miércoles, 24 de abril de 2019

LENGUAJE Y POESÍA



Lenguaje y poesía

Autor: Lucila González de Chaves
24 abril de 2019 - 09:07 PM

En el acto de hablar, el llamado saber elocutivo es la competencia lingüística que tengamos: hablar competentemente una lengua determinada.

  1. Planos fundamentales del lenguaje
El lingüista Eugenio Coseriu señala tres planos fundamentales clasificados así:
Designación: hace referencia a objetos no lingüísticos, es decir, a la realidad extralingüística; sean estos objetos, estados de cosas o contenidos mentales.
Significado: corresponde al plano lingüístico de cada uno de los seres humanos. Es el contenido de nuestra lengua particular. Es la parte denotativa de la expresión, donde no cuenta la intencionalidad.
Sentido: es el especial contenido lingüístico que en el discurso propio de cada persona, corresponde a las actitudes, intenciones o suposiciones del hablante; es la parte connotativa o intencional del mensaje.

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Según Coseriu el hablar individual está determinado por cuatro factores:
El hablante: sigue las normas del discurso. En todo cuanto dice se comprueban esas normas.
El oyente: es destinatario del mensaje; según este, las formas de expresarlo varían (niños, profesores, académicos, amigos, etc.).
El objeto: es aquello de que se habla, por ejemplo: la ciencia, la vida, la imaginación, el amor, etc.
La situación: es la circunstancia en que se habla: la relación con el oyente y el objeto, hacen variar la forma, por ejemplo: clase magistral, discurso, diálogo, conversación familiar, expresiones amorosas, etc.
El habla es saber; el saber es competencia; es actividad; es obra; es producto.
En el acto de hablar, el llamado saber elocutivo es la competencia lingüística que tengamos: hablar competentemente una lengua determinada.
El saber idiomático es la competencia lingüística particular, individual; el uso personal del habla.
El saber expresivo es la competencia textual: saber convertir el habla en escritos, poder comprender textos, analizarlos, gustarlos, evaluarlos.
Para reforzar un poco los conceptos anteriores, citamos un aparte de lo que modernamente se llama Semántica de los actos del habla:
El filósofo británico J.L. Austin afirma que cuando una persona dice algo, como enunciar, predecir, avisar, su significado aparece en el acto de hablar, es decir, en su expresión, en su discurso.
El estadounidense John R. Searle se centra en la necesidad de relacionar los signos o expresiones con un contexto social o de otra naturaleza. Afirma que el habla implica al menos tres tipos de actos:
Actos locucionarios, cuando se enuncian cosas que tienen algún sentido o referencia.
Actos ilocucionarios, cuando se ordena algo por medio de viva voz.
Actos perlocucionarios, cuando el hablante hace reaccionar al interlocutor mientras habla, como: enfurecerlo, consolarlo, esperar algo o convencerlo.
Para conseguir la fuerza de las palabras y que ellas atraigan la atención, los signos y los tonos que se empleen, tienen que ser sinceros y adecuados, de acuerdo con el comportamiento y lo que cree el hablante; de esa manera, podrán ser reconocibles por el oyente, tendrán para él significado y encontrará autoridad y seriedad en quien le habla.

2. La Alianza Comfama-Metro Medellín

Nos convoca ahora a leer, en su exclusiva e invaluable colección Palabras Rodantes al poeta de los versos esotéricos, anímicos, testimoniales, Darío Jaramillo Agudelo. Un excelente prólogo escrito por el doctor Juan Luis Mejía Arango, para presentarnos el libro: Primero está la soledad, da cuenta de la valiosa vida y producción del escritor escogido para el libro número cien de dicha Colección:
 Darío Jaramillo se atrevió a nombrar la nostalgia, ese sentimiento que parecía erradicado del lenguaje de la modernidad por retrógrado e inútil. Pero recuperar aquello que se evaporó en el tiempo [] sigue siendo materia poética universal []”.
Cerrar el prólogo de manera tan especial, me parece, que nace de un carácter y un espíritu poéticos, porque dice el doctor Mejía:
 Si algún joven sentado en el vagón del metro lee algunos de los poemas de esta antología y se estremece; si una joven que espera en la estación halla en alguno de estos versos las esquivas palabras que no encuentra en lo profundo de su alma enamorada, entonces comprendemos que la poesía tiene sentido [].

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Acaba de pasar el 23 de abril, Día del Idioma, en que rendimos culto a la palabra, y leyendo esta Antología, que manos amigas me han hecho llegar, encuentro en la página 25 un curioso poema en el cual el autor declara la inutilidad de las palabras frente a la enigmática existencia de los gatos. Dice:
Palabras para hablar de los gatos: / no hay palabras para hablar de los gatos. / Las palabras no abarcan a los gatos. /Los gatos son indiferentes / con los seres que hablan. / Un ladrido puede molestarlos / y un estruendo asusta a los gatos. / Pero los gatos no oyen las palabras / no les interesa nada que pueda decirse con palabras. / ¿Para qué las palabras si hay olfato, / para qué las palabras / si es posible el silencio?.
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domingo, 21 de abril de 2019

LA PALABRA, PRODUCTO DE NUESTRA RIQUEZA INTERIOR



 La palabra, producto de nuestra riqueza interior  

Autor: Lucila González de Chaves
21 abril de 2019 - 08:05 PM

¿Hemos pensado seriamente en las secuelas positivas o dañinas que nuestra palabra pueda dejar en el que escucha?

A mayor almacenamiento, mayor necesidad de la palabra y, por consiguiente, mayor responsabilidad en el empleo de ella. A mayor almacenamiento interior, corresponden más amabilidad en las palabras, mayor equilibrio en el tono con que se pronuncian, mayor facilidad en el acercamiento a los demás, cualesquiera ellos sean. A menor almacenamiento, mayor rudeza y altanería en la palabra, más egolatría, menos comunicación amable y bondadosa.
Es bueno preguntarnos cuánto respeto tenemos por la palabra hablada y escrita. Cuánto hemos estudiado su funcionalidad y manejo en relación con nuestro ámbito familiar, afectivo, laboral, cultural.
 ¿Hemos pensado seriamente en las secuelas positivas o dañinas que nuestra palabra pueda dejar en el que escucha?

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Palabra y diccionario
La palabra puede recoger las muchas acepciones que el diccionario le asigne, pero también otras que no le ha dado, pero que nacen de un contexto social, cultural, familiar, afectivo, laboral, y que al generalizarse su uso, van camino del enriquecimiento del idioma.
Ocurre que los significados de las palabras resultan muchas veces impotentes para expresar todos los aspectos del pensamiento, del sentimiento, de la imaginación. Está ya comprobado que nuestro vocabulario nos traiciona muchas veces por defecto o por exceso.
El diccionario, con toda su riqueza de léxico, no es, a fin de cuentas, más que un lugar donde yacen las palabras. Es el ser humano el que las transforma y les da significación y belleza.

Palabra y texto
La belleza y elegancia de un texto escrito no residen en las palabras aisladas, sino en su armónica conexión; esa capacidad de expresión habita en el modo y en la sabiduría al utilizarlas, en su excelente enlace en un trozo literario, y en la riqueza interior de quien habla o escribe.
La profundidad de lo que hablamos y escribimos resulta de lo que -sirviéndonos de las palabras como vehículo - hagamos sentir o pensar a quien lee o escucha. Por eso, un gran estudioso del estilo ha dicho: “Escribir pendiente solo de las palabras ‘bellas’ es caer en el narcisismo literario”.
Y agrega un gran escritor español: “La palabra solo es palabra en el oído del que escucha..., el lenguaje es, ante todo, un hecho acústico”.

Densidad de palabras
Ejercicio de densidad de palabras planteadas por la pastoral jesuita.

Palabras vacías; palabras densas
Es bueno recordar que hay palabras vacías de significación porque convienen a todo y acaban no precisando ninguna idea. Un texto en el que predominan las palabras vacías y las frases caracoleantes, produce una impresión de ordinariez expresiva y de indigencia espiritual e intelectual. Y en lo hablado, ya el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) aprobó el adjetivo “cantinflesco” para referirse a todo lo que hablamos falto de sentido, de mensaje, de coordinación, a semejanza de aquel célebre actor de cine mexicano conocido con el sobrenombre de “Cantinflas”.
Por el contrario, la abundancia de palabras de valor y de contenido presta a la frase una densidad, considerada como elemento del buen estilo. Pero, hay que tener cuidado, porque tal densidad puede ser también fatigosa y difícil de sostener, puesto que exige una permanente tensión espiritual. La excesiva densidad puede resultar indigesta.Encontramos ejemplos de este estilo indigesto, por demasiado cargado de ideas y pensamientos, en algunos filósofos para quienes escribir es ‘apretar’ de tal modo el pensamiento en palabras y frases, que todo se transforma en un “ejercicio análogo al que se realiza para desentrañar el sentido de una fórmula matemática”.
Cuanto más se estudian las sutiles diferencias y matices en el significado de las palabras, más nos convencemos de la responsabilidad al utilizarlas como instrumentos para razonar y para transmitir ideas y, sobre todo, sentimientos.
Una palabra mal colocada estropea, y a veces para siempre, el más bello pensamiento, la más brillante idea y el más dulce de los sentimientos.

Un lenguaje para el siglo XXI
En esta nueva sociedad del siglo XXI, las relaciones de pensamiento y sentimiento son ya muy diferentes. El desenvolvimiento lingüístico va corriendo paralelamente al desarrollo histórico, político, gubernamental, económico, cultural, educativo, social, científico y tecnológico de los tiempos. Es este el más inquietante aspecto que nos mueve a todos a responsabilizarnos con la perdurabilidad de la lengua.
Quienes se están formando para la vida y para la profesión deben tener en cuenta que no solo impresionarán y dejarán huella por su inteligencia, sino también por el acierto y brillantez del idioma en que se hayan expresado. No olvidemos el pensamiento filosófico de que: “Las palabras son la encarnación verbal del poder”.

La palabra, ¿arte o soporte tecnológico?
En la tecnología hay una omnipresencia de un lenguaje más comprimido y simbólico que en años anteriores; pero, también nuestro idioma es un arte colectivo de la expresión, no un soporte del aislamiento en el que la ciencia y la tecnología nos están sumiendo.
El gran triunfo de nuestro idioma residirá en la capacidad que tenga de demostrarles a los sabios y a los tecnólogos, a los experimentadores y creadores de nuevos implementos, hasta qué punto tienen que apoyarse en el arte colectivo de la lengua misma, para alcanzar éxito. Los adelantos científicos y tecnológicos no podrán petrificar las realidades lingüísticas vitales, porque el papel principal del idioma es el de dar testimonio de cada cambio en la historia.

Compromiso de las generaciones jóvenes
 Las nuevas generaciones han de estar vigilantes y comprometidas para que la realidad de nuestro idioma no se altere; para que tenga la expresión ajustada a cada época, el manejo adecuado y necesario en cada campo, y para que su valor innato dentro de la comunicación personalizada se mantenga y se enriquezca. Es esto lo que los educadores de hoy deben mantener vivo, como logro inmodificable en el proceso enseñanza-aprendizaje.
Un pacto social con el idioma comienza cuando el individuo comprende que el lenguaje es la obra más necesaria y monumental que ha llegado a crear el espíritu humano; que el idioma es nada menos que la forma acabada con la cual se expresan todas las experiencias de la comunicación.

Internet y redes sociales
Si el saber, el idioma, las costumbres, la cultura, la economía de cualquier grupo humano pueden entrar ahora a la cadena idiomática y de formación de todos los pueblos, gracias a Internet, es posible que en un futuro no haya barreras entre los idiomas, y quizás, sí normas que sean comunes a varias lenguas.
Pero, al lado de estos posibles aconteceres y a otros procesos de desarrollo, se seguirán sucediendo –creo- fenómenos sociales como el afianzamiento de la nacionalidad, la aparición de nuevas literaturas (excelentes, unas; aceptables, otras, o solo “basura”) que aspiran a traspasar las fronteras. Y en las redes sociales, el típico manejo psicolingüístico y social de las comunidades urbanas y rurales, hechos que el ser humano seguirá considerando como componentes de su idiosincrasia y mantenedores de sus afectos, sus experiencias y sus reflexiones y críticas.
Miguel de Cervantes Saavedra
Este 23 de abril, martes, se conmemora el Día del Idioma, un homenaje a Miguel de Cervantes Saavedra, 

El reto
Es saber si seremos capaces de conservar nuestra identidad idiomática.
Lo que tenemos claro es que el mundo del hombre nuevo se construye sobre modelos tecnológicos y teorías importadas, de ahí el tropel de las lenguas extranjeras, el dominio inatajable de las redes sociales y los “atractivos” inventos personales, que nos apartan de lo correcto del idioma; que nos impiden hablar y escribir con precisión, propiedad y riqueza de léxico; que nos incitan a usar extravagancias, invenciones, melindres, expresiones enrevesadas, chismes, desacatos, burlas y toda suerte de deterioros sociales, emocionales, ideológicos.

Idioma y aprendizaje
El idioma español fluye y se transforma sin cesar: en cada época desarrolla nuevos rasgos, y varía poco a poco mediante el ajuste de normas morfosintácticas y ortográficas, de estilos, de usos, de aplicaciones semántico-comunicativas; a ello se unen la atención o el interés selectivo de cada espíritu y el desarrollo de la inteligencia, porque el pensamiento es el más elevado de los contenidos del habla.

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Nuestro idioma perdurará en la medida en que se hable y se escriba con corrección, armonía, claridad y elegancia.Fundamentalmente es lo que debe tenerse en cuenta en el aprendizaje. Los maestros debemos ir mucho más allá de las normas ortográficas y morfosintácticas que son las que hacen monótona la enseñanza y empobrecen la expresividad. Hay que enseñar la armonía del lenguaje (saborearlo estilísticamente), su riqueza y amplitud de expresión y, sobre todo, conseguir que cada alumno sienta la necesidad de tener un personal estilo oral-escrito, para que abandone un poco su papel de “recitador de normas y de conjugador de verbos”.

Para reflexionar:
Notas tomadas de mis ya muy viejos libros y mis fichas de consulta:
“Hablar para rectificar, es honradez. Hablar para defender, es compasión. Hablar ante el dolor, es consolar. Hablar para ayudar a otros, es caridad. Hablar con sinceridad, es rectitud. Hablar de sí mismo, es vanidad. Hablar aclarando chismes, es estupidez. Hablar disipando falsedades, es conciencia. Hablar debiendo callar, es necedad. Hablar por hablar, es tontería. Hablar oportunamente, es acierto. Hablar ante una injusticia, es valentía.

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jueves, 18 de abril de 2019

LA RAE DEFINE TÉRMINOS RELIGIOSOS- SEMANA SANTA




La Real Academia define términos religiosos

Autor: Lucila González de Chaves
17 abril de 2019 - 11:06 PM

La RAE nos detalla algunas palabras y expresiones relacionadas con esta festividad religiosa y con sus costumbres y celebraciones.

Medellín
Según la RAE, Semana Santa es el nombre que recibe la ‘semana última de la Cuaresma, desde el Domingo de Ramos hasta el de Resurrección’. No tiene una fecha fija, pues esta depende de la Luna: el primer viernes después de la primera luna llena, posterior al equinoccio de primavera, será el Viernes Santo.
nos detalla algunas palabras y expresiones relacionadas con esta festividad religiosa y con sus costumbres y celebraciones; no todas llevadas con uniformidad, en todos los pueblos católicos:
Pascua: Nombre de la fiesta de la resurrección de Cristo; se celebra el Domingo de Resurrección y marca el final de la Semana Santa.

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Procesiones: Trayecto común que recorren obligatoriamente todas las cofradías y el pueblo creyente.
Cruz de guía: Cruz que encabeza las procesiones; símbolo que anuncia que estas son católicas. En ocasiones van acompañadas de los estandartes de las cofradías.
Paso: Efigies o grupos con los que se escenifican diferentes momentos de los últimos días de Cristo y su resurrección, y que se sacan en procesión en estas fechas.
Simpecado: Según el Diccionario académico, “insignia que en las procesiones sevillanas abre marcha en la sección de cofradías de la Virgen”, y que ostenta el lema: `sine labe concepta’. El nombre procede de la expresión: ‘sin pecado concebida’, fórmula religiosa que hace referencia a la inmaculada concepción de la Virgen María.
Andas: Tablero sujeto con dos varas paralelas horizontales sobre el que se ponen las imágenes que se sacan en procesión.
Gloria: Medallón que suele llevar el palio en la cara inferior; representa al Espíritu Santo o a la Inmaculada Concepción.
Hachón: Cada uno de los cuatro cirios que, por regla general, están situados en las esquinas del paso.
Palio: Según el Diccionario académico, “especie de dosel colocado sobre cuatro o más varas largas, bajo el cual se lleva procesionalmente el Santísimo Sacramento, o una imagen”.
Trabajaderas: Listones de madera bajo los que se colocan los costaleros para levantar “el paso”.
Camarera: Mujer que se encarga de cuidar el altar y las imágenes, y de vestir la imagen con el hábito y el manto con el que desfilará.
Capataz: Jefe de los costaleros (cargueros) y el que los guía en la procesión.
Contraguía: Ayudante del capataz; suele haber más de uno y se sitúan en las esquinas traseras o en los laterales del paso.
Capirote, capuchón, cíngulo, túnica: La vestimenta de los cofrades que salen en procesión.
Cofrade: Miembro de una cofradía; también recibe el nombre de nazareno y penitente.
Cofradía: Es una “congregación o hermandad que forman algunos devotos, con autorización competente, para ejercitarse en obras de piedad”’. La archicofradía es la cofradía más antigua o que tiene mayores privilegios que otras.
Costalero: Persona que lleva el paso cargándolo sobre el costal o sobre las cervicales, protegidas por una almohadilla denominada costal. También se le conoce como cargador, carguero, portador o hermano de carga.
Disciplinante: Persona que se disciplina en las procesiones de Semana Santa, es decir, que se flagela la espalda como penitencia. También recibe el nombre de azotado o flagelante. Antes, se los denominaba disciplinantes de sangre, para diferenciarlos de los disciplinantes de luz, que eran los que alumbraban con hachas y cirios a los que se disciplinaban.
Manolas: Nombre que reciben en algunos lugares las mujeres que visten de negro, con mantilla y peineta; en las procesiones del Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo la mantilla y la peineta son negras, mientras que el Domingo de Resurrección suelen ser blancas.
Nazareno: cofrade, penitente.

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¡Al cielo con ella!: Expresión utilizada en algunos lugares muy españoles, por el capataz, con la que ordena a los costaleros alzar el paso y reanudar la marcha; tras pronunciarla, golpea el llamador para que todos lo suban a la vez.
Judas: Muñeco de paja que en algunas zonas se cuelga en la calle durante la Semana Santa, para apedrearlo y quemarlo después. Representa a Judas Iscariote, quien traicionó a Jesús.
Saeta: Cante que suele interpretar una sola persona delante de los pasos, en las iglesias, desde un balcón o en la calle.
NOTA: Este vocabulario es muy común en ciudades con mucha tradición religiosa y cultura como Popayán; el Judas de esa ciudad es un prisionero que sale de la cárcel, con permiso de pocas horas, y se ubica en la puerta de una de las iglesias principales.  En Tolú, ocurren muchos ceremoniales y el uso de algunas de las palabras citadas, aunque con menos sacralidad; allí hay más folclor que devoción. En Antioquia, también debe ocurrir en lugares de mucha tradición y cultura, en donde la simplificación y el modernismo no han podido borrar lo ancestral.

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miércoles, 17 de abril de 2019

LUCILA GONZÁLEZ DE CHAVES UN FARO QUE CONTINÚA ALUMBRADO






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Lucila González de Chaves, un faro que continúa alumbrando

2 abril de 2017 - 02:00 PM
La enseñanza y el correcto uso de la Lengua Castellana han ocupado la vida de la maestra Lucila González de Chaves; una mujer que ad portas de los noventa años, no ha parado de aprender, leer, escribir y enseñar.
Lucila González de Chaves
 Estefanía Posso
Lucila González de Chaves ejerció el magisterio durante 50 años y ha escrito 18 libros. El último está a punto de publicarse.

Cuando a la maestra Lucila González de Chaves le preguntan cuál es la anécdota más bonita que tiene en un salón de clases, se le hace difícil contestar, ya que tiene que buscar en más de 50 años de trayectoria en la enseñanza y entre tantos momentos que le traen de vuelta una sonrisa a su rostro.
Si no es porque menciona anécdotas que sucedieron hace 30 o 50 años, es difícil adivinar que es una mujer que ya roza la novena década. Y es que, aunque tiene el cabello encanecido totalmente y la piel envejecida por una vida de servicio; su vitalidad, su memoria, su sentido del humor, su habilidad de escucha, la pueden hacer ver hasta 15 años más joven.
Parece pleonasmo decir que doña Lucila nació en abril, en el mes de la Lengua Castellana, 18 días antes del 23 de abril, en el que se conmemora la muerte del padre del idioma Español: Miguel de Cervantes Saavedra; en cuanto ha sido la enseñanza de la Lengua Castellana y la defensa de su correcto uso, lo que ha ocupado su vida, aunque asegure que la Real Academia Española parece una adolescente, llena de caprichos e incongruencias.
Esta maestra cuenta con una bibliografía de 18 títulos publicados. Asegura que escribe para los maestros, pensando en facilitarles su labor: “si lo que yo escribo no le sirve a los maestros, no me interesa”.
Su último libro, Cien Mujeres, fue publicado en octubre de 2016 y está a punto de publicar uno nuevo, que saldrá el próximo mes, llamado Idioma y Pedagogía: talleres. Tal vez este sea el último, ella aún no lo ha decidido, porque, aunque le parece que ya ha sido suficiente, las notas de sus cuadernos y libretas, que rellenan sus cajones, la invitan a seguir organizando su trabajo, recopilando, decantando, actualizando y publicando.
A pesar de su vitalidad, la maestra sale poco de su casa, ya que su movilidad quedó reducida luego de que se fracturó la cadera. En su casa no usa zapatos, prefiere caminar sobre unas medias gruesas -media sobre media- que la hacen ver cómoda y le dan un toque juvenil. Usa unas gafas de borde redondeado y lente bifocal, que cambia cuando va a usar el computador.
Y aunque no le gusta mucho la tecnología, porque se le hace difícil manejarla, pasa buena parte del tiempo frente al computador. Entre las tareas diarias está responder los tantos correos de empresas, de exalumnos, de docentes, que le envían para preguntarle si los párrafos que escriben están bien redactados, si expresan bien las ideas, si usan correctamente el lenguaje. Ella responde con gusto y usa esas dudas frecuentes para escribir su columna –que se publica todos los jueves en la página web del Periódico EL MUNDO-, o para repasar y actualizar sus notas.
Doña Lucila digita en el computador sólo con sus dedos índices y califica como un logro muy grande haber dejado de escribir a mano. Ya puede escribir directamente en la pantalla, aunque prevalezca la desconfianza con el aparato, porque inexplicablemente se le han perdido textos completos. En esos casos tiene que interceder su hijo menor, Juan David,quien siempre le recuerda que cada que haga un avance tiene que asegurarse de hundir el botón de guardar.
En su productiva carrera de más de 50 años, muchos han aprendido de ella, sea desde las aulas, desde sus textos escolares –lo más populares de su bibliografía-, o desde sus seminarios y charlas.
Uno de ellos es Iván de Jesús Guzmán López, director del programa de educación rural de la Gobernación de Antioquia, quien ha sido también escritor y periodista. De doña Lucila señaló que desde muy joven fue su maestra virtual. “Yo aprendí de ella en las páginas de los periódicos y con sus libros de texto en el colegio, pero jamás pensé que la iba a conocer y que iba a ser su amigo”, confesó.
Sobre su trabajo, Guzmán señaló que “ella se ganó, no en vano, el mote de la maestra del idioma, porque por muchos años ha demostrado a los maestros y a sus lectores, lo que son las buenas formas de hablar y de escribir. Eso la forjó como la mujer más reconocida en Colombia en materia del manejo del idioma, pero no un idioma alambicado, hermético, sino un idioma vivo, útil para el pueblo pero también para el letrado”.
Por su parte, la madre Beatriz Acosta, rectora del colegio La Enseñanza, fue su alumna cuando cursaba sus últimos años de secundaria en ese mismo colegio, entre los años 1967 y 1969. “Ella es una persona sumamente responsable, -resaltó la rectora- que captaba la atención de todas nosotras, tenía un trato muy cordial y nos inculcó el amor a la literatura, a la expresión oral y escrita, en un clima de libertad y de responsabilidad”.
La madre Beatriz comentó que en el colegio la tienen muy presente ya que “ha seguido participando de sus actividades. La recordamos como una persona comprometida con la educación y con la literatura, que aún a su edad sigue aportando”.
Para Guzmán, el secreto de esa carrera que ha sido larga y  vigente es muy sencillo: “Es un trabajo sistemático, organizado, disciplinado, responsable, cariñoso y respetuoso con el idioma. Eso ha hecho que ella se convierta en nuestra maestra, pero también en la primera promotora de la Lengua Española”.
Un legado en la educación
Aunque algunos no la conozcan físicamente, el nombre de la maestra Lucila González de Chaves suena familiar para mucha personas, porque la serie de textos Español y Literatura acompañó en las aulas a miles de estudiantes que aprendieron Lengua Castellana gracias a los talleres y ejemplos que ella plasmó en sus libros.
La serie de textos la comenzó por su cuenta como un ejercicio propio para organizar sus clases. Así hizo el primer libro, que es el de grado undécimo, o sexto de bachillerato, en el cual ella dictó clase a principios de los años 70. Luego, apoyada por la editorial De Bedout, comenzó a concebir los demás textos, hasta completar once libros didácticos para primaria, secundaria y enseñanza media.
Los libros Español y Literatura se convirtieron en una herramienta, en una guía pedagógica indispensable para muchos maestros en colegios públicos y privados de todo el país, también llegaron aulas en Panamá y Ecuador. Tanto así que son su BestSeller, con más de 25 ediciones entre 1974 y 2002.
Y aunque no se publican desde hace más de 15 años, siguen siendo consultados por profesores como Olga Elena Escobar, docente de bachillerato de la Institución Educativa Pedro Estrada, quien aseguró que “todavía son libros de consulta porque permiten la comprensión de la Lengua Castellana en sus diferentes ramas: lingüística, gramática y la sintaxis. Ese orden que ella le da a los libros, le permite acceder a los estudiantes a ese conocimiento de una manera más fehaciente y científica. Yo recurro a los libros de ella para consultas, para ampliar temas, para precisar conceptos, para conseguir ejemplos prácticos y directos, para referenciar autores según el grado de desarrollo de las clases”.
Olga Cecilia Álvarez Velásquez, docente del colegio María Auxiliadora de Caldas, en los grados 6° y 7°, la considera como una de las mejores maestras que ha tenido Colombia y señaló que los libros que ha escrito han servido mucho a los maestros: “Para mí han sido muy útiles en la labor pedagógica y educativa. Ella da muchos ejemplos, explica muy específicamente, es muy clara, concisa y coherente. Entonces hace un aporte muy importante para nuestra labor”.
El Cefa –Centro Formativo de Antioquia–, colegio quea mediados del siglo pasado tenía el nombre de Instituto Central Femenino, graduó a Lucila González como Maestra Superior en 1945. Este colegio la puso de nuevo en su oficio, ya que tras casarse con el músico Luis Eduardo Chaves Becerra, estuvo durante 12 años dedicada a las labores de la casa y a la crianza de sus cuatro hijos.
En el Cefa ejerció durante 28 años como profesora de Español y Literatura, también fue directora encargada. Por esto, desde 2001, la biblioteca de la institución fue nombrada en su honor.
Luz Amparo Durango, bibliotecaria del Cefa, afirmó que “ella cada año nos alimenta con su sabiduría, fuerza y conocimiento específico del idioma. Ese conocimiento les queda a las niñas, para que vaya de generación en generación. Inclusive las alumnas le escriben para que ella no pierda el contacto con nosotros. Ella es una persona muy importante, no sólo para la biblioteca sino en todo el colegio, nos está inspirando constantemente”.
Ahora, cuando para doña Lucila “es hora de ir recogiendo las velas, a la manera de uno”, evalúa que su legado más importante es el ejemplo, porque de todos sus años en el magisterio le quedó la certeza de que “lo importante en la enseñanza es dar ejemplo de vida, y con eso hay”.
Es por esto que su consejo para los maestros actuales es que “hay unos principios eternos, una escala de valores que no se puede descuidar. El primero es querer al alumno antes de conocerlo, tener una vocación limpia, decidida, amorosa y abnegada. Hay que tener también una tolerancia contenida. El maestro debe enseñar a pensar, como Sócrates, no hacérselo todo, no decírselo todo, convertirse en facilitador, enseñarle a bien vivir, a bien sentir, bien hablar y bien hacer. Entonces no pueden estar nunca aburridos de ser maestros, porque el magisterio es un acto de amor”.
La luz del recuerdo 
Por fin, después de rebuscar en su memoria, doña Lucila decide que su mejor anécdota la sitúa al final de su etapa como docente, a inicios del año 2000 en la Universidad Santo Tomás de Aquino, donde dictó Expresión Oral y Escrita.
Eran diez estudiantes, siete muchachos y tres muchachas. Había que hacer el examen final de Composición Oral y Escrita en la carrera de Arquitectura. Los estudiantes preguntaron: ¿entonces qué estudiamos?
- No, no estudien nada –les dijo la maestra
- ¿Y entonces cómo hacemos?, preguntó uno de ellos.
- Vamos a hacer un trabajito, porque a mí no me gusta que se aprendan las cosas de memoria. ¿O van a estudiar cómo hablar?
- No, profe, entonces hagamos el trabajito.
- Bueno, entonces se van a ir para el Centro, cada uno busca un edificio, lo miran, lo estudian y vienen a decirme cómo es.
- ¿Eso no más?
- Sí, eso. Nos vemos el otro jueves.
El jueves siguiente, Guillermo, uno de los estudiantes, quiso salir al tablero y empezó a dibujar el edificio que vio. Iba en el primer piso, puliendo las puertas y las ventanas, cuando la profesora lo interrumpió:
- Pará –le dijo
-¿Por qué?
- Porque yo no soy profesora de dibujo, no te puedo calificar eso –respondió la docente.
Atrás se escucho un coro de reproche, porque los demás compañeros también planeaban salir a dibujar el edificio en el tablero. Entonces la maestra los mandó de nuevo al Centro, con la directriz de que tendrían que volver a explicar con palabras la estructura que escogieron. Cuando volvieron los estudiantes, la docente sacó a una de ellas al frente y la alumna empezó a recitar:
- El edificio tiene cuatro pisos, todas las ventanas son de vidrio, tiene entrada por la carrera…
- Pará- dijo la profesora.
- ¿y por qué? –contestó la joven.
- Porque eso no sirve. Cualquier gamín que hubiera estado sentado ahí te dice que tiene cuatro pisos y que las ventanas son de vidrio. –Replicó la profesora y añadió cambiando el tono-: Muchachos, vamos a hablar en serio, yo pensé que ustedes ya tenían la sensibilidad artística para concebir la arquitectura, que tenían ojo clínico de arquitectos para analizar una construcción. Pensé que les habían enseñado qué es la belleza, la armonía y los detalles que tenía que tener una construcción para que luciera airosa, armoniosa y elegante. Me da mucha pena tenerles que decir a ustedes en séptimo semestre que no saben de eso. Que sólo saben pegar ladrillos y poner una ventana de vidrio ¡qué pena! Se devuelven y ven el edificio con ojos de arquitectos y me vienen a hablar aquí como arquitectos, vean como hacen. Si no es así, van a tener su cero.
Una semana después, Gloria, otra de las estudiantes, quiso empezar. Salió al frente y utilizó todoel argot que le habían enseñado para demostrar su sensibilidad como arquitecta. Pero la maestra no moduló, su cara se quedó momificada. Cuando terminó, la maestra le dijo que se sentara para que pasaran los otros. Y así pasaron los diez, sin recibir un sólo comentario de doña Lucila. Al final de la clase la profesora les dijo que todos tenían cinco.
- ¿Cinco? -dijeron en coro
- Sí, ¿por qué les parece tan raro?
- No, usted se está burlando de nosotros –dijo Guillermo
- No, yo no me burlo de nadie y menos de mis alumnos. Si no saben, les voy a decir por qué. Porque se cumplió el objetivo, tuvieron muchos tropiezos, pero acabaron de hablar diez arquitectos y por eso tienen cinco.
“Esa es la anécdota más linda que yo tengo, porque cuando me los encuentro me dicen todo lo que les sirvió ese ejercicio para aprender a observar. Eso es enseñar”, concluye doña Lucila.
La maestra del idioma
Nació en Medellín, el 4 de abril de 1927. Sus padres fueron Manuel González y María T. Restrepo.
Estudió en el Colegio de la Presentación del municipio de Titiribí. Luego estudió Pedagogía en el Instituto Central Femenino (Cefa) de Medellín. Y se gradúo como Experta en Letras de la Universidad de Antioquia.
Fue profesora de primaria en los municipios de Amagá, Titiribí y Rionegro, profesora de Pedagogía y Psicología en la Normal de Rionegro y directora de la misma escuela. Luego, llegó a Medellín y dictó clase en el Colegio Bethlemitas, en el Cefa y en La Enseñanza.
Después saltó a la educación superior como docente en la Facultad de Filosofía y Letras de la UPB, fue profesora de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Santo Tomás de Aquino y coordinadora del Departamento de Idiomas del Tecnológico de Antioquia.
Además, ha sido colaboradora de varias revistas literarias y didácticas; Ha escrito en los periódicos El Diario de Medellín, El Espectador, El Colombiano y EL MUNDO.
Ha dictado conferencias en colegios, escuelas y universidades con temas de literatura, funcionalidad del idioma, interpretación de lectura, redacción; metodología del español; sobre la educación del adolescente, aspectos de la evaluación, el idioma como soporte del aprendizaje, etc. También ha sido conferencista en círculos de rectores y profesores en Bogotá, Manizales,  Facatativá, Cali, Barranquilla y Medellín.
Recibió la Medalla al Mérito “Miguel Giraldo Salazar”, de la Secretaría de Educación y Cultura de  Antioquia; Medalla de Honor a la Cultura y a la Educación “Porfirio Barba Jacob”, categoría oro, de la Alcaldía de Medellín; “Escudo de Oro” del Centro Formativo de Antioquia – Cefa –; Resolución de Honores del Concejo Municipal de Medellín; Placa de la Administración Municipal 2012 -2015 de Titiribí, otorgada “por su aporte en el área Cultural, Literaria y Artística”; Premio Cipa  a la “excelencia periodística”, categoría “Periodista-Escritora”. Y el homenaje como “Maestra del idioma” de la Cámara de Comercio de Medellín; entre otros.
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Comentarios:
Edgar
Edgar
2017-04-09 10:23:24
No figuro como maestro, nada parecido. Pero soy entusiasta de los escritos de Doña Lucila, asequible par un lego como el suscrito , y accesible por la forma como escribe esta amabilísima señora. No me pierdo sus columnas semanales !