lunes, 16 de septiembre de 2019

WILLIAM OSPINA, ESCRITOR COLOMBIANO DE ALTÍSIMOS MÉRITOS COLOMBIANO DE ALTÍSIMOS MÉRITOS




William Ospina, novelista, poeta y ensayista de altísimos méritos





15 septiembre de 2019 - 06:51 PM

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1. ¿Qué lo caracteriza?

En la segunda mitad del siglo XX y en este principio del XXI, uno de los más destacados escritores colombianos es el tolimense William Ospina (1954).
Es brillante en la novela, en el ensayo, en la poesía. Lo caracterizan la propiedad y la capacidad para inyectar a la poesía, reflexión y filosofía; al ensayo, lirismo; a la novela, historia; a la historia, novela. Es deslumbrante su lenguaje por la expresividad, la amplitud de fraseo y ese secreto encanto de la armonía en las palabras.

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2. Su producción novelística

Guayacanal
Es su última novela, la que bien podría llamarse Los pasos del recuerdo o El camino del regreso.
Presenta el espacio y el tiempo de su niñez, de una manera exquisita: amor por sus antepasados, nostalgia de lugares, evocación de personajes cosidos a su propia vida. Es la amada y respetable historia de bisabuelos y abuelos valerosos, avasallando montañas y breñales, abriendo trochas y claros en los montes y laderas, explorando cañadas y atravesando hondonadas, en cuyo fondo rugen los ríos, examinando desfiladeros para fijar al borde de alguno de ellos sus casas, pocas primero; muchas después, hasta convertirse en un poblado, al que llamaron Guarumo, y, que, pasados los años, su cura párroco, viajero por Europa, de regreso, le pondría el nombre de Padua; el pueblo que vio nacer al autor Ospina en 1954. Las extensas tierras colonizadas por sus bisabuelos se llamaron “Guayacanal”, tierras fructíferas, de campesinos generosos y honrados, que luego serían acosados, robados, asesinados o echados por la guerrilla, en la década del cincuenta.
El autor, en compañía de la familia que ha formado, emprende el camino del regreso para paladear el agridulce sabor de las cosas idas, las veneradas imágenes evocadas veraz y nítidamente, fijadas para siempre en las hermosas y emotivas fotografías que acompañan el libro; el autor nos ubica con precisión en cada época, en cada lugar, para sentir, desde las entrañas que es nuestra propia historia, la que estamos leyendo.
Dos adolescentes que acaban de casarse, Benedicta y Rafaela, los bisabuelos del autor, salen de Sonsón a abrirse paso en la vida con solo un corazón fuerte y las ansias de triunfar: recorren, sin cansancio y con empuje, las tierras ariscas, los amenazadores pasos por las montañas de Antioquia, Caldas y el Tolima. En las hondonadas y en los montes del Tolima hay mucha tierra virgen: todo es selva, monte, desfiladeros, cañadas profundas que cubre la neblina…; en alguno de esos sitios desafiantes y escabrosos, rudimentariamente, construyen su casa.
Entre los hechos dramáticos, cito este: Santiago de 23 años, ha sido mortalmente herido a machete; los peones lo cargan en parihuela durante largas siete horas buscando, ellos y los amigos y vecinos en comitiva, un pequeño pueblo en donde puedan atender al herido, pero…. Santiago sigue desangrándose, y un hilo rojo va marcando el camino que lo lleva hacia la muerte….
Y, el poeta que hay en William Ospina, hace presencia en la novela; de ello dan cuenta las páginas 164 y 165; en ellas, vamos siguiendo el rumbo de una pequeña nube que nace en la profundidad de un cañón tolimense; va creciendo y ronda por montes y breñales; cambia de forma y de colores, y se desata, al fin, al atardecer, en un tormenta aterradora.

La conquista de América

En la trilogía sobre la conquista de América, (“Ursúa”; “EL país de la canela”; “La serpiente sin ojos”) es inigualable la maestría del autor en la descripción: la fauna y la flora; la crueldad de los españoles con los indios y entre los mismos españoles; las rencillas; las envidias. Y, al lado de todo esto, la indomable voluntad del español por encontrar más oro en todas las regiones conquistadas; su alelamiento frente a los tesoros en posesión de los indios, a los que se los fueron arrebatando con odio y crueldad y, peor aún, a costa de la propia vida:
Ursúa
Es su primera novela (año 2005). Advierte que lo que cuenta son historias reales: las aventuras de los conquistadores, entre ellos Diego de Almagro y Fray Gaspar de Carvajal. Además, la angustia del cacique TIsquesusa escondiendo el tesoro de la inatajable ambición de Quesada.
Doscientos cuarenta españoles remontaron los nevados, llevando consigo cuatro mil indios, dos mil llamas cargadas de herramientas, dos mil perros de presa y dos mil cerdos: van en busca del “oro en astillas”; en esta expedición, el más sangriento de los conquistadores es Pedro de Ursúa. El autor narra la historia desde que Ursúa fue amamantado por una cerda; luego, cuando abandonó la isla de las salamandras para ir a saquear aldeas de niebla, hasta el momento de crueldad (y alivio para los indios) en que la cabeza triste y desfigurada del tirano se ennegreció en la jaula.
Ursúa no había cumplido diecisiete años cuando se embarcó. La regencia que alcanzó era un favor del emperador, pero a Ursúa lo llenaban de miedo la lejanía agobiante de España y los desmesurados peligros….
Lo que sigue es una imparable crueldad y los despiadados tormentos para los indios.
El país de la canela
El país de la canela William Ospina
Ospina ganó el Premio Rómulo Gallegos en 2009 por su novela El País de la canela.

El tema es, de nuevo, la historia de la barbarie conquistadora. Ahí están los conquistadores: Pizarro, Cabeza de Vaca, Enciso, Ojeda, Pedro Arias de Ávila, Balboa quien “entendía mejor a los hombres y sabía conquistar sin destruir; el más hábil negociador con los indios”. Fue él quien “comprendió que las aventuras del futuro estaban en ese mar occidental” (el Pacífico).
Todos están buscando esa riqueza extraña, que tiene la corteza roja, la “que altera las bebidas…; la canela que es oro, pero astillado en aroma…. En el Cuzco, Gonzalo Pizarro oyó por primera vez hablar del País de la Canela: arboledas rojas de árboles leñosos y perfumados, un país entero con toda la canela del mundo”. (pp. 53, 54).

La serpiente sin ojos

“Con la noticia del mar apenas descubierto, la Corona española se animó a fletar una expedición de conquista; obispos predicaron en España que un mundo lleno de riquezas estaba esperando en las Indias…. Dos mil doscientos hombres se embarcaron…”. (p. 21).
Ahí están, otra vez, como personajes crueles y ambiciosos, entre otros, Gonzalo Fernández de Oviedo que “todo lo veía y todo lo nombraba”, Pedro Arias de Ávila, el jefe de la expedición, “el hombre que sabía que era muy difícil encontrar por los caminos un ataúd de su talla y viajaba siempre con su propio féretro de lujo, en el que cada noche dormía para irse acostumbrando a la muerte”, (p. 22).
Por el color, su enormidad y la fuerza de su caudal, fueron reconociendo el río… el Marañón; pero, estaban afanosos por llegar al país de las Amazonas…; una expedición cada vez más confusa y desorientada, en la que Lope de Aguirre creaba las mayores discordias. Alguno de los expedicionarios, dice al fin de la novela: “En Barquisimeto, cuando mataron de pronto a Lope de Aguirre, y su cabeza fue exhibida en una jaula… fue cuando comprendí la razón de ser del viaje, la enseñanza que tenía guardada en sus escamas la serpiente sin ojos, como llamaban al río, las gentes de la selva”. (p. 288).


3. La destreza ensayística del autor

¡Tan maestro en la novela como en sus ensayos!

P’a que se acabe la vaina

El brillante tolimense, con lupa y bisturí, analiza a Colombia, como si ella fuera un enorme texto de estudio sobre diversos aspectos: política, religión, gobierno, cultura, economía, riqueza del suelo y del subsuelo, el hombre nativo; y, empieza a examinar parte por parte este, que la historia siempre nos ha mostrado como: ¨Nuestro lindo país colombiano¨.
El ensayo citado es la otra cara de la historia patria; la que no nos enseñaron en el colegio. Historia escrita con dolor y con verdad.
Hace algún tiempo, en su entrevista con Yeison Camilo García, el autor afirmó : “Es necesario que la sociedad rompa con el discurso perverso y mezquino de la política, y descubra dónde están las grandes ideas, sueños y puertas abiertas, para que las nuevas generaciones dialoguen con el mundo y participen en los grandes debates de esta época”.
William Ospina escritor

¿Dónde está la franja amarilla?

En este análisis formula los graves problemas que tiene Colombia y que nadie se ha esforzado por resolver; y hasta los empeoran.
Pero… ¿qué, de la franja roja?, ¿y qué de la azul?
Estos profundos y permanentes dolores de la patria, esbozados en este corto libro, están sabiamente analizados en el ensayo: P’a que se acabe la vaina.

En busca de Bolívar

Es al mismo tiempo biografía y ensayo. William Ospina nos presenta, en un muy exclusivo estilo, su visión personal de Simón Bolívar, el hombre que convirtió sus sueños en valerosas acciones; el ejecutor de una gesta libertaria, tal vez, sin precedentes; el héroe que, al final de su vida, fue el hombre más solo, más vituperado, más enfermo, más desamparado…. Solo la muerte consiguió dar vuelta a la página y convertirlo en un símbolo para la historia americana.

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Otros ensayos suyos son: Es tarde para el hombre; Esos extraños prófugos de occidente; América mestiza; El dibujo secreto de América latina.
En este último, hemos leído el, tal vez, más brillante, preciso y agudo análisis de la novela de García Márquez: Cien años de soledad.

4. Su iluminada palabra poética

Esa palabra musical, esas frases sonoras, bellas y profundamente concebidas al mismo tiempo, están por todos los rincones de sus obras.
“En la punta de la flecha
 ya está, invisible, el corazón del pájaro.
En la hoja del remo
ya está, invisible, el agua.
En torno del hocico del venado
ya tiemblan, invisibles,
las ondas del estanque.
En mis labios ya están,
invisibles, tus labios”
(El amor de los hijos del Águila)

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Comentarios:

Edgar
Edgar
2019-09-16 07:48:48
Quedo con el magnífico sabor de saber, un poco más, acerca de William Ospina, a quien poco he leído, pero a quien leeré con más entusiasmo. Gracias Doña Lucila!

jueves, 12 de septiembre de 2019

EL PADRE "CALIXTO"


En el décimo aniversario de su muerte


Autor: Lucila González de Chaves
12 septiembre de 2019 - 02:05 AM

Padre Gustavo Vélez

Medellín
Usted lo conoció. Todos lo conocimos. Se llamaba a sí mismo “Calixto”.


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Para la Iglesia y los católicos era el sacerdote Gustavo Vélez Vásquez: un cura (78 años de edad) como ninguno: humano, sencillo y humilde en sus palabras, aunque ellas fueran “De tejas arriba” (su muy leída y aceptada columna periodística). Había paz en su profunda mirada, y mucha sabiduría, la que lo hacía exclusivo en sus predicaciones, porque su teología no fue nunca doctorado ni esoterismo, fue un texto abierto hasta para los más analfabetos: sabía hablar como Jesús, amar como Él y estar siempre al alcance de cualquier ser humano.
Un día de septiembre de 2009, en una caminata, a oscuras ya, y desorientado, se desprendió de un risco y fue, entonces, el comienzo de su unión con el Señor y el premio a sus fatigas de sembrador.
En esa fecha, escribimos este texto:

                            “Una cita impostergable”:

¡Solo! Acorralado por el desamparo, el frío, el miedo, el hambre, la oscuridad.
¡Solo entre los hombres!
¡Solo! Sin apoyo humano; sin palabras de consuelo y compañía; sin los libros; sin su indumentaria sacerdotal; sin la devoción de sus evangelizados…
¡Solo! Lejos del calor del hogar, del templo, de las más elementales comodidades; “ligero de equipaje”: una camiseta, un pantalón, un sombrero….
¡Solo! Sin la mano de los amigos que lo sostuvieran; sin luz que le alumbrara el bosque; sin perspectiva, sin horizonte, sin camino; sin un guía amoroso para acompañarle los pasos difíciles.
¡Solo! ¡En silencio! Ni el ruido de sus pasos se oye en la alfombra húmeda y hostil del monte; allá, donde el hombre no ha puesto todavía su ciencia destructora.
¡Solo! Prisionero entre los árboles que aumentan la oscuridad; impedido por las malezas dañinas y endebles que rozan su cuerpo, y no logran sostenerlo en la tenebrosa noche de su desorientado caminar.
Pero… ¡Un hecho extraño, reverencial, está ocurriendo! ¡Un misterio! Por eso hay silencio y soledad: un apóstol sigue el sendero que la Divinidad le va señalando para llegar al punto exacto del gran Encuentro.
Igual que el apóstol Pedro caminó inseguro sobre las aguas, El padre Calixto dirige sus indecisos pasos, en aquella oscura noche del seis de septiembre, hacia los brazos acogedores del Padre Dios. Cuántas veces escucharía: ¡No temas! ¡Sé fuerte y ten buen ánimo! ¡Te estoy esperando con infinito amor!
Y, así, misteriosamente, están frente a frente: Dios, la naturaleza virgen y nuestro recordado escritor Calixto. Sin testigos, sin letanías de rezos, sin luces ni inciensos, sin salmos, sin cánticos, sin ningún rito, ni ninguna alabanza; solamente un limpio corazón entregándose a ÉL con humildad, fe y amor…
¡Que bella y diciente es la imagen (imborrable) de su repetida actitud, reverencial y ferviente, ante el Santísimo Sacramento, adorando a Dios, no con sonoras y melindrosas palabras, ni con altisonantes frases rebuscadas en libros de oraciones; Calixto ama y adora con el corazón a su Señor, porque las palabras no alcanzan a expresar la grandeza infinita de un Dios dispuesto a recibirnos a todos.
En alguna de sus homilías dijo en Televida, esta cabalística frase: “Dejémonos encontrar por Dios”.

……………..

NO sé qué extraña asociación me obliga a releer al padre Teilhard de Chardin:

 “…… cuando el mal que me deberá disminuir o llevar, me ataque desde fuera o nazca dentro de mí; cuando llegue el momento doloroso en que yo me dé cuenta del hecho de que estoy enfermo o envejecido; y, sobre todo, en ese último momento cuando yo sienta que estoy perdiendo el control de mí mismo, oh Dios, concededme que yo pueda entender que sois Vos quien estáis apartando las fibras de mi ser para penetrar hasta la médula de mi substancia y llevarme dentro de Vos.
“Cuanto más profundo e incurablemente sea el mal que se incruste en mi carne; tanto más seréis Vos a quien yo estaré abrigando……..
“Sois la fuerza irresistible y vivificante, oh Señor. Concededme, por tanto, algo más precioso todavía que la gracia que todos los fieles imploran. No basta que yo muera comulgando. Enseñadme a tratar a mi muerte como a un acto de comunión.
“Te confío, Jesús, mis últimos años activos, mi muerte: que no logren debilitar lo que tanto he deseado completar en Ti, Señor”. (Obra: “Himno del universo”). 

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……….
Al oído del lector:

En el periódico editado del domingo 9 de septiembre, sección PALABRA & OBRA, en el ensayo sobre William Ospina, de mi autoría, aparece un párrafo, sacado del contexto, para encabezar el escrito, y al cual le pusieron comillas, y como autor a W. Ospina.
ESE PÁRRAFO ES MÍO; es mi personal manera de leer, entender y expresar un doloroso acontecimiento narrado largamente por el autor, en su libro “Guayacanal”. Usted, amigo lector, al leer el ensayo, lo volvió a encontrar con comillas.
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jueves, 29 de agosto de 2019

LAS MODERNAS FORMAS EXPRESIVAS


Las modernas formas expresivas

Autor: Lucila González de Chaves
29 agosto de 2019 - 12:05 AM

El verbo rebelarse introduce, con la preposición CONTRA, (no con A), lo que nos negamos a obedecer, o ante lo que nos sublevamos.

Medellín
1. Usémoslo, es correcto

Chatbot es un sustantivo nuevo formado de la unión de dos o más palabras ya existentes; en este caso, el Diccionario académico ya recoge el término chat (‘servicio que permite intercambiar mensajes electrónicos a través de internet’) y admite: robot, del que “bot” es un acortamiento. El resultado de este ejercicio lingüístico es: Chatbot; cuyo plural es chatbots. Vocablo para nombrar los programas que, basados en la inteligencia artificial, permiten mantener una conversación hombre-máquina, simulando las respuestas que daría una persona.

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2. Invariables

Las palabras mejor y peor son invariables cuando aparecen antes de participios, (vocablos verbales terminados en: ADO, IDO); ahí son adverbios comparativos de: bien y mal, bien / mejor vestidas; mal / peor vestidas. Entre las mejor vestidas de los Globos de Oro, está…. Entre las peor vestidas de los premios Goya, nombramos a….
Pero cuando los vocablos mejor y peor son las formas comparativas de los adjetivos bueno y malo, se consideran adjetivos; concuerdan en número con el sustantivo, y pueden escribirse en plural, ejemplos: prendas buenas / mejores; vestidos malos / peores.

3. Puertorriqueño

El Diccionario panhispánico de dudas, conceptúa que la forma más correcta para referirse a los habitantes de Puerto Rico es puertorriqueño. El gentilicio portorriqueño ha venido perdiendo vitalidad desde la segunda mitad del siglo XX, pero es forma válida. Es, igualmente, adecuado usar boricua, sin tilde en la i, por tratarse de una palabra llana acabada en vocal.

4. “Pro tempore”

Esta expresión latina significa: ‘temporal o transitorio’; se escribe sin tilde y en letra cursiva; si no se dispone de este tipo de letra, se escribe entre comillas.

5. Financiación; financiamiento

Son sustantivos válidos para referirse a la acción y efecto de financiar. A propósito: si hay algún amigo que diga que el proyecto se “financea”, corrija, se dice: se financia, lo financias…, financian tus estudios.

6. Sostenible y sustentable

Ambas formas son válidas, se refieren al modelo de desarrollo de no comprometer a las próximas generaciones con un consumo excesivo de recursos.

8. El prefijo inter

Se escriben en noticias sobre cumbres o encuentros, palabras que aparecen con el prefijo inter. Igual que los otros prefijos, INTER se escribe unido a la palabra que precede: (interinstitucional; intersectorial); es incorrecto escribirlos con guion: inter-institucional; inter-sectorial; o separados: inter institucional; inter sectorial.

7. Vocablos correctos

Estos vocablos solo son correctos cuando se usan como forma única:algo, alguien, cada, más, menos, nada, nadie: me dijo algo que no entendí; alguien llega; más lenta; no respondió nada; no hay nadie. Pero, “cada” acompaña a sustantivos masculinos o femeninos en singular (cada hora, cada hombre).
Las expresiones tan de moda, sobre todo en las noticias: veintiún víctimas; cuarenta y un semanas; doscientos un soldado; veintiún veces, son incorrectas. Debe decirse: veintiuna víctimas; cuarenta y una semanas; doscientos un soldados; veintiuna veces.
Hace algún tiempo, la RAE rechazaba las formas "decimoprimero" y "decimosegundo" sin tilde. Actualmente, en la edición de 2011, la Nueva Gramática admite dichas palabras con tilde, lo mismo que: undécimo y duodécimo.

8. Rebelarse; revelarse

El verbo rebelarse introduce, con la preposición CONTRA, (no con A), lo que nos negamos a obedecer, o ante lo que nos sublevamos, tal y como señala el Diccionario, y agrega que también puede llevar un complemento precedido por ANTE o FRENTE A. Ejemplos:
Guaidó pide a militares rebelarse contra Maduro.
El oficial llamó a sus compañeros a rebelarse frente a ciertas órdenes superiores.
Recordemos que rebelar (se), con be, significa ‘oponer resistencia’ o ‘sublevar (se)’. En tanto que revelar (se), con uve, equivale a ‘descubrir lo ignorado o secreto, o manifestar (se).

9. Fracking

Las autoridades académicas recomiendan emplear: “fracturación hidráulica” o “hidrofracturación”, en lugar del término inglés “fracking”, para aludir a un modo específico de extracción de gas o petróleo.

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10. Nuevo pacto verde

Es la alternativa a “green new deal”, expresión que hace referencia a las propuestas políticas para abordar el cambio climático mediante medidas económicas sostenibles, respetuosas con el medioambiente, ejemplos:
Apoyo para impulsar un nuevo pacto verde. El nuevo pacto verde es la columna vertebral de las propuestas….
En las medidas para abordar la crisis climática aparecen expresiones como: nuevo acuerdo verde; nuevo tratado verde. La recomendación: “La denominación adecuada en la base terminológica de la Unión Europea es: nuevo pacto verde”.
Como no se trata de un nombre propio, sino de una secuencia de palabras meramente descriptiva, no hay razón para emplear mayúsculas.