lunes, 8 de abril de 2019

MARCO FIDEL SUÁREZ, PALADÍN DE LA LENGUA ESPAÑOLA




Don Marco Fidel Suárez, paladín de nuestra lengua española


7 abril de 2019 - 07:19 PM

Existir es haber estado antes en la palabra.


Recordemos lo leído y lo aprendido:
1. El creacionismo: La luz, el agua, el firmamento, la tierra, el hombre no son nada antes de la PALABRA del Dios-Creador. Él habla, pronuncia la PALABRA: “Hágase”, y van surgiendo una tras otra las realidades. Él va nombrando, y al eco de su PALABRA todas las cosas se van ubicando en el universo.
2. Adán: La historia bíblica cuenta que a todos los seres vivos y las cosas, el Dios-Creador las puso a disposición de Adán para que les diera nombre. Y Adán empezó a balbucir su PALABRA: al ir dando un nombre, todas las cosas empiezan a existir realmente, individualmente.
3. San Juan: Su nunca bien estudiado y entendido Evangelio, empieza con estremecedoras expresiones para dar cuenta de la divinidad y poder de la PALABRA. Dice: “En el principio era el Verbo; y el Verbo era Dios”. Dios es en sí mismo la PALABRA, el Verbo.
4. La historia de la humanidad: Nosotros estuvimos antes en la PALABRA. Fueron las amorosas palabras de nuestros padres las que nos pusieron en el camino de la existencia. La PALABRA hecha acción, da cuenta de nuestro aparecer biológico en la historia.
5. La biblioteca: entrar a ella es ir en busca de la PALABRA mágica que nos lleva directamente al encuentro con la historia del mundo. En esto reside el poder convocatorio de las bibliotecas.
6. La ética: será una realidad cuando nos decidamos a decir desde el corazón y con honradez PALABRAS como: responsabilidad, compromiso, dignidad, respeto, vergüenza, arrepentimiento, amor, y nos comprometamos seriamente a volverlas acción.

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Mes del idioma español
En este mes de abril en el que tomamos conciencia de la permanente necesidad de las palabras para testimoniar nuestro existir, y reflexionamos sobre nuestro lenguaje como el máximo instrumento de la comunicación con los demás; en este mes y, especialmente el día 23, evoquemos y reverenciemos la incomparable figura de don Marco Fidel Suárez, (1856 – 1927) el nunca olvidado hijo de Bello (Antioquia), cumbre no solo de las letras colombianas, sino también, paradigma de la dignidad, la humildad y sencillez; de la entrega al estudio, al análisis, a la filosofía y, por qué no, a creer en Dios y a testimoniarlo.
Don Marco Fidel Suárez
Este escritor y político colombiano, nacido en circunstancias de pobreza y desamparo, jamás abandonó el estudio y su irrevocable decisión de estructurarse como ciudadano de noble corazón y de sentimientos generosos, puestos al servicio de su patria y de los colombianos. Así fue formando una sólida preparación humanística, especialmente en lo que se refiere a nuestro idioma español, y en el derecho internacional.
Marco Fidel Suárez fue elegido presidente en 1919.
Desde su juventud cultivó con éxito los estudios gramaticales, y al lado de Rufino José Cuervo, monseñor Carrasquilla, Miguel Antonio Caro y Antonio Gómez Restrepo, se destaca como uno de los principales maestros colombianos de la filología de nuestro idioma.
En 1881 tomó parte en un certamen conmemorativo con motivo del centenario del nacimiento de Andrés Bello; ganó la medalla de oro con su Ensayo sobre la gramática de don Andrés Bello, publicado por la Academia Colombiana, y editado luego en Madrid, con comentarios y noticia bibliográfica de Miguel Antonio Caro.
La personalidad de don Marco Fidel adquirió así relieve en el mundo de las letras y luego, en el de la política en la que se desempeñó como diputado, senador, ministro de Instrucción Pública y de Relaciones Exteriores; luego, presidente de Colombia (1918 – 1921), cargo que abandonó por causa de los violentos ataques de que era objeto por parte del Congreso.
En 1919, creó la máxima condecoración colombiana: La Cruz de Boyacá, para conmemorar el centenario de la gloriosa batalla.
En 1955, la casita donde nació en Bello – monumento nacional – fue encerrada dentro de una urna de vidrio, homenaje de la Empresa Fabricato de Antioquia. En la pared posterior, escritas a lápiz, están dos leyendas:
“Como política tuviste la justicia y como diplomacia, la verdad” (Rafael Maya)
“Si me lanzó la vida contra tu carro un día / mi ser ante tu genio siente un fervor profundo. / Aquí donde está el sitio de alma epifanía, / traigo la voz de un pueblo: quisiera la de un mundo”. (Guillermo Valencia) 1929.
Con motivo de su muerte, su más encarnizado enemigo, Laureano Gómez, expresó su duelo:
“[…] en el lecho del sufrimiento y ante el crisol que consume nuestra escoria para no dejar sino el oro puro de los actos nobles y las virtudes insignes, ante la tumba del gran ciudadano que cruzó ya la puerta oculta e insondable del misterio de la eternidad, donde todo ha desaparecido menos el oro de su propio ser, yo no puedo ver ya sino las virtudes resplandecientes que lo adornaron: su intenso patriotismo, su inteligencia excepcional, su erudición ardua y paciente y todos los múltiples merecimientos que le permitieron emprender la marcha desde la llanura hasta llegar a escalar las mayores cumbres […] ”.
Sus últimos años fueron los más fecundos de su vida literaria: los dedicó a la redacción de su máxima obra, los Sueños de Luciano Pulgar. Son muchos sus méritos como inteligente filólogo; imponderable ensayista de El Quijote; crítico literario de la novela Pax; autor analítico de El castellano en mi tierra ; prosista historiador en las biografías de: Arboleda, Corral, Mallarino, Colón, etc.
Los sueños de Luciano Pulgar
El 19 de mayo de 1925, apareció en un periódico capitalino un artículo llamado Un sueño; era el primero de la serie Los sueños de Luciano Pulgar, que asegurarían a Suárez un lugar destacado en la literatura colombiana. En ellos fundió en excelente prosa, lo clásico con lo moderno, en un estilo personalísimo, original, elegante y perfecto.
En los Sueños están todos los temas: historia política del país, asuntos gramaticales, cuestiones de orden jurídico e internacional, asuntos religiosos, semblanzas y retratos literarios, recuerdos personales, etc.
Uno de sus críticos expresa: “Los Sueños son una verdadera enciclopedia de la vida colombiana en sus múltiples aspectos. El recuerdo del español Quevedo asoma frecuentemente, pues la ironía – la más punzante ironía - fue una de las armas de que se valió Suárez para abatir a sus enemigos”.
La historia literaria de América conceptúa que en esta incomparable obra está de cuerpo entero el escritor que supo comunicar en todos los casos, una emoción profundamente humana a todo cuanto pasó por su cerebro o rozó su sensibilidad, siempre alerta y dispuesta a reaccionar agudamente.
Un propósito principal de los Sueños de Luciano Pulgar fue el de defenderse de algunos cargos personales y de ciertas acusaciones que la prensa y el Congreso habían hecho contra su gobierno. Por lo exclusivo de estos escritos, por ser polémicos y tener alusiones personales y por despertar mucho interés en el público, don Marco Fidel resolvió continuarlos en serie de forma indefinida. Estos ensayos ocupan cerca de doce volúmenes.
Desde el punto de vista literario, estos escritos, redactados en forma dialogada, ponen de relieve los valores estilísticos que hicieron que don Marco Fidel fuera catalogado como un escritor clásico.
Facsímil de la publicación del Primer Congreso Eucarístico
Oración a Jesucristo:
Sobresale don Marco Fidel como orador académico por sus discursos entre ellos, Jesucristo, que es el más bello homenaje que la literatura colombiana hay rendido a Dios:
Lo invitamos a leer: Textos recordatorios en el Día del Idioma
“La persona de Jesucristo, Dios y Hombre, se presenta de tal modo a la inteligencia humana, que la satisface y sosiega. […], armoniza con nuestro corazón y con sus aspiraciones y necesidades. […] La conciencia propia y el trato con nuestros semejantes ns dicen que la vida es una feria donde de ordinario se piensa y se obra al impulso del amor a los deleites, del amor al dinero y del orgullo o prurito de superioridad. […].
“Jesucristo, en su nacimiento, en su vida y en su muerte, es el contraste de aquellos tres desórdenes. Varón de dolores…. Manso y humilde de corazón se anonadó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte.
Esas virtudes de Jesucristo purifican y enaltecen la naturaleza humana. En primer lugar, exalta el dolor que no siempre es un mal sino un grande elemento de la vida; el sufrimiento, o sea la victoria de la voluntad sobre el dolor; el martirio, que es un dolor heroico al servicio de la verdad o de la justicia. […]
“Nos enseñó también a vencer esa cruel enemiga, la muerte, pues cuando ella sume en la fosa de un sepulcro nuestra dicha, Él nos levanta el corazón […]. Al enseñarnos la humildad, Jesús rectificó la idea de la gloria; esta es idolatría cuando tiene por fin al mismo individuo y cuando hace nacer en los otros la adulación y la lisonja, lo que produce una reacción de abatimiento….
“La redención de Cristo ha establecido la fraternidad de los hombres, corroborada por el reconocimiento de que las injusticias ajenas son imágenes de nuestra propia injusticia […].
“¡Oh Dios de amor y de poder! Da tus pies a los colombianos que queremos llorar sobre sus llagas los errores pasados….en la llaga de tu corazón guarece las generaciones inocentes. […]. Al darte en comunión eucarística en esta semana dichosa, tus sacerdotes repiten que eres Cordero de Dios que quita los pecados del mundo y lo pacífica. Danos, pues, la paz que es don tuyo y prenda de civilización terrenal y de eternal ventura”.
(Tomado del folleto: “Oración pronunciada por don Marco Fidel Suárez en la segunda Asamblea General del Congreso Eucarístico de Bogotá, 1913” – 25 pp.)

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jueves, 4 de abril de 2019

¿CÓMO VA LA ENSEÑANZA DE LA ORTOGRAFÍA?



La ortografía, a veces, un escollo al escribir

Autor: Lucila González de Chaves
3 abril de 2019 - 09:06 PM

Nos asombra su verdadera y acertada vocación de maestros preocupados por el idioma y respetuosos de él, en este complicado siglo XXI.

1. Cómo enseñarla:
Es para muchos estudiantes una carga pesada y rutinaria que hace difícil los años de escolaridad.
La metodología apenas ha aportado pequeñas novedades al esquema tradicional de la enseñanza de la ortografía que se reduce, en la mayoría de las veces, a la utilización de la copia y el dictado de palabras sueltas, lo mismo que a la repetición árida y frustrante del mismo método de corrección de errores: escribir cada palabra ENE veces, las que defina el profesor.
Pero es importante destacar y aplaudir a los maestros, de los cuales hemos conocido sus atractivas e interesantes formas de manejar la ortografía, y nos asombra su verdadera y acertada vocación de maestros preocupados por el idioma y respetuosos de él, en este complicado siglo XXI.
En su libro La disortografía dice el erudito español Dionisio Rodríguez Jorrín: “En la base de los aprendizajes ortográficos subyacen dificultades perceptivas, psicomotrices y, sobre todo, didácticas a las que hay que adelantarse mediante una pedagogía preventiva y correctiva basada, sobre todo en la lógica del proceso más que en enunciados normativos formalísticos. Una acción seria y temprana en estos aspectos resuelve la mayor parte de las dificultades. Los ejercicios estereotipados tradicionales no son más que formas de tranquilizar […]”

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2. Dislexias; dispedagogías…
“Partiendo del análisis del acto gráfico se pueden encontrar muchas variantes que pueden eliminar la mayor parte de las ‘disortografías’ o ‘dislexias’, de las cuales se culpa al alumno y en las cuales escondemos nuestras ‘dispedagogías’. Hay una clara consciencia de fracaso en el campo de la didáctica de la ortografía: a la copia de palabras y al dictado, como métodos (caminos) básicos, debe sumarsela falta de objetivos suficientemente claros, y el desconocimiento de los procesos psicológicos que hay que ejercitar”.
3. Qué le ocurre al estudiante
“En vez de partir de esquemas tradicionales o inventados sin mucha reflexión por el profesor, hay que ir a la realidad escolar para ver qué le ocurre al estudiante, qué es lo que hace, de qué es capaz, y qué podemos hacer los maestros que estamos encargados de conducirlo para prever o para corregir, no las faltas de ortografía, sino el origen de ellas".
4. Y qué ocurre con los “excelentes” logros
“Lo importante para el maestro no es que le señalen (Ministerio de Educación, Normales, Facultades de Educación) buenas metas, excelentes objetivos (hoy llamados equivocadamente “logros”); de eso, el maestro es capaz. Lo esencial es que le expliquen, al mismo tiempo, CÓMO conseguirlos, cómo alcanzarlos. Es decir, que le enseñen metodología”. (D .R. J.)
Maravillosas teorías psicopedagógicas salen a menudo de los ministerios y secretarías de educación, pero a unos niveles de abstracción (y con un vocabulario) que las hacen imposibles de digerir, y que solo crean frustración en maestros y alumnos. Olvidan los señores programadores que el “cómo” lograr una meta es más difícil que definirla vagamente.
5. Qué hacer con los grafemas
Al hablar de ortografía nos centramos en el código lingüístico para utilizar los grafemas de manera correcta. El alumno debe aprender a expresar su propio pensamiento con los grafemas correspondientes. La mayoría de los fracasos considerados como incapacidad para aprender ortografía, lo que muestran es que no se han realizado los suficientes ejercicios para orientar el pensamiento racional y por lo tanto, el alumno no es capaz de razonar la ortografía, y esta – creo - no se aprende de memoria.
Un alto porcentaje de palabras tienen una razón de ser para escribirse así: o porque sus componentes son griegos, o latinos, o porque son derivadas de…, o compuestas por…, o tecnolectos, etc. Aprender ortografía es ser capaz de observar, comparar, identificar, recordar, deducir, fijar, aplicar; pero antes, hay que saber pronunciar y vocalizar y articular correctamente para que al escribir no se cambien las letras.
El estudiante debe tener un proceso auditivo: que sienta correctamente el fonema en cuestión, que pueda repetirlo de forma adecuada y plasmarlo, luego, gráficamente; solo así, el grafema será correcto.

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6. Fonetizar antes de escribir
Creo que antes de la ortografía, sobre todo en los primeros años, es primero la fonética (memoria auditiva), luego la escritura (memoria visual) para la identificación de palabras y letras; y, por último, lo abstracto (memoria espacial): memorizar lo que se habló, lo que luego se escribió, se razonó, se investigó su procedencia, y formular una especie de norma que nos sirva de conductor al escribir.
Por eso es complicado, inexacto y atrevido afirmar que “dominamos” la ortografía; que se nació con una dotes extraordinarias para la ortografía porque la mamá, o el papá, o la abuelita eran “¡muy buenos!” para la ortografía.
Es mejor estudiar, investigar, concluir, que heredar.

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jueves, 28 de marzo de 2019

LIBRO CIEN MUJERES



Cien mujeres

Autor: Lucila González de Chaves
27 marzo de 2019 - 09:03 PM

Una notica: Tres de mis exalumnas, hoy feministas convencidas, me solicitan que publique la “Presentación” que hice de mi penúltimo libro “Cien Mujeres”, para un trabajo de foro

Las mujeres que dan vida a este libro necesitaron encontrar un camino espiritual que les ayudara a sobrellevar soledades, indignaciones, olvidos, amores, desamores, desigualdades; y lo hallaron en el magisterio, en el periodismo, en el arte, en la narrativa, en la poesía.
Otras mujeres personajes, nacieron de la imaginación de los autores que al crear sus obras, necesitaron poner al lado de los varones mujeres protagonistas que les dieran fuerza e ilusiones, o que despedazaran su moral y sus ideales.
Las mujeres colombianas, en la tercera parte de este libro, son apenas un muestreo de la valiosa presencia femenina que ha ayudado febril y valientemente a construir la historia del pueblo colombiano, sufrido, humillado muchas veces, engañado casi siempre…. […]

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A través de mis clases de literatura, durante cincuenta años, y mediante la consulta, el estudio, la lectura, la investigación, recogí en fichas muchos elementos, los suficientes para la composición de un libro que muestra a la mujer luchando por su espacio literario, por su valía como ser humano, por la libertad que solo se le ha dado en mínimas medidas. […]
Muchas veces pensé en la forma o en el orden de presentar al lector a estas cien mujeres. Las ordené siguiendo varios criterios, pero me pareció que se establecían categorías de valores y esas, se las quise dejar al lector. Opté, entonces, por presentarlas siguiendo el orden que marcan los años de su nacimiento, o de su aparición en los diferentes escenarios; así no habría jerarquizaciones ni preferencias ni clasificaciones; todas ellas estarían en el mismo plano, dados sus valores de poetisas o novelistas o artistas o ensayistas o maestras o periodistas….
Destaco el personal deleite incomparable de sacar de los oscuros rincones de la historia a mujeres valiosas que, los varones, dueños de la cultura, las habían llevado allá con sus críticas y malquerencias.
Frente a que se diga que este trabajo está incompleto, que faltan muchas más mujeres, no tengo temor alguno, pues una búsqueda de tal naturaleza nunca podrá aspirar a ser completa; a no ser que se trate de una enciclopedia, cosa bien distinta de mi proyecto.
Tampoco tuve afán de que el lector encontrase en este libro la cultura al día, la actualidad palpitante, pues no es la índole de mi trabajo; solo quise traer a la memoria a meritorias mujeres, muchas de las cuales, los señores de la historia, cubrieron con un manto de indiferencia; eran ellas, “convidadas de piedra.
No hay muchos libros de importancia  salvo los de invención novelesca  que no sean, en gran parte, recopilación y transcripción de quienes culturalmente están muy por encima de muchos de nosotros. A esas recopilaciones he unido mi trabajo personal: leer e investigar incansablemente y resumir y sintetizar, redactar mis propias apreciaciones, reflexionar mis críticas desde distintos parámetros, tomar notas, ordenar, corregir, completar, actualizar. […]
Podrán notar en este trabajo la desigualdad en las reseñas: unas cortas, otras extensas. Estas desigualdades se deben a que las cien mujeres son de muy diversas épocas, y escribieron o se realizaron bajo la influencia de muy distintos pensamientos, en lenguajes y estilos y originalidad muy personales. Pertenecen a sociedades destacadas o por la religión, o por la sangre, o por la política y, sobre todo, por el “poder del varón sobre la mujer, ya que él fue formado para admirar a la dama por sus atractivos físicos y no por su cerebro lúcido, ni por su lucha social, ni por su clamor ante el gobierno y la clase empresarial para que la visualicen igual que al varón, en bien de la justedad.
Las mujeres de este libro son de temperamentos distintos y clases sociales desiguales; pero se han enfrentado con el amor, la muerte, el dolor, la naturaleza, el hogar, las aulas, la sociedad; y las igualan sus características: éxtasis, emotividad, finura, transparencia, musicalidad, mensaje, sinceridad, espontaneidad, cultura, profesionalismo, sentido del compromiso y un fuerte impulso por hacer realidad un ideal

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Los juicios autorizados de los pensadores críticos están entrecomillados; pero algunos otros fueron adaptados a este siglo XXI. Otras apreciaciones nacen de mi independencia en ideas y juicios que quizás puedan pugnar con las opiniones consagradas de autorizados críticos; pero decidí dejar mis comentarios tal como fueron escritos en las fichas para mi Archivo personal. Tampoco quise ponerme totalmente de acuerdo con la cantidad de datos y conceptos, repetidos y revueltos, de las modernas ayudas tecnológicas y, menos aún, aceptarlos indiscriminadamente.

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lunes, 25 de marzo de 2019

LLANURA, SOLEDAD Y VIENTO



Llanura, soledad y viento

una forma más benigna de mirar la selva


Autor: Lucila González de Chaves

24 marzo de 2019 - 07:52 PM

Introducción a la riqueza narrativa y documental de la novela de Manuel González Martínez sobre una de las regiones más interesantes de Colombia.

Medellín
Lírica, horror, desolación en Rivera

La literatura colombiana ha mostrado con orgullo su narrativa sobre la selva americana: Vorágine, de José Eustasio Rivera, obra insuperable, llena de cantos a la belleza sin igual del escenario en que se desenvuelve. Escenario que, mediante la mágica pluma del autor, constituye también uno de los principales personajes de dicha novela. Nadie ha podido leerla pasando por alto las impresiones de horror y de angustia, la terrible tragedia de los buscadores de caucho, el atractivo morboso de aquella lujuriante vegetación selvática que aprisiona.
Pero, luego aparece la valiosa novela de Manuel González Martínez: Llanura, Soledad y Viento. Se leyó por primera vez en 1960 y, según las informaciones del momento, fue recibida con beneplácito por la crítica y los lectores.

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La selva vista con otros ojos

Esta edición de 1965, que releo, fue realizada en Argentina, con una interesante presentación del gran exegeta (o exégeta) del problema americano, el historiador colombiano Germán Arciniegas, quien afirma: “Llanura, Soledad y Viento, tres personajes que se devoran al hombre… Desde que comienza la novela, el lector se ve metido en un mundo en donde los hombres y los animales dialogan… El resultado es atractivo: cuando el hombre aparece más bestia, la novela se hace más humana… La selva sigue siendo la misma, pero la han visto otros ojos…”.

Y porque la han visto otros ojos, y porque es analizada por otra mentalidad, esa selva –la misma de José Eustasio Rivera y de Rómulo Gallegos- da origen a una obra distinta.
Distinta en cuanto a la forma, por cuanto la narrativa de González Martínez es más apacible, más lenta, como conviene al planteamiento de la obra, menos cruel; o por lo menos, un tanto más disuelta esa insustituible crueldad de la selva. Esta novela no es el desfogue de una sangre que hierve a borbollones, sino el lento y concienzudo peregrinar del ojo avizor, de la mente despierta y de una pluma paciente que con fidelidad y conciencia traduce magistralmente hasta el más pequeño detalle selvático.
Facsímil de la portada de Llanura, soledad y viento.

No debe creerse que la lentitud y la abundancia de detalles sean defectos en esta obra, o que hagan aburridora su lectura. No, al contrario, son motivo de delectación para quienes no gustan de precipitaciones, ni de novelas sin tesis que puedan leerse con rapidez.
Llanura, Soledad y Viento es obra reposada de estudioso, obra analítica, muy pensada y bellamente escrita. Pudiera afirmarse que su autor, el colombiano Manuel González Martínez, “es lento como todos los grandes novelistas”, como Balzac, como Pérez Galdós, como Somerset Maugham en su incomparable novela Servidumbre Humana.

Unos personajes muy especiales

Distinta obra, también, la de González Martínez en cuanto a los personajes, porque en Llanura, Soledad y Viento todo está humanizado. Cada ser –animal u hombre- habla de su mundo, de sus inquietudes, de sus desdichas, y comparten por igual el incomparable don de pensar, de sufrir y de hablar.
Hay entre los animales extraordinarios diálogos y sorprendentes monólogos, en donde el autor deja entrever una profunda filosofía y un aguda y casi cáustica ironía: Gugudú, el güío que repta pesadamente, el monstruo que comparte con Misael las piezas de caza y que respeta las leyes que este le impone; en uno de sus frecuentes encuentros con Pájaro Pollo, el cobarde chismoso de la selva, le suelta estas palabras que bien podrían ser una lección moralizadora:
“Había prometido devorarte. Di algo, defiéndete; o es que, acaso, ¿eres tú de los que atacan en la sombra, hurtando siempre el cuerpo y escondiendo en tan menguada estatura un alma más pequeña aún? Tienes alas, es verdad, pero las tuyas no son propiamente de ave, sino de cucaracha, o de vampiro, para actuar en las sombras. Odias a todo el mundo, porque todos te desprecian, y vives del insulto a las águilas, a las aves nobles, a quienes no puedes imitar ni en el vuelo, ni en el colorido del plumaje… anda a tu mirador a fisgonearlo todo, a envenenar el ambiente de este bosque con tus chismes… tu manera despreciable de vivir es necesaria para contraste de las vidas buenas, provechosas…”.
Bello ejemplo para quienes quieren sacar partido de cada favor que hacen, de cada servicio que prestan. Recordemos que Gugudú acababa de librar a Pájaro Pollo de la muerte segura entre las garras del temible Juca (el gavilán). 

Sí puede haber armonía y amistad entre el hombre y los animales

Otro personaje que atrae por silencioso, por fiel y por noble es el Murrucu: “ave nocturna de la familia de los Bubónidos, no muy común en el centro del Llano”, según explicación del autor (p. 49). Este “Murruquito” ha quedado abandonado –su madre fue tragada por un lechuzón-; y Misael lo lleva a su casa en donde se convierte en el juguete de su hijo, que solo conoce las inmensas fauces del Güío, la silenciosa majestad de la selva, los escándalos de Pájaro Pollo, el ulular del viento y el lejano azul del cielo.
La simbólica anaconda tiene voz en esta novela 

Desde la llegada de Murrucu, el niño Tatí ha cambiado. Es un niño feliz; a fuerza de manosear al animalucho lo ha desplumado, y de tanto embutirle con el dedo, bocado tras bocado, el pobre pájaro ha enfermado. Pero, así feo, enfermo, grotesco y risible se ha convertido en parte esencial de la vida de Tatí. Estas son las palabras del autor: “Aquel pájaro triste, calumniado, que no sabía canciones ni gorjeos, con su inmensa cabeza pensativa y su corvo pico, convirtió a Tatí en un verdadero niño, que reía, que soñaba y que era feliz en aquel rincón de la llanura… Ave y niño, juntando su desamparo, habían llegado a ser alegres” (p. 58).

Una lección de solidaridad

Este pobre pájaro encuentra el momento de ser útil a Misael: Una noche en que este había salido de caza, pierde la noción del tiempo y del espacio. Un torrencial aguacero hace más desesperante su confusión; pero, el pajarraco aparece, y con el constante agitar de sus alas y con sus menudos y seguros saltos, guía al hombre hasta su casa.

La lucha por la supervivencia

Son dolorosos los episodios en que, con abundancia de detalles, González Martínez describe la tragedia de la familia de simios, que después de enfrentarse a las temibles avispas, deben buscar paz, soledad, alimento y alivio para el jefe que ha salido muy mal librado en el ataque. La vida que lleva el pobre Oso Hormiguero, medio ciego y magullado… y, en fin, los relatos de una lucha constante en la que triunfa el más fuerte o el más sagaz.

Lo invitamos a leer: La literatura fue llegando como fiel notaria de vivencias


Los llaneros creativos y entregados a su suerte

Y al lado de estos miles de habitantes de la selva están: Misael, el llanero fuerte, atrevido y honrado trabajador; Víctor Ramón Galán, el propietario que lucha por la defensa del llano, el hombre que se ha detenido al pie de la selva a dar rienda suelta a sus emociones, a analizar sus impresiones y a buscar solución al problema de las quemas y cómo mejorar las condiciones del llano, sin que ningún político ni ningún padre de la Patria preste oído a sus justos razonamientos. Plácido, el de las coplas cobardes y crueles, que vive las pasiones de la selva exuberante y fascinadora. Su sed de venganza, su odio incontenible y su lujuria lo llevan a la muerte.
Frente a Plácido, y en contrasteun personaje se destaca por su virilidad, su discreción y su honradez, es Moisés el reserofiel a su patrón y luchador incansable por merecer a la mujer que ama. Quizás pensando en él y en Víctor Manuel, el autor haya puesto en boca de Gugudú –otro ser calumniado, silencioso y noble que se había dejado conquistar por la dulzura de la voz y por el brillo cambiante de los ojos de Misael-, quizás por esto, Gugudú dice estas bellas frases: “Que en la obscuridad haya siempre un camino de luz para los necesitados, que generalmente son los buenos y, por ello, sufren…” (p.183).
La obra termina con un magnífico pero doloroso diálogo entre el bondadoso llanero y un su amigo saturado de política y sabedor de que en nuestro país nada tiene solución, y de que mientras más se discutan los problemas más insolubles se tornan.
Con la obra Llanura, Soledad y Viento, la novelística colombiana adquiere más valor, porque gracias a esta novela acrecienta y abrillanta el sitio que le corresponde dentro la literatura latinoamericana.

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