUNDO
El lunes 23 de abril de 2012, contando con la gentileza de la Cámara de Comercio de Medellín, respondimos al llamado amoroso de María Cecilia Estrada B. para celebrar a doña Lucila, que es lo mismo que decir, celebrar el idioma castellano (nombre más elegante, a mi juicio, que el de español).

Mi asombro fue mayúsculo cuando una a una se fueron presentando las personas que asistieron al acto, pues cada una representaba una institución, ya literaria, ya poética, ya musical, ya artística, en fin, cada persona era un delegado. Las muestras de cariño, abundantes y diáfanas, sin zalamerías, sin voces oficiales, resultaron conmovedoras.

Para rematar, el espléndido Coro del Centro de Sistemas de Antioquia, Censa, conformado por una muchachada hermosa y un joven director enamorado de su arte, juntaron música y poesía para hacer del corazón de Lucila González y de todos quienes estábamos presentes un solo pozo de añoranzas.

Para quien esto escribe, doña Lucila es el paradigma viviente de un idioma vivo, hermoso y dúctil como nuestro español. Esta vez, como buena maestra, tampoco desaprovechó la oportunidad para enseñarnos, y las preguntas que iba formulando un auditorio ansioso y feliz, fueron contestadas una a una, con la sencillez, la precisión y la maestría de quien ama y sabe lo que está diciendo. Entonces nos soltó una sentencia, tan cierta como su corazón de maestra: “El idioma siempre será un adolescente”. 

A mi sentido abrazo de su alumno que fui en la distancia de mi lejano pueblo, donde leía con gozo su columna hebdomadaria de nombre “Funcionalidad del idioma”, ella respondió recomendando la lectura de un texto que escribí sobre ella, y que hoy es época de recordar: 

“Poco sabemos de su vida después de tantos años -dice el joven poeta español José Luis Ferris, en su bello texto ‘El elogio de la maestra’-, pero a veces se produce el milagro del reencuentro al cruzar una calle, al salir del cine o al entrar en un gran almacén. Sucede que la vemos allí, frente a nosotros, convencidos de que pasará de largo, que esquivará nuestra presencia cuando estemos cerca, que jamás nos reconocerá entre la multitud; pero ella se detiene, se detiene y nos mira con ojos de adivinación, se ilumina de pronto, pronuncia nuestro nombre y nos abraza con ese viejo calor que habíamos olvidado.

Caemos entonces en la cuenta de que también nosotros habitamos en ella, que el niño que dejamos de ser aún corre feliz por la galería de su alma”.

Su vida

Nacida en Medellín, pero llevada a Titiribí desde muy corta edad, por una de esas jugadas definitivas del destino, vivió allí la infancia, en la tierra de su admirado poeta Jorge Montoya Toro, al cuidado de los siempre añorados abuelos y de la tía Maruja Restrepo, a la sazón maestra del pueblo.

Sus estudios primarios transcurrieron en ese municipio, matizados por la tranquilidad y el recogimiento que ofrecían antaño los pueblos de Antioquia, sumado esto al cariño de los abuelos y la tutela de la maestra.

Entonces llegó la pasión por la lectura. Esa pasión que ha transformado vidas y hermoseado existencias.

La niña Lucila González (¡todavía no era de Chaves!) creció devorando libros y leyendo de todo (como le sucediera a nuestro querido maestro Carrasquilla). Y así, saliendo apenas de la adolescencia, ya había descubierto el estro arrollador de poetas como Rubén Darío, Federico García Lorca, Amado Nervo, Juan Ramón Jiménez, Leopoldo Lugones, José Asunción Silva y Rafael Pombo; conocido los estremecimientos íntimos y fieros de Barba Jacob; la epopeya narrada por José Eustasio Rivera y los pensamientos largamente elaborados de Schopenhauer, Víctor Hugo o Dostoievski.

A esa altura de la vida, con 16 escasos años, la jovencita Lucila González se halla en Medellín, matriculada en el Instituto Central Femenino, cursando la carrera de Normalista con la clara vocación de maestra y el amor por la literatura acompañando sus sueños más íntimos, como sucedió con la Nobel Gabriela Mistral y la combativa y bella Alfonsina Storni.

Y llegó al oficio de maestra; hermoso y duro oficio que desempeñó con amor y constancia primero en Amagá, Titiribí y Rionegro y más tarde en Medellín, específicamente en la Institución donde se educó y en la Universidad Pontificia Bolivariana.

Su magisterio, fortalecido siempre por la vocación y embellecido por las letras, fue alternado con seminarios, conferencias y cursos dictados con cariño a estudiantes, profesores, periodistas, ejecutivos y universitarios.

Su trabajo

Su estudio permanente y su afán por preservar el idioma, le dieron la sabiduría y la paciencia necesarias para sostener durante mucho tiempo su reconocida y añorada columna dominical “Funcionalidad del idioma”.

Generaciones completas de estudiantes aprendimos con su bien diseñada serie “Español y literatura”, libros didácticos para la enseñanza básica y media. En “Funcionalidad del idioma”, recogió con paciencia y cuidado las sabias orientaciones de sus columnas periodísticas; en “Un momento para el idioma”, rescató sus frecuentes conferencias radiales, verdaderos tratados de pedagogía, del buen hablar y escribir y no pocos consejos para maestros y noveles escritores.

De su mano fecunda, su estudio permanente y su amor por el idioma salieron libros tan entrañables y útiles como el titulado “Gramática y Estilística desde A hasta Z”, una guía sencilla y versátil, ya que en él se ubican los conceptos en riguroso orden alfabético mediante su índice analítico de materias y referencias. Este texto, a la altura de Amado Alonso o Gonzalo Martín Vivaldi, es de consulta obligada para estudiosos del idioma, periodistas y escritores que de verdad sientan la necesidad y el gusto por el uso impecable del idioma.

Recorriendo el difícil pero delicioso camino de las letras, conocí una tarde, hace ya buenos años, a doña Lucila. Compartíamos mesa de conferencistas con el poeta Hernando García Mejía. Yo estaba recorriendo el camino sembrado de palabras que ella me enseñó, cuando aún era muy joven y no tenía ni la más remota esperanza de conocerla.

Aunque nunca la tuve como maestra en clase, al conocerla, la reconocí mi maestra y esbocé una sonrisa de niño, como cuando Gabo recibió el Premio Nobel, y acordándose de Rosa Fergusson, su primera maestra, pronunció su nombre y ensanchó la sonrisa como un niño feliz.

Sé que “somos un pueblo fácil para el olvido”, como dijo alguna vez mi maestro Manuel Mejía Vallejo, pero también sé que a maestras como Lucila González de Chaves no se les puede ni se les debe olvidar.

Iván de J. Guzmán; columnista del periódico El Mundo

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Fragmento
“¿Creen ustedes que el escritor nace? Esa es la creencia general, pero dicha afirmación carece de sentido y de veracidad. Se afirma que la condición de escritor está fuera de la voluntad y de la determinación de los seres humanos, y no se tiene en cuenta que la mayoría de los escritores se han formado a sí mismos. Se puede tener una vocación innata o talento natural, gran imaginación, facilidad de pensamiento, claridad de ideas, capacidad para crear y escribir; pero, todo esto no basta, puesto que se requiere un largo proceso de estudio, de perfeccionamiento y disciplina, para poder expresarse correctamente por medio de la palabra escrita”.

Lucila González de Chaves.