sábado, 8 de diciembre de 2018

ENTREVISTA A DOÑA LUCILA





MUERTE DEL EXPRESIDENTE BELISARIO BETANCURTERNA FISCAL AD HOCCORREDOR VERDE DE LA AV. ORIENTALALUMBRADOS DE MEDELLÍN


·         CULTURA
o     

Las letras de Lucila González de Chaves
·         
Su biblioteca está menguada porque ha ido regalando los libros. Lucila estuvo casada con el músico Luis Eduardo Chaves y tiene cuatro hijos.


·         EDUCACIÓN

·         LIBROS
POR JOHN SALDARRIAGA |
EN DEFINITIVA
Lucila González de Chaves es profesora desde el decenio de 1940. Gran aporte a la educación lo constituye su serie Español y Literatura, texto de enseñanza en colegios por más de 30 años.
Si Lucila González de Chaves no hubiera sido maestra, su espíritu seguro se hubiera marchitado.
A esta conclusión llega quien se acerque y hable con ella. Más que locuacidad, la suya es una elocuencia cargada de amor por ese oficio.
Sentada ante su computador, en su salón de estudio, acompañada por un órgano enmudecido desde 2011 cuando murió el maestro del canto lírico Luis Eduardo Chaves, su esposo, ella cuenta historias de su vida, que comenzó, según dice, “en el año uno de la era cristiana”. La va contando como una novela, a veces da saltos en el tiempo, hacia atrás, hacia adelante.
“Mi papá murió cuando yo tenía tres años, cuando se descarriló el tren en Medellín”, es decir, en 1930. Su madre se fue a Titiribí, de donde era oriunda. Allí se incorporó al seno de su familia. Lucila cursó la primaria hasta “la preparatoria”, pero no había nada más que estudiar.
—Tengo que seguir estudiando —le dijo a su abuelo.
—Y dónde, muchachita.
—No sé, pero yo no me puedo quedar así.
Buscaron por todas partes. El abuelo descartó la posibilidad de que se fuera para Boyacá, por lejos.
Les hablaron del Instituto Central Femenino, el Cefa, fundado por Joaquín Vallejo Arbeláez en 1935 para que las mujeres pudieran capacitarse y vincularse al mercado laboral, puesto que era liberal —como Lucila—.
—¿Usted va a matricular a la niña en un colegio liberal y ateo? —le preguntó al abuelo el cura del pueblo.
—Uno es lo que es en cualquier parte —le respondió y envió a Lucila a estudiar en Medellín.
“Para graduarme en pedagogía debía presentar una tesis. Metían en una bolsa los papelitos con los temas de las investigaciones. Por turno, las alumnas íbamos metiendo la mano y sacando uno. Metí la mano y ¡adivine qué me salió! ¡El café! Sentí que me había ganado la lotería, porque crecí entre cafetales, jugando con los granitos”.
Con su título en la mano, fue nombrada profesora en Amagá. A los dos meses, la trasladaron para Rionegro. Con menos de 20 años, Lucila González Restrepo—este es el apellido materno—fue nombrada rectora de la Normal. Los profesores eran mayores que ella.
El Bogotazo la encontró en el colegio. Se enteró de él junto a sus compañeras en un radiecito que encendían un rato después de almuerzo.
“Las ansias de libertad de multitudes de personas liberales se fueron acumulando desde 1946, cuando el partido perdió las elecciones por haber llegado dividido. Se perdieron 16 años en el poder. Con el asesinato del líder, Jorge Eliécer Gaitán, explotó la violencia”.
Los conservadores decidieron destituirla con cualquier argumento. Ella, sin inmutarse, porque uno a esa edad no se echa a morir por nada, volvió a Titiribí a hacer de asistente de su tía, también maestra.
Le decía: “andá y dictales a los niños la clase de canto”, y ella iba y cantaba; “andá a darles la de dibujo”, y ella les dibujaba algo en el tablero... Y así pasó un año, “mejor dicho, vagando y tomando tinto, leyendo y hablando en el parque con quien tuviera una charla interesante”.
El cartón
Lucila volvió a Medellín y retomó su labor de docente en un colegio del barrio Sucre. Ingresó a la Universidad de Antioquia, en la plazuela San Ignacio, a estudiar Letras.
“El cartón, que recibí por allá en el 51 o 52, decía: ‘Experta en Letras’”.
Para ganarlo había “estudiado literatura a lo loco”, universal, norteamericana...
“Pero imagínese: en América Latina no había llegado el boom. De este continente leíamos obras de la venezolana Teresa de la Parra (Ifigenia y Las memorias de mamá Blanca), a la chilena Gabriela Mistral... De Colombia, claro, la poesía de Silva, la María de Isaacs... Y La vorágine, de José Eustasio Rivera. Para mí, la mejor novela nuestra de todos los tiempos. Reúne todas las corrientes: naturalismo, costumbrismo, tiene poesía e intriga. No más recuerde ese final:
El último cable del cónsul, dirigido al señor ministro y relacionado con la suerte de Arturo Cova y sus compañeros, dice textualmente:
‘Hace cinco meses búscalos en vano Clemente Silva.
Ni rastro de ellos.
¡Los devoró la selva!
Fui a exponerlo ante mi profesor Juan de Garganta, un español, y comencé por el final, a pesar de que se usaba era del principio al fin.
—¿Por qué comienza por el final —me preguntó.
—Porque me parece que ese final tiene un gran sensacionalismo”.
Lucila cuenta que De Garganta le cuestionó el término. Ella lo defendió hablando de las sensaciones diversas que le había causado.
—Siéntese —le dijo el español.
Después, al averiguar su nota, encontró que había sido eximida del examen final. Esa exposición suya había sido “un tiro al blanco”.
Los libros
La vida de esta educadora es sin duda una novela. Sin embargo, nadie me perdonaría si no cuento la historia de la serie de libros educativos Español y Literatura, que marcaron la pauta en la enseñanza del bachillerato por unos 30 años.
Todo comenzó con el cambio de programa de español, dispuesto por el Ministerio de Educación, en 1973.
Hasta ese año, “esta materia no tenía sino tres cosas: ortografía, gramática y literatura. Con la reforma, aparecieron mil cosas: fonética, sintaxis, etimología, lectura... Todo estaba mezclado de tal modo que resultaba inmanejable. Cuando vimos ese programa, dijimos: ¡Qué susto!”.
Lucila, con vocación de pedagoga, se quedaba hasta tarde en el estudio de esta misma casa de La Floresta —allí ha vivido por 60 años, dándole orden al maremágnum.
Tomó hoja por hoja de aquel cartapacio y fue separando cada uno de los componentes. Formó un cerro de fonética, otro de gramática y así sucesivamente. Como no se podían dictar separadamente, fue articulándolas con explicaciones y ejercicios, en unidades, porque entonces no se hablaba de módulos.
“Cuando logré entenderlo y ordenarlo todo, yo estaba feliz y los alumnos lo sentían”.
Entonces, en la Editorial Bedout se enteraron, quién sabe cómo, de que una profesora del Cefa llamada Lucila González de Chaves tenía su propio método para enseñar español y literatura. La buscaron. Les dio una copia de su libro de grado sexto —no se decía undécimo grado, como hoy—, el único que dictaba.
—¿Dónde está el de quinto?
—No hay.
—Pues debe hacerlo.
Y así fue saliendo la serie, del último al primero. Pronto se convirtió en best seller.Lucila les solucionó un problema, no solo a los profesores de Antioquia sino del país.

CONTEXTO DE LA NOTICIA
PARÉNTESIS SIGUE LEYENDO Y ESCRIBIENDO
Esta profesora, conocida en Colombia por la serie de libros de enseñanza de Español y Literatura, nació en Medellín, en abril de 1927.
En la docencia, ha pasado por todos los niveles: desde primero elemental hasta el universitario.
Se jubiló en el 2000, pero no ha dejado de trabajar: dicta conferencias, fue columnista del Suplemento Dominical de El Colombiano y es columnista de El Mundo. Ha publicado los libros Literatura. Investigación, lecturas y análisis, Cien mujeres y Carta abierta a un maestro.
John Saldarriaga Londoño
Envigadeño dedicado a la escritura de periodismo narrativo y literatura. Libros de cuentos: Al filo de la realidad y El alma de las cosas. Periodismo: Contra el viento del olvido, en coautoría con William Ospina y Rubén López; Crónicas de humo, El Arca de Noé, y Vida y milagros. Novelas: Gema, la nieve y el batracio, El fiscal Rosado, y El fiscal Rosado y la extraña muerte del actor dramático. Fábulas: Las fábulas de Alí Pato. Premio de la Sociedad Interamericana de Prensa.

jueves, 29 de noviembre de 2018

"CLAMORES AL ATARDECER"



Mara Agudelo y su clamor en el tiempo

Autor: Lucila González de Chaves
28 noviembre de 2018 - 09:05 PM

Todos cuantos amamos la palabra hecha luz, verdad y armonía admiramos a Mara en quien el verso se hizo denuncia, confesión, hermandad, ternura, súplica, solidaridad.

Querer sentirlo, verlo y adivinarlo todo;
Tener la mente y llamas y los pies entre el lodo.
Con la lectura del último libro de la excelente poetisa Mara AgudeloClamores al atardecer, traigo a este presente, la anterior precisa definición del nunca olvidado poeta Guillermo Valencia, refiriéndose a José Asunción Silva, en su inigualable poema Leyendo a Silva. Encabezo esta columna con tan incomparable apreciación, porque Mara también es ese ser que define Valencia.
¿Se despide Mara? No lo sabemos. Leemos en su ofrenda: Clamores al atardecer llega a ustedes cuando me acerco a los 88 años [] He cumplido con amor y constancia mi vocación [] Va mi libro para los amantes del libro que aún quedan.

Lea también: Valores antioqueños, Mara Agudelo

Y en el primer poema, Mensaje, nos dice: “¡Oh, si pudiera dejaros / antes de mi partida, este yo positivo / que me invade, / esta resurrección que me transforma, / esta salmodia dulce que me exalta! / Este anhelo supremo de crear / y destruir / todo lo que no debe ser.
En El viaje, estas palabras hablan de desasimiento: Calzaremos de amor nuestras sandalias / y nuestros corazones. / De amor hasta la última pisada. / Hasta el último polvo en el camino. / ¡Después como cansados, / dejaremos el alma reclinada / en cualquier madrugada!
Todos cuantos amamos la palabra hecha luz, verdad y armonía admiramos a Mara en quien el verso se hizo denuncia, confesión, hermandad, ternura, súplica, solidaridad con los más humillados y ofendidos al decir de Dostoievski.
Muchos poetas y críticos califican su producción como Poesía de protesta. Pienso que poesía social, sí; pero no protesta, porque la ternura de Mara, la limpieza de su mirada, la elegancia y estructura de su lenguaje no le permiten posiciones desordenadas, ni gritos ni adjetivos desobligantes. Ella es una dama sensible que toca nuestros corazones, para que veamos y sintamos el gran dolor del mundo.
Retengamos por un momento estas líneas del libro citado: Si fuéramos guerreros /asaltaríamos el mundo en un instante / para buscar al hombre / y transformarle el alma; / para matar el hambre, y escribir / libertad por todas partes, / hasta que se arrodillen / las palabras.
Y, ¿ternura?, leamos: “¡Hermano campesino / pequeño dios agrario / corazón de montaña! / Hermano campesino, / niño de los trigales, / alumno de la hormiga / y las abejas /¿cuándo veremos / nuestra patria limpia, / de malezas humanas?
Otras pruebas irrefutables de auténtica poesía son:
“… que los niños del campo griten que somos muchos, que el mundo es una granja de esperanzas…”
Si la patria es de todos / todos deben caminar a las aulas, / con un libro en sus manos / y una esperanza bajo el sol.
La realidad es otra / es esto que lastima que recorre la sangre / sube a la piel del alma y se asoma a los ojos / con un tinte de lila en la mirada.
Epifanio: hoy como ayer / Antioquia canta airosa / tu himno de alabanza / porque tanto dolor y tanto llanto / no han podido dar muerte a la esperanza.
_Te necesito, ¡ oh, Dios, te necesito / porque me queda grande esta tristeza; porque me duele ver tanta pobreza / que borrona tu Ser.
 Por eso afirmo que los versos de Mara están inspirados en todos nosotros, porque todos, todos, somos desposeídos, huérfanos de algo o de alguien... huérfanos de alguna presencia, de alguna palabra, de una mirada, o de posesiones; también de posiciones...
Aplaudo la libertad de la autora para estructurar su libro antológico. No necesitó asesores, ni amigos, ni buenos declamadores, o amables lectores. En el silencio de su alma y en el latir de su corazón, fue recogiendo las fulgentes joyas que hoy nos entrega en un libro elegantemente editado.

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Despaciosamente, leo estos versos de Mara y reitero mi apreciación: ella detiene y analiza el pensamiento, lo soporta en la emoción y lo moldea, luego, en las palabras que le salen en tropel. Un tropel en donde nace su hermoso juego poético de las metáforas, de los símiles, de las personificaciones, de las paradojas
¡Mara y sus versos!
¡Presencia dolorosa del hombre sobre la tierra! Sufren los niños, los ancianos, los derrotados, los olvidados!
 Sufren los recuerdos y las nostalgias, los tiempos de la infancia y los de la ya larga experiencia vivencial. Sufrimos los lectores porque hacemos muy nuestras sus palabras que denuncian, atestiguan y se duelen
Su verso es, también, bello y sonoro cuando testifica su fraternidad con el ser ilusionado, soñador, expectante; con el que crea y ama.
¡Mara, poetisa colombiana, cargada de palabras palpitantes, armoniosas, significativas que nos plantean el dolor de existir, pero también nos entregan ternura, amor, anhelos y esperanzas!

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jueves, 15 de noviembre de 2018

CÓMO INFORMAR CORRECTAMENTE






Cómo hablar e informar correctamente


14 noviembre de 2018 - 09:05 PM

Es un término bien formado, con la misma pauta que rockódromo, que sí recoge el DRAE, y no es preciso escribirlo en cursiva ni entrecomillado

  1. El carnaval y los carnavales
La palabra carnaval y su forma plural carnavales se escriben con inicial minúscula cuando se refieren a la fiesta popular, excepto si forman parte de un nombre propio, como sucede con las denominaciones en las que se asocia al nombre de la ciudad en la que se celebra. En ese caso, se escribe la inicial mayúscula: el Carnaval de Río de Janeiro.
  1. El entierro de la sardina
La fiesta con la que se celebra el fin de estos carnavales, en muchos lugares es el entierro de la sardina, que se escribe con iniciales minúsculas.
  1. Sambódromo, un término bien formado
La palabra sambódromo, con la que se designan las instalaciones destinadas a los desfiles de las escuelas de samba en los carnavales brasileños, no está recogida aún en el diccionario de la Real Academia, pero sí en algunos de uso como el Diccionario del español actual, de Seco, Andrés y Ramos. Es un término bien formado, con la misma pauta que rockódromo, que sí recoge el DRAE, y no es preciso escribirlo en cursiva ni entrecomillado. Lo mismo cabe decir de cumbiódromo, escenario de los desfiles en Barranquilla (Colombia).

Lea también: Recordemos algunas construcciones gramaticales

  1. Blocos y comparsas
En las informaciones referidas a los carnavales brasileños, se menciona a menudo a los blocos, agrupaciones que participan en los desfiles. La traducción más aproximada al español es comparsas; pero si se opta por emplear el término original en portugués, lo apropiado es escribirlo en cursiva por tratarse de un extranjerismo. En varios países de América del Sur, los desfiles de carnaval se denominan corsos, según el Diccionario de americanismos.
  1. Candombe y no candombé
La forma llana candombe (y no la aguda candombé) es la adecuada para aludir a un baile de ritmo muy vivo, de procedencia africana y popular todavía en ciertos carnavales de América del Sur, así lo señala el Diccionario académico. Y, más en general: una fiesta alegre y bulliciosa en Argentina, Paraguay y Uruguay, como lo indica el Diccionario de americanismos.
6. Paternal, paterno, parental
Los adjetivos paternalpaterno y parental  tienen significados distintos.
Sin embargo, a menudo estas palabras se emplean de forma inadecuada.
 El Diccionario de la lengua española define paterno como perteneciente o relativo al padre o dicho de un pariente: por parte de padre.
Paternal, según esa misma obra, añade un matiz afectivo, ya que es propio del afecto, cariño o solicitud de padre.
Por último, parental tiene un significado más general que paterno, pues alude a uno o a ambos progenitores e incluso de forma más amplia a lo perteneciente o relativo a los padres o a los parientes.
Así, cuando se habla, por ejemplo, del control que ejercen los padres sobre determinadas actividades de los menores, lo adecuado, si corresponde a ambos, es hablar de control parentalEsto es así porque control paterno implicaría que es solo del padre, y control paternal se centra en el aspecto emocional.
Por lo tanto, es recomendable decir y escribir «Muchos niños se quedan sin supervisión parental en el hogar». «No es tan claro que un padre siempre desee lo mejor para sus hijos ni que estos, a su vez, solo quieran impresionar a la figura paterna». «Espera que le dé un tirón de orejas por el accidente de tráfico que causó conduciendo ebrio, pero con tono paternal matizó, diciendo: le pasa a cualquiera».

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7. Halloween
Con motivo de la festividad de Halloween, la RAE ofrece algunas recomendaciones sobre términos y expresiones relacionados con esta celebración.
a). Halloween, con inicial mayúscula
Según la Ortografía de la lengua española, los sustantivos y adjetivos que forman parte del nombre de festividades, ya sean civiles, militares o religiosas, se escriben con inicial mayúscula. Por lo tanto, la fiesta de Halloween, que es la contracción de la expresión inglesa All Hallows Eve, y cuyo significado es víspera del Día de Todos los Santos, se escribe con mayúscula inicial, en redonda y sin comillas.
b). Día de Todos los Santos, Día de los Muertos
Del mismo modo, se escriben con iniciales mayúsculas en todos los elementos significativos las denominaciones Día de Todos los Santos, Día de los MuertosDía de las Ánimas,Conmemoración de los Fieles Difuntos y Noche de Brujas.

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