jueves, 12 de julio de 2018

¿CÓMO DICE Y ESCRIBE?



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¿Cómo dice y escribe usted?

12 julio de 2018 - 12:07 AM


1. Gerundio.
Lemos en la noticia: “El avión estalló en el aire quedando sus restos esparcidos por el cerro”.
Quedando es el gerundio del verbo quedar. En la anterior cita, dicho gerundio está incorrecto porque indica posterioridad; es decir, primero fue la acción de estallar y luego aparecieron los restos esparcidos.
El gerundio es difícil de emplear; casi siempre lo hacemos incorrectamente. Por eso, los gramáticos aconsejan construir las oraciones  sin él, excepto, cuando se esté muy seguro de su uso correcto. En la noticia debió decirse: El avión estalló en el aire y sus restos se esparcieron por el cerro. (Posteriormente escribiré una columna con los casos correctos del gerundio y los casos en que no debe emplearse).
2. Herir:
Es lamentable que un periodista  escriba: “En la esquina del Café, los sicarios matan siete personas e hieren a trece”.
Las conjunciones se designan hoy como monemas, utilizados para conectar palabras. La como conjunción copulativa – o conectivo-  solo deja lugar a la copulativa Ecuando la palabra siguiente empieza por  i o por hi  (sin diptongo), ejemplos: ella y su hermano; madre e hija. Tengamos en cuenta que delante de palabras que llevan el diptongo hie  no puede emplearse la conjunción E.  Debe decirse: nieva y hiela; golpea y hiere; nieve y hielo; pintura valiosa y hierática.
Además, y en cuanto a la frase del periodista: los sicarios matan siete personas…. Ahí falta la preposición A,  porque “personas” es el complemento directo de la expresión, y cuando este complemento directo se refiere a seres humanos debe construirse gramaticalmente con la preposición (los sicarios matan a siete personas…).
3. Agredir
Hace algunos años, la RAE solo permitía, al conjugar este verbo, las formas que tuvieran la letra iagredí, agredimos, agredirá, etc.
Según la última edición del Diccionario  (DRAE), están permitidas todas las formas verbales (agredo, agredes, agrede, agredimos, agredís, agreden).
4. Satisfacer
Es un verbo compuesto por el adverbio latino “satis” y el verbo latino “facere” que significan, respectivamente: bastante y hacer. Se conjuga como el verbo hacer, anteponiendo la partícula “satis”: satisfago, satisfaces. En futuro se conjuga así: satisfará, satisfarás, satisfará. En el pretérito, se dice: satisfice, satisficiste, satisfizo, satisficimos…
5. Prever, proveer
No hay que confundirlos. El primero significa pensar de antemano las medidas, las precauciones necesarias para hacer frente a lo que va a ocurrir. El segundo verbo es abastecer, suministrar, aprovisionar. Digamos: él prevé el mal tiempo; tú prevés, yo preveo.-- Él provee de alimentos, tú provees, yo proveo; nosotros proveemos, vosotros proveeis, ellos proveen.
6. Plegar
Significa: Hacer pliegues, doblar. // Ceder. // Someterse.
Es verbo irregular y se conjuga como “apretar”: me pliego, te pliegas, se pliega a las órdenes dadas. O bien: pliego la hoja de papel para escribir.
7. Desaforar
Estas son expresiones incorrectas en los medios: “No basta con que se desafore a Kenji Fujimori y a los demás implicados”. “El congresista del bando kenjista Guillermo Bocángel solicitó que se le desafore del Congreso”. “Mafia judicial: desaforan a Carlos Portillo, y critican que no pierda investidura”.
Según el Diccionario panhispánico de dudas y  la conjugación señalada en el DLE, desaforar se conjuga como contar, por lo que lo apropiado es escribir: desafuera,desafuere, desafueran, desafueren, etc., por tanto, las citas anteriores presentan errada conjugación del verbo DESAFORAR:
 Se forma de: des  y  aforar. .
Significa: quebrantar los fueros y privilegios de alguien. // Privar a
alguien del fuero o exención de que goza. […].
8. Concordancia especial
En expresiones como: la mitad de, - el resto de, - la mayoría de, es adecuada la concordancia, tanto con el verbo en plural (la mayoría de los ciudadanos votaron), como con el verbo en singular (la mayoría de los ciudadanos votó).
En los medios de comunicación se pueden encontrar ejemplos como: “La mayoría de los conductores está a favor de prohibir circular carros contaminantes”.  “La mitad de los jóvenes tendrán problemas de audición a los 40 años”. “Un grupo de jabalíes acaba con tres terroristas del Estado Islámico”.
Todos los ejemplos anteriores pueden considerarse correctos, si bien lo más habitual es la concordancia en plural: la mayoría de los votantes decidieron….
La doble concordancia también es correcta si se omite la preposición DEla mayoría  votaron / votó.
En cambio, cuando el verbo lleva   un complemento solo es normal la concordancia en plural: La mayoría de los votantes están satisfechos. Y es obligado el plural si los cuantificadores (infinidad, cantidad, multitud…) se utilizan sin determinante, como: Multitud de personas presenciaron el acto desde la plaza. Cantidad de jóvenes acudieron a votar. Infinidad de casos desagradables han ocurrido después.
En caso de duda, recordemos que la concordancia en plural es siempre adecuada.
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jueves, 5 de julio de 2018

EL LENGUAJE Y LA EMPATÍA - PERIÓDICO EL MUNDO-




Formas verbales y actitudes que generan violencia o malestar

5 julio de 2018 - 12:09 AM
Hay que saber escuchar con la mente y con el cuerpo: interesarnos en su historia

A. En el hablante:
1. Si no hay claridad de pensamiento, si las palabras no son adecuadas y el mensaje es oscuro, inseguro y desordenado, lo que decimos se puede interpretar de diversas maneras, de ahí los malos entendidos y las discusiones.
2. Las ironías (llamadas comúnmente "indirectas") acompañadas de un tono de voz hiriente y de gestos y posturas corporales desagradables. Recordemos que la ironía se construye desde la fonética. Tonos de voz irónicos acompañados de lenguaje gestual y corporal agresivo, dan comienzo a la violencia.
3. Las palabras malsonantes o "palabras feas", "groseras", no sólo son chabacanería y mala educación, sino que con ellas se falta al respecto a las personas y provocan reacciones violentas; además de ser, ellas mismas, el indicador personal de la ordinariez.
4. Los apodos. Generalmente los pone el que se cree "genio", al que se le “sube” la autoestima, porque se juzga maestro del ingenio y del humor, y con ello se complace a sí mismo y no piensa en lo que le ocurre a quien los recibe. Poner apodos es mala educación, ordinariez y, generalmente, demuestra baja autoestima. Sin embargo, los apodos los aceptan entre sí, los muy amigos. Los apodos son diferentes de los sustantivos llamados "hipocorísticos" (términos cariñosos para referirse a las personas allegadas como: Toño, Sola, Quico, Cris, Tita, etc.
5. Las respuestas descomedidas, tales como: “¡yo qué voy a saber!”, "no me importa un comino", “¡de malas!”, "eso es problema suyo", "¡y qué!". "¡haga lo que quiera!"
6. El humor fuera de lugar es lo más ofensivo que hay. Algunas personas quieren consolar a alguien que tiene una pena, contándole un chiste; otros utilizan el humor para disimular errores; otros muchos les dicen patanerías a personas de carácter muy serio; hay quien utiliza el humor, o mejor, el chiste para evadir la verdad, para no tener que hablar con valentía y claridad. Las situaciones serias y peligrosas no se resuelven con apuntes de mal gusto. Además, es conveniente leer libros al respecto, para entender la gran diferencia entre el humor y la jocosidad. Un libro jocoso no es un libro humorístico.
7. Los diminutivos fuera del contexto afectivo, son insoportables; disminuyen la personalidad y desdicen de la seriedad y buena educación de quienes los utilizan. Hoy está muy de moda entre taxistas, vendedoras de almacenes, algunas secretarias, en cafeterías, restaurantes, utilizar términos como: mamita, madrecita, mamacita, mi amorcito, cariñito, capullito, tatica, tesorito, hermanito, papacito, etc.
8. El tuteo y el voceo (tú, vos) cuando nada, absolutamente nada, nos une con la persona que habla o con la que escucha.
 B. En el que escucha:
1. Bostezar mientras le hablan: mala educación y causa de la desmotivación del hablante.
2. Estar con los brazos cruzados y la mirada errante cuando el otro habla de situaciones dolorosas o conflictivas o de otra naturaleza. Los brazos cruzados, pero con gesto amable, son válidos en conferencias, en conversaciones de cierto corte intelectual porque el mensaje que envían es de atención, respeto, reflexión, lo que se afianza con el contacto visual.
3. Cuando el hablante retoma las palabras que oyó, para referirse a los otros, tales como: eres torpe, no seas ridículo, estás muy equivocada, eso no es así, eres un tonto, todo lo haces mal, me avergüenzo de ti..., quien recibe estas expresiones puede pensar: no sirvo para nada; no haré feliz a nadie; no puedo tener amigos...
4. No usar la función fática (sin CE antes de TE) del idioma que es la que retroalimenta la conversación; frases fáticas: ¿si...?, ¿cómo fue?, ¡Ah, qué bien!, explícame un poco más... ¡muy interesante! ¡Me gusta tu opinión al respecto! Además, la mirada atenta también alimenta la conversación.
La condición es no interrumpir al otro en el tema que nos está contando para ponernos a contar los nuestros. Hay que saber escuchar con la mente y con el cuerpo: interesarnos en su historia. Arrebatar la palabra es un defecto odioso, y demuestra no saber escuchar y no tener interés en las personas, además, de poner a la visa nuestra mala educación.
5. Los desagradables gestos cuando el otro habla. Ellos indican que nos molesta el tema, que nos cansa, que nos queremos ir ya que estamos mirando continuamente el reloj, que estamos pensando solamente en hilvanar frases para contradecirlo, para competir con él, para hacerle sentir todo el peso de la poca importancia que tiene su conversación.
¡Qué difícil es la empatía! ¡Ella anida en las palabras y en su fonética, lo mismo que en el lenguaje corporal!


jueves, 28 de junio de 2018

LENGUAJE Y VÍDEOS




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El lenguaje. Los vídeos

28 junio de 2018 - 12:10 AM
El lenguaje representa nuestra más íntima y verdadera condición de humanos; gracias al lenguaje, podemos hacer ciencia; pero, además, gracias al lenguaje existimos y somos

Se ha dicho que “las ciencias nacen del vientre de la Filosofía. En ella se fecundó la semilla que creció hasta alcanzar la madurez, que les permitió en el siglo XIX, hacerse a un nuevo territorio, al campo que cultivamos hoy con la práctica de la investigación, que entrelaza reflexión y acción”.
“Rápidamente, en este reconocimiento formal del campo científico, se dio la diferencia entre las ciencias exactas y naturales y las ciencias sociales y humanas, que a pesar de sus diferencias, y de locos y largos debates sobre ciertos tópicos, de los que siguen algunos vigentes, y a pesar de los innumerables ‘paradigmas’ que se quieren levantar entre ellas como murallas, ellas se mantienen atadas desde las entrañas; coexiste entre ellas ese lazo que las hermana: el lenguaje”. (Notas de lectura y estudio).
Entendemos, entonces, que el lenguaje representa nuestra más íntima y verdadera condición de humanos; gracias al lenguaje, podemos hacer ciencia; pero, además, gracias al lenguaje existimos y somos.
Seguimos transcribiendo nuestras notas del archivo de lectura: “El lenguaje mismo nos estructura, razón que tiene el psicoanálisis para dar la palabra, como vía y condición de su método, porque la experiencia clínica le enseñó a Freud la trascendencia de la realidad del lenguaje como fundante del inconsciente, como determinante en el Hombre. Gracias a su incidencia, la condición biológica y el ciclo mecánico instintual, se ve alterado para dar lugar a la pulsión como fuente de placer y de goce que perturba e interroga la condición orgánica, y obliga a la estructuración psíquica”. 

Bally, Charles. El lenguaje y la vida. Buenos Aires, Lozada, 1977
Godefroy-Barrat. Saber hablar para triunfar. Bogotá: Panamericana, 1996
Searle, John R. Actos del habla, ensayo de filosofía en el lenguaje. Madrid. 1980

Quizás, en otras palabras, se pueda decir que el ser humano no es más que su lenguaje, y con él nos hacemos creadores de las ciencias, de las artes y las ideologías...
Esta naturaleza del lenguaje nos obliga a asumir conscientemente una responsabilidad: el bien decir, y de ahí, el bien hacer. De allí la importancia del saber decir, del saber escribir, porque es con las palabras con las que construimos realidades; con palabras trasmitimos las verdades (o las distorsionamos); con palabras tenemos la posibilidad de crear, mantener y reconstruir lazos (o destruirlos y desunir); ellas tejen o destejen una sociedad, un hogar, una vida.
El lenguaje es el recurso para poder conservar aún la esperanza de construir un mejor vivir, y de mantener con nuestras palabras, un permanente quehacer más ajustado al ideal de lo que aspiramos ser: más humanos, más educados, menos “malapasionados” y “malpensantes”, más seres de lenguaje para poder ser sensibles e irremediablemente atentos y receptivos a la palabra del otro.
La palabra es nuestra esencia; también es estrategia y recurso para regular nuestra relación con el otro, respetar sus pensamientos y su ideología (o herirlo en lo más hondo, o desquitarse = vengar un daño o una derrota); la palabra nos garantiza el respeto a la humanidad que representamos, a nuestra intimidad y a la obligación ética de la regulación del entretejido familiar y social. Con el lenguaje podemos conseguir y mantener un discurso más incluyente, más respetuoso del otro, puesto que sabemos desde siempre que el otro es un mundo diverso del de nosotros, pero que no podemos prescindir de él.

2. Vídeo – con tilde en la i –

El elemento compositivo video, procede del latín y significa ‘yo veo’. Forma términos como videojuego, videoclip o videoconsola, todos ellos sin guion ni espacio intermedios.
De acuerdo con la Ortografía de la lengua españolalos prefijos y elementos compositivos se escriben siempre unidos a la base a la que afectan: videojuego, videoclip, videoconsolano: video juegovideo clip; tampoco: video-consola, video –juego.
Además, en el caso concreto de video: como sustantivo lleva tilde: el vídeo, los vídeos; como elemento compositivo se escribe siempre sin acento ortográfico: videoconferencia, videovigilancia, videoarbitraje, y novídeoconferencia, vídeovigilancia ni vídeoarbitraje.
Frases correctas: “Según la Organización Mundial de la Salud, el trastorno por videojuegos ya es tratado como una enfermedad mental”. “Autoridades de Bolivia y Perú acordaron reuniones técnicas por videoconferencia”. “Estrena Jennifer López videoclip en plataformas digitales”. “Un videojuego que consiste en destruir a tu oponente para sobrevivir y que ya han descargado más de 40 millones de usuarios de videoconsolas”.

Para tener en cuenta:
“En primer lugar, Dios da sentido a tu lenguaje, y tu lenguaje, si tiene sentido, te muestra a Dios”.
 (Antoine de Saint-Exupèry)


domingo, 24 de junio de 2018

DOS GRANDES NOVELAS JAPONESAS



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Dos grandes obras de la literatura japonesa. Un poco de historia 


24 junio de 2018 - 02:00 PM

Dicen los historiadores que la cultura japonesa se inicia con las inmigraciones procedentes de Corea. La tradición literaria se fija después del siglo IV d. C. El historiador inglés Aston, distingue siete períodos:

.

1. Período arcaico:
Comienzos del año 710. La obra más importante de este período es El libro de las cosas antiguas; un acopio de mitos y tradiciones primitivas.

2. El siglo de Nara:
Año 710 al 794. Se destaca la lírica breve; sus versos no tienen rima y la forma más usada es el tanka, un poema breve de treinta y una sílabas (5-7-5-7-7sílabas), que expresa con un solo trazo lírico, paisajes fugaces de la naturaleza o del alma del poeta, “en síntesis perfectas, no siempre comprensibles para los occidentales”.

3. Período clásico:
(Del 794 a 1186). Dice el historiador y crítico Ramón D. Perés que “la literatura japonesa de esta época es de gusto refinado, propia de las clases altas que la producían”.
A este período pertenece la colección poética de diversos autores, conocida con el título de Kokinshu, prologada por el poeta Tsurayuki, quien expresa: “La poesía nació cuando fueron creados el cielo y la tierra, escuchando el ruiseñor que canta entre las flores… La poesía del Japón tiene en el corazón humano su propio asiento”.
En la prosa sobresale la novela de tema cortesano Ghenzi Monogatari, cuya autora es la poetisa Murasaki Shikibu; esta novela de cuatro mil páginas, pinta escenas de la vida social en Kioto.

4. Período de la decadencia:
(1186 – 1332, siglos XII al XIV) En este, la capital de Japón se estableció en Kamakura. No hay mucha resonancia literaria.
Sin embargo, otros estudiosos de la literatura japonesa, conceptúan que en el siglo XIII apareció el hokku haiku, lo que en el mundo occidental se conoce como hai kai; es la forma más corta de verso japonés: diecisiete sílabas, (que no son las sílabas del idioma español): 5 – 7 – 5, igual que la primera parte de un tanka.
El primer haiku que se conserva es de principios del siglo XIII, por ejemplo, este, escrito por Fujiwara: 
Un enjambre de pétalos de cerezo
Revolotea: ¡Y ahí llega,
Persiguiéndolo, la tormenta!

5. Período medieval:
(1332 – 1603) Tiene diversas etapas:
En la cuarta y quinta, entran en acción voces de guerreros y monjes. La poesía es épica y son notables las obras históricas.
El drama lírico nace en el siglo XIV, continúa en el XV y desaparece en el XVI porque dejó de escribirse. Las obras dramaticolíricas eran representaciones religiosas; pero luego se convirtieron en ceremonias oficiales.

6. Período de Yedo:
(Nombre antiguo de Tokio) (1603 – 1868). Dice el citado historiador que “esta etapa es inferior en calidades literarias, y tiene influencia china”.

7. Período de Tokio o contemporáneo:
 Comprende desde 1869 hasta nuestros días. En la novela, en el teatro, en la poesía se conserva con vigor el perfil nacional japonés.
Desde mitad del siglo XIX se intensificó en el país el estudio de las lenguas europeas, especialmente del inglés.
A esta etapa pertenecen los escritores Yasunari Kawabata (1899 – 1972) y Okakura Kakuzo (1862 – 1913)

                                   País de nieve (Yasunari Kawabata)

 Kawabata (1899 – 1972), conquistó para el Japón, en 1968, el primer premio Nobel de Literatura. Los anteriores habían sido en física. Ganó fama como extraordinario pintor de mujeres. La mayoría de sus libros se caracterizan por el sentido de soledad y por las experiencias de sus viajes en su juventud. Ha sido considerado por sus compatriotas como un “tesoro humano” dentro del ambiente literario japonés.
Su gran obra: País de nieve, es la historia de un japonés -sin historia- que desde Tokio viaja cada año a las montañas para gozar de la compañía de las “geishas”. Podría aplicarse aquí lo que dijo el escritor español Pío Baroja: “Es posible una novela sin historia, sin arquitectura”.
Es un libro objetivo que no descarta los toques poéticos en algunas de las descripciones y en su enamoramiento de una muchacha de quien lo desconoce todo. Esta obra no acusa ningún problema: ni filosófico, ni social, ni existencial; los aspectos emocionales no llegan a ser conflictivos. El interés se centra en el paisaje, en el que la blancura de la nieve y el frío son personajes. Se desenvuelve como la novela clásica: en una composición lineal (desarrollo lógico de asuntos) y composición individual (la estructura de la novela se pliega para seguir al protagonista).
Son interesantes los apartes dedicados a la vida de las geishas, a los albergues, a las ferias de “Chijimi” (chijimi es la tela que se fabrica con el cáñamo cosechado en los campos). Dice: “El hilo se hila en la nieve y se teje en la nieve. Y es la nieve la que blanquea la tela. Toda la fabricación empieza y termina en la nieve. La tela del chijimi solo existe porque la nieve existe…”. (p. 215).
Los personajes principales: Shimamura, el hombre que resuelve su vida entre Tokio y una estación terminal, en cuyo albergue se deja amar por una geisha. Sus intereses residen en la danza y el ballet. Se deja llevar, se deja amar, se deja pensar… Los breves contactos con otras personas no dejan huellas en él. Este hombre hace parte de lo que el crítico Amorós llama “personajes round” que pueden tener varias facetas, no se pueden resumir en una frase y nos sorprenden al actuar.
Los restantes personajes participan del concepto del novelista y crítico Foster: “Los personajes de la novela de hoy son seres indecisos. Invisibles en sus tres cuartas partes, como los icebergs”.
En contraste con Shimamura está Komako, la mujer que se hizo geisha para pagar los gastos de la enfermedad de su antiguo novio, quien muere de tuberculosis. Komako, se entrega a este viajero que es Shimamura y llega a amarlo sin ninguna esperanza: él es un hombre con esposa e hijos, que cada año repite su viaje en busca de la geisha.
Yoko, la muchacha a quien el protagonista conoce en el tren: una mujer silenciosa, bella, pensativa; cuando habla, su voz acaricia, y su eco queda flotando largo tiempo en el oído y en el corazón de quien la escucha. Nada la ata a la vida. Yoko es como la ilusión: siempre insinuada, entrevista; inconquistada, imposible, distante.
El escritor Armel Guerne presenta esta obra en párrafos de sin igual belleza:
“La novela de la blancura. Cabe preguntarse si la música deliciosa y refinada de los sentidos, cultivada como una filosofía o como un arte y, hasta quizás, como una sabiduría, entendida más profundamente que la voz del corazón, escuchada en la prolongación de sus ecos hasta el alma del silencio interior, está dotada de una magia capaz de abrir a alguien las puertas de su libertad, de metamorfosear sus alegrías en dicha, y esta dicha en una serenidad que sería sinónimo de certidumbre, de plenitud y de paz. O por el contrario, debemos creer que solo detenta esta gracia redentora el doloroso amor, enteramente hecho de sacrifico y de silencio en la donación de sí mismo: ese suave calor inmaterial que nace y se propaga en lo más secreto del corazón, y el ciego misterio de una armonía inaudible, el amor más soberano que la carne atormentada que lo soporta”. (p. 13). 

                                 El libro del té  (Okakura Kakuzo)

La historia del té, los ritos para su elaboración, la ceremonia para tomarlo, están expresados con gran erudición en esta invaluable obra. Leemos despaciosamente y vamos aprendiendo sobre la vida, sobre los sentimientos más que sobre las pasiones, contenidas estas, por medio de la cortesía habitual en los japoneses, por su civilización moral y por sus tradiciones, de cuya pérdida habla el autor Kakuzo con cierta melancolía.
Y para entender el trascendente disfrute del té, hay escuelas especiales, pues cultivar el té, procesarlo y tomarlo es un arte; por eso el autor habla del “téismo”, haciendo hincapié en la tilde sobre la E, porque no son lo mismo: teísmo y téismo: el primero (con tilde en la i) es una creencia religiosa; el segundo vocablo nace para indicar el ceremonial del té.
Con una claridad de pensamiento y de palabra, expone las teorías del taoísmo y del zennismo; sus reflexiones en torno a su civilización; su religión; su dominio sobre las pasiones, sin renunciar a lo sentimental; el valor de la lealtad, practicada en el respeto y en la cortesía.
En El libro del té, el lector puede precisar lo simbólico que es para los japoneses el té, la trascendente significación que él tiene en su historia, en su idiosincrasia. La siguiente frase es clave, si se lee despacio y con un poco de hermenéutica. El autor – con cierta intención no libre de crítica - nos dice a los occidentales:
“Nos acusáis de tener demasiado té, pero, ¿no podemos nosotros sospechar que a vosotros os falta té en vuestra constitución?”
Y, agrega: “El sabor del té posee un encanto sutil que lo hace irresistible y muy particularmente susceptible a la idealización”.
El lector avezado no puede dejar de descubrir los relampagueos poéticos:
“….bajó al jardín, y sacudiendo un árbol, llenó el suelo de púrpura y de oro, ¡pedazos del manto de brocado del otoño!”
Y, su concepción artística:
 “El arte no tiene valor más que en cuanto habla de nuestra sensibilidad….; de la melancolía…”.
Inmediatamente se enciende en el lector ese secreto sentimiento, esa esencia de vida que es el goce de las pequeñas cosas…
La historia literaria universal registra rápidamente al autor como a “un escritor para jóvenes, invitándolos a conocer sus tradiciones japonesas, y a no dejarse llevar por la invasión de los ideales occidentales”.
Es que los años de 1900 fueron una etapa muy convulsa en la historia del Japón: salía del feudalismo y abría su conexión con el mundo.
Kakuzo - afirman los literatos - “tiene influencia del escritor japonés, Tanizaki, especialmente de su obra “El elogio de la sombra”, donde expone “la belleza de las cosas que han sido usadas”.
Es decir, ¡las cosas que tienen las marcas imborrables del tiempo!
En japonés, es costumbre referirse a los escritores, escribiendo primero el apellido y luego el nombre. Kakuzo fue filósofo, artista; escribió sobre historia e incursionó en crítica sobre el arte de su país. Defensor de las tradiciones ancestrales japonesas, acorraladas por la modernización y la cultura occidental.