sábado, 18 de agosto de 2012


                             EL ADOLESCENTE Y LA EDUCACIÓN


                                                   Lucila González de Chaves


(Conferencia)


Mis cincuenta años al servicio de la educación, me permiten plantear ciertos aspectos. Hablaré de algunas cosas de los adolescentes frente al hogar y al colegio, conjuntamente, porque los tres factores educativos y que debieran actuar en armonía, son: los dos anteriores más el ambiente.


El hogar y el colegio lanzan seres al mundo sin proporcionarles los elementos indispensables para abrirse paso y liberarse de los enemigos que encuentran dentro y fuera de ellos y que les esperan ávidamente, de manera especial, en la adolescencia.

El problema se complica porque en un alto porcentaje, los hogares y los colegios que continúan siendo los responsables del adolescente ante la sociedad, no poseen, en muchos aspectos la autoridad necesaria. El joven se ve aprisionado en un clima en el que se mezclan inadecuadamente la crueldad y la permisividad, el odio y el amor, la sumisión y el desacato, la desmesura y la inadvertencia; sin que la familia y el colegio estén siempre en condiciones de hacer una selección útil, y mucho menos de imponerla.

En la mayoría de los casos, al maestro le toca ser en las situaciones difíciles, el refugio afectivo de los adolescentes, o el campo de ejercicio en donde ellos dan rienda suelta a su agresividad, o hacer de catalizador para sus reacciones de rebeldía.

Y si el maestro no tiene una honda integración de pensamiento y sentimiento, su labor quedará incompleta. Ya lo dijo ese gran pedagogo hindú Jiddu Krishnamurti: “Mientras la educación no cultive con una visión integral de la vida, tiene muy poca significación […]. La educación, en el verdadero sentido, capacita al individuo para ser maduro y libre; para florecer abundantemente en bondad y en amor”.- Y en su obra Educando al educador nos da esta lección: “Si yo deseo comprender a un niño, a un joven, no debo tener un ideal de lo que él debiera ser. Para comprenderlo, tengo que estudiarlo tal cual es. Colocarlo en el armazón de un ideal, es forzarlo a seguir determinado modelo, le convenga o no. El resultado es que el joven siempre se halla en contradicción con el ideal […]”.

Por otra parte, en este torbellino de nuevas ideas, de experimentos y descubrimientos, de medios potentes de comunicación y de publicidad llena de color y movimiento, el joven actual, sometido y atraído por todo eso, necesita ayuda en la ordenación de una justa jerarquía de valores.

Las anteriores situaciones se agravan por nuestra tendencia a mirar al adolescente, o bien como a un niño, o como a un adulto que tiene que ver el mundo como lo vemos nosotros, sin tener en cuenta que él, en algunos aspectos, posee una lucidez y capacidad superiores a las nuestras.

Una educación renovada, al servicio de los adolescentes, exige en nuestro tiempo una mentalidad renovada del educador. Ningún maestro, si  no se renueva de corazón, de espíritu y en métodos, podrá penetrar en los secretos de una educación actual.

Cuando éramos estudiantes de pedagogía, algunas veces nos colocaron frente a este tremendo interrogante: ser educador, ¿es asunto de profesión, de vocación o de dotes naturales? Ante nuestra perplejidad, nos pidieron escribir textualmente en el cuaderno de trabajo lo siguiente: “La pedagogía no se deduce de la psicología, sino de la ética fundamentada en la naturaleza del hombre. Es ésta la única base racional indiscutible”.

Hoy, después de muchos años de ejercer el magisterio, sin mucha complicación filosófica, puedo asegurar que ser maestro es asunto de profesión, de vocación y de dotes naturales.

En la historia de la educación del adolescente, lo primero que se destaca es que él no acepta el reglamento porque se siente devoto guardián de su libertad. Un padre de familia decía en una reunión: Nosotros nos educamos en un momento en que la autoridad de nuestros padres no tenía límites, y ahora tratamos de educar a unos hijos cuya rebeldía tampoco los tiene.

Viene ahí el primer compromiso del maestro: educar en la obediencia para la libertad.

Educar en la libertad es enseñarles a hacer lo que les conviene hacer. Sólo se realiza el que es libre y realiza actos libres después de deliberar, seleccionar, opinar, escoger. También es libre el que está en paz consigo mismo y con los otros. Por eso no es libre el rebelde, porque la rebeldía es el disfraz de la libertad.

El rebelde es esclavo de sí mismo y de los demás. Sólo será libre cuando al ensanchar el campo de su conciencia, conquiste su libertad. Cuando entienda que no hay rectitud moral en la vida, si  no se obedece a los principios a pesar de las tentaciones y de los caprichos. El verdadero maestro ama la independencia de sus alumnos. Se da cuenta de que ha tenido éxito cuando siente profundamente independientes a los jóvenes que ha educado.

Para educar en la obediencia, es decir, para libertad, pensemos en estas etapas: los niños no son obedientes porque aún no son libres, son esclavos de las normas: no pueden elegir. En la adolescencia se pone a prueba la obediencia cuando después de explicarles las conveniencias y tener frente a  sí varios caminos, los jóvenes eligen lo que les conviene. El adolescente ha podido deliberar, reflexionar, escoger y, entonces, al ser obediente, se sentirá libre.
Cito aquí las palabras del escritor y pedagogo Louis Evely:

“A nuestro mundo le falta quizás una concepción justa de la obediencia, una conciliación entre el ideal de independencia personal y el de solidaridad social. […] Obedecer es precisamente sobreponerse, apelar a una razón superior […]. Integrarse en un orden que nos sobrepasa a nosotros mismos”.

Los padres, los maestros y el ambiente educamos en la obediencia para la libertad con el amor, el sacrificio, el ejemplo, la jovialidad, el sentido de autoridad bien entendido. Frente al adolescente, el maestro encuentra escollos como:

1.    La dificultad para comprender. Algunos educadores anclados en su tiempo, en su metodología, en su arquetipo de alumno, no entienden lo que está pasando en el mundo de hoy, ni las actitudes de los jóvenes de hoy. Tienen celos de su principio de autoridad, creen que entender al adolescente, acercarse a su corazón, a sus dificultades, dialogar con él, es ser “permisivo”. Su rigidez en la comprensión de su misión, no le permite ningún acercamiento. Sucede que la comprensión exige humildad, amplitud de miras, lógica, generosidad, y supone buena voluntad.

2.    Falta de una adecuada preparación. Los maestros “somos muy sabios”, pero desconocemos muchos aspectos relacionados con los jóvenes. Los educadores, como los padres, poseemos una natural intuición, pero la desaprovechamos por no desarrollarla y enriquecerla con lecturas, investigaciones, diálogos, observación y, a veces, experimentación en el campo de las relaciones humanas, de las evaluaciones de procesos, de las situaciones de conflicto.

3.    El sentido de autoridad mal entendido. Creemos que hacer concesiones, dar explicaciones, invitar a los jóvenes a opinar y a colaborar, colocarnos en un nivel horizontal con el adolescente, todo ello es perder autoridad. Todo lo contrario: creo que es el camino para conseguir y conservar la autoridad, para hacer que obedezcan y elijan lo que más les convenga.

4.    Hay diferencia entre quien realmente es  autoridad y entre el autoritario. Este último grita, castiga, no admite réplica, coloca calificaciones humillantes y deprimentes. El que es autoridad reflexiona, dialoga con el adolescente, tiene madurez afectiva; está muy lejos de la manía del mando.

5.    Ausencia de ciertas cualidades. Hay maestros que llevan al aula de clase sus problemas, sus desacuerdos familiares y son hoscos con los jóvenes, despreciativos y, a veces, desafiantes. Es el desquite; y los que salen mal librados son los alumnos. Hay a veces en una mirada más agresividad que en un puñetazo, o más ironía que en un discurso, también, más amor que en un abrazo.

          En otros momentos, el maestro lleva a clase sus emociones positivas y su comportamiento es diferente. Esta variabilidad en el temperamento, esa falta de madurez y equilibrio deseducan escandalosamente al adolescente. Creo que de ahí se desprende la falta de firmeza en el mando. ¡Cuántas veces hemos caído en el error de mandar muchas veces lo mismo y, lo peor, fuera de las posibilidades de poder ser obedecidos!

El maestro es un testigo no sólo de los cambios de comportamiento del adolescente, sino también de los fenómenos que van operándose a su alrededor. Las imposiciones del ambiente y de los tiempos van aprisionando a nuestros jóvenes en tal forma, que a veces se cierran los caminos para llegar hasta ellos.

Tenemos que liberarlos de la opresión del ambiente. Las modas, las revistas, los cines, los sones musicales estridentes  de actualidad, las amistades íntimas no muy claras, los últimos modelos de automóviles, etc. etc.

Estamos viviendo la vida con ritmo acelerado; pero no estamos buscando nada; más parece que huimos de algo. El filósofo y sicólogo español Juan José López Ibor opina que huimos del presente porque no nos satisface, porque lo sentimos vacío. Dice: “El ritmo acelerado de la música moderna es una expresión de este modo de vivir el tiempo humano. Acelerado, quebrado, saltón, como quien tiene necesidad de llenar un vacío que lo angustia. La multiplicidad y estridencia de los planos sonoros son formas de escapar del silencio del instante reposado. Emborrachan como un tóxico. El ser queda anulado en ese proceso de centrifugación”.

Dialogar con los adolescentes sobre estos temas es muy difícil, y mucho más en el momento actual, porque sus opciones son muy definidas y las defienden con agresividad. A ello colaboran la sociedad de consumo, las propagandas de la TV y la radio, el dinero fácil y rápidamente conseguido, las relaciones sexuales asumidas desde muy temprana edad y en forma nada seria. Los jóvenes no han entendido, ni les hemos enseñado que la satisfacción del instinto no es el fin, sino el comienzo de un largo camino de responsabilidad.

Es difícil para padres y educadores liberar a los adolescentes de estas coyundas socio-económico-culturales; pero es nuestro deber hacerles entender que no siempre hay que pensar y actuar como los demás, y tener todo lo que tienen otros. Si el mundo está enfrentado a una serie de cambios en todos los aspectos, es apenas lógico que los educadores hagamos una revisión de los principios y tratemos de acomodar lo eterno e imperecedero al momento actual.

El maestro sabe que debe liberar al adolescente de la mentira, pero olvida que antes debe liberarse él mismo: pensemos en ese concepto trastocado de los valores materiales y espirituales que los adultos damos a los niños y jóvenes: sólo es bueno y conveniente lo que brilla, lo que sobresale, el dinero, lo que suena, lo que está de moda, y vergonzoso e inadecuado lo que es modesto, sencillo, humilde, generoso, discreto, el trabajo silencioso y eficiente. La caridad, el amor, la amistad  y la hospitalidad ya no caben ni en los hogares, ni en los colegios, ni en la universidad. Los problemas ya no se solucionan en diálogos de dignidad, respeto y verdad…

Es urgente liberar a los adolescentes del egoísmo. Cuántos jóvenes hay a los que todo se les ha dado y nunca se les ha exigido. No les hemos enseñado a devolver en proporción a lo recibido; por tanto, los hemos visto incapaces de soportar la frustración y el fracaso. Los educadores también hemos encontrado casos contrarios: los adolescentes tratados por padres y maestros con excesiva severidad, a los que se les ha prohibido todo; viven sin libertad, sin iniciativas, castigados con crueldad, sometidos a odiosas comparaciones; estos, también están frente a la vida, tan desarmados como los anteriores.

La escala de valores ha de ser por la capacidad de servicio de cada uno. Que aprendan a no manipular a los demás con el disfraz de la amistad, y luego, esconder el alma y el corazón cuando el otro tiene necesidad de compañía, consuelo, consejo y calor humano. Ellos aprenderán a amar a todos, a servir a todos sin esperar recompensa. Ser de todos y de nadie es libertad. Servir a todos es libertad. De esta manera, el joven se educa en un mundo que lo forma y lo libera al mismo tiempo; pero esa creación de valores supone la existencia de una ética de la familia y una ética del colegio.

Y nos urge, también, liberar a los jóvenes del ocio y la flojera. Deben aprender a cumplir un horario. Formar el hábito de un esfuerzo perseverante. El maestro debe darles ejemplo de un moderado aprecio por el dinero ganado limpiamente, y ha de enseñarles a no tener vergüenza de trabajar con honestidad. La naturaleza, muy sabia, sanciona la pereza y la flojera con un castigo insoportable: el aburrimiento; pero el hombre moderno ha inventado la manera de combatirlo con los placeres fáciles: el cine, el automóvil, las modas, el sexo, la TV, la internet, etc.

Ese tedio, ese aburrimiento desemboca en lo absurdo. Y, así, vemos cómo es de absurda la vida que carece de sentido. Es absurdo carecer de destino, negar la posibilidad de saltar por encima de las circunstancias que nos hieren y nos ahogan. Es absurdo marcar al adolescente con el mensaje de vivir en el presente sin una esperanza; reducirles la vida a una triste e inerte cotidianidad.

Y el mal del siglo también acosa nuestros jóvenes. La pérdida de la fe. La obstrucción del corazón por todo lo que es contrario a la fe y al amor de Dios. La adolescencia es la edad en la que se es más sensible a las influencias. Nuestros jóvenes viven con una conciencia dividida. Con frecuencia, aman a Dios, quisieran tener fe. Se sienten intranquilos porque se saben mucho más del lado de su época que del lado de la fe. Algún día los educadores miraremos con extrañeza la esterilidad de nuestra labor si los alumnos no pueden extraer de sus recuerdos y de sus experiencias las imágenes, las ideas, los sentimientos que les muestren a un Dios vivo, actuante entre nosotros.

Tenemos que darles a los jóvenes un gran ideal humano para poder llevarlos a Dios. En apoyo de mis criterios cito este párrafo de un libro de análisis sobre la Biblia y la Historia de la Salvación que lleva por título Catecismo para adultos, escrito por teólogos holandeses:

“Puesto que Dios pone la fe en lo más profundo del hombre, la fe no está ligada a las dotes intelectuales, como lo está, por ejemplo, la filosofía. Si el camino hacia Dios sólo pudiera seguirse intelectualmente, los inteligentes y cultos hallarían a Dios con mayor facilidad […]. Dios es hallado por una forma de conocimiento que depende más de la disposición interior del hombre, que de su talento intelectual”.

Muchos años antes, Blas Pascal había dicho: “Dios es sensible al corazón, no a la inteligencia”.

Y en su obra La educación y el significado de la vida, el sabio Krishnamurti expresa esta idea: “La religión no es una forma de conocimiento. Es un estado de tranquilidad en el cual está la realidad, Dios”.

Otro mandamiento del maestro es liberar al adolescente del desequilibrio emotivo. Debe aprender que entre el estímulo y la respuesta debe haber una zona de interioridad para interrogarse sobre la reacción que deben tener en el momento dado. Un factor muy importante es la actitud del adulto: pedir más de lo que el hijo o el educando pueden dar es tensar el ambiente, cargarlo y forzarlo. No exigir, es relajamiento. Pidamos lo que es posible, con serenidad; pedir lo que conviene a todos es procurar felicidad, equilibrio y paz. Pensemos con calma lo que vamos a imponer. El joven nota en el tono de voz decidido, la determinación de llevar las cosas hasta el final. Esto lo impresiona, porque es mucho más sensible al tono de voz que a las palabras.

Educar también es liberar al joven de su soledad. Los padres juzgamos sin conocer y castigamos, a veces, sin amor a los hijos en la adolescencia. No encontramos en el hijo de quince, dieciséis, diecisiete años, a ese niño que tanto amábamos y, sin pensarlo, se nos van acabando  las demostraciones de afecto, vienen las dudas y los interrogantes frente a su comportamiento; los hijos infieren que no creemos en ellos. Entonces, se vuelcan al exterior. Buscan a su alrededor un amigo, una amiga, un profesor, alguien que sepa creer en ellos de nuevo y les ayude y permita crecer. Que los acompañe en ese trance difícil, en esa etapa intermedia que es el paso del egoísmo infantil a la generosidad del adulto; de la necesidad de ser amado a la capacidad de amar y de ser feliz,porque sabe dar y entregarse sin pedir nada a cambio.

No puedo vencer el impulso de compartir con ustedes estos apartes escritos por un joven de diecisiete años, protagonista de esa hermosa pero tremenda obra del escritor belga Jean Marie De Buck: El silencio de un adolescente. El joven escribe para sí este monólogo interior, testimonio de su soledad, de su incomunicación:

“¿Cómo explicar el fastidio que siento esta noche? Mamá seguirá leyendo hasta pasada la medianoche. Cuando venga, si ve que todavía tengo la luz encendida, llamará, entrará, y sólo preguntará: ¿Todavía trabajas? Como siempre, le contestaré cualquier cosa, excepto lo que podría traicionarme, lo que podría darle a entender que la necesito, que debería escucharme hasta el amanecer. Entonces tendrá el gesto que me recuerda mis tristezas de niño. Me arreglará los cabellos y notaré sobre mi frente sus dedos tibios. En aquel instante, tendré la certeza de que si cedo, estoy perdido. Y me sentiré más solo que si no tuviese madre. ¿Por  qué todo esto? Por la amargura de tener una madre que no se atreve a preguntarme: ¿Qué tienes? Dime lo que tienes.

Aunque yo no diga nada, ¿no me ama lo bastante para decirlo ella en vez de mí? ¿Es que no adivina nada? ¿Por  qué me deja solo? […] ¿Para qué sirves tú si  no eres capaz ni de comprenderme? ¿Para qué sirves si no puedes arrancarme de aquí, defenderme de la muerte? ¿Qué puedes tú contra mi debilidad? ¿Qué puedes hacer para protegerme? El sentimiento de una soledad extrema, absoluta, se apodera de mí y estoy a punto de llorar…”

Esa carencia que impulsa al adolescente hacia el exterior, la captamos fácilmente los educadores: los vemos distraídos en clase, rindiendo mal en las evaluaciones, riendo o llorando por todo y por nada. Es que en el joven todo anda mezclado: el egoísmo y la generosidad; el miedo y el gusto por el riesgo y la aventura; se mezclan también la alegría y la tristeza; una enorme necesidad de ponerse al servicio nuestro y el no querer prestar en clase un cuaderno, un libro …; revuelve en su alma amistades apasionadas y críticas violentas y ofensivas, timidez y arrojo. El filósofo Mounier decía: “El problema central del humanismo quizás está en enseñar al hombre a conocer y a soportar su soledad”.

Es obligación de los padres y educadores colaborar con el adecuado manejo de esa soledad orientando a los jóvenes hacia la buena lectura, porque la soledad de la lectura es una soledad compartida, una comunicación espiritual perfecta. Por la lectura, la vida interior se desarrolla y enriquece; por tanto, la soledad se soporta y se nutre cuando el adolescente empieza a formar sociedad con los héroes o con los poetas. Nos corresponde la tarea de velar, a través de una educación integral, a fin de equilibrar la influencia de los libros, para que en el momento en que ya no nos acepten como guías, las aficiones, los gustos, las actividades y los principios que hemos infundido en nuestros jóvenes, controlen desde dentro, la lucha que nosotros no podremos ya moderar.

El pedagogo, Evely, ya citado dice en su libro Educar educándose: “la adolescencia es ‘la edad ingrata’, una edad dolorosa; el ‘crepúsculo de los dioses’, cuando el joven  se descubre a sí mismo y descubre a sus padres […] y los ve por primera vez como a unos extraños. [… ] Un adolescente es un ser doliente. Dolor de la infancia, dolor de los padres”.

Es la hora de que pensemos en que el adolescente tiene necesidad de encontrar en torno suyo a adultos a quienes pueda obedecer, o mejor, a quienes quiera obedecer, porque merecen esa obediencia. El joven espera que alguien pase por su vida a revelarle simultáneamente quién es él y qué tarea debe cumplir en este mundo, y está pronto a saltar con todas sus fuerzas en dirección a esta indicación, con la única condición de que le haya sido hecha en forma personal y sincera.

El adolescente es más vulnerable que el niño frente a las reprensiones. Una reprensión en público o hecha con sarcasmo sólo tiene el efecto o de hacerlo más agresivo o volverlo más tímido, más introvertido. Y un adolescente lejano por la agresividad o por la timidez  propiciadas por el educador, es un individuo perdido para siempre en el contexto de la relación maestro-alumno, y con graves consecuencias en su vida futura.

Educar a los adolescentes es todo un arte y un desafío; pero es un trabajo apasionante por lo sensibles que son, por lo vulnerables, por lo contradictorios. Educar es obra de paciencia y de optimismo.

Para terminar, creo que el educador frente al adolescente debe ser un elemento tranquilizador y firme, sereno y comprensivo, lleno de esperanza por encima de los desaciertos; dinámico para estimular, pero discreto para no ahogar en el joven ese YO tímido y celoso de sí mismo. Educar es estar ahí para compartir, comprender, tranquilizar, animar, iluminar, sobre todo desde el interior, porque es importante para la formación del hombre social, la educación de su carácter y el dinamismo vital de su pesona.

(Conferencia)




martes, 7 de agosto de 2012


EL PÁRRAFO. PROCESOS MENTALES. ETAPAS PARA ESCRIBIR


                                                           Lucila González de Chaves



Un párrafo es cada una de las divisiones de un escrito señaladas por la letra mayúscula al principio de la línea y por punto y aparte al final del fragmento de escritura.

El párrafo debe tener: a) una fuerza unitiva constituida por la idea principal; b) las ideas secundarias que explican y amplían la idea principal; por eso es tan importante la jerarquización de las ideas antes de empezar a redactar; c) los elementos de enlace que son los conectores o conectivos, los que conocemos con los nombres de preposiciones y conjunciones.


Algunos de los conectivos realizan los siguientes oficios y son:

Unen: e, y
Oponen: pero, sin embargo, aunque
Dan idea de causa o razón: porque, ya que, puesto que
Idea de deducción: por tanto, por consiguiente, en consecuencia
Aclaran: es decir, por ejemplo, o sea


Debe haber equilibrio entre los párrafos: no es elegante ni correcto un escrito que presente párrafos de dos líneas y párrafos entre ocho y diez. Las frases del párrafo deben ser relativamente cortas, y las frases incidentales, es decir, las que explican, deben ser cortas para que el texto no sea farragoso. Debe cuidarse la concordancia entre el género y el número (es incorrecto decir o escribir: somos capaz de cambiar. Como el verbo está en plural ‘somos’, el adjetivo debe estarlo también ‘capaces’). Poner atención al empleo de los verbos: en lo posible conservar el mismo tiempo verbal, o presente o pretérito o futuro; pero si es necesario mezclarlos, tener en cuenta lo que en gramática se llama correlación de tiempos.

Es importante evitar el abuso de los pronombres porque nos llevan a no poder identificar ni pensamientos, ni ideas, ni acciones, ni personas. Muchas veces hay que releer el texto para saber a quién  o qué se refieren cuando hablan de: ‘él’, ‘ella’; el posesivo ‘su’ también es muy impreciso y nos lleva a equívocos.

Es inadecuado repetir ideas y palabras iguales muy cerca unas de otras; la llamada ‘cacofonía’ (disonancia por mal uso de los sonidos) es un pésimo manejo de las palabras, por ejemplo, conjuntamente con… conforme con…

Al párrafo hay que pensarlo y definirlo desde: la estructura, el contenido, la organización, las clases.




1.    Estructura:

a)    Idea principal
b)    Ideas secundarias
c)    Elementos de enlace


2.    Contenido, puede ser:

a)    Citas o referencias textuales
b)    Comparaciones o contrastes
c)    Definiciones
d)    Enumeraciones
e)    Ejemplos y detalles
f)     Indicación de causas y efectos, etc.


3.    Organización:

a)    Con lógica; no puede prescindirse del razonamiento.
b)    El desarrollo puede ser deductivo o inductivo.
c)    El método: definir, clasificar, ordenar conceptos.
d)    No perder el sentido de unidad en el texto.
e)    Coherencia: correcto encadenamiento de oraciones y conectores.
f)     Claridad: transparencia en el texto..
g)    Vocabulario: sencillo, sin rebuscamiento, pero, al mismo tiempo, evitar las expresiones y palabras muy elementales. Consultar el diccionario.
h)   Las oraciones: no muy cortas y tajantes abusando del punto y seguido. Tampoco oraciones extensas que oscurecen y vuelven confuso y vago el párrafo.
i)     Equilibrio: párrafos entre seis y ocho renglones.
j)     Evitar las palabras vacías que son las que sirven para todo y no definen nada: cosa, bonito, lindo, espectacular, grandioso…


4.    Clases:

a)    Párrafo expositivo: exponen la idea sin otros elementos contaminantes.
b)    Párrafo argumentativo: su contenido está en pro o en contra de algo.
c)    Párrafo informativo: presenta solamente información sobre un tema.
d)    Párrafo aclaratorio: so nombre lo indica: sencillamente aclara un tema.
e)    Párrafo narrativo: cuenta, narra algún acontecimiento. Utiliza con más frecuencia los verbos.
f)     Párrafo descriptivo: para describir, pintar con palabras, utiliza los adjetivos.
g)    Párrafo funcional: su oficio es el de servir de enlace entre un párrafo y otro. En esta clase de párrafos no puede buscarse ni encontrarse la idea principal.
h)   Párrafo imaginativo: su tema es de ciencia-ficción.
i)     Párrafo sentimental: su idea corresponde a las emociones, los sentimientos.
j)     Párrafo documental: éste se usa en los temas de tipo documental como informes, memorandos, actas, circulares, cartas, resúmenes, relatorías, reseñas, ensayos, etc.



5.    Lugar de la idea principal o idea unitiva dentro del párrafo:

a)    Al principio del párrafo
b)    En medio del párrafo
c)    Al final del párrafo


LOS PROCESOS MENTALES PARA REDACTAR SON:

1.    Reflexión
2.    Memoria
3.    Creatividad
4.    Selección de los contenidos que debe tener el texto
5.    Planificación de la estructura del texto
6.    Desarrollo de las ideas
7.    Empleo de un lenguaje que el lector pueda entender


EXISTEN

1.    El escritor competente que maneja: competencia y actuación. La competencia reside en el saber lingüístico y la actuación es “saber hacer”.
2.    El escritor bloqueado que escribe como habla; no tiene competencia lingüística ni actuación
3.    El escritor sin código: tiene actuación porque sabe hacer, pero desconoce el saber lingüístico (competencia) o código


ETAPAS PARA ESCRIBIR

1.    Preescribir. Exige: ser un buen lector; manejar correctamente la expresión oral; tener riqueza de vocabulario; pensar, y jerarquizar las ideas, porque hay que usar en consonancia el paradigma pensante y el paradigma lingüístico. Por la ausencia de estos factores hay defectos en la redacción, tales como: entender mal el tema y no poderlo expresar con claridad; desenfocar el tema al desarrollarlo; tratar el tema sólo en parte: textos inconclusos; dar más importancia a lo secundario; decir banalidades (palabras vacías y párrafos de relleno).

2.    Escribir. Poner por escrito todo lo pensado y hacerlo todo de una vez.
Expresar las ideas con lógica (raciocinio); orden (las ideas, las palabras y frases en su sitio correspondiente); claridad (transparencia); sencillez (sin artificios, sin ostentación que son los que hacen que el estilo sea ampuloso); naturalidad (la expresión debe estar de acuerdo con el texto); precisión (exactitud, para ello se necesita riqueza de vocabulario); propiedad (ésta nace de la precisión: usar los vocablos con los significados exactos para evitar ambigüedades); corrección (se alcanza teniendo en cuenta todas las exigencias anotadas).

3.    Reescribir. Es el paso de la redacción que más atención y responsabilidad exige: es el momento de pulir el escrito: Para ello hay que saber y cuidar la ortografía, la gramática, la sintaxis, la semántica (utilizar con prudencia los sinónimos, los antónimos), la etimología. Todo ello para evitar errores como: falta de concordancia, el llamado dequeísmo, el que galicado, el anivelismo (está de moda decir “a nivel de”, sin importar a qué se refiere, lo mismo que el “seraqueísmo”: será que nos vamos, será que te cuento, será que puedes venir mañana…), la cacografía, el incorrecto uso de verbos y gerundios, etc.

                                                                                                          

viernes, 27 de julio de 2012


PERFIL ÈTICO-PEDAGÒGICO DEL MAESTRO DE ESTE TERCER MILENIO.

El siguiente diálogo corresponde a la historieta cómica “Artemio”. Los personajes son: el hijo de Artemio, un intelectual, adolescente comprometido y demasiado serio frente a las encrucijadas de la vida; el interlocutor de este joven es alguno de sus compañeros.
Compañero:      ¿Qué te sucede?
Hijo de Artemio: No me siento bien. Tengo problemas éticos.
Compañero:     Y ¿tanto te afecta?
Hijo de Artemio: Sí… ¿Tú nunca has tenido problemas éticos?
Compañero:    No, yo tengo muy buena salud… es más, ni sé dónde queda
                           la ética.
Si reflexionamos un poco sobre este texto de la tira cómica, encontramos lo siguiente:
l.  La explicación del compañero del hijo de Artemio es la verdad actual de nuestra sociedad, de nuestras familias y –lo peor- de cada uno de nosotros.
2.  El concepto de ética es impreciso para la mayoría de nosotros.
3. La otra gran mayoría de ciudadanos colombianos han llegado maliciosamente a no asumir la semántica de la palabra ética, porque hay algo que caracteriza esta sociedad de la posmodernidad, y es que está constituida por individuos incomprometidos y facilistas.
4.   Otro gran número de personas llamadas a hacer historia, a crearla y a orientarla, hablan mucho de ética pero no la practican, no saben “dónde queda”, como le pasa al amigo del hijo de Artemio.
5.   Podemos agregar que la ética debe estar, tiene que estar en lo personal y en lo profesional para que exista, entonces, una ética colectiva. Alguna corriente filosófica sostiene que la ética debe mirarse desde dos aspectos: el práctico, que tiene mucho que ver con los actos humanos en cuanto al obrar consciente y libre; y el aspecto normativo, en cuanto a la regulación de los actos humanos. Indudablemente, este tercer milenio tendrá una nueva sociedad, cuyas posibles características serán:
l.  Los hechos más significativos estarán jalonados aún más por la ciencia y la tecnología.
2.   Los jóvenes seguirán siendo rebeldes y no creerán ya en tantos esquemas culturales heredados del pasado; quizás juzgarán marchito y agotado lo que para nosotros ha tenido vigencia histórica.
3.   La velocidad será especial vivencia de poderío. Presionar el acelerador significará dilatar la personalidad y sentirse trascendente.
4.   La nueva sociedad desconfiará de las generaciones que le precedieron, porque no supieron organizar un mundo satisfactorio.
5.   Será una sociedad de audacia y de energía, que en su empuje querrá quebrar y disolver formas viejas de vida y pensamiento.
6.   Una sociedad nueva cuya principal crisis, quizás, se halle en la perplejidad frente a la elección de los valores por los cuales sus mayores creyeron que valía la pena sacrificarse.
7.   Habrá nuevas expresiones de la relación del hombre con la propiedad, con sus semejantes y con las ideas.  Y si esa relación es impropia, ¿a quién le corresponde estructurar sólidamente para evitar diferentes desplomes de la sociedad?  Al maestro, ¿verdad?
Estamos viviendo el “boom” de la pedagogía: nunca se había hablado tanto de ella como en la actualidad; hoy se siente más la necesidad de mejorar, renovar los medios, los métodos y las técnicas para el proceso enseñanza-aprendizaje. Para aplicar esos procesos pedagógicos, el maestro necesitará un comportamiento, un carácter cuyas especificaciones deberán ser:
l.   No podrá buscar la ética fuera de sí mismo; la ética viene de adentro, está dentro de cada uno de nosotros.
2.   Deberá tener como soportes de su existencia la reflexión, el compromiso, la dignidad, la entrega.
3.   Cultivará con ahínco la comprensión, para que sea posible la pedagogía del amor sin hipocresías ni intereses personales. 
4.   Tendrá que estructurar de nuevo el concepto de libertad, la cual sólo sirve para entenderse  con los demás y poder convivir.
5.   Hoy, invade a algunos maestros la angustia de no poder precisar la nueva imagen del hombre del mañana. Quizás esta crisis tenga una solución: no permitir en el presente la desintegración de la personalidad del alumno.
6.   El maestro tendrá que dar testimonio de una vida comprometida, no de una vida montada simplemente en el esquema de facilitar el paso de la existencia de los demás, por el amor al dinero y la satisfacción personal.
7.   Deberá reaprender que los alumnos no pueden vivir junto a su maestro una atmósfera de falsedades, incumplimiento, protestas por todo y muy mal manejadas, contradicciones; no podrá ocurrir, porque ello significa para el alumno absorber deshonestidad, desamor, descuido, desamparo, angustia, baja autoestima, inconformidad no precisada.
8.   Los técnicos y tecnólogos serán absolutamente necesarios en este tercer milenio; pero, el maestro ha de saber que sólo él es quien despierta la inteligencia moral, la inteligencia ética, al decir del sabio pensador Krishnamurti; y para realizar esta tarea inmensa debe estar libre del deseo de poder, de posiciones, de coacciones sociales y políticas; sólo así podrá crear una nueva cultura, una nueva civilización.
9.   El maestro de este nuevo tiempo, a la par que erudito, tendrá que ser sabio: aprender él mismo y enseñar a sus alumnos a pensar con claridad y sin prejuicios para que no sean interiormente esclavizados, temerosos, resentidos.
10.  Sentir la importancia de tener armonía espiritual, sensibilidad a la belleza; esto sólo se logrará conseguir si el maestro se da cuenta de la humana confusión que hay dentro de cada uno de sus alumnos, cuando busca hasta descubrir lo que requiere cuidado, afecto, consideración.
11.  El maestro no podrá permitir que su autoridad entre en crisis, por tanto, tendrá que tener en cuenta algunos soportes como:  exigirse a sí mismo lo que exige en los demás; tener sobriedad y prudencia en el ejercicio de la autoridad; dar mucha importancia a lo positivo; tener claridad en las ideas, ser consecuente con ellas y expresarlas en un lenguaje preciso y adecuado; fomentar un clima de confianza para que el dialogar con sinceridad sea un factor liberador de los problemas académicos, emocionales y, por sobre todo, los éticos.
La nueva pedagogía del maestro de este tercer milenio tendrá que:
l.   Encontrar un sentido a la historia personal del alumno y a la historia colectiva para evitar en las jóvenes generaciones la sensación de desamparo.
2.  Colaborar para que la nueva sociedad entienda que es, por lo menos, absurdo vivir sólo de ciencia; que es necesario ir construyendo el futuro con el adecuado manejo de la creatividad y alimentando fielmente la esperanza.
3.   Encontrar la manera de cambiar la mentalidad heredada de la modernidad, que creyó que el hombre podía vivir sin asideros espirituales y afectivos. Pienso que son los asideros del alma y de la inteligencia los que sostienen y sujetan.
4.  Difícil, pero tendrá que probar que en el despliegue de la existencia, todos estamos obligados a trascender; los alumnos sabrán, entonces, que la trascendencia es la afirmación de la existencia, según Krishnamurti.
5.   Comprometerse a construir la historia y el saber mezclando las mejores huellas del pasado y las iluminantes posibilidades del futuro.
6.   La técnica y la tecnología han mejorado y mejorarán aún más las condiciones de vida del hombre; pero, no será conveniente permitir que ellas anulen muchas de las otras capacidades del espíritu.
7.   Luchar para llevar a los alumnos a tener fe, a creer en sí mismos y en los demás. Estoy segura de que la fe les dará a ellos, como a nuestros antepasados, una forma de seguridad espiritual que los ayudará a soportar su cambiante carácter.
8.   Es necesario que cada individuo tenga una visión integral de la vida, porque sin ella la pedagogía tendrá muy poca significación. Un pensador oriental dijo alguna vez: “¿De qué sirve instruirse si en el proceso de vivir nos estamos destruyendo?”
Termino con las palabras del sabio Krishnamurti:   “Tan sólo el amor y el recto pensar producirán la verdadera revolución, la revolución interna en nosotros mismos (…). Cuando no estamos en conflicto con nosotros mismos, no estamos en conflicto con lo demás. Es la lucha interna que se proyecta hacia afuera la que se convierte en conflicto mundial.”

Lucila González de Chaves    

jueves, 26 de julio de 2012


HEMOS OÍDO Y LEÍDO
                                                                                        Lucila González de Chaves

Aunque muchas palabras de uso común no están admitidas por la Real Academia de la Lengua, el insistente uso les da derecho a entrar al idioma, y  es ese frecuente uso el que obliga a los señores académicos a reconocer dichos vocablos. Pero, también es verdad que debemos utilizar correctamente las palabras, máxime cuando ellas existen como: VERTER. Aunque algún diccionario registre “vertir”, como afirman algunas personas en sus cartas a un excelente periódico, su empleo en el idioma no es correcto. En cambio, sí existe el correcto.
Copio lo que el lingüista español Manuel Seco dice en su Diccionario de Dudas de la Lengua Española:

“VERTER:

 Verbo irregular. Se conjuga como defender (defiendo-vierto; defiendes-viertes). Vertir: es incorrecto. Dígase: Verter (pág. 335) El muy conocido y consultado Diccionario Larousse dice que se conjuga como el verbo tender (y no registra “vertir”).
En cuanto a las acepciones de VERTER, tenemos: Derramar líquidos. Esparcir. Inclinar una vasija para vaciarla. Traducir: verter al español. Correr un líquido por una pendiente, etc.”

Veamos otros verbos que causan mucha dificultad:

ABOLIR:

 Es verbo defectivo. Sólo son válidas las formas cuya terminación o morfema tiene la letra i. Ejemplos: abolimos, abolís, aboliría, abolirá…

ACOSTUMBRAR:

 En el sentido de “soler”: tener costumbre, no debe llevar preposición, digamos: por las tarde, acostumbraba leer en el parque. Cuando se trata de crear hábitos en alguien (verbo transitivo), se construye con la preposición a: acostumbró a su hijo a acostarse temprano.

ADECUAR:

 Hasta antes de la vigésima segunda edición del Diccionario de la Lengua Española (Real Academia Española) y de su publicación en 1999 de la “Ortografía de la Lengua Española”, existía la norma gramatical y ortográfica que recomendaba: los verbos terminados en CUAR y GUAR mantienen su diptongo. Decíamos: yo licuo (licuar); yo adecuo (adecuar) tú evacuas (evacuar) tú averiguas (averiguar). Hoy, esos mismos verbos pueden usarse con una tilde que disuelve el diptongo. La citada edición del Diccionario enseña que estos verbos (los terminados en CUAR y GUAR) se conjugan como “actuar”, y como “averiguar” (son los verbos modelos de conjugación).

RELEVAR:

 (no “rielevar”). Sus acepciones son, entre muchas, exaltar, enaltecer, engrandecer, eximir, reemplazar, resaltar. Hablemos, entonces, de  hechos relevantes, y no “relievantes”, aunque en algunos países de América del Sur se emplee esta forma.

RECORDAR:

 Este verbo suele emplearse mal. Se le confunde con acordarse de. Oímos decir: “recordar de”, “recordarse de”, formas no admitidas ni en la lengua oral ni en la escrita. Digamos: Ayer te recordé; o bien, me acordé de ti. ¿Recuerdas ese libro?; o también: ¿Te acuerdas de ese libro?

REFORZAR:

Verbo irregular, se conjuga como acordar. Se habla, entonces, de las circunstancias que refuerzan. (No: reforzan, como decía un alto empleado del gobierno en una entrevista radial).

TRASTROCAR:

 En el sentido de cambio. Mudar el ser o estado de algo, dándole otro diferente del que tenía. Verbo irregular, se conjuga como  contar: trastrueco, trastruecas, trastruecas…

TRASTOCAR:

 Trastornar, revolver. / Trastornarse, perturbarse. Verbo regular: trastoco, trastocas, trastoco.
……………………

IDIOSINCRASIA:

 Según la etimología, el sufijo  cracia significa gobierno como: democracia, teocracia, burocracia, gerontocracia. Pero, como “idiosincrasia” es “la manera de ser propia de una persona”, y no tiene nada que ver con “gobierno”, se escribe con s.

ALCALDE:

 La ortografía trae como norma que son femeninos los nombres de mujer y los de sus oficios. Algunos sustantivos forman el femenino con las terminaciones: ora, esa, isa, iz. Ejemplos: gobernadora, duquesa, alcaldesa, sacerdotisa, emperatriz, poetisa. También  se han venido aceptando: asistenta, presidenta, ministra, dependienta… La palabra jefa también ha sido aceptada, pero no el femenino de “testigo”.


CARNÉ DE ESTUDIANTE:

Todas las mayúsculas, que lo requieran, deben llevar tilde. Sin ella, pueden significar algo distinto como en el caso de una cartelera en una universidad: “para tus diligencias necesitas carne de estudiante”; es, pues, diferente el carné de la carne. Carnet es un extranjerismo que ha sido aceptado con grafía (escritura) española: carné.

CORPUS:

(lat. Cuerpo) Conjunto, lo más extenso y ordenado posible, de datos o textos científicos, literarios, etc. que puede servir de base a una investigación

ENFRENTE: Locución prepositiva: enfrente de, delante de algo. Locución prepositiva: contra o en contra de algo o de alguien, en pugna... Adverbial: la parte opuesta, en punto que mira a otro, o que está delante de otro (La acera de de enfrente)

EXILIO:

 ¿Por  qué tanto periodista habla de los “exilados” colombianos?  Del sustantivo exilio se forma el verbo exiliar. El participio de dicho verbo es exiliado, que hace los oficios de sustantivo o de adjetivo: los colombianos exiliados; los exiliados de Colombia. El verbo exiliar se conjuga como “cambiar”.

DEL:

 No demos noticias anunciando que  “la autoridad diligenció el levantamiento de   el cadáver”. El modernismo nos ha hecho olvidar uno de los fenómenos fonéticos más importantes para la musicalidad del lenguaje; omitirlo es un error gramatical y ortográfico: es la llamada contracción o crasis que consiste en la fusión en una sola, de las dos vocales que se encuentran juntas. Son dos los casos: a) Dos vocales iguales: “de” “el” (preposición más artículo). Debe decirse y escribirse del.  b) Dos vocales diferentes: “a” “el” (preposición más artículo). Debe decirse y escribirse al. Y es tal la extravagancia de algunos locutores de noticias que hasta en la fonética omiten usar las contracciones: AL  y  DEL.

A DONDE:

 Se escribe en una sola palabra (adonde) cuando el antecedente está expreso: esa es la casa  adonde (sin tilde) vamos. Cuando el antecedente no se expresa, se escribe en dos palabras: ellos venían a donde tú estabas. Para usarlo en forma interrogativa (adverbio de lugar), sólo puede hacerse con verbos de movimiento, y se escribe en una sola palabra; además, lleva tilde: ¿Adónde se llevaron al niño?  ¿Adónde vas?        

………………………….

PLURAL DE APELLIDOS:

  Los apellidos tienen plural. Para formarlo se siguen las normas que se aplican a los nombres comunes. Dice la gramática de la lengua española:
Las palabras terminadas en vocal no acentuada, forman el plural agregando S. Daza: Dazas.
Las palabras terminadas en consonante, lo forman añadiendo: ES. Digamos: Los Restrepos, los Gavirias, los Marines, los Arangos.
Son excepción los apellidos terminados en: az, anz, ez, enz, iz, inz que son invariables los Velásquez, los Díaz, los González, los Martínez, los Hernández.
(El uso de los apellidos en singular no es correcto, pero los aires modernos hacen caso omiso de las normas).
Cuando al apellido se anteponen las palabras: hermanos, familias, amigos, se conserva el singular: las familias Restrepo, los hermanos Cano, los amigos Arango.

MACHACAR:

Golpear una cosa para quebrantarla. / Reducir una cosa sólida a fragmentos.

MACHACÓN:

Importuno, que repite las cosas con insistencia y pesadez.

MACHUCAR:

 Herir, golpear con una cosa, maltratándose y causando alguna contusión.

MACHUCÓN:

Acción y efecto de machucar. Se dice: machacar la carne. Machucar los dedos.

AFRENTAR:

 ¿Por  qué el periodista dijo que el doctor se le afrentó cuando lo entrevistaba?
Afrentó: Acción y efecto de afrentar. Afrentar: Causar afrenta. Afrenta: Vergüenza y deshonor.

ENFRENTAR:

Afrontar. / Poner frente a frente./ Oponer. (Este verbo fue el que debió utilizar el periodista).

ESTAR DE ACUERDO CON:

Dice el artículo que el columnista está de acuerdo con el doctor de que hay que dialogar.  Cambiemos la preposición de  por en. Para deducir lo correcto, en este caso, formulemos la pregunta: ¿en qué está de acuerdo? Notemos que no se puede hacer la pregunta con la preposición de. (… de que…) ahí hay un vicio de construcción gramatical llamado dequeísmo. Este error gramatical consiste en el uso innecesario de la preposición de delante del pronombre relativo que. Repito: Una forma fácil de saber si se necesita la preposición de, es formulando la pregunta; si en ésta queda incluido el de, es porque es necesario. No cometamos, pues, el error del estudiante universitario cuando en su trabajo dijo: investigando, descubrimos de que la verdad era otra. Preguntamos: ¿Qué descubrimos? Respuesta: Descubrimos que la verdad era otra.

PREPOSICIÓN  DE

 (Necesidad de ella). En español hay unos verbos en cuyo uso es imprescindible la preposición de: estás convencida de que te quieren; debemos acordarnos de los amigos; solemos gustar de su conversación; no te das cuenta de que está presente; estamos seguros de que vendrá; es bueno olvidarse de las ofensas.

NOS, PRONOMBRE:

  Una propaganda dice: “En estas Navidades hagámosnos firme propósito de perdonarnos”. Delante del pronombre  nos se pierde la S de la forma verbal en subjuntivo. Se dice y se escribe: unámonos, unámo-nos, en lugar de unámos-nos; hagámonos amigos, en lugar de hagámos-nos; vayámonos pronto, en lugar de vayámos-nos.- También se pierde la S delante del pronombre se: hagámo-se-lo confesar, en lugar de hagamos-se-lo confesar.

GERUNDIO.

Dice la noticia: “El avión estalló en el aire quedando sus restos esparcidos por el cerro”. Quedando es el gerundio del verbo quedar. En la anterior cita, dicho gerundio está incorrecto porque indica posterioridad; es decir, primero fue la acción de estallar y luego aparecieron los restos esparcidos.
El gerundio es muy difícil de emplear, casi siempre lo hacemos incorrectamente. Por eso, los gramáticos aconsejan construir las oraciones  sin él, excepto, cuando se esté muy seguro de su uso correcto. En la noticia debió decirse: El avión estalló en el aire y sus restos se esparcieron por el cerro.

………………………………….

HERIR:

 Es lamentable que nuestro eminente profesor escriba: “En la esquina del Café, los sicarios matan siete personas e hieren a trece”.
Las conjunciones se designan hoy como monemas, utilizados para conectar palabras. La Y como conjunción copulativa – o conectivo-  sólo deja lugar a la copulativa E cuando la palabra siguiente empieza por  i o por hi  (sin diptongo).  Los ejemplos que trae el gramático Martínez Amador en su Diccionario de Gramática son muy claros: Fernando e Isabel; madre e Hija. Nunca se usa en: Nieva y hiela, porque delante de palabras que llevan el diptongo hie  no puede emplearse la conjunción E. Debe decirse golpea y hiere; nieve y hielo; pintura valiosa y hierática.
 En cuanto a la frase del profesor:……los sicarios matan siete personas…. Ahí falta la preposición A, porque “personas” es el complemento directo de la expresión, y cuando este complemento directo se refiere a seres humanos debe construirse gramaticalmente con la preposición A.

AGREDIR:

Hasta hace algunos años, la Real Academia Española sólo permitía, al conjugar este verbo, las formas que tuvieran la letra i: agredí, agredimos, agredirá, etc.
Ahora, están permitidas todas las formas verbales, según el modelo que el Diccionario de dicha Academia presenta en su vigésima segunda edición.

AGUA:

  Es una palabra de género femenino y, como tal, los adjetivos que la acompañen deben ser femeninos: aguas frías, agua limpia, esta agua, esa agua. Cuando se emplea con artículo, exige el masculino por ser ella una palabra que empieza por A acentuada: el agua sucia; un agua limpia. La misma construcción gramatical ocurre con otras palabras femeninas que también empiezan por A acentuada: el hambre, el águila, el alma, el arte, el ama de casa, el aura. Cuando estas palabras de género femenino se emplean en plural, exigen su natural artículo femenino: las hambres, unas hambres; las águilas, unas águilas las almas, las artes, las amas de casa, las auras.

SATISFACER:

Es un verbo compuesto por el adverbio latino “satis” y el verbo latino “facere” que significan respectivamente: bastante y hacer. Se conjuga como el verbo hacer, anteponiendo la partícula “satis”: satisfago, satisfaces. En futuro se conjuga: satisfará, satisfarás, satisfará. En el pretérito, se dice: satisfice, satisficiste, satisfizo.

PREVER, PROVEER:

 No hay que confundir el empleo de de estos dos verbos. El primero significa pensar de antemano la medidas, las precauciones necesarias para hacer frente a lo que va a ocurrir. El segundo verbo es abastecer, suministrar, aprovisionar. Digamos: él prevé el mal tiempo, él provee de alimentos.

PLEGAR:

Significa: Hacer pliegues, doblar. / Ceder. Someterse. Es verbo irregular y se conjuga como “apretar”: me pliego, te pliegas, se pliega (me someto, te sometes, se somete). O bien: pliego la hoja de papel para escribir mejor.

QUIEN:

 Es un pronombre relativo que designa siempre a personas: ella es quien lo asegura.

QUE:

 Es casi siempre un pronombre relativo que se refiere a cosas y a personas: ella es la que piensa así. La carta que escribiste.

SINO, SI  NO:

 Para saber cuándo escribimos sino (una sola palabra) y cuándo si  no (dos palabras), intentemos escribir inmediatamente después de la primera partícula una o varias palabras. Si las admite, se escribe separado: Si  no quieres venir (si tú no quieres venir). Si no admite otras palabras debe escribirse junto: No llamó sino que vino.

CON BASE EN:

 Es lo correcto. Por eso, no debe decirse ni escribirse: Realizó el trabajo con base al tema signado.

AMERICANISMOS:

SAMBA: Danza popular brasileña, de influencia africana.

PALETA: En América Central, México, Puerto Rico, República Dominicana es “polo” o helado.

TAMAL: En América: empanada de masa de maíz envuelta en hojas de plátano. También en América: lío, embrollo, intriga. En El Salvador y Nicaragua: ladrón (el que hurta, roba)

CHAMBA: En lenguaje familiar en América Central, Ecuador, México: empleo, trabajo. En Colombia es zanja para limitar predios.

SANDUNGUERO: En lenguaje familiar: persona que tiene sandunga (gracia), gracioso.

CARIOCA: Natural de Río de Janeiro; relativo a esta ciudad. En Colombia: faja.

FONDA: En Bolivia, Chile, Cuba, Colombia, Ecuador, México y Perú: puesto o cantina donde despachan comidas y bebidas. Fondas rurales, camineras: además de comidas y bebidas, prestan servicio de alojamiento.

CHANGO: En Honduras: elegante (buen gusto para vestir). En Puerto Rico y República Dominicana: bromista, guasón. En Argentina: carrito para las compras. En México: mono o simio.

FRONDIO: (sin tilde) En Colombia (Boyacá, Cundinamarca, Santander, Tolima): persona desaseada, sucia.

FRONDÍO: (con tilde). En Colombia: malhumorado, displicente. En Colombia y México: sucio, desaseado, tosco.

CHICLE: En Colombia y Cuba: persona que molesta a otra por querer siempre estar en su compañía.
……………………….

PRECISIÓN DE VOCABLOS Y CONCEPTOS:

ÁRABE: Con esta palabra se definen una lengua y una cultura, así como al pueblo que las comparte. No es un concepto étnico ni religioso. (En Irán no se habla árabe; la lengua y  la cultura de ese país son persas o farsis, y como su religión es la islámica, también lo es gran parte de su cultura).

MUSULMÁN: Persona cuya religión es el Islam. Son musulmanes todos los fieles a esa doctrina, sean o no árabes. En español también se puede emplear la voz mahometano. Ni todos los árabes son musulmanes ni todos los musulmanes son árabes; en Siria, Iraq, Palestina, Jordania y Egipto hay importantes comunidades árabes cristianas, y Turquía es un país mayoritariamente musulmán, que no es árabe.

ISLÁMICO: Perteneciente o relativo al Islam: literatura islámica, arte islámico, filosofía islámica, países islámicos.

MUNDO ÁRABE: el conjunto de todos los países cuya lengua es el árabe (así como su cultura). No es sinónimo de mundo islámico. (Irán y Turquía no pertenecen al mundo árabe).

PAÍSES ISLÁMICOS: (Mundo islámico). Todos los países cuya religión mayoritaria (aunque no única) es el Islam. En ellos está comprendida gran parte del Asia Central (algunas repúblicas soviéticas y Afganistán), Oriente Próximo y Oriente Medio (Turquía, Irán, Paquistán), Extremo Oriente (Indonesia, Malasia…), todo el mundo árabe y gran parte de los países del África subsahariana. Hay además, otros países que no pueden llamarse islámicos, pero que tienen en su población un importante número de musulmanes, como Albania, Bulgaria, Yugoslavia, China, la India…

Según el lingüista Fernando Lázaro Carreter:

ORIENTE PRÓXIMO o CERCANO ORIENTE: Comprende Israel, Líbano, Jordania, Iraq, Siria, Turquía, Arabia y Egipto.

ORIENTE MEDIO: Incluye Irán, Pakistán, la India y sus países limítrofes.

EXTREMO o LEJANO ORIENTE: Con China, Japón, Corea y países del Pacífico.

El escritor Lázaro Carreter agrega: “Ocurre, sin embargo, que ni franceses ni anglohabitantes distinguen entre los que llamamos Oriente Próximo y Oriente Medio, y que con esta última designación engloban a todos los países que nosotros diferenciamos con las denominaciones anteriores.
En francés se emplea “Proche Orient”, Oriente Próximo, para aludir a las naciones de la Europa Sudoriental: Albania, Yugoslavia, Bulgaria y Rumania. Pero, una reacción purista en que participa la Prensa, tiende a rechazar “Moyen Orient”, como calco del inglés “Middle East” y lo sustituye por  “Proche Orient”.
Idiomáticamente, no hay, por tanto, en francés más que un Oriente Medio o Próximo y otro Extremo o Lejano. Los italianos proceden igual y hacen sinónimos “Vicino” y “Medio Oriente”, aunque a veces, agrupan de este último modo a Irán y al subcontinente hindú.
La habitual distribución de países que establece nuestra terminología, parece más acorde con la geografía y, sobre  todo, con el conflicto: el Oriente Próximo o Cercano….
En cuanto a los términos relativos a los judíos, su lengua, su cultura, y el gentilicio del estado de Israel, aclaramos:
ISRAELITA: Puede emplearse este término para designar a los judíos de todo el mundo: “la comunidad israelita de los Estados Unidos, de Francia, de Marruecos…” (Es un término que se emplea especialmente al hablar de judíos practicantes).
ISRAELÍ: Es el gentilicio del estado de Israel.
JUDÍO: Designa a un pueblo o comunidad religiosa. No es una raza.
HEBREO: Lengua del pueblo judío. (Por extensión se aplica a los hablantes de dicha lengua).
Los términos israelita, judío y hebreo pueden utilizarse como sinónimos aunque conviene seguir las explicaciones anteriores. No ocurre así con israelí, ya que hay cristianos, musulmanes o ateos israelíes”.

…………….

POLVERO:

Durante muchísimos años esta palabra estaba catalogada como incorrecta por la RAE, pero esta misma Academia, ahora en su vigésima segunda edición (la última) del diccionario, acaba de permitir su uso como correcto. Antes sólo permitía el vocablo polvareda.

SINCRETISMO:

Es el acto de conciliar doctrinas distintas o culturas o religiones… Este vocablo viene del griego “sin” (que significa: unión, ejemplos: sincronía, sinestesia, simbiosis) más el vocablo derivado de “cretense”, porque los cretenses (Creta) dejaban de lado sus diferencias… En la Nueva Era se ve claro este fenómeno: mezclar, fundir principios espirituales de diferentes corrientes.

BALACERAS, EUFONÍA DEL PÁNICO….

El anterior es el título  de un artículo sobre  explosiones, ráfagas, violencia, muertes ocurridas en un sector de la ciudad de Medellín.
Por más que lo pienso no logro compaginar la palabra eufonía con el acontecimiento de muerte y destrucción.
Dice la Real Academia Española: Eufonía viene del latín y del griego y significa armonía. El prefijo EU significa “bien”; el componente PHONIA significa “sonido”. Sonoridad agradable que resulta de la combinación de los elementos acústicos de las palabras.
Señor periodista ¿en qué pensaba usted cuando escribió la palabra “eufonía” en un contexto tan extraño? A veces, por llamar la atención o querer ser muy creativos, caemos en la ridiculez.

ANTEISLÁMICAS, ANTIISLÁMICAS….

En relación con lo acaecido hace más de diez años en relación con las demolidas estatuas de Buda, la periodista informa que se aplicó una norma según la cual se prohíbe la adoración de ídolos falsos; “por eso se ordenó la destrucción de las esculturas del país al considerarlas anteislámicas”.
Es bueno que recordemos: El elemento compositivo ANTE denota anterioridad en el tiempo y en el espacio. El prefijo ANTI significa opuesto, contrario. La palabra correcta es antiislámica. No importa la repetición de la letra i, que parece que fue lo que evitó la periodista.