viernes, 15 de diciembre de 2017

LEER CON LIBERTAD



Leer con libertad o sin ella

Autor: Lucila González de Chaves
23 noviembre de 2017 - 12:08 AM

Estamos en un momento de perfección educativa, de cambios obligados en todo, ya no hay tiempo para la lectura placentera.

Un regocijo, una fiesta es leer con libertad; con libre escogencia; y tomar de la lectura lo que nos plazca, para luego pasar a otro libro: novela, cuento, poesía, historia, ensayo…, es el regalo de saber y poder  leer.
Esta es la clase de lectura que ha bajado en las encuestas, y sigue bajando,  porque la mayoría de la población estudia para profesionalizarse y, luego, estudia aún más para especializarse.
Los tiempos cambian: las anteriores generaciones no tenían el agobio del estudio investigativo, comparativo, deductivo; simplemente, todo transcurría en el colegio y en la universidad, con profesor al frente para explicarlo todo; de esa manera, había tiempo para la lectura por placer.
Estamos en un momento de perfección educativa, de cambios obligados en todo: profesores, materias, metodologías, competencias, estrategias, profesiones, procesos, logros, activación hasta el cansancio de creatividad, de conciencia crítica, de juicios analíticos de sí mismos y de los otros, de lo leído y lo estudiado… Cambios  que quieren hacer dar el gran salto al alumno, sin paliar la transición; ojalá no sea un salto en el vacío, porque no se le ha dado tiempo de poner los pies en la tierra, no se le ha guiado para que observe cuantos obstáculos graves tiene a su alrededor, amenazantes cada minuto para maestro y estudiante; y todo ello, con rapidez porque el tiempo de las innovaciones apremia. Ya vienen en camino otros cambios….
PARA PENSARLO…
Un sabio dijo, no hace mucho, en la universidad Nova Sautheastern de Florida, EE.UU. que retener  a un alumno más de veinte minutos en un mismo tema, contribuía a disminuir sus capacidades, porque esta nueva generación es capaz de hacer, entender y aprender varias cosas al mismo tiempo y con toda eficiencia: atender el celular, oír música, hacer tareas, ver un vídeo, atender a las redes sociales, consultar los temas de filosofía, leer en Internet, etc….Que es el maestro el que debe cambiar su sistema de enseñanza, para que ella sea de una alta exigencia, compacta, rápida…
Los alumnos  deben realizarlo todo con excelentes aciertos, no importa que no tengan bases.
 Hoy,  es el alumno el que debe acudir, con investigaciones precisas y lecturas extensas de documentos, muchas veces no entendidos, a completar la clase, a solucionar las incógnitas que plantea el profesor o que le señalan los textos.
Todo cambió porque como colombianos muy identificados con modelos extranjeros, nos hemos excedido, y la mayoría de los profesores dejaron en manos de los alumnos – para que sean sujetos de su propia educación como rezan las acertadas teorías de Pablo Freire – y de la familia la formación integral, holística como se dice hoy, que a ellos correspondía.
Para llevar a cabo todo este trabajo, el alumno necesita leer mucho y mucho, pero no los libros que las encuestas y las librerías esperan y señalan.
Es otra clase de lectura: exigente, agotadora, atenta, reflexiva que lleve a la intuición del conocimiento o que obligue al estudiante a deducirlo, después de luchar con textos y “documentos” extensos, engorrosos y agotadores.
Esta es la lectura que de continuo realizan en un alto porcentaje los seres humanos de este último tiempo: LA LECTURA DE ESTUDIO, la que no se ve, la que no se compra en librerías, la que no se lee en parques, ni en metros, ni en sitios de recreo, sino una lectura que se  realiza recogidamente en el “cuarto de estudio”; la que ignoran los libreros, los encuestadores y las gentes del común.

martes, 12 de diciembre de 2017

POESÍA PURA Y LAS JITANJÁFORAS


Juego y poesía. La poesía “pura” y las jitanjáforas

Autor: Lucila González de Chaves
10 diciembre de 2017 - 12:14 AM

La maestra y escritora Lucila González de Chaves explica y deja importantes ejemplos de las jitanjáforas, figura poética excepcional




La “poesía pura” en la literatura es un tema muy analizado y controvertido a lo largo de la historia.
Para algunos estudiosos, “poesía pura” es una poesía depurada de elementos no poéticos. Se hace una selección, una destilación de todo lo impuro; es decir, de lo humano: sentimientos, anécdotas, descripciones, etc.
Para otros, “pureza” es autenticidad. Se habla de ser “sincero”, “leal”, como reacción contra el romanticismo.
Hay quienes afirman que poesía “pura” es todo lo que permanece en el poema, después de haber eliminado todo lo que no es poesía. “Pura” es igual a “simple”, químicamente.
Otros la definen como aquella poesía de asociaciones de sílabas que no se proponen significar nada.
La expresión “poesía pura” se aplicó especialmente a la mal llamada Generación del 27 – 1927 - (“Grupo 27”, según el crítico Mateo Velasco), en España, y dentro de ese grupo, sólo a los poetas catedráticos: Jorge Guillén y Pedro Salinas. Sin embargo, el tiempo desmintió esta clasificación, porque estos poetas fueron después cantores existenciales. Y el mismo Guillén dijo: “Si hay poesía, tiene que ser humana, porque un poema ‘deshumano’ es una imposibilidad física y metafísica”.
A propósito de poesía “pura”, se ha recordado que la literatura se hace con palabras, no con ideas, así como la música se hace con sonidos y la pintura con colores; debemos recordar que las palabras son, precisamente, el lenguaje humano.
El crítico Francisco Ayala afirma que las palabras son signos; encierran ideas, hechos que no registran ni los sonidos ni los colores; y expresa categóricamente: “La poesía pura es un empeño desesperado”. En la expresión literaria existirá siempre un elemento intelectual.
La impresión estética nos hace recibir un mensaje que puede ser muy tenue o muy intenso, según los valores de la expresión poética.
Hay otra historia:
En 1920 y años siguientes tuvieron importancia algunos hechos en Cuba: se agrupan los mejores poetas de vanguardia, entre ellos: Agustín Acosta, Felipe Pichardo y algunos otros que iniciaron la etapa siguiente llamada “Vanguardismo social”.
En 1926 se editó el libro La poesía moderna en Cuba. En una de sus secciones se hablaba de “los nuevos”. Entre ellos se destacaba Mariano Brull (1891 – 1956), recordado por ser uno de los propulsores de la “poesía pura”, la que se constituía en otra vertiente del vanguardismo, con antecedentes en el poeta Valery y propagado por el abate Henri Bremond en Francia.
Según esta teoría, “la poesía no necesita de la razón para ser comprendida”, o dicho de otra manera: “la poesía no necesita de la razón porque su función estética se agota por fuera de ella”. 
Y, ¿las jitanjáforas?
El poeta cubano, Mariano Bull construyó algunos poemas sin sentido, solamente con fonemas. De una de esas estrofas sacó el gran escritor mexicano Alfonso Reyes el nombre de esta forma de escribir: “jitanjáforas”.
Esta es una estrofa del poeta Bull:
Filifiama alabe cundre
ala olelínea alifera
alveolea jitanjáfora
liris salumba salífera
oliviaoleo olorite
alalal Cáfora Sandra
milingitara girófora
zumbra ulalindre calandra
 Ante todo, en la jitanjáfora se acepta el juego. Se lee en voz alta para captar el medio musical. Y, al decir de Andrés Amorós, al referirse específicamente a una página de la obra Rayuela de Julio Cortázar, capítulo 68, hay allí escenas de amor físico, evocados con medios musicales que fácilmente pueden catalogarse como jitanjáforas; sin embargo, no se prescinde de lo significativo.
Y el crítico citado sigue hablando en el mismo texto: “….hay que defender una literatura impura expresión de un hombre concreto, histórico, con todas las impurezas que una vida humana lleva consigo y que constituyen, a la vez, su grandeza y su debilidad. Literatura impura, que no prescinda de la autenticidad humana ni deje de apuntar a la belleza y a las exigencias de toda creación artística”.
Pero, veamos otros conceptos sobre estos juegos verbales. Dice el ensayista mexicano Alfonso Reyes que las jitanjáforas no se dirigen a la razón, sino a la sensación y a la fantasía. Las palabras no buscan un fin útil, sino que juegan solas. Son impulsos rítmicos. La jitanjáfora es una flor verbal que nunca ahoga el lenguaje práctico.
Este es un ejemplo de jitanjáfora escrita por el poeta colombiano Porfirio Barba Jacob, cuando aún era muy joven: 
La galindinjóndi, júndi,
la járdi,jándi jató,
la farajija jija
la farajija fo.
Yaso deifo deiste hundió
donei sópo don comiso,
¡Samalesita!.
Las jitanjáforas son o puras o cultas. La jitanjáfora pura es de carácter popular. Se caracteriza por no tener en cuenta los cánones de la lógica y de la lingüística. Las hay de varias clases:
Los signos orales que no llegan a constituir palabras, como las señales para llamar la atención: “pst”, “bs”, “fs.”.
La onomatopeya:
“pun” (trueno)
“tan” (golpe)
“gua, guá” (perro)
“grrr” (perro bravo)
“cro, cro, cro” (rana)
 “runrún” (ruido confuso de voces)
(Onomatopeya es la formación de una palabra por imitación del sonido de aquello que se designa).
Las interjecciones, que no llegan a ser palabras: “ujú, újule, épale, upa”.
-El lenguaje de las aves: cúu, cúu, cúu, cúu (la tórtola), “quiquiriquí” (gallo).
Las jitanjáforas de la cuna o canciones de arrullo: rorororró, arrurú.
Las glosolalias pueriles: juegos, corros, ejercicios de dicción y de retención, como:
“materilerileron”, “unica, dosica, tresica”, “desnarizorejará”, “desnarizorejador” “una, dola, trena, catrena”, “ene, tene, tri”, “desconstantinopolizará”, “desconstantinopolizador”.
(Un notica sacada de los dulces recuerdos: muchísimas personas como yo, aprendimos a entonar con expresividad y armonía frases y textos, a vocalizar bien las palabras, a articularlas con corrección, además de recrear el oído con dichas expresiones rítmicas, gracias a que los abuelos repetían con nosotros dichas glosolalias, y, luego de aprendidas, nos celebraban nuestras continuas repeticiones).
Las brujerías, los ensalmos, magias, conjuros, como: “noval, rival, vanorbi” (mal de ojo para recién casados). “Abracadabra” (solución mágica).
Las canciones populares que hacen a un lado la lógica o la gramática, como esta del siglo XVI:
Quando bon hombe viene de vino
¡O Dios de mi vida!
Halara semengiere perdida.
¡O Dios de mi vida!
Animalida.
dorlopida,
lagoni, Lagosa,
Oziga. Lorida
¡O Dios de mi vida!
Las estrofas tontascomo estos versos de un sainete argentino:
“El sol sale de día,
La luna sale de noche,
Cuatro ruedas tiene mi coche
Con mucha melancolía.
Los gritos de guerra del soldado al disparar: Con estos se relacionan los gritos de los estudiantes, los de los equipos y sus hinchas, y los de algunos bailes y canciones modernos.
La jitanjáfora culta ofrece dos aspectos:
-El dislate culto que respeta la gramática, pero es absurdo en cuanto a las relaciones intelectuales inverosímiles.
-La expresión extrema de la fantasía, que juega con los valores acústicos sin sentido, como este ejemplo, en boca de un personaje:
Oye amiga remoción:
Tú no sabes el cajón
que llevo dentro del alma,
que cual carpintero ensalma
las tablas con el martillo
y el amor que ya cepillo.
Y este otro ejemplo de poetas bobos, cuyas producciones van haciendo parte del folclor:
Ayer saliste de misa,
te saludé deferente,
pude ver en tu sonrisa
que había fríjol en tu diente.
En esta clase de jitanjáforas, se destaca la que insiste en el disparate racional y es llamada por algunos estudiosos: NONSENSE.
Ya en el siglo XVIII – y aún antes - el idioma español contaba con aquellas llamadas rimas “atroces” o “quintillas disparatadas”. Este ejemplo del año 1496 está citado por Fr. Martín Sarmiento en sus “Memorias para la historia de la poesía y poetas españoles”:
Anoche de madrugada,
ya después de mediodía,
vi venir en romería
una nube muy cargada, etc. (sic)
No después de mucho rato, 
vi venir un orinal
puesto de pontifical

como tres con un zapato.
Y allí vi venir un gato
cargado de verdolagas,
y al “parce mihi”, sin bragas,
caballero en un gran pato,
por hacer más aparato.

martes, 21 de noviembre de 2017

EXCELENCIA LITERARIA DE MARTÍN VIGIL


José Luis Martín Vigil, una luz literaria que

 solo fue un relámpago



19 noviembre de 2017 - 02:00 PM

Su estro literario fue fructífero desde siempre; pero, su gloria de gran novelista solo duró un poco más de diez años. ¿Por qué dicen que la causa fue su homosexualidad?


MedellínEl 20 de febrero de 2011, muere una gran figura de la literatura española, José Luis Martín Vigil; había nacido en 1919.
Ingresó en la Compañía de Jesús en 1948 y fue ordenado sacerdote en 1953. Sus minuciosos biógrafos se detienen en los avatares de su vida sacerdotal: a veces le negaban el permiso de confesar; a veces, el derecho a predicar; y hablan de sus rebeldías, de su homosexualidad, etc.
En 1958 abandonó la Compañía de Jesús y renunció al sacerdocio; continuó su vida de educador, la que lo convirtió en un acertado conocedor de la idiosincrasia de la juventud: inquietudes, anhelos, ilusiones, errores, exacerbada sensibilidad, heroicos sueños…. Todas estas experiencias, el exsacerdote (una sola palabra) las convirtió en obras literarias que lo llevaron a la fama entre 1960 y un poco más de 1970.
El ensayista Pedro M. Lamet que conoció y analizó las obras de Martín Vigil, conceptuó sobre su testamento: “En él confiesa abiertamente su fe, su amor a la Compañía de Jesús… y se despide con una enorme sencillez”.
El exjesuita dice: “Bueno, al fin muero cristiano como empecé. Creo en Dios, amo a Dios, espero en Dios. […] no conozco el odio, no necesito perdonar a nadie. […]. Amé al prójimo. […]. No haré un discurso sobre mi paso por la vida. Cuanto hay que saber de mí lo sabe Dios. […]. Solo deseo oraciones. De este mundo solo me llevo lo que me traje, mi alma”.

Sus experiencias como sacerdote y maestro están consignadas en numerosas novelas. Hay en ellas una constante: pasea a sus personajes adolescentes por un mundo cargado de peligros, de pecados, de desajustes espirituales y emocionales; pero, siempre hay un YO que se salva, una pequeña luz encendida que solo espera algo, o a alguien, que dé fortaleza y aumente su combustión. De entre su colección de joyas literarias destacamos las siguientes novelas:
La vida sale al encuentro
Su primera novela, moderna y comprometida, publicada en 1955 y reeditada de continuo hasta 2006. Con un perfecto conocimiento y en un estilo incomparable, el autor pone al lector frente a los múltiples problemas del adolescente, cuando se apresta a pasar el umbral de ese otro mundo desconocido.
El personaje vive la crisis del primer amor: sobresaltos, camaradería, dudas, timideces y, también, luminosos momentos de cercanía. Gracias a la comprensión de unos padres equilibrados, a los consejos del Padre Urcola y a la bondadosa y serena compañía de Karin –la hermosa joven novia- Ignacio, logra superar tantas crisis, entre ellas la muerte de su muy amado hermano Javier.
En esta obra, la alegría, el dolor, el miedo son emociones que aparecen y desaparecen.
Cierto olor a podrido
Novela dedicada a los padres, a los maestros, a los jueces, a todos aquellos que tengan algo que ver, en la vida de un muchacho. Un muchacho soñador, Carlos, que choca violentamente con el mundo circundante a causa, justamente, de ese mundo constituido por adultos y que desconocen el que el joven vive intensamente; un mundo que solo comparte con su pequeña hermana.
Una travesura de niño es el comienzo de su odisea. Los mayores prejuzgan, y uno de ellos es el padre que cree ser la encarnación de la rectitud, del equilibrio; en tanto que el chico no comprende lo que los adultos presuponen.
Los interrogatorios en la comisaría son verdaderos martirios para el muchacho. El comisario lo interroga como a un supuesto adulto y él contesta como el niño que apenas se asoma a la vida. A partir de este momento no tendrá paz. Todos se volverán contra él.
En aquel frío y lejano convento a donde su padre lo ha enviado, hay un joven monje que es todo bondad. Allí, Carlos vive los únicos momentos de paz. Al lado de los monjes, pasa la crisis del primer amor y sufre las inevitables exaltaciones de una inteligencia despierta y fantaseadora. El castigo se ha convertido en momentos de luz frente a la oscuridad que le aguarda.
Más tarde, Carlos aprende crudamente que en todos los seres humanos hay grietas tremendas y sangrantes, y la primera que descubre es la de su padre. ¿De qué magnitud fue aquel descubrimiento? ¿Cómo madurará Carlos? Le fue doloroso conocer que entre los suyos hay un cierto olor a podrido.
Sexta galería
Seis chicos se encuentran atrapados durante siete días, en la sexta galería de una mina, a causa de un derrumbe. Cinco de ellos pertenecen a la alta sociedad madrileña. Han ido hasta allí, en unas vacaciones, llevados por su sensibilidad social, para vivir con el minero y conocer su vida miserable.
Ellos son: los mellizos Borja y Gonzaga, de temperamentos encontrados: el primero es equilibrado y reflexivo; Gonzaga, inmaduro, apasionado e impetuoso. Otro grupo lo forman Luis, el único varón de su hogar; lucha por hacerse hombre fuerte a pesar de la influencia y excesivos cuidados de su madre y hermanas. Con Luis está el Vikingo, hijo único, muchacho libre de prejuicios, limpio de alma y cuerpo. El quinto personaje es Álvaro: un joven valiente, que por naturaleza es un líder decidido, con grandes capacidades para afrontar aquel peligro mortal de la mina.
Es Álvaro el que con dificultades y múltiples sacrificios, asume el mando en aquella emergencia. Será él quien se compenetre hondamente con el inmenso dolor de Luis al ver morir al Vikingo; será él quien comprenda las íntimas congojas de Borja a causa de las corrosivas explosiones de su hermano; es él quien llegará a intimidar y a querer de veras a Lucas el pobre minero, sexto personaje de esta dolorosa historia.
Lucas, el muchacho que un día se burlara groseramente de los “señoritos”, ahora, atrapado con ellos en aquel infierno, lucha desesperadamente por vivir; quiere comprenderlos, los ama y se identifica con ellos.
Una chabola en Bilbao
En esta novela social y de situaciones conflictivas, el autor narra el desenvolvimiento de dos vidas consagradas a un mismo fin, pero por sendas opuestas: un médico y un sacerdote, compañeros de colegio, tienen en su vida de adultos un mismo ideal: ayudar a los menos favorecidos, compenetrarse con los pobres y ser el amigo, el consejero, el protector.
Cada uno de ellos tiene sus propios procedimientos para realizar el ideal. En el transcurso de los acontecimientos, además de las situaciones intensas y de los desencuentros que presenta el autor, hay algo que mantiene el constante desasosiego en el lector:
Aquellos dos hombres –el sacerdote y el médico - animados por tan nobles deseos, en continuo contacto y en permanente discusión, ¿seguirán siendo vidas paralelas?
Este pensamiento punza hasta la última página en la que aparecen los dos debatiéndose en una lucha silenciosa por encontrarse, por comprenderse, por trabajar conjuntamente. En ese momento, llega la noticia de que alguien de una chabola (choza miserable) se está muriendo. El médico se dispone a salir rápidamente, el sacerdote se retrasa. En este preciso instante la comunión de ideas, la reconciliación entre los dos se hace luz en las palabras del médico, quien dice al sacerdote: “¿Qué esperas? ¡Coge tus cosas y ven conmigo!”.
Los curas comunistas
Habla de los curas que en aquella época, en Europa, se iban a vivir a barrios obreros para estar con los pobres. Esta novela tuvo en diez años, dieciocho ediciones en España, y más de trescientos cincuenta mil ejemplares en el “Círculo de Lectores”.
Es novela de tesis y de tipo social. El padre Francisco es la figura central del relato: un sacerdote que se debate entre los comentarios irónicos de los de su clase social y las expresiones cáusticas y odiosos procederes de sus compañeros de fábrica, a donde ha ido para ser otro Cristo: pobre, obrero, despreciado, incomprendido, calumniado.
En este vívido relato se debaten y analizan sin miramientos y sin miedos, las tesis sostenidas por el cristianismo, el marxismo, el comunismo, los deberes y los derechos de patronos y obreros.
 El final es doloroso, pero…. no podía ser de otro modo, dadas las circunstancias que comprometen la integridad del sacerdote.
En esta novela, hay una página maestra de ironía, dolor, desconsuelo y sarcasmo: el sermón (homilía) del padre Francisco. Sermón que es una “Carta al Niño Dios”…, dice el sacerdote…

jueves, 16 de noviembre de 2017

Ultimas recomendaciones de la RAE


Nuevas recomendaciones  de la RAE



16 noviembre de 2017 - 12:09 AM

Para los maestros de nuestra lengua materna y para los hablantes es plausible que la Real Academia Española esté atenta al momento de cambio que va llegando y que trae consigo nuevo léxico.

Con motivo de la celebración en Bonn de la Conferencia de las Partes (COP23) sobre el cambio climático, se ofrecen algunas claves para una buena redacción de las noticias relativas a este acontecimiento:
1. Cambio climático, en minúscula
La expresión cambio climático no constituye un nombre propio,  y por tanto se escribe con iniciales minúsculas en frases como: “Las ciudades del mundo se manifiestan contra el cambio climático”. Sin embargo, es preciso respetar las mayúsculas cuando forma parte del nombre de un acto, conferencia o reunión.
2. Nombre completo:
El nombre completo de la reunión es Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático; un encuentro anual al que los medios suelen denominar también: Conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climáticoCumbre sobre el cambio climático, o Cumbre del clima.
3. Las siglas COP   CMNUCC
También se emplea para aludir a dicha conferencia la sigla COP que, aunque viene del inglés Conference of the Parties, está muy aceptada en español. Se le añade el número de la edición correspondiente, de modo que la conferencia  actual se denomina COP23. También se usa, aunque poco, la sigla CP.
La sigla de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático es Cmnucc (no Unfccc,  que es la forma inglesa).
4. Acuerdo de París, en mayúscula
En una “Conferencia de las Partes”, (COP21), se aprobó el llamado Acuerdo de París, que sustituye al antiguo Protocolo de Kioto. En ambos casos las palabras acuerdo y protocolo se escriben con inicial mayúscula, tal como señala la Ortografía de la lengua española.
5. Medioambiente medio ambiente
Es preferible escribir medioambiente en una sola palabra, aunque está aceptada también la forma medio ambiente. Su adjetivo derivado es medioambiental, en una sola palabra.
6. Cómo escribir los grados
Una de las principales preocupaciones de los especialistas en cambio climático, es: cuánto subirá la temperatura media del planeta, en grados. El símbolo internacionalmente establecido para los grados Celsius (o centígrados) es °C, que consiste en un pequeño círculo (sin punto ni subrayado) seguido sin espacio de la letra C. Se deja un espacio entre la cifra y el símbolo (23 °C). En escritos no especializados se puede prescindir de la C y usar solo el círculo; en tal caso, se escribe pegado al número (23°). Su escritura no necesita cursiva ni comillas.
7. En vías de, no en vía de
Uno de los objetivos de la citada conferencia es que los países todavía en vías de desarrollo tengan voz sobre cuestiones relacionadas con el cambio climático. En vías de, con ese, no en vía de, es la forma correcta para expresar que algo está ‘en proceso’ o ‘en camino de’.
8. La capa de ozono, en minúscula
La expresión capa de ozono, que alude a una zona de la atmósfera que filtra las radiaciones nocivas del Sol, se escribe íntegramente en minúscula.
9. Sostenible sustentable
Los adjetivos sostenible y sustentable (el primero más utilizado en España y el segundo más común en América) son válidos para referirse al modelo de desarrollo que no quiere comprometer a las próximas generaciones con un consumo excesivo de recursos.
10. Desertización desertificación, sinónimos
Desertización desertificación pueden emplearse como sinónimos, aunque la primera es la que se ha usado tradicionalmente en español.
11. El prefijo bio-, unido a la palabra a la que afecta
En noticias y documentos sobre el cambio climático, encontramos palabras que aparecen con el prefijo bio-, procedente del griego, que significa ‘vida’. Igual que el resto de los prefijos, se escribe unido a la palabra que acompaña (biocombustible, biodiésel); no se escribe unido con un guion, ni separado por un espacio en blanco.
12. Verde no necesita comillas
El término verde, con el significado relacionado con la ecología o lo natural, se escribe en redonda y no en cursiva o entrecomillado, como aparece en numerosos medios, puesto que se trata de una acepción ya aceptada en el Diccionario académico.
13. Hora del Planeta, mayúsculas
Una de las iniciativas para luchar contra el cambio climático es la convocatoria anual de la Hora del Planeta, que se escribe con mayúsculas iniciales por tratarse de un nombre propio.

jueves, 9 de noviembre de 2017

LA BUENA LECTURA Y LA EXCELENTE ESCRITURA





Secretos de la buena lectura y excelente escritura

9 noviembre de 2017 - 12:10 AM

Cuando nos interesamos por el contenido, la elegancia y la fuerza de las palabras, emprendemos un largo viaje para conocerlas, y respetarlas.

El secreto de toda buena lectura y de toda excelente escritura, (incluyendo el ensayo) no es la cantidad de vocabulario, sino la calidad de este y su correcto empleo. Comprender una idea, entender una lectura y dar un juicio crítico constructivo de ella, solucionar un problema, empiezan por conocer, tener un alto nivel de conciencia crítica, entender, estudiar y saber manejar LAS PALABRAS. La semántica y la ortografía y la etimología son necesarias, pero hay que poner atención a la sinonimia, dado que lo que el lenguaje exige es claridad, precisión y propiedad.
En la escritura y en la lectura se nos atraviesan vocablos como: mandato y orden; sabio y erudito; marcha y jornada. Y empezamos a dudar cuál vocablo emplear, que dé precisión y claridad al texto. Notamos que nos hace falta el diccionario de sinónimos; no palabras sinónimas en lista; sino un verdadero diccionario que explique seriamente la forma y el sentido del vocablo; el espacio preciso en donde debe usarse.
Ejemplos tomados de un buen diccionario de sinónimos:
1. Abogado; letrado; jurisconsulto; jurista. (Sinónimos)
Veamos qué los diferencia:
Abogado: el profesional llamado para un asunto, “advocatus”, quiere decir patrono, defensor. El abogado debe ser probo, diligente para defender una causa.
Letrado: hombre de ciencia; lo necesitamos para que nos instruya en un asunto que no comprendemos. Debe ser estudioso, investigador.
Jurisconsulto: hombre de consejo, es decir, de consulta. Necesito que me dirija en la defensa de mi derecho. Debe ser prudente.
Jurista: profesional versado en la erudición del derecho y en la crítica de los códigos, según los principios de la filosofía y de la moral. Debe ser erudito.
2. Segregar, separar (sinónimos). (Qué los diferencia):
Segregar: Lo que se segrega se arranca.
Separar: Lo que se separa se aleja.
Lo segregado está incompleto, pierde su identidad. Lo separado no pierde la identidad absoluta que tenía antes de unirse.
3. Auge, apogeo (sinónimos). (Qué los separa):
Auge, según su etimología latina, quiere decir aumentar, crecer. (La fama que tenemos de malos lectores está en auge).
Apogeo, según su etimología griega, significa lejos de la tierra, es decir, eminencia, altura. (Quisiéramos que Colombia estuviera en el apogeo de su poder, es decir, que estuviera en la cumbre de su grandeza y de su gloria).
4. Cálculo, cómputo (sinónimos). (Qué los separa):
Se calculan el número y la extensión. Se computa el tiempo.
El cálculo es matemático. El cómputo es cronológico.
Decimos cálculo diferencial, pero NO cómputo diferencial.
Es pues, obligatorio estudiar y conocer CADA PALABRA desde su origen, su función, su escritura, su fonética, el papel que va a desempeñar en la frase, el mensaje que va a llevar desde el codificador hasta el decodificador, sus variantes gramaticales, sus acuerdos y desacuerdos con otras palabras; todo esto – digo – es necesario, si queremos tener corrección y funcionalidad en el lenguaje, en relación con: escribir; leer, entender y emitir juicios críticos; hablar con propiedad, expresar con claridad los pensamientos y sentimientos.
Por ejemplo, leer no es solo vocalizar y juntar palabras como en los primeros años, en el hogar y en preescolar; saber leer es no vacilar, no perder el ritmo, no volver atrás, distinguir bien las palabras, saber juzgar el contenido, etc.; pero, casi nunca los lectores cuentan lo que leyeron, ni opinan sobre lo leído: qué contenido es el de esas frases; cómo decirlo de otras maneras; cómo juzgar apreciativamente y con equilibro un texto. Es ahí donde empieza la comprensión lectora. Así como se explica lo que hay en un dibujo, en un paisaje, también hay que explicar lo que el autor dice en un texto. No es repetirlo; es entenderlo y expresar la idea con las propias palabras.
Cuando nos interesamos por el contenido, la elegancia y la fuerza de las palabras, emprendemos un largo viaje para conocerlas, y respetarlas. Un viaje difícil de interrumpir porque nos va poseyendo un mundo de creciente asombro: es la maravilla del lenguaje, en su armonía estructural y en su eficiencia práctica.
Cuando entendemos qué es verdaderamente el idioma; cuando se siente el regocijo de su armonía; cuando lo empleamos con elegancia y belleza (el código estilístico), entonces comprendemos y aceptamos que existen normas gramaticales y ortográficas (el código lingüístico) que nos ayudan a alcanzar el esplendor de la perfecta expresión. Primero el amor por el idioma y la inaplazable necesidad de él, luego las normas.
Un catedrático ilustre, opinó: “El hombre es su lenguaje; cuanto más rico es este último, más polifacético será el primero”.
Como en nuestro país todo se ha vuelto grotesco en todos los campos: el político, el oficial, el educativo, el profesional, el de la comunicación, el del amor, el de la amistad, el de la familia…, la consecuencia es que nuestro armónico y elegante idioma vaya declinando y se vuelva más ordinario cada día; ha empezado a llenarse de extravagancias, inutilidades, melindres, incorrectas innovaciones, irrupción de expresiones vulgares, irrespetuosas, ininteligibles. Nuestra lengua española ha perdido su autoridad de ser modelo de elegancia, exquisitez, del bien decir y del mejor escribir.


jueves, 2 de noviembre de 2017

¿QUÉ NOS ENTIENDEN DE CUÁNTO DECIMOS?





El sentido de lo que decimos está en lo que los otros oyen


2 noviembre de 2017 - 12:09 AM

Los principales errores contra la armonía son la cacofonía y la monotonía.

Entre los compromisos con el hablar y el escribir están: la claridad de las ideas, la propiedad de los vocablos, la precisión en la contextualización y la difícil sencillez, base de la armonía y la elegancia.
1. La armonía en el lenguaje
La armonía radica en el sentido musical de las palabras y de las frases, y en el arte de combinarlas de un modo agradable para el oído. La armonía es el gran secreto de los grandes escritores. Según el crítico Albalat, la armonía “se funda en el genio de la lengua, en las exigencias del oído”. Y da la siguiente regla:
“Hay que abstenerse de toda  rudeza en el sonido, de todo tropiezo, de toda disonancia marcada, salvo que, para mantener estos sonidos o palabras, haya razones de relieve, de originalidad u otros motivos de belleza literaria”.
Debe tenerse en cuenta al escribir, no terminar una frase con la expresión más corta. Por ejemplo, no hay armonía en esta frase:
He clasificado todas las postales que me regalaste por países.
Es más armónico decir: He clasificado por países todas las postales que me regalaste.
Los principales errores contra la armonía son la cacofonía y la monotonía.
Cacofonía:
Es la repetición desagradable de sonidos iguales o semejantes. Ejemplos:
-        EL rigor abrasador del calor
-        La carretilla  no cabía en la cabina
-        Es penoso pensar que el pentágono no perciba el peligro de la penetración de espías entre su personal.
Monotonía:
Es el empleo frecuente de muy pocos vocablos; esa desagradable repetición de palabras se debe a pobreza de vocabulario. Ejemplos:
-        Hay el talento natural y el talento adquirido: el talento para las ciencias y el talento para las artes. Y también el talento para vivir cómodamente.
-        Para aliviar al contribuyente, es preciso hacer grandes reducciones en los presupuestos; y también conviene dar al pueblo grandes facilidades para el comercio y para que se funden grandes industrias.

2. Traducciones
Unos cuantos gramáticos consultados, entre ellos el eminente Martín Vivaldi y el tratadista del estilo Guillermo Díaz-Plaja, aconsejan lo siguiente a quienes se dedican a realizar traducciones:
1. Conocer a la perfección el idioma extranjero del que se va a realizar la traducción. Hoy se traduce mucho, y con frecuencia, mal. Abundan las malas traducciones de libros científicos y de obras literarias.
2. Escribir y hablar correctamente el idioma español. Por la puerta falsa de las malas versiones se están introduciendo muchos barbarismos y, sobre todo, múltiples vicios de construcción que están desfigurando nuestro idioma.
3. El traductor  ha de tener cierto talento literario, puesto que no conviene una traducción literal. Ha de ser sabio y prudente para no alterar el exacto sentido del texto traducido
4. El traductor  ha de estar a la altura, al nivel del original; de lo contrario, se deben respetar los textos y el buen nombre de los autores. No es elegante agregar de nuestra parte lo que nos parece que es conveniente.
5. El traductor  debe conocer a fondo la materia objeto de la traducción y estar muy familiarizado con ella. Por tanto:
6. El novelista debe traducir al novelista y el científico al científico.
7. Conviene ser fiel al original para captar el sentimiento y el pensamiento del autor. En consecuencia:
8. Antes de empezar a traducir es necesario leer varias veces todo el original para captar el sentido de la obra.
9. Terminada la traducción, debe dejarse pasar un tiempo antes de corregirla. Los defectos de versión (barbarismos, solecismos, etc.) resaltarán así con más fuerza.
10. El ideal es la ‘traducción libre’, antes que la ‘literal’, siempre que se respete el sentido original.
11. El uso del diccionario es más cómodo cuando no se tiene que ir escribiendo al tiempo que se traduce.

3. Para tener en cuenta
Los verbos lograralcanzar conseguir se emplean para referirse a la consecución de algo que se desea, no para expresar un resultado negativo. ..Frecuentemente se leen en diarios, o se oyen, frases como: “La izquierda ha logrado la pérdida de apoyos…”, o  “Los estudiantes han logrado suspender la mayoría de los exámenes”.
Lograr, (al igual que otros verbos, como conseguir alcanzar), significa ‘conseguir lo que se intenta o desea’, por lo que no es coherente emplearlo con resultados que frustran ese deseo.
Es preferible escribir "La  izquierda ha perdido apoyos…”; “Los estudiantes han suspendido la mayoría de los exámenes”.