viernes, 31 de mayo de 2013
POR QUÉ LEEMOS MAL
Porque no nos interesamos en el contenido del texto.
Porque no obligamos al cerebro a estar pendiente de las ideas del texto.
Porque nos falta interés por aprender y adquirir cultura y conocimientos por medio del hábito de la lectura. Por eso, elegimos lecturas fáciles, superficiales que no enseñan nada, que no nos dejan vernos a nosotros mismos a través del texto.
Porque no amamos la lectura y preferimos dedicarnos a otros medios más facilistas para emplear nuestro tiempo libre. Leer es una disciplina que se adquiere.
Porque creemos que leer es juntar letras y palabras y no interesarnos por el contenido.
Porque nos conformamos con lo poquito que sabemos y no nos atraen los horizontes culturales que abre la lectura.
Por falta de respeto a quienes nos escuchan, cuando tenemos que leer en público.
Por falta de costumbre. Sólo se aprende a leer, leyendo. Y, además, hacer de la lectura oral un hábito. Para quienes están enseñando a leer es un buen ejercicio la lectura coral porque ella acompasa las voces y colabora para tener un buen ritmo.
miércoles, 24 de abril de 2013
El pasado 22 de marzo
de 2013, salió al mercado editorial el libro número 14 de doña Lucila González
de Chaves, bajo el afortunado título de “Literatura, investigación, lecturas y
análisis”.
El pasado 22 de marzo de 2013, salió al mercado editorial el libro número
14 de doña Lucila González de Chaves, bajo el afortunado título de “Literatura,
investigación, lecturas y análisis”. Se trata de una obra pulcra, bien diseñada
y atractiva, cuya carátula aparece ilustrada con la obra “ En Contravía”, del
artista Óscar Velásquez Tamayo, quién también tuvo el honor de prologar dicho
tratado. Es un compendio de 430 páginas “deliciosas, como toda la creación de
doña Lucila”, dividido en cuatro capítulos, esenciales y coherentes. Ellos son:
1. Ensayos, 2. Poetas, 3. Novelistas, y 4. Libros (comentarios y citas
textuales). El primer capítulo presenta un cúmulo de ensayos tratados con
donosura y propiedad, como: “Presencia femenina en El Quijote”, “Don Quijote o
la caballería rediviva”, “El hidalgo inmortal”, “El sentimiento amoroso en la
literatura”, entre otros 27 adicionales. El segundo capítulo, Poetas, nos
presenta en forma breve y precisa, la vida y obra de poetas entrañables como
Alfonsina Storni, Delmira Agustini, Fancisco Luis Bernárdez, Gabriela Mistral,
Rubén Darío, Sor Juana Inés de la Cruz, entre otros 11 nombres que han
hermoseado por años a la gran literatura. El capítulo tres, estudia a novelistas
esenciales como André Maurois, Ernesto Sábato, Miguel Ángel Asturias, entre
otros. El capítulo cuatro, Libros, se abre como un banquete al buen lector,
pues en 96 extraordinarias páginas nos entrega sendos y breves comentarios bien
fertilizados con citas textuales, certeras y oportunas. El libro cierra con una
bibliografía, a mi juicio, justa y necesaria, y un bosquejo biográfico completo
donde el lector puede cotejar la calidad de la obra y las virtudes mismas
de la autora.
Escribir, que conlleva dos
condiciones esenciales: competencia lingüística y capacidad cognitiva, y,
colateral a ello, múltiples actitudes y aptitudes, no es fácil, por obvias
razones, y es por ello que debemos ponderar, reconocer y recomendar la obra en
su conjunto de doña Lucila González de Chaves, la maestra, por excelencia, del
idioma castellano.
Joven aún, como en el famoso poema del celebrado yarumaleño Epifanio Mejía,
“conocí” a doña Lucila, cuando el bicho de la lectura y la escritura se me había metido
por los ojos y los poros. Entonces yo era un estudiante adolescente, de los
primeros años del bachillerato, en un pueblo antioqueño donde los buenos libros
eran pocos y los suplementos dominicales de los periódicos se constituían
entonces, en una deliciosa golosina. En uno de ellos aparecía una columna hebdomadaria
que ella firmaba con el título de “Funcionalidad del idioma”. Desde entonces,
he sido “alumno” (y por suerte, ahora, amigo) de ese manojito de huesos, saber
y ternura que responde al nombre de Lucila, y que se apellida González, y que
casó con el músico Luis Eduardo Chaves Becerra, con quien tuvo a Luis, Carlos,
Ana y Juan, y ahora aparece en el mar de la virtualidad con el sugerente nombre
virtual de “Aprendiz de brujo”.
Nacida en Medellín, pero llevada a Titiribí desde muy corta edad (por una
de esas jugadas definitivas del destino), vivió allí su infancia (en la tierra
de su admirado poeta Jorge Montoya Toro), al cuidado de los siempre añorados
abuelos y de la tía Maruja Restrepo, a la sazón maestra del pueblo. Muy pronto
regresó a Medellín para ejercer su fructífero magisterio en varias de nuestras
más queridas instituciones educativas, entre ellas el Centro Formativo de
Antioquia, CEFA Hoy, más que nunca, doña Lucila es paradigma viviente de un
idioma vivo,hermoso y dúctil como
nuestro español. Ella, tan parecida hoy en su sonrisa y vigor a su sentencia:
“El idioma siempre será un adolescente”, es ejemplo diario de respeto,
amor y cultivo por el idioma; es desafío vital para nuestros maestros,
periodistas y estudiantes (entre otros especímenes), que maltratan día y noche
el idioma, sin que encuentren en ello reato alguno de conciencia, y menos de
responsabilidad académica.
Cada vez que tengo la oportunidad de saludar y abrazar a doña Lucila, veo
en ella a mi primera maestra, y es entonces cuando esbozo una sonrisa de niño, como cuando Gabo
recibió el Premio Nobel, y acordándose de Rosa Fergusson, su primera maestra,
pronunció su nombre y ensanchó una sonrisa de niño feliz.
Puntada final: bienvenido éste, su libro número 14, mi querida doña Lucila,
y los muchos que le faltan.
viernes, 15 de marzo de 2013
DOÑA LUCILA GONZÁLEZ DE CHAVES, MUJER DE PERSONALIDAD SUBYUGANTE
DOÑA LUCILA GONZALEZ DE CHAVEZ: Mujer
de personalidad subyugante por su inteligencia y en especial por su
sensibilidad y capacidad para realizar
iniciativas educativas y culturales. Su vida laboral se caracterizó por una
entrega disciplinada, creativa, investigativa, innovadora y docente, de
condiciones tan excepcionales, que su solo nombre representa
la excelencia del magisterio antioqueño y la perfección estética de las
prácticas pedagógicas en el aprendizaje y el uso correcto del lenguaje.
Fue Maestra de Maestras y Formadora
de Formadores. Como profesora de Español y Literatura en todos los niveles del
Sistema Educativo Nacional, a la vez que autora de los textos escolares con los
cuales se formaron y siguen educándose
generaciones sucesivas de hablantes, escuchas, lectores y escritores de
modales refinados y cultos, cumplió a cabalidad con una de las principales tareas
que la sociedad, las familias y el Estado le encomiendan a los
educadores: enseñar a los niños y a los jóvenes a pensar, a razonar y a
expresarse correctamente ,a través del conocimiento y el uso apropiado de las estructuras y las
formas del lenguaje.
Para sus alumnos, doña Lucila, como
cariñosamente se le nombra, es un referente obligado cuando se hace alusión a
la producción intelectual y académica con la cual un educador puede y debe
inspirar a sus alumnos, infundiéndoles el deseo de la superación permanente y
la constante búsqueda del conocimiento que sirve de soporte a la realización
personal y al ejercicio de la libertad.
Gabriel Jaime Arango Velásquez
Doctor en Filosofía y Letras
Director del programa de Docencia de
EAFIT
PRESENTACIÓN DE DOÑA LUCILA EN LA
GALA “MAESTROS PARA LA VIDA”,
Teatro Metropolitano - 2012
lunes, 11 de marzo de 2013
PRECISIONES DE LA REAL ACADEMIA
ESPAÑOLA (RAE) EN SU ORTOGRAFÍA DEL AÑO 2011
En su edición del año 2011 (743 p.), la
Real Academia Española conceptúa: Un grupo limitado de palabras que
tradicionalmente se habían escrito con tilde por resultar bisílabas (además de
ser agudas terminadas en -n, -s o vocal), en la pronunciación
de buena parte de los hispanohablantes,
ahora pasan a considerarse monosílabas a efectos de acentuación gráfica,
y a escribirse, por ello, sin tilde, ya que los monosílabos no se acentúan
gráficamente, salvo los que llevan tilde diacrítica.
Las palabras afectadas por este cambio son formas verbales
como crie, crio, criais, crieis (verbo criar), y
las que se usan con el pronombre VOS: vos crias de criar; fie, fio fiais,
fieis y las del voseo: vos fias, (verbo fiar);
flui, fluis (de fluir); frio friais, de freír; frui,
fruis (de fruir = gozar); guie, guio, guiais,
guieis y las del voseo: vos guias, de guiar; hui,
huis (de huir); lie, lio, liais, lieis y
las del voseo: vos lias, de liar; pie,
piais, pieis y las del voseo pias, pia, de piar; rio, riais, de reír.
Sustantivos como guion, ion, muon, pion, prion, ruan y truhan; y
ciertos nombres propios, como Ruan y Sion, también
van sin tilde.
Aunque la ortografía de 1999,
donde se establecieron las citadas convenciones, prescribía ya la escritura sin
tilde de estas palabras, admitía que los hablantes que las pronunciasen como
bisílabas pudiesen seguir acentuándolas gráficamente. En cambio, a partir de la
edición de 2010 se suprime dicha opción, que quiebra el principio de unidad
ortográfica, de modo que las palabras que pasan a considerarse monosílabas por
contener este tipo de diptongos o triptongos ortográficos deben escribirse
ahora obligatoriamente sin tilde.
Esta convención es solo
ortográfica, por lo que no implica, en modo alguno, que los hablantes deban
cambiar la manera en que pronuncian naturalmente estas voces, sea con hiato o
con diptongo.
La palabra solo, tanto
cuando es adverbio y equivale a solamente (Solo llevaba
un par de monedas en el bolsillo) como cuando es adjetivo (No me gusta
estar solo), así como los demostrativos este, ese y aquel, con
sus femeninos y plurales, funcionen como pronombres (Este es
tonto; Quiero aquella) o como determinantes (aquellos tipos,
la chica esa), no deben llevar tilde según las reglas generales
de acentuación, bien por tratarse de palabras llanas terminadas en vocal o
en –s; bien, en el caso de aquel, por ser aguda y
acabar en consonante distinta de n o s.
Aun así, las reglas
ortográficas anteriores prescribían el uso de tilde diacrítica en el
adverbio solo y en los pronombres demostrativos para
distinguirlos, respectivamente, del adjetivo solo y de los
determinantes demostrativos, cuando en un mismo enunciado eran posibles ambas
interpretaciones y podían producirse casos de ambigüedad, como en los ejemplos
siguientes: Trabaja sólo los domingos [= ‘trabaja solamente los
domingos’], para evitar su confusión con Trabaja solo los domingos [=
‘trabaja sin compañía los domingos’]; o ¿Por qué compraron aquéllos
libros usados? (aquéllos es el sujeto de la oración),
frente a ¿Por qué compraron aquellos libros usados? (el sujeto de
esta oración no está expreso y aquellos acompaña al
sustantivo libros).
Sin embargo, ese empleo
tradicional de la tilde en el adverbio solo y los pronombres
demostrativos no cumple el requisito fundamental que justifica el uso de la
tilde diacrítica, , ya que tanto solo como los demostrativos
son siempre palabras tónicas en cualquiera de sus funciones. Por eso, a partir
de ahora (2010, edición española), (2011,
edición en Colombia) se podrá prescindir de la tilde en estas formas incluso en
casos de ambigüedad. La recomendación general es, pues, no tildar nunca estas
palabras.
Hasta ahora se venía
recomendando escribir con tilde la conjunción disyuntiva o cuando
aparecía entre dos cifras, a fin de evitar que pudiera confundirse con el cero.
Este uso de la tilde diacrítica no está justificado desde el punto de vista
prosódico, puesto que la conjunción o es átona (se pronuncia
sin acento) y tampoco se justifica desde el punto de vista gráfico, ya que
tanto en la escritura mecánica como en la manual los espacios en blanco a ambos
lados de la conjunción y su diferente forma y menor altura que el cero evitan
suficientemente que ambos signos puedan confundirse (1 o 2, frente
a 102). Por lo tanto, a partir de este momento, la conjunción o se
escribirá siempre sin tilde, como corresponde a su condición de palabra monosílaba
átona, con independencia de que aparezca entre palabras, cifras o signos: ¿Quieres
té o café?; Terminaré dentro de 3 o 4 días; Escriba los signos + o – en
la casilla correspondiente.
Por primera vez se ofrecen en
la ortografía académica normas explícitas sobre la escritura de las voces o
expresiones prefijadas.
Los prefijos son elementos
afijos, carentes de autonomía, que se anteponen a una base léxica (una palabra
o, a veces, una expresión pluriverbal) a la que aportan diversos valores
semánticos. Se resumen a continuación las normas que deben seguirse para la
correcta escritura de los prefijos en español:
Se escriben siempre soldados (unidos) a
la palabra que afectan, cuando esta es univerbal, es decir, cuando está
constituida por una sola palabra: antiadherente, antirrobo, antitabaco,
cuasiautomático, cuasidelito, exalcohólico, exjefe, exministro, exalumno,
exnovio, expresidente, posmoderno, posventa, precontrato, prepago, proamnistía,
probritánico, provida, superaburrido, superbién, supermodelo, vicealcalde,
vicesecretario, etc. En este caso, no se consideran
correctas las grafías en las que el prefijo aparece unido con guion a la
palabra base (anti-mafia, anti -cancerígeno) o separado de
ella por un espacio en blanco:
(anti mafia, anti cancerígeno).
Si se forma una palabra anteponiendo a la palabra base varios prefijos, estos
deben escribirse igualmente soldados (unidos), sin guion intermedio: antiposmodernista,
requetesuperguapo.
Se unen con guion a la palabra base
cuando esta comienza por mayúscula, de ahí que se emplee este signo de enlace
cuando el prefijo se antepone a una sigla o a un nombre propio univerbal: anti-ALCA, mini-USB, pos-Gorbachov,
pro-Obama. El guion sirve en estos casos para evitar la anomalía que
supone, en nuestro sistema ortográfico, que aparezca una minúscula seguida de
una mayúscula en posición interior de palabra. También es necesario emplear el
guion cuando la base es un número, con el fin de separar la secuencia de letras
de la de cifras: sub-21, super-8.
Se escriben
necesariamente separados de la palabra base a la que afectan, cuando esta es
pluriverbal, es decir, cuando está constituida por varias palabras. Hay
determinados prefijos, como ex-, anti- o pro-, que
son especialmente proclives (propensos a, inclinados a), por su significado, a
unirse a bases o palabras de este tipo, ya se trate de locuciones o de grupos
sintácticos, característica por la cual la gramática ha acuñado para ellos la
denominación de prefijos separables: ex relaciones
públicas, anti pena de muerte, pro derechos humanos. Esta misma
circunstancia puede darse también con otros prefijos: pre Segunda Guerra
Mundial, super en forma, vice primer ministro.
Así pues, un mismo prefijo se
escribirá soldado a la base o palabra, unido a ella con guion o completamente
separado en función de los factores arriba indicados: antimafia,
anti-OTAN, anti ácido láctico; provida, pro-OLP, pro derechos humanos;
supercansado, super-8, super en forma, etc.
Las normas aquí expuestas
rigen para todos los prefijos, incluido ex-. Para este prefijo
se venía prescribiendo hasta ahora la escritura separada —con independencia de
la naturaleza simple o compleja de su base— cuando, con el sentido de ‘que fue
y ya no es’, se antepone a sustantivos que denotan ocupaciones, cargos,
relaciones o parentescos alterables y otro tipo de situaciones circunstanciales
de las personas. A partir de esta edición (2011) de la ortografía, ex- debe
someterse a las normas generales que rigen para la escritura de todos los
prefijos y, por tanto, se escribirá unido a la base si esta es univerbal (exjugador,
exnovio, expresidente, exalumno,
etc.), aunque la palabra prefijada pueda llevar un complemento o adjetivo
especificativo detrás: exjugador del Real Madrid, exnovio de mi
hermana, expresidente brasileño, etc.; y se escribirá separado de la
base si esta es pluriverbal: ex cabeza rapada, ex número uno, ex teniente
de alcalde, ex primera dama, etc.
martes, 26 de febrero de 2013
domingo, 17 de febrero de 2013
Doña Lucila González de Chaves, the masterful teacher of the
language
Doña Lucila González de Chaves, la gran maestra del idioma
En su blog en la Internet, doña Lucila González de Chaves
hace comentarios y apuntes para el correcto uso del castellano. En su página
web se pueden descargar documentos sobre el mismo tema.
![]() |
|
Ilustración
Mateo Camargo / EL MUNDO
|
El lunes 23 de abril de 2012, contando con la gentileza de la
Cámara de Comercio de Medellín, respondimos al llamado amoroso de María Cecilia
Estrada B. para celebrar a doña Lucila, que es lo mismo que decir, celebrar el
idioma castellano (nombre más elegante, a mi juicio, que el de español).
Mi asombro fue mayúsculo cuando una a una se fueron
presentando las personas que asistieron al acto, pues cada una representaba una
institución, ya literaria, ya poética, ya musical, ya artística, en fin, cada
persona era un delegado. Las muestras de cariño, abundantes y diáfanas, sin
zalamerías, sin voces oficiales, resultaron conmovedoras.
Para rematar, el espléndido Coro del Centro de Sistemas
de Antioquia,
Censa, conformado por una muchachada hermosa y un joven director enamorado de
su arte, juntaron música y poesía para hacer del corazón de Lucila González y
de todos quienes estábamos presentes un solo pozo de añoranzas.
Para quien esto escribe, doña Lucila es el paradigma viviente
de un idioma vivo, hermoso y dúctil como nuestro español. Esta vez, como buena
maestra, tampoco desaprovechó la oportunidad para enseñarnos, y las preguntas
que iba formulando un auditorio ansioso y feliz, fueron contestadas una a una,
con la sencillez, la precisión y la maestría de quien ama y sabe lo que está
diciendo. Entonces nos soltó una sentencia, tan cierta como su corazón de
maestra: “El idioma siempre será un adolescente”.
A mi sentido abrazo de su alumno que fui en la distancia de
mi lejano pueblo, donde leía con gozo su columna hebdomadaria de nombre
“Funcionalidad del idioma”, ella respondió recomendando la lectura de un texto
que escribí sobre ella, y que hoy es época de recordar:
“Poco sabemos de su vida después
de tantos años -dice el joven poeta español José Luis Ferris, en su bello texto
‘El elogio de la maestra’-, pero a veces se produce el milagro del reencuentro
al cruzar una calle, al salir del cine o al entrar en un gran almacén. Sucede
que la vemos allí, frente a nosotros, convencidos de que pasará de largo, que
esquivará nuestra presencia cuando estemos cerca, que jamás nos reconocerá
entre la multitud; pero ella se detiene, se detiene y nos mira con ojos de
adivinación, se ilumina de pronto, pronuncia nuestro nombre y nos abraza con
ese viejo calor que habíamos olvidado.
Caemos entonces en la cuenta de que también nosotros
habitamos en ella, que el niño que dejamos de ser aún corre feliz por la
galería de su alma”.
Su vida
Nacida en Medellín, pero llevada a Titiribí desde muy corta
edad, por una de esas jugadas definitivas del destino, vivió allí la infancia,
en la tierra de su admirado poeta Jorge Montoya Toro, al cuidado de
los siempre añorados abuelos y de la tía Maruja Restrepo, a la sazón maestra
del pueblo.
Sus estudios primarios transcurrieron en ese municipio,
matizados por la tranquilidad y el recogimiento que ofrecían antaño los pueblos
de Antioquia, sumado esto al cariño de los abuelos y
la tutela de la maestra.
Entonces llegó la pasión por la lectura. Esa pasión que ha
transformado vidas y hermoseado existencias.
La niña Lucila González (¡todavía no era de Chaves!) creció
devorando libros y leyendo de todo (como le sucediera a nuestro querido maestro
Carrasquilla). Y así, saliendo apenas de la adolescencia, ya había descubierto
el estro arrollador de poetas como Rubén Darío, Federico García Lorca, Amado
Nervo, Juan Ramón Jiménez, Leopoldo Lugones, José Asunción Silva y Rafael
Pombo; conocido los estremecimientos íntimos y fieros de Barba Jacob; la
epopeya narrada por José Eustasio Rivera y los pensamientos largamente
elaborados de Schopenhauer, Víctor Hugo o Dostoievski.
A esa altura de la vida, con 16 escasos años, la jovencita
Lucila González se halla en Medellín, matriculada en el Instituto Central
Femenino, cursando la carrera de Normalista con la clara vocación de maestra y
el amor por la literatura acompañando sus sueños más íntimos, como sucedió con
la Nobel Gabriela Mistral y la combativa y bella Alfonsina Storni.
Y llegó al oficio de maestra; hermoso y duro oficio que
desempeñó con amor y constancia primero en Amagá, Titiribí y Rionegro y más
tarde en Medellín, específicamente en la Institución donde se educó y en la
Universidad Pontificia Bolivariana.
Su magisterio, fortalecido siempre por la vocación y
embellecido por las letras, fue alternado con seminarios, conferencias y cursos
dictados con cariño a estudiantes, profesores, periodistas, ejecutivos y
universitarios.
Su trabajo
Su estudio permanente y su afán por preservar el idioma, le
dieron la sabiduría y la paciencia necesarias para sostener durante mucho
tiempo su reconocida y añorada columna dominical “Funcionalidad del idioma”.
Generaciones completas de estudiantes aprendimos con su bien
diseñada serie “Español y literatura”, libros didácticos para la enseñanza
básica y media. En “Funcionalidad del idioma”, recogió con paciencia y cuidado
las sabias orientaciones de sus columnas periodísticas; en “Un momento para el
idioma”, rescató sus frecuentes conferencias radiales, verdaderos tratados de
pedagogía, del buen hablar y escribir y no pocos consejos para maestros y
noveles escritores.
De su mano fecunda, su estudio permanente y su amor por el
idioma salieron libros tan entrañables y útiles como el titulado “Gramática y
Estilística desde A hasta Z”, una guía sencilla y versátil, ya que en él se
ubican los conceptos en riguroso orden alfabético mediante su índice analítico
de materias y referencias. Este texto, a la altura de Amado Alonso o Gonzalo
Martín Vivaldi, es de consulta obligada para estudiosos del idioma, periodistas
y escritores que de verdad sientan la necesidad y el gusto por el uso impecable
del idioma.
Recorriendo el difícil pero delicioso camino de las letras,
conocí una tarde, hace ya buenos años, a doña Lucila. Compartíamos mesa de
conferencistas con el poeta Hernando García Mejía. Yo estaba recorriendo el
camino sembrado de palabras que ella me enseñó, cuando aún era muy joven y no
tenía ni la más remota esperanza de conocerla.
Aunque nunca la tuve como maestra en clase, al conocerla, la
reconocí mi maestra y esbocé una sonrisa de niño, como cuando Gabo recibió el
Premio Nobel, y acordándose de Rosa Fergusson, su primera maestra, pronunció su
nombre y ensanchó la sonrisa como un niño feliz.
Sé que “somos un pueblo fácil para el olvido”, como dijo
alguna vez mi maestro Manuel Mejía Vallejo, pero también sé que a maestras como
Lucila González de Chaves no se les puede ni se les debe olvidar.
Iván de J. Guzmán;
columnista del periódico El Mundo
…………………………………………….
Fragmento
“¿Creen ustedes que el escritor nace? Esa es la creencia
general, pero dicha afirmación carece de sentido y de veracidad. Se afirma que
la condición de escritor está fuera de la voluntad y de la determinación de los
seres humanos, y no se tiene en cuenta que la mayoría de los escritores se han
formado a sí mismos. Se puede tener una vocación innata o talento natural, gran
imaginación, facilidad de pensamiento, claridad de ideas, capacidad para crear
y escribir; pero, todo esto no basta, puesto que se requiere un largo proceso
de estudio, de perfeccionamiento y disciplina, para poder expresarse
correctamente por medio de la palabra escrita”.
Lucila González de Chaves.
miércoles, 16 de enero de 2013
DON
QUIJOTE O LA CABALLERÍA REDIVIVA
Lucila
González de Chaves
Los orígenes del género literario llamado
Libros de Caballerías están en la rehabilitación del espíritu heroico de la
Edad Media. Su evocación nostálgica hace que sea tratada como creación
literaria. La doctrina amorosa que en los Libros de Caballerías encontramos, es
consecuencia de la poesía provenzal conocida en toda Europa.
El mundo maravilloso del amor cortés se amplía ante los ojos del lector. El amor
cortés o la poesía escrita por los trovadores para rendir homenaje de
admiración a su dama, a la señora de sus pensamientos; ese amor cortés sale de
Provenza y llega a España, a Gran Bretaña, a Italia y a Alemania. El amor
cortés que es un amor sufriente, de tormentas, puede llevar a la locura. A
veces, encontramos el amor cortés con cierta falta de sentido en algunos
personajes –especialmente en las obras de Caballerías- que hablan solamente de
lo más extraordinario. Es que en la caballería andante suceden cosas increíbles
para quien no está iniciado en ella. Por ejemplo:
Una espantable sierpe está riñendo con don
Artidel de España, un gran caballero. De repente, la sierpe huye, se tira a un
lago y convertida en una hermosa joven sale nadando a la orilla.
El príncipe de nombre Lepolemo pelea contra
el viejo Torino convertido en estatua de bronce.
La dama Ipermea llega en forma de grifo
(mitad águila, mitad león), toma en sus garras a los jóvenes que tratan mal a
su protegido don Olivante de Laura, se eleva con ellos en el aire y los suelta
contra el suelo, desde arriba.
Los caballeros andantes creen que hay una
estirpe de sabios y sabias (magos y magas) que los persiguen o los protegen
según que despierten en ellos y ellas repulsión o simpatía. De esta creencia
nacen personajes con grandes poderes como: Uganda, Morgaina, Ipermea, Ardémula,
Taranta, Linigobria, Melisa, Zirfea. Y entre los personajes masculinos:
Artidoro, Artemidoro, Merlín, Alquife, Atlante, Silfeno, Fristón (el peor
enemigo de don Quijote), Arcalaús (el gran enemigo de Amadís de Gaula).
Los romances se conocían mucho en España, y
ellos fueron el primer eslabón literario para conocer y estudiar los libros de
caballerías. Se conocieron en España las leyendas sobre el mago Merlín, quien
aparece varias veces en las novelas y poemas caballerescos. Él es un ser
mitológico que adquiere aspecto humano; a veces es un anciano fabuloso por su
ciencia, que vivió en el siglo VI en las montañas de Escocia; fue amigo y
defensor del rey Artús (Arturo) a quien le ordena fundar la orden de la
Caballería y de la Tabla Redonda.
Merlín es ejemplo de patriotismo y de
heroicidad, a veces mago y profeta, a veces poeta y guerrero. Por amor a la
joven Viviana se condena espontáneamente a un eterno cautiverio.
Don Quijote leyó también las historias del
rey Artús, las de Tristán, las de Lanzarote. Y obras como El Caballero Cifar, la que presenta a un caballero pobre –Cifar- ,
a su esposa Grima y a sus hijos Garfín y Roboán. Esta familia sufre muchísimas
aventuras que consigue superar, a veces mediante la ayuda del mismo Jesucristo.
Este libro de caballería tiene un fondo didáctico: ensalza las virtudes o
valores.
La historia literaria ha hecho diferencias
entre el caballero “atrevido” y el caballero “esforzado”. Según la obra El Caballero Cifar, el que tiene valor
es el caballero esforzado, clase a la cual pertenece Cifar. Frente a los
caballeros heroicos, poderosos y ricos, aparece Cifar con su pobreza, con la
humildad con que resiste los escarnios.
Son obligaciones concernientes a la
caballería andante –y don Quijote lo sabe muy bien- respeto, amor a Dios,
hombría de bien cabal, honestidad a prueba de ocasiones, fe, pundonor y
fidelidad a su dama. Nuestro “Caballero de la Triste Figura” hace esta
reflexión: “Caballero andante sin amores es árbol sin hojas y sin frutos, y
cuerpo sin alma”.
El escritor Juan Montalvo en su obra Capítulos que se le olvidaron a Cervantes,
considera a don Quijote (encarnación de la Caballería) elevado, grave, adusto
en ocasiones, audaz, intrépido, temerario; sensible, amoroso, enamorado,
constante, sincero, fiel.
Es difícil separar los Libros de Caballerías de las novelas sentimentales debido a los
episodios caballerescos que en ellas abundan. Entre las novelas sentimentales y
de aventuras integradas por situaciones caballerescas y amorosas están: Amadís de Gaula (es la obra preferida de
don Quijote), La historia de los dos
enamorados Flores y Blancaflor; Historia del muy valiente Clamades y de la
linda Claramonda.
El Amadís
de Gaula, obra con la cual empieza verdaderamente el género de Libros de Caballerías, tiene un origen
que es casi leyenda: se dice que en el siglo XIV circulaba por Castilla un
libro Amadís dividido en tres
pequeños libros; luego le agregaron un cuarto libro y después un quinto. El Amadís imita claramente al Lanzarote y al Tristán.
El eje de la obra Amadís de Gaula es una corte
de un rey en la que se destaca Amadís, lo mismo que en la corte del rey Artús
(Arturo) y en la del rey Marco sobresalen Lanzarote y Tristán.
Amadís, el hijo del rey Perión de Gaula y de
la princesa Elisena, fue abandonado en un arca en un río y salvado luego por
Gandales. Años más tarde, Amadís llega a la corte del rey de Escocia y se
enamora de Oriana, hija del rey Lisuarte; este gran amor es uno de los hilos
conductores de la historia. Amadís, encarnación del ideal caballeresco, ampara
y defiende a viudas y a doncellas, humilla a caballeros orgullosos, lucha por
la paz; -es también el ideal de don Quijote como caballero andante. Un genio
benéfico llamado Uganda, y otro maléfico, Arcalaús, favorecen y perjudican,
respectivamente, el destino de Amadís: sufre encantamientos y derrotas; también
triunfa, como cuando libera a Oriana.
El rey Lisuarte es hostil a Amadís quien
tiene que separarse de Oriana, y se va a vivir a la Ínsola Firme. Después de
muchas luchas, ausencias y penalidades, por ejemplo: que el rey Lisuarte
entregue a Oriana como esposa al emperador de Roma. Después de luchar y ser
rescatada, tiene lugar la boda de Oriana y Amadís.
Otra obra de caballería muy leída por don
Quijote, es Palmerín de Inglaterra,
un libro que mereció el elogio de Cervantes. Esta obra tiene situaciones menos
complicadas que los otros libros de caballerías, y momentos de gran delicadeza
y generosidad.
Influyó también en don Quijote el libro Lanzarote o el Caballero de la Carreta;
es un poema francés: Artús es el legendario rey de Bretaña y quien preside la
reunión de los caballeros alrededor de una mesa (la Tabla Redonda) para narrar
sus hazañas. Un día, en la fiesta de la Ascensión se presenta en la corte del
rey Artús un caballero extranjero y lanza un desafío: un duelo a muerte; si
dicho caballero pierde, entregará un gran número de damas y caballeros de la
corte de Artús que tiene prisioneros, si gana el duelo, le entregarán a la
reina Ginebra.
Keu ha aceptado el desafío y es vencido, por
tanto, la reina queda prisionera. Las caballeros luchan por rescatarla; después
de muchas y maravillosas aventuras en las que da prueba de valor, de sumisión,
de lealtad, un desconocido llamado Lanzarote, impulsado por su amor a la reina Ginebra,
logra liberarla; pero, ella lo desprecia porque él tuvo algunas dudas al subir
a la carreta (un artefacto en el que exponían a los delincuentes a la vergüenza
pública). La reina Ginebra opina que el amor de un caballero por su dama debe
ser de devoción completa, de sumisión absoluta.
Los amores de Lanzarote y la reina Ginebra
imitan los de Tristán e Isolda. Es el amor cortés que ennoblece al hombre y lo
hace capaz de las más gloriosas hazañas, convirtiéndolo en un héroe, en un
vasallo de “su dama”, la que le impone todos los deberes, pero le permite –si
sabe merecerlas- todas las esperanzas. Esta clase de amor cortés no lleva al
matrimonio, por el contrario, viola sin escrúpulos sus leyes.
Don Quijote revive en el siglo XVII la
caballería andante de la Edad Media, y con él se cierra el ciclo del amor
cortés. Es el último caballero andante que lucha por Dios, por el rey y por su
dama –Dulcinea del Toboso- en beneficio de los demás.
La Caballería:
Institución creada en la Edad Media. Algunos
estudiosos afirman que nació en Alemania y se extendió a todos los demás países
europeos.
Sólo se admitía y se armaba caballero “por la
justicia y el derecho” a los jóvenes nobles y capaces de llevar armas.
Pertenecer a la Caballería era un signo de virilidad y nobleza.
Libros
de Caballerías muy leídos por don Quijote:
Percival el Galo; El Caballero del león;
Cligés; Eric y Enida; Cuento del emperador Otas; Palmerín (sus dos primeras
partes fueron publicadas con los títulos de: Palmerín de Oliva y Primaleón;
esta última parte continúa en Palmerín de Inglaterra, procedente de un texto
portugués); Espejo de Caballerías (su protagonista es Ronaldos de Montalbán);
Libro del invencible caballero Lepolemo o “Caballero de la Cruz”; Belianís de
Grecia; Espejo de príncipes y caballeros (uno de los poemas caballerescos más
admirados por don Quijote).
Caballeros
andantes que influyeron en don Quijote:
Lanzarote (o Lancelote): héroe que
personifica el “amor cortés; amor que todo caballero debe a su dama”.
Fiorovante: lucha contra el rey Balante (en
Italia) y se enamora de la hija de éste, la princesa Dusolina.
Godofredo de Bouillon: rey de Jerusalén.
Tristán: el enamorado de Isolda, en la corte
del rey Artús.
Amadís y Cifar, grandes y esforzados
caballeros, rendidos de amor por la dama de sus pensamientos.
Gigantes
que robaban el sueño y la paz a don Quijote:
Por medio de la constante lectura de los
libros de caballerías, don Quijote supo de gigantes y endriagos; ellos
influyeron en su vida de caballero andante; algunos de esos gigantes son:
Anfeón, Carmadón, Bruciferno, Boralto
Dragontino, Brutillón, Arrastronio el Bravo, Pronastor el Orgulloso,
Grindalafo, Furibundo, Astrobando (que andaba en elefante porque ningún caballo
podía con su peso), Mandanfabul, Calfurnio, Baledón, Bravorante (sólo comía
carne de fieras), Pacanaldo, Cartaduque, Daliagán de la Cueva Oscura, Frandamón
el Desmesurado, Galpatrafo, Luciferno de la Boca Negra, Pasaronte el Malo,
Marisgolfo, Mondragán el Feo, Bracamonte el Espantable, Mordacho de las
Desemejadas Orejas, Serpentino de la Fuente Sangrienta, Nabón el Negro,
Candramarte, Tenuronte el Malo, Argomeo el Cruel, Fierabrás y otros.
BIBLIOGRAFÍA:
Cervantes, Miguel de. El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha
Doren, Mark van. La profesión de don Quijote
Franco, D. La preocupación de
España en su Literatura
García López, José. Literatura española
González Ruiz, N. La
literatura española
Riquer, Martín de. Aproximación al Quijote
Rodríguez, Antonio. El Quijote, mensaje oportuno
Balbuena Prat, Angel. Historia de la literatura española
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