lunes, 12 de agosto de 2019

EL POETA ARGENTINO, BERNÁRDEZ




El paradigmático autor de sonetos




11 agosto de 2019 - 09:03 PM

El soneto no ha perdido su objetivo: continuar y perpetuar el camino del misterio del alma humana.  



El argentino Francisco Luis Bernárdez (1900 – 1978), fue miembro de la Academia Argentina de Letras. Su carrera literaria la inició en España y Portugal, países en donde vivió por muchos años, puesto que fue un poeta diplomático. En España recibió el Premio Nacional de Literatura.

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Sus herencias literarias

En la primera mitad del siglo XIX triunfa en América el romanticismo, que realza la propensión subjetiva y sentimental de la poesía lírica. Andando el siglo, aparece la razón como catalizadora del desbordamiento sentimental: la primera manifestación de tipo objetivo se conoce como “realismo” en la novela, y “parnaso” en la lírica.
La mayoría de los sonetos de la época aluden a cosas o ideas consagradamente bellas, y por ello, el soneto es un bello producto lingüístico que contiene toda la exigencia estética: debe ser “bello”, y “sobre lo bello”; por tanto, debe tener un lenguaje poético; el más revelador recurso, en este sentido, son las llamadas licencias poéticas.

Las imágenes literarias

La mayor parte del lenguaje, del bello decir, se funda en las posibilidades traslaticias de todo idioma; es decir, trasladar los significados de base de los vocablos para revelar la intimidad sentimental o espiritual del poeta. Por eso, la poesía es la audaz transformadora del poder expresivo de las palabras: dar a las que no son poéticas, un valor emocional, poético. El siguiente soneto de Bernárdez es una clara muestra de esa mágica traslación de significados; unos retruécanos y dos o tres vocablos repetidos con infinita belleza, precisión y fe, dan cuenta del embrujo poético:

Soneto a la Natividad de la Santísima Virgen

Vino a la vida para que la muerte
dejara de vivir en nuestra vida,
y para que lo que antes era vida
fuera más muerte que la misma muerte.
Vino a la vida para que la Vida
pudiera darnos vida con su Muerte,
y para que lo que antes era muerte,
fuera más vida que la misma vida.
Desde entonces la vida es tanta vida
y la muerte de ayer tan poca muerte,
que si a la vida le faltara vida,
y a nuestra muerte le sobrara muerte,
con esta Vida nos daría vida
para dar muerte al resto de la muerte.

El soneto

“El soneto es el instrumento poético principal de los últimos siete siglos; la creación formal más importante de la poesía lírica durante toda la edad moderna que abarca esos siete siglos” (César Fernández Moreno).
La poesía lírica fue el campo experimental de nuevas orientaciones. En la lírica contemporánea se observa una importante rebeldía, porque la poesía viene buscando definir sus propios límites y ha logrado, en muchos casos, sacudirse viejos yugos preceptivos.
Pero, el soneto no ha perdido su objetivo: continuar y perpetuar el camino del misterio del alma humana, procurando expresarlo con su herramienta: la palabra, y con la difícil – muy difícil – aplicación de las licencias y figuras literarias.
En el manejo de los adjetivos y de los símiles, Francisco Luis Bernárdez tampoco tiene par, al incrustarlos en sus sonetos; y no son adjetivos vacíos, vocablos de relleno o carentes de valor emocional o filosófico o poético; son adjetivos, todos, con un hondo poder de significación, con una propiedad inalcanzable y una armonía lingüística convocatoria, gracias a su musicalidad exquisita. Leamos con atención su Soneto enamorado, en el que las personificaciones de presencias abstractas, gracias a los símiles, se concretizan en “ella”, en el ser inspirador:

Dulce como el arroyo soñoliento
Mansa como la lluvia distraída,
Pura como la rosa florecida
Y próxima y lejana como el viento.

Esta mujer que siente lo que siento
Y está sangrando por mi propia herida
Tiene la forma justa de mi vida
Y la medida de mi pensamiento.

Cuando me quejo es ella mi querella,
Y cuando callo mi silencio es ella,
Y cuando canto es ella mi canción.

Cuando confío es ella la confianza,
Y cuando espero es ella la esperanza,
Y cuando vivo es ella el corazón.

Hay en Bernárdez, instantes de serenidad, de reflexión, de luminosidad, de transparencia y claridad de las cosas; esos instantes son la suavidad del verso de diáfana musicalidad y elocuencia. Su producción poética tiene una forma lírica inigualable, con muchos toques románticos. Pero quien se detiene en leer sus poemas encontrará la inocultable y ferviente influencia que sobre él tuvo la poesía mística. Son numerosos los sonetos místicos: Soneto a la Virgen de la Asunción, Estampa de san Juan de la Cruz, A san Francisco; y entre las “Canciones cristianas” se destacan: Villancicos, La flagelación, En la resurrección, El pan eucarístico.
Dice uno los pocos estudiosos de la producción literaria de Bernárdez:
“El hombre actual, circuido de problemas y angustias, halla un reposo momentáneo, un oasis exquisito en este poeta que vuelve a conjugar un verbo tan antiguo como el mundo, revistiéndolo de matices antes inadvertidos y prodigándose en sorpresas expresivas de auténtica frescura y esplendidez”.

En Bernárdez, la manera de tratar el amor es - creo - cercana al místico gozo de san Juan de la Cruz, el amado poeta que siempre concibió el amor de manera un tanto diferente a santa Teresa, a quien la torturaba la perentoria necesidad de morir para encontrar a su Dueño, y exclamaba: “Que muero porque no muero”.
En el venerado místico Juan de la Cruz, la definición es certera: “locura de amor que no se cura sino con la presencia y la figura”; y estaba tan lleno del amor a Dios que advierte en uno de sus escritos: “en el atardecer de la vida nos examinarán en el amor”. Su amoroso verso es suave, sosegado, lleno de añoranza:

Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas al otero,
si por ventura vierdes
Aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.

Esa certeza del amor que ilumina, que da armonía al corazón y alegría a la vida, es, casi siempre, temática de Bernárdez; toda ella iluminada por la religiosidad de un espíritu limpio, de un ser que confiere a los elementales conceptos un insospechado valor de altura, un certero y fortificante vigor de ir hacia la claridad para lograr el goce de la Belleza, del Amor, de la Verdad. Inspirado en las lecturas de san Juan de la Cruz y de otros místicos y ascéticos, Bernárdez escribe sonetos como los siguientes:

Nocturno 
(“En una noche obscura”. - San Juan de la Cruz)

¿De quién es esta voz que va conmigo
por el desierto de la noche obscura?
¿De quién es esta voz que me asegura
la certidumbre de lo que persigo?

¿De quién es esta voz que no consigo
reconocer en la tiniebla impura?
¿De quién es esta voz cuya dulzura
me recuerda la voz del pan de trigo?

¿De quién es esta voz que me serena?
¿De quién es esta voz que me levanta?
¿De quién es esta voz que me enajena?

¿De quién es esta voz que, cuando canta,
de quién es esta voz que, cuando suena,
me anuda el corazón a la garganta?

La fe

Por lo desconocida y por lo bella,
por lo profunda y por lo desolada,
esta noche, Señor, es como aquella
que te sirvió de cuna y de posada.

Esta dulce mirada de doncella
con que mira la noche abandonada
es la mirada de la misma estrella
que presenció en silencio tu llegada.

Este dolor es el dolor del hombre
que a pesar de sufrir tuvo confianza
en el advenimiento de tu Nombre.

Estos ojos, Señor, son como aquellos
ojos que no perdieron la esperanza
de que vinieras a llorar por ellos.

Además de lo romántico y de lo místico, sus poemas son, igualmente, la imagen de su propio criterio, de su filosofía y de su propia forma de enfocar la vida:

El silencio

No digas nada, no preguntes nada.
Cuando quieras hablar, quédate mudo:
Que un silencio sin fin sea tu escudo
y al mismo tiempo tu perfecta espada.

No llames si la puerta está cerrada,
no llores si el dolor es más agudo,
no cantes si el camino es menos duro,
no interrogues sino con la mirada.

Y en la calma profunda y transparente
que poco a poco y silenciosamente
inundará tu pecho de este modo,

sentirás el latido enamorado
con que tu corazón recuperado
 te irá diciendo todo, todo, todo.

La lágrima

No sé quién la lloró, pero la siento
(por su calor secreto y su amargura) como
brotada de mi desventura,
como nacida de mi desaliento.

Quizá desde un lejano sufrimiento,
desde los ojos de una estrella pura,
se abrió camino por la noche oscura
para llegar hasta mi sentimiento.

Pero la siento mía, porque alumbra
mi corazón con esa luz sin tasa
que solo puede dar el propio fuego:

Rayo del mismo sol que me deslumbra,
chispa del mismo incendio que me abrasa,
gota del mismo mar en que me anego.

Soneto ausente

El sentido del tiempo se me aclara
desde que te ha dejado y me ha traído,
y el espacio también tiene sentido
desde que con sus leguas nos separa.

El uno tiene ahora canto y cara
porque vive de habernos dividido;
y el otro no sería conocido
si no nos escondiera y alejara.

Desde que somos de la lejanía,
el espacio, que apenas existía,
existe por habernos apartado.

Y el tiempo que discurre hacia la muerte,
no existe por el tiempo que ha pasado
sino por el que falta para verte.


Lea también: Rómulo Góngora: “poeta desde la piel al alma”


Para terminar, debo destacar su libro Poemas de carne y hueso, y su exquisita colección de sonetos a los grandes músicos, especialmente a Bach, Häendel, Beethoven, Schumann, Chopin, Palestrina…

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Amigo Edgar, no lo conozco, pero sé de sus valores espirituales y culturales leyendo sus gentiles comentarios - "¡que exquisitez!" - para cada uno de mis textos. Gracias por leerme, es el mejor regalo que pueden darnos a quienes escribimos. Lucila

Comentarios:

Edgar
Edgar
2019-08-12 07:45:00
Doña Lucila, no conocía al poeta Francisco Luis Bernárdez, qué exquisitez! Muchas gracias.

sábado, 10 de agosto de 2019

CARTA ABIERTA DE LUCILA AL MAESTRO CHAVES- COLUMNA DE IVÁN GUZMÁN


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Carta abierta al maestro

17 junio de 2017 - 12:04 AM
Carta abierta al maestro, es un inmenso testimonio de amor y vida que da cuenta de la relación amorosa y fructífera (por espacio de 60 años), de doña Lucila González y el maestro Luis Eduardo Chaves Becerra

“¡Gracias! A la poetisa, maestra, escritora y periodista Mara Agudelo por su respetuosa y paciente insistencia para que estos relatos y, también, reflexiones muy íntimas saliera a la luz pública”.
Estas son las palabras con las cuáles, en los prolegómenos del libro Carta abierta al maestro, su autora, la maestra del idioma, doña Lucila González de Chaves, agradece a la poetisa Mara Agudelo, sus esfuerzos e insistencia para que el libro se publicara, a más del sentido prólogo que antecede  a las citadas palabras. Sin duda alguna, muy buen entendimiento le asistía a nuestra Mara Agudelo, para gestionar la publicación del libro, por la sencilla razón de que Carta abierta al maestro, es un inmenso testimonio de amor y vida que da cuenta de la relación amorosa y fructífera (por espacio de 60 años), de doña Lucila González y el maestro Luis Eduardo Chaves Becerra. Con la anuencia de  Bernardo Arias Trujillo, el famoso novelista caldense, autor del Diccionario de emociones, digamos que el libro, de 85 bien logradas páginas, y publicado en abril de 2017 (Todográficas, Medellín), es un verdadero diccionario de emociones, donde Lucila, estudiante; Lucila, novia; doña Lucila, esposa; doña Lucila, madre; doña Lucila, maestra; consigna, día a día, en una amorosa cronología, la vida plena de sensaciones, amigos, música y letras, que vivió con el maestro Chaves. Sirva, la lectura del libro, para saber un poco del maestro Chaves, porque (con todo el respeto por nuestra Maestra del idioma, conocemos sus logros y nos maravillamos de su hoja de vida), es claro que pocos saben que el maestro nació en 1913, en Bogotá, y falleció en Medellín, en 2011. De su larga vida matrimonial, nacieron Luis Marcelo, Carlos Eduardo, Ana Cecilia y Juan David. Sus estudios primarios y secundarios, transcurrieron en Bogotá. Su título profesional, es de Concertista en Canto, de la Universidad Nacional de Colombia, con especializaciones en: Canto y Dirección de Coros, seis años en la Universidad de México; Participación en la Ópera de México, como tenor lírico. Especialización  en el “Método Orff” en la Universidad de Salzburgo, Austria. Dirección de orquesta y ópera en la Universidad de Viena, Austria. Cursos intensivos de ópera en Alemania e Italia. Especialización en el “Método Kodaly”, en el Instituto Soltan Kodaly, Hungría. Música sacra, Dirección de Coros y Polifonía en Santiago de Compostela, España. Conciertos en Colombia y en el exterior: en las ciudades de Bogotá, Cali, Barranquilla y Medellín. (Fueron sus pianistas acompañantes: Hilde Adler, Gustavo Lalinde, Harold Martina, Pietro Mascheroni, Jaime Santamaría, Aída Fernández, Gilberto Gamboa, Oriol Rangel, Ricardo Velásquez, Manuel J. Bernal). Conciertos y representación de óperas en la ciudad de México (1945- 1951). Un concierto en la Sala Cultural de El Vaticano, Italia, en 1964. Un concierto en la Embajada colombiana en Roma, Italia, en 1964. Dos conciertos en Alemania y Austria, en 1965. En Medellín (Teatro Ópera, calle Maracaibo), en el Tricentenario del nacimiento de San Juan Bautista de la Salle, en el concierto de homenaje que organizó, fue solista de una de las obras presentadas: La Cantata Nº 78 de J. S. Bach. En 1956 se presentó como solista cantante en el Teatro Colón de Bogotá. Interpretó cuatro lieders de Beethoven y obras de Haendel, Mozart, A. Thomas, Bizet, Wagner y Frank. Dio conciertos en salas y teatros de Medellín, como: Bolívar, Ópera, Lido, Junín, Sala Beethoven de Bellas Artes, Biblioteca Pública Piloto, especialmente el día de su inauguración en la bella casona de la Playa, a pocos pasos de Bellas Artes.
Dice, en páginas finales, esta Carta abierta al Maestro: Miércoles, 16 de marzo: “…Tuve el valor de hablarte al oído de nuestras cosas, de nuestros sesenta años de matrimonio, de alentarte a emprender el camino de la paz y de la luz, a estar tranquilo. Quizás me escuchaste…es que no respondes ya a ningún llamado ni a ningún estímulo; sólo veo tu lucha por respirar. ¡Nos hemos despedido! ¡Me voy con un infinito dolor y sin poder contener las lágrimas!”
Miércoles, 16 de marzo de 2011: “¡Mi maestro! A las nueve y media de la noche te has ido para siempre. Ya estabas listo y el Gran Maestro te tendió los brazos y te dijo ¡VEN!”
Guardaremos en el corazón, mi querida doña Lucila, esta Carta, que ya se me antoja como paradigma de joya entrañable de la literatura, en la ya longa historia literaria de las más famosas cartas de amor.
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jueves, 25 de julio de 2019

OCHENTA Y CUATRO GLORIOSOS AÑOS DEL CEFA



Ochenta y cuatro gloriosos años…


Autor: Lucila González de Chaves

24 julio de 2019 - 09:05 PM

Nuestro himno recoge todo lo que para ese presente y para todo el futuro de la mujer, concibió el siempre amado y recordado fundador del Instituto Central Femenino.

Medellín
Era el año de 1945 y las alumnas del Instituto Central Femenino de Medellín, disfrutábamos de las festividades conmemorativas de los diez años de fundación de nuestro Colegio, el que con el correr del tiempo se llamaría CEFA.

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Uno de los especiales actos fue, en ese momento, el estreno de nuestro amado Himno. Por primera vez iba a ser cantado por todo el alumnado y para ello nos habían exigido llevar el uniforme de gala: medias largas de seda (sin importar la edad), zapatos negros con dos centímetros de altura en el tacón, un vestido azul oscuro, especie de “estilo sastre” con camisa blanca y un sombrerito estilo holandés, también azul. Con esta elegancia y con el orgullo de ser alumnas del I.C.F. desfilamos, cantando, por las calles vecinas a la sede del colegio, la misma de hoy.
Los autores del Himno encabezaban el desfile: el sacerdote sonsoneño, canónigo y doctor Bernardo Jaramillo Arango  autor del poema más didáctico e iluminante, dedicado a la adolescencia femenina; y el compositor que, con acordes marciales, puso las notas al poema convocatorio a mujeres, para escalar todas las cimas: el nunca olvidado maestro Carlos Vieco Ortiz.
Desde entonces, el Himno se ha venido cantado así, tal como fue creado; sin alteraciones caprichosas, ni personales, ni políticas, y continúa marcando la ruta de las, ayer, alumnas del Instituto Central Femenino y de las de hoy, estudiantes del CEFA.
Ese himno- en sus brillantes y poéticas metáforas - es un llamado a superar dificultades, a ser mujeres del futuro, con virtud, dignidad y sabiduría. Nos advierte que la consigna de tener honor, fe, espíritu de sacrificio, amor e idealismo, es nuestra bandera de combate en cualquier campo.
Por su altura poética, filosófica, didáctica y musical es imposible remplazarlo, como lo pretendió hace muchos años una de sus directivas (“de cuyo nombre no quiero acordarme”), dizque porque este himno era anticuado y había que modernizarlo, que era muy romántico, que había expresiones que no se entendían – nada menos que las metáforas - etc. etc.; pero en su afán de “llevar la contraria” no pudo hallar ni un poeta ni un músico que pudieran derrumbar la férrea y elegante estructura del Himno oficial del I.C.F. - CEFA –.
Y, es que todos los principios fundacionales del Colegio están resumidos allí. Nuestro himno recoge todo lo que para ese presente y para todo el futuro de la mujer, concibió el siempre amado y recordado fundador del Instituto Central Femenino, el ilustre profesional, en ese entonces con veintitrés años de edad y Director de Educación en Antioquia, Joaquín Vallejo Arbeláez: era urgente formar mujeres profesionales en todas las áreas, igual que los hombres, pues la mujer solo se ocupaba en ese momento, en aprender a tocar piano, a dibujar, a pintar, a manualidades y a filigranas, a la caligrafía……

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Todo cambió en 1935: nació el único colegio en Colombia formador de mujeres bachilleres que marcaban su paso hacia las universidades. Y lo ha logrado de manera sobresaliente; ha tenido siempre excelentes directoras entre las que destaco, y con honores, a Lola González y a Gladis Otálvaro.
Felicitaciones al CEFA; a sus cuerpos: directivo, administrativo, profesoral y estudiantil; y aplausos por ser, aún en este siglo XXI, bandera de nobles combates, de dignidad y compromiso, de ética y honradez.
Maestro Carlos Vieco Ortiz (1904 – 1979)
Gran figura de la música colombiana, cuya actividad se realizó en el campo de la educación. Fue, durante 26 años profesor de música en el I.C.F. – CEFA.
Muchas de las generaciones que pasaron por los claustros del Instituto Central Femenino, lo vimos con igual vigor espiritual, siempre fiel a sus principios éticos y estéticos; su varonil talante respetuoso, sereno, reposado y humilde. Un músico-maestro que valía por su sobriedad en las palabras, su discreción en la conversación y su receptividad para la belleza y la armonía.
Doy testimonio de su amor por la música y de su devoción por el mensaje que ella entrega; de su ejemplar comportamiento como maestro; de sus métodos sencillos y simples para que sus alumnas aprendiéramos a cantar desde el corazón y desde la alegría de vivir; pudiéremos leer notas en sus pentagramas y distinguir claves.
La producción musical del maestro Vieco abarca más de tres mil composiciones entre: pasillos, bambucos, valses: Invierno y primavera, Triste y lejano, Hacia el Calvario, Plegaria, Tierra labrantía, Cultivando rosas, etc., todas ellas con letras de grandes poetas como León Zafir, Bernardo Mejía Palacio, e interpretadas por figuras destacadas del canto como Alfonso Ortiz Tirado, Margarita Cueto…
El maestro Carlos Vieco fue condecorado con la Cruz de Boyacá, y tres veces con la Estrella de Antioquia: dos en plata y una en oro. Recibió también la Medalla al Mérito de Colcultura y el Premio “Germán Saldarriaga del Valle”.

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Comentarios:

Edgar
Edgar 
2019-07-25 11:53:12
Nostalgia de mis dos hermanitas, felicitaciones!

lunes, 22 de julio de 2019

DOS OBRAS QUE PODRÍAN CONSIDERARSE CLÁSICAS


 Dos obras literarias que podrían considerarse clásicas





21 julio de 2019 - 09:38 PM

A partir de las notas de estudio recopiladas en su archivo personal como maestra y escritora, la autora navega en el universo de Nikos Kazantzakis.



El autor: Nikos Kazantzakis (1885 – 1957)
Narrador, poeta, dramaturgo, abogado y filósofo griego. Viajó largo tiempo por todos los lugares de origen de la cultura greco-cristiana. Su adolescencia fue época de inquietudes espirituales: acosado por asuntos metafísicos y existenciales; por el ateísmo y el “superhombre” de Nietzsche.
Pasó seis meses en un monasterio, obsesionado con preocupaciones espirituales, tratando de alcanzar una unión con Dios. Desde siempre, y hasta sus últimos años, la figura de Jesús estuvo presente en sus pensamientos.

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Dice la crítica literaria que “Kazantzakis es el hombre de las múltiples vidas condensadas, todas inquietas, todas esperanzadas, todas con la mira hacia el horizonte de la historia donde, duramente la paz se hace justicia. […]. El amor a la justicia, la revolución por el pobre, es compromiso con la sociedad, nunca desaparecerán de él, ni en su obra”.

1. El jardín de las rocas:
El odio al hombre blanco está en su apogeo. Kazantzakis asiste a la tragedia de los años que preceden a la Segunda Guerra Mundial. El libro no es propiamente una novela; podría decirse que es un relato histórico. "Capta la incompatibilidad entre el pensamiento y la acción, entre la aspiración a la justicia y su realización…. Conturbado, escribe esta obra”. (Izzet).
 “El tema esencial es el hombre meditativo frente a hombres entregados en cuerpo y alma a la acción, por la fuerza del momento histórico, y, a veces, en detrimento del alma”. De ahí que algunas expresiones se prestan a todo tipo de discusiones:
- “¿A dónde vamos? ¡No preguntéis!... ¡No hay comienzo, no hay fin! Solo existe el momento presente, desbordante de amargura y de dulzura, y lo saboreo hasta las heces”.
- “No razono, no calculo ni obedezco. Me lanzo en pos de mis deseos. Grito e interrogo, golpeando las tinieblas: ¿Quién nos ha arrojado sobre la tierra sin haber consultado nuestra opinión?... La vida es breve y no tenemos tiempo para ser tímidos o morales…”.
Otros conceptos revelan sus percepciones acerca de la belleza, la poesía, lo sutil, lo delicado, etc.:
--“Odio la belleza porque nos seca el corazón y nos inocula un veneno sobrehumano: el olvido”.
-- “Eres un poeta. Tu corazón, en apariencia, tan tierno, es seco y cruel, como el de todos los artistas. Tú no piensas en el sufrimiento del hombre sino en la expresión de su rostro y en las entonaciones de sus gritos cuando sufre”.
Los siguientes conceptos invitan a la reflexión:
-- “Un hombre necesita un poco de locura, si no, nunca se atreverá a cortar la saga y ser libre”.
 --“El secreto de los grandes maestros es como el de la felicidad: esperamos éxtasis, iluminaciones fulminantes, luchas sobrehumanas, y la felicidad es una cosa muy simple, muy humana”.
-- “Dios no se manifiesta en un temblor de tierra, en un incendio, en un milagro; Dios es una leve brisa que pasa”.
-- “Las almas frías y asexuadas solo pueden percibir lo que ve el objetivo del aparato fotográfico. La realidad objetiva, como se le llama. Pero las otras, las almas viriles, las almas femeninas, que son las únicas capaces de amar y de sufrir, entran en contacto ferviente con los paisajes, los hombres y las ideas, y escogen ardientemente sus amores y sus odios”.
-- “Mira todas las cosas como si las vieras por primera vez. Mira todas las cosas como si las vieras por última vez”.
--“Procura colocar tu dolor insignificante dentro del dolor inmenso del mundo, no permitas que tu caso individual cobre proporciones ridículas”.
2. La última tentación
Es una novela dramática y angustiosa. Ideológicamente, difícil de aceptar en muchos círculos religiosos, culturales, sociales: modifica la historia y la personalidad de Cristo, lo mismo que la de los demás personajes bíblicos.
La raíz de este relato, quizás sea esta vivencia expresada por el propio autor: “Desde mi juventud, mi angustia primera, la fuente de todas mis alegrías y de todas mis amarguras fue esta: la lucha incesante e implacable entre la carne y el espíritu… Y mi alma era un campo de batalla donde se enfrentaban aquellos dos ejércitos. Era una angustia abrumadora. Amaba mi cuerpo y no deseaba que se perdiera; amaba mi alma y no quería verla envilecida…”
La primera parte de la novela es un canto de amor a Cristo, Dios y Hombre, un reconocimiento a la misión salvífica de Jesús, un llamado a la lucha por los valores eternos.
Cristo amarillo de Paul Gaugin
El cristo amarillo de Paul Gaugin es la obra artística escogida por la editorial Debate, para ilustrar la portada de la novela La última tentación de Kazantzakis.
......
De las declaraciones del autor en el prólogo tomamos lo siguiente:
“Este libro ha sido escrito para dar un ejemplo supremo al hombre que lucha, para mostrarle que no debe temer al sufrimiento, la tentación o la muerte, porque todo ello puede ser vencido, y ya ha sido vencido. Cristo sufrió, y luego el sufrimiento quedó santificado; la tentación luchó hasta el último instante para extraviarlo, la Tentación fue vencida. Cristo fue crucificado y luego la muerte fue vencida…; al escribir este libro cumplí con mi deber. El deber de un hombre que luchó mucho, que se ha sentido muy atormentado en su vida y que ha esperado mucho. - Estoy seguro de que todo hombre libre que lea este libro rebosante de amor, amará más que nunca, más intensamente a Cristo”.
En la segunda parte del libro desaparece lo espiritual: separa de Jesús la esencia divina; al presentarlo como un hombre, simplemente, le quita sus valores. Cristo es cobarde, miedoso, todos lo creen un enfermo mental. En contraste con él, el autor crea una figura de Judas Iscariote, viril, arriesgado, razonador, fiel a una causa, fácil y decidido en la acción y en la palabra. Así, Cristo aparece todavía más mal librado.-
Las tergiversaciones irritantes abundan: el rayo que deja a José paralítico; el enamoramiento de Jesús por Magdalena, y lo que más molesta a los católicos: la imagen de la madre, María. Sin miramientos, sin ningún respeto, presenta a la Virgen como una mujer prosaica, sin valores espirituales, cruel, una madre que nunca tomó parte en las actividades de su hijo, ni lo acompañó a ningún sitio; una madre muy molesta porque su hijo no se casa… El autor, sin analizarlo dos veces, pone en boca de algunos de sus personajes la certeza de que disfrutar del sexo es encontrar a Dios. -
Con maestría estilística, con una sutilidad extraordinaria, el autor desliza conceptos que repelen la santidad, la castidad, la privación de los goces de los sentidos, etc.
La novela alcanza su más intenso dramatismo en las desgarradoras palabras de desconsuelo, de desencanto que Judas Iscariote, frustrado, dirige a Jesús en aquel largo ensueño - la última tentación - que padece cuando está suspendido de la cruz. Con un poco de recelo, estas palabras atraen y conmueven por lo intensamente humanas; son jirones de un alma que ha perdido la fe, el amor, la paz.
Son muchos los análisis que se han hecho en torno a esta desconcertante obra, uno de ellos, dice: “El Cristo de La última tentación, es el ser que comparte con el autor las angustias y el dolor existencial. Es sujeto de dudas, miedos y culpas. Es el Hijo del Hombre, cuya lucha interior representa su humanidad”.
La película basada en esta obra, realizada por Martín Scorsese fue controvertida y prohibida en muchos teatros.

3. Otras de sus producciones
Odisea: Una secuela moderna. Es un extenso poema de 33.333 versos, que empezó a escribir en 1924, fue reescrito siete veces y publicado en 1938. Está dividido, como la obra de Homero, en 24 rapsodas, y es un registro de su extraordinaria experiencia espiritual.
Zorba el griego, basado en las andanzas de Alexis Zorba quien dice mientras baila sobre las rocas de la playa: “Nosotros tenemos otras metas; metas más elevadas”. ¿Qué metas?, pregunta el autor. Zorba le responde: “Nosotros cavamos para ver qué demonios llevamos por dentro”.
Cristo de nuevo crucificado, obra en la que tiene gran importancia el diálogo como fuente de comunicación. El autor da a entender que es la única forma de entenderse y ayudarse las personas unas a otras. Se ha dicho en la historia literaria que es una “novelaza de feroz actualidad”, y un “referente del cristianismo revolucionario”.
La circunstancia de que Grecia sigue siendo uno de los principales puntos de llegada de los refugiados, esta novela vuelve a estar muy vigente; su autor entiende y afirma que la vida es una lucha incesante en favor de la libertad.
El punto central de este libro es la histórica costumbre de representar la pasión de Cristo. Los ciudadanos más notables de un pueblo hacen la escogencia de los personajes que deben representar las figuras bíblicas. Kazantzakis cuestiona al cristianismo porque en muchas veces utiliza los fundamentos de su doctrina para acceder a prerrogativas.

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“Esta novela es una obra crítica que nos plantea la pregunta sobre la posibilidad real de practicar el cristianismo”. (Alejandro Jiménez)
El pobre de Asís; en este libro expone su concepción del cristianismo.
Su trilogía: 1. Prometeo portador de fuego; 2. Prometeo encadenado; 3. Prometeo liberado; un tratado de profundo contenido, muy leído y detenidamente analizado.

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