viernes, 6 de marzo de 2020

EN EL NOVENO ANIVERSARIO DE SU MUERTE


CARTA ABIERTA

AL MAESTRO LUIS EDUARDO CHAVES



Lucila González de Chaves
Blog: lucilagonzalezdechaves.blogspot.com


Medellín, 8 de junio de 2009

Hace poco cumplí ochenta y dos años. Hoy, tú, maestro, cumples noventa y seis. ¡Felicitaciones! Hace dos meses tú estás viviendo en Plenilunio. De repente, hago un alto en el camino; me detengo desprevenidamente en esta nueva curva de mi vida y miro hacia atrás:
Era el final de febrero de 1951. Esa tarde, como de costumbre, yo esperaba en el amplio salón del Instituto de Bellas Artes de Medellín, a mi joven e inteligente amigo, violinista de la Orquesta Sinfónica de Antioquia (OSDA), a que terminara los ensayos con el director, maestro Joseph Matza. Escuchaba con atención cada uno de los sonidos de los instrumentos, cuando apareciste junto a mí.
Te vi altivo, serio, escrutador: acababas de llegar por primera vez a Medellín, a causa de unos contratos para dar conciertos de música vocal clásica en el Teatro Bolívar (calle Ayacucho entre carreras Junín y Sucre). El año anterior, 1950, habías presentado varios conciertos en Cali, Barranquilla, Manizales, Bogotá; según los comentarios de prensa que conservo.
Le pregunté a Valerio Gómez (padre adoptivo de, la hoy gran maestra del piano, Teresita Gómez), vigilante del Instituto de Bellas Artes, quién eras, y me contestó: “un señor que canta”. Y, sí, un “señor” porque tenías treinta y ocho años, eras de modales finos, caballeroso, tenías “clase”, y  con una vasta cultura, pues venías de especializarte en México durante seis años; allí hiciste parte de la ópera como solista, en tu condición de tenor lírico. Tenías seguridad en ti mismo y una muy equilibrada autoestima. Y, sí, “cantaba”; pero, no eras un tanguero, ni un serenatero, ni siquiera alguien que cantaba boleros, tan de moda en esos años. No eras uno de los Panchos, cantantes argentinos a quienes apenas empezábamos a escuchar y a aplaudir.  Eras un bogotano de Chapinero, graduado en la Universidad Nacional de la capital del país.

En los cortos intervalos de conversación que tuvimos, me invitaste a tus conciertos… Entonces, pude entender la dimensión de tu alma de artista y comprobar la exquisitez de tu voz de tenor lírico y tu afinidad  con Bach, con Schubert, con Beethoven, con Wagner, y especialmente con Mozart…
 Y,   ¡me enamoré de ti!




Con frecuencia integraba tus programas de concierto la obra “An Chloe” 

 (“A Clotilde”) de Mozart, cuya letra, traducida del alemán por tu amigo el musicólogo y escritor bogotano, Otto De Greiff, dice:
“Cuando el amor mira desde tus ojos azules y claros, y mi corazón salta y resplandece de placer, y te tengo, y beso tus cálidas mejillas de rosa, linda niña, y te estrecho en mis brazos, niña, niña, y te oprimo contra mi pecho, entonces una turbia mirada me ensombrece como una nube, pensando que esta dicha habrá de tener fin; y quedo pensativo, mas siempre dichoso”.
¡Cómo lucía tu linda voz de tenor lírico!
Es justo hacer aquí mención de los pianistas acompañantes, no todos, de tus excelentes conciertos, eran: Hilde Adler, Gustavo Lalinde, Harold Martina, Pietro Mascheroni, Jaime Santamaría, Aída Fernández, Gilberto Gamboa, Oriol Rangel, Ricardo Velásquez, Manuel J. Bernal, y algunos de los alumnos más adelantados de Ana María Penella, italiana, profesora de piano de Bellas Artes…
Unos meses más tarde de ese año, 1951, La Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín, fundadora y propietaria (en ese entonces) del Instituto de Bellas Artes (La Playa con carrera 42,  Córdoba) te propuso integrarte a dicho Instituto. Fundaste allí la “Escuela de Canto del IBA”. Hasta entonces el panorama cultural brillaba por  la presencia del “Orfeón Antioqueño”, grupo coral del talentoso e incomparable  Maestro José María Bravo Márquez. Grupo del cual hacíamos parte mis amigas del Instituto Central Femenino (hoy, CEFA) y yo, en el año en que cursábamos nuestros estudios secundarios  (1946).
Tú fuiste agrupando, seleccionando, formando y puliendo las voces de coristas y solistas de quienes iban  a recibir tus enseñanzas, de acuerdo con los últimos métodos traídos de México. Ellos, los de la Escuela del IBA, no sólo conocieron las delicias del “Bel Canto”, sino que les enseñaste a pronunciar en francés, o en italiano, o en alemán los textos que iban estudiando, y les explicabas los contenidos para que, entendiendo, pudieran compenetrarse con los textos y  les fuera más fácil la interpretación; les copiaste las partituras a uno por uno, les hiciste las instrumentaciones correspondientes, cuando tu Coral (compuesta por unos treinta integrantes entre hombres y mujeres) se presentaba en los teatros, acompañada por las Orquestas Sinfónicas, de Antioquia o de Colombia.
En el Tricentenario del nacimiento (1651) de San Juan Bautista de la Salle tu  “Coral de Bellas Artes” se presentó (1951) en el Teatro Ópera (calle Maracaibo con carrera Junín, Medellín) con la Orquesta Sinfónica de Antioquia para interpretar un programa muy especial: La Catata Nº 78 de J. S. Bach (obra completa). Solistas: Luis Eduardo Chaves, tenor; Raúl Márquez, bajo.  La prensa fue pródiga en elogios. Cito un aparte de uno de los comentarios, por ser la constancia histórica de las controvertidas fechas de presentación y estreno de la Cantata, completa, por primera vez en Colombia. Tiene como título:

 Se estrena en Colombia una Cantata de J. S. Bach”.

 El número central del concierto sinfónico será la presentación de la Cantata 78 de Bach, una de las más hermosas e inspiradas que compuso el Cantor de Santo Tomás; todo un acontecimiento artístico, ya que es la primera vez que se presenta completa una Cantata de Bach en Colombia. Tomarán parte en la interpretación, la Orquesta Sinfónica de Antioquia, los Coros que ha preparado especialmente para el efecto el maestro Luis Eduardo Chaves, distinguido tenor nacional y fundador y director de la Escuela de Canto del Instituto de Bellas Artes; el organista Manuel J. Bernal y el tenor Luis Eduardo Chaves como solista; todos bajo la dirección del maestro Joseph Matza”. (1951, El Colombiano).
El 20 de junio de 1956, te presentaste como solista cantante en el Teatro Colón de  Bogotá, en un concierto que te mereció muchos aplausos (aún poseo el programa). En la primera parte interpretaste  cuatro lieder de Beethoven (lied: canción lírica breve; se pronuncia “li:t”; su plural en alemán es “lieder”), y luego a otros  compositores como: Haendel, Mozart, A. Thomas, Bizet, Wagner y Frank. Los textos, en su literatura, fueron traducidos por el escritor bogotano A. G. Herrera. Algunos de ellos, escritos por autores tan preponderantes como el alemán J. W. Goethe. Una de esas páginas de Goethe, con el título de “Mit Einem Gemalten Band”, dice en su traducción:

Collar de rosas

Mira cómo desde el cielo caen pétalos de flor.
Las mandó la primavera a que formen un collar.
¿Quieres, Céfiro, llevarlos hasta donde+ está mi amor
Y ponérselos al cuello, que son los tallos de una flor?
Y rodeada así de rosas, una de ellas tú serás.
Tú, mi amor, ¡oh dame! dame sólo un fugaz mirar.
Siente cómo mi alma sufre: dame, pues, tu corazón,
Y las rosas de tu cuello nos harán  de ligazón.
Siente cómo mi alma sufre: dame, pues, tu corazón,
Y las rosas de tu cuello nos harán de ligazón.

Fuiste un gran artista, y tu fama de cantante y de maestro se extendió con rapidez en Medellín, era la década del 50 (1951 a 1960). El resultado fue maravilloso: una coral extraordinaria, que al decir de los entendidos, como  el maestro Joseph Matza director de la  Orquesta Sinfónica de Antioquia (OSDA) (de grata recordación); el maestro Pietro Mascheroni, gran pianista; el mecenas y musicólogo Diego Echavarría Misas,  en cuya casa-castillo ¡tantas veladas musicales y culturales pasamos!; el empresario Gabriel Fernández Jaramillo; el pianista y director de zarzuelas y operetas, Jaime Santamaría; el compositor y pianista y maestro de música, Carlos Vieco; el pianista y, en algún tiempo, director de Bellas Artes, Gustavo Lalinde; el sacerdote, gran compositor, especialmente de música sacra, además de acertado crítico de arte, el Padre Andrés Rosas; y los comentarios de prensa, entre ellos los de Rafael Vega Bustamante (“Ravel”). Según todos ellos:
 “Medellín nunca había tenido una Coral tan representativa como la del maestro Luis Eduardo Chaves””.
 Además, lo atestiguan los comentarios elogiosos de la prensa de Bogotá, cuando llevaste la Coral para presentarla en El Teatro Colón y en la Televisora Nacional, lugares en los que interpretó la Cantata Nº 78 de J. S. Bach y el Oratorio de Navidad de Camilo Saint-Saens, algunas de cuyas arias para tenor las cantaste tú.
Esa “Coral del Instituto de Bellas Artes” dio lustre a Antioquia  en sus presentaciones con la Orquesta Sinfónica de Cali, con la Orquesta Sinfónica de  Bogotá que dirigía el  maestro Olav Roots, tu amigo inolvidable. A las  ciudades de Bogotá, Cali y Barranquilla llevarías, años más tarde, la “Compañía de Ópera de Antioquia” que creaste en los años 1957 a 1961; fue una novedad, porque era la primera, con obras completas, en Antioquia.
En relación con este hecho, el musicólogo Rafael Vega Bustamante, en uno de sus artículos de “Miscelánea Musical”, (periódico El Colombiano de Medellín), dice:

“(…) Las iniciativas de orden vocal en nuestra vida musical continúan para beneplácito de la afición a la buena música. Nada menos que una Compañía de Ópera se organizará por iniciativa entusiasta y dinámica del profesor Luis Eduardo Chaves, el cual desde su llegada a Medellín, está dando los pasos preliminares que han culminado felizmente con la constitución de una Junta Directiva. Dicha Junta está compuesta por doña Sofía Ospina de Navarro, doña Teresita Santamaría de González, don Gustavo Lalinde, doctor Abelardo Gutiérrez, don Gabriel Fernández Jaramillo y el señor Antonio Cano Álvarez. La Junta se reunió para estudiar las bases de la fundación de la Compañía, la cual cuenta ya con el apoyo de todas las entidades culturales, y además, con la promesa del apoyo de varias industrias de la ciudad. Adelante, pues, y mucho éxito en esta empresa de titanes…”

¿Recuerdas, maestro, a algunos de los integrantes de la Coral de Bellas Artes, tus amigos y alumnos, que luego se lucieron en las óperas Madame Butterfly, El Barbero de Sevilla, Rigoletto, Traviata, La Serva Padrona…?  Nombremos sólo a algunos: Humberto Echavarría (quien con mucha frecuencia nos invitaba a su casa, los sábados, a hablar de arte, música, literatura; nos unía con él un infinito afecto: fue nuestro padrino de matrimonio y el padrino de tres de nuestros hijos), Lía Montoya, Jairo Bongkam, Alfonso Cardona, Horacio Arroyave, Jairo Villa, Anita Echavarría, Nelly Duque, Raúl Márquez, Audrey Hayes, Constanza Gómez, Jorge Piñeres, Aída Vidal, Leonel Villa, Flor Piedrahíta, Josefina Restrepo, Libardo Gómez…
Recordemos  a Lía Montoya Pérez: la formación y educación de su voz en la interpretación de lieder, que le diste  en el Instituto de Bellas Artes,  y cómo el visionario y mecenas, Diego Echavarría Misas, la envió a Alemania a perfeccionarse, precisamente, en esa clase de composición musical. En Colonia (Alemania), se casó con el director de Orquesta Joseph Palmer, y sus hijos son hoy extraordinarios violinistas.  En su última venida a Medellín, te contó que, además de muchísimos conciertos de lieder, había interpretado quince veces la ópera Madame Butterfly.
 En Medellín, Lía Montoya, cuando empezaba a darle forma a su voz bajo tu dirección musical, era catalogada como “la mejor promesa lírica del país”; la presentaste como soprano solista en muchos conciertos; pero, recuerdo especialmente el del primero de octubre de 1956 en el Teatro Junín (Avenida La Playa con la carrera Junín) con la Orquesta Sinfónica de Antioquia (OSDA), dirigida por el maestro Joseph Matza. En ese concierto, cantó, en el intermedio del programa,  cuatro arias operáticas de Mozart. El comienzo del concierto fue la Sinfonía Nº 1 en Do menor. Op. 68 de J. Brahms y el final, fue el  “El aprendiz de brujo” de Paul Dukas, obras interpretadas por la OSDA.

No creo fatigarte mucho, maestro Chaves, si te cuento de nuevo la historia del Aprendiz de Brujo. Dice:
 “De carácter entre jocoso y alegre, “El Aprendiz de Brujo”, poema musical de Paul Dukas (francés), se basa en la balada del mismo nombre del escritor alemán J. W. Goethe. Trata dicha balada de un mago y su envidioso aprendiz, a quien aquel había enseñado muchas cosas portentosas menos el secreto de su truco favorito, mediante el cual una escoba se transformaba en ser humano dispuesto a obedecerle en cuanto le mandase.

“Empero, un día logra el aprendiz escuchar las mágicas palabras, y repite el conjuro que la música dice en las misteriosas armonías de la introducción. Casi enseguida lanzan los fagotes una grotesca figura saltarina que sugiere el tosco andar de la escoba al ir por agua como se lo ordena el aprendiz. Bien pronto tiene este más agua de la que necesita y ordena que se detenga, pero observa con horror que ha olvidado las palabas que hacen cesar el embrujo.

“La estancia se inunda. Desesperado, el aprendiz toma el hacha y parte en dos la escoba. La orquesta prorrumpe en un estallido tremendo, luego viene un silencio, y después son ambas mitades de la escoba las que comienzan a un mismo tiempo a traer más y más agua. La inundación se hace dramática en las tonalidades de la orquesta y alcanza ecos de diluvio. En lo más crítico del desastre, anuncian los cobres con notas tremebundas la aparición del brujo, y remedan el conjuro que este pronuncia y que dan regreso a la calma.
“Los temas del comienzo retornan en las voces de los instrumentos, sencillos y apagados, con un aire de fingida inocencia”.

(Tomado directamente de las notas del Programa del citado concierto, programa que aún conservo).

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El experto en música, Rafael Arango R. escribió un elogioso comentario cuando la Sinfónica y tu Coral se presentaron por primera vez en el Teatro Junín, con la ópera Madame Butterfly; intervinieron como solistas y personajes principales, Lía Montoya y Jairo Villa.
Dice el comentarista Arango R.:
“Con un éxito grandioso, artístico […] se presentó en el Teatro Junín la “Compañía de Ópera Antioqueña” […] con la hermosa ópera  de Puccini: Madame Butterfly […]. Recibieron grandes ovaciones del público que asistió a las dos representaciones. […]. Los precios no eran caros para un espectáculo tan excelente: quince pesos, diez pesos, cinco pesos; pues aquí se han presentado espectáculos inferiores a precios mucho más altos […]”.

Otro periodista, en su apunte cultural dice:

“[…] ya van a subir el telón. Ahí viene el director, el maestro Luis Eduardo Chaves. Le preguntamos a quemarropa:
*Maestro: ¿por qué los argumentos de estas óperas no son presentados en castellano, para que pueda uno sacarle más gusto al espectáculo?
*Sería muy difícil – opina el maestro Chaves - hacer una traducción que no afecte el acoplamiento que debe haber entre la música y la letra de las óperas. Muy pocas son las personas que pueden realizar esa traducción en la forma debida. A pesar de todo, le cuento que en este sentido se han hecho algunos ensayos… En Alemania fueron presentadas algunas óperas del compositor italiano, G. Verdi, con su respectiva traducción al alemán. Cuando yo estuve en México presencié la presentación de El Barbero de Sevilla, cantada en castellano. Pero, no sé de otros ensayos de esa índole…es que faltan traductores de mucha categoría para esa labor…”

El periodista sigue en su crónica contando historias:
“Un caso admirable… el propietario del restaurante “Astor”, un distinguido ciudadano extranjero, le regaló, así como suena, le regaló mil pesos moneda legal al director y fundador de la ópera, maestro Luis Eduardo Chaves, para estimular su extraordinaria y difícil labor… Ya sube el telón…”
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El martes 7 de noviembre de 1961 a las 9 p.m. tus alumnos de Bellas Artes se presentaron con la ópera Rigoletto, y el miércoles 8 de noviembre, a la misma hora, con la ópera La Traviata. (Ya, en días anteriores, habían presentado otras óperas). Para estas presentaciones habías traído de México a algunos solistas, como: Rafael Rivero (tenor), Alicia Aguilar (soprano), Carlos de Orduña (tenor). Pero también fueron intérpretes de dichas óperas los antioqueños: Alejandro Correa (barítono), Dolly Rubens (soprano), Pepe Vidal (bajo), Gloria Angulo (contralto), Amparo González (mezzo soprano), Alfonso Escobar (barítono), Libardo López (barítono), José Correa (tenor), Eugenio Valderrama (bajo), Jesús Rincón (barítono), Jorge Piñeres (tenor), Raúl Márquez (bajo), Jairo Bongkam (bajo). Todos ellos preparados por ti como director general de la Temporada de Ópera y como director y fundador de la Coral. Estuvieron acompañados por cuarenta profesores de la Orquesta Sinfónica de Antioquia, y como maestro concertador: Pietro Mascheroni.
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¡Cuántos conciertos de Navidad, cuántas interpretaciones dirigidas por ti hizo tu Coral, de las Cantatas de Bach,  lieder de Beethoven, de Wagner; Misas,  Oratorios de Navidad, arias, y fragmentos de óperas…para lucir a solistas, dúos, cuartetos, sextetos, en los teatros Bolívar, Ópera, Lido (Parque de Bolívar), Junín, Sala de Beethoven de Bellas Artes, Biblioteca Pública Piloto; especialmente, el día de la inauguración de esta, en la enorme casona de la Playa, a pocos pasos del Instituto de Bellas Artes!   
Tampoco olvido los conciertos de música sacra los domingos, en la Catedral Basílica Metropolitana, siempre acompañados del organista oficial de la Catedral, el Reverendo Padre Nacianceno Ramírez. ¿Recuerdas, maestro, cómo estaba prohibido por la Iglesia que las mujeres subieran al coro; y, entonces, como no se podía desintegrar la Coral, los conciertos los presentabas y dirigías en el presbiterio, en  la Misa de doce?
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En septiembre de 1960 organizaste un gran homenaje a México (siempre amaste ese país y a su gente como el centro de tu formación y de tus amores musicales), con motivo del sesquicentenario de la independencia mexicana. En la sala de conciertos de la Galería de Arte Nacional (calle Perú con carrera Palacé) se llevó a cabo dicho homenaje, cuyo programa, en su totalidad, estuvo interpretado por: Luis Eduardo Chaves (tenor), Constanza Gómez (soprano), Jorge Piñeres (tenor), Jairo Bongkam (bajo). Las obras que tú interpretaste eran todas de renombrados compositores mexicanos, tales como: Blas Galindo, Manuel María Ponce, Silvestre Revueltas.
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A todas esas actividades hay que agregar el tiempo que dedicabas a tus alumnos particulares, quienes acudían a nuestra casa para recibir tus enseñanzas, las que acompañabas en tu bello, antiguo y fino piano vertical… no recuerdo su marca, era alemana, pero sí tengo muy viva en mí esa brillantez de la madera de ébano y de las teclas de marfil; ese amor tuyo por el piano, que ocupaba la parte central de nuestra “sala de recibo”. ¡Cómo brillabas ese piano después de las clases a los adultos y de las  que recibían nuestros hijos; y cada mes venía el técnico a afinarlo…!  Tengo muy claro tu método de enseñanza: uno de los ejercicios era vocalizar las notas de la escala musical; y lo recuerdo porque nuestros niños los imitaban y repetían en sus juegos. Muy gentil   tu   trato para tus alumnos, gente mayor: empresarios, comerciantes, personas pudientes de El Poblado, maestros de música en las instituciones educativas…
Te vinculaste, pues, a Bellas Artes en esos primeros meses de 1951, y como persona seria y artista comprometido –en esa, tan anticuada época-  debías tener una esposa, y yo era tu novia: ¡te casaste conmigo! el 22 de julio de 1951 en el templo de La Candelaria; en el muy amado por los antioqueños, Parque de Berrío: domingo a las seis de la mañana.
¡Tú aportaste al matrimonio gran cantidad de partituras y un piano…; yo, libros, ingenuidad, juventud y amor…por ti y por la poesía!
Vinieron luego los cuatro hijos: Luis Marcelo, Carlos Eduardo, Ana Cecilia y Juan David, y fueron creciendo y jugando, casi siempre, sobre el tapete de la sala, al tiempo que todos escuchábamos óperas; ellos hojeaban (y ojeaban) las bellas páginas de la colección “El mundo de los Niños” de la Editorial Salvat, recién comprada, para que empezaran a amar la lectura. Siempre vi en ti, en nuestra vida de hogar, un carácter paternalista: ¡educar, corregir, proteger!  No sería exagerado afirmar que nos ¡sobreprotegiste!, especialmente en la niñez de nuestros hijos y a mí, en los primeros años de nuestro matrimonio, dada mi inexperiencia en todo – pues cuando nos conocimos yo trabajaba como maestra y hacía estudios de Letras en la UdeA.
¡A propósito!, que me permita la autora, la gran Ana Magdalena Bach, hacer mías sus palabras para referirse a su esposo, el excelso músico Juan Sebastián Bach:

 “…pronto comprendí que el desorden era una cosa que Sebastián no podía soportar. Sus papeles y sus objetos personales habían de estar guardados y cuidados de una manera determinada, y no había que hacerle cambiar ninguna de sus costumbres. Odiaba tanto la falta de puntualidad como el despilfarro, pues, según él, la inexactitud era el derroche de lo inapreciable, de la única cosa que no se puede obtener por segunda vez: el tiempo. Al principio, yo era un poco despreocupada y olvidadiza; pero tuvo mucha paciencia conmigo y pronto me corregí de los defectos que no le agradaban…”
(Obra: La pequeña crónica de Ana Magdalena Bach).

De todos los días felices en común (hago a un lado nuestros momentos de dificultades en la comunicación, nuestras dudas, nuestras inseguridades, nuestros enojos), destaco algunos hechos:

-Nuestros viajes a los Festivales Religiosos de Popayán. ¿Recuerdas? Nos íbamos, tú y yo, desde el lunes santo hasta el domingo de pascua. Todos los días había dos eventos culturales por la mañana y dos por la tarde: orquestas sinfónicas de Cali, de Barranquilla, de Bogotá; grupos corales de Medellín, Bogotá, Cali, Popayán; orquestas de cámara, solistas cantantes, o de instrumentos, contratados, muchos de ellos, en el exterior para dichas representaciones. Fuimos cada año durante cinco, y en alguno de esos años, ¿recuerdas?, asistimos un Jueves Santo a la once de la mañana,  a las exequias y al entierro  del Arzobispo de Popayán (Monseñor Buitrago Trujillo) en esa magnífica Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, casi derruida, como lo estaba más de la mitad de la ciudad, a causa del terremoto del año anterior (31 de marzo de 1983).

¡“La Ciudad Blanca” de Colombia estaba en ruinas!

 Asistíamos a todos los conciertos de cada día, y luego, en la noche, 7 p.m., a las solemnes procesiones de Semana Santa. Solemnidades que, me pareció, se convertían en una competencia entre las altas clases sociales payanesas por lucir mejor, más elegante y más enjoyado su “paso”; así llaman la imagen o imágenes que bajo doseles, con profusión de luces y flores, salen en procesión, bajo la custodia de los “cargueros” quienes son, nada menos, que los miembros de las encumbradas familias payanesas; costumbre que se la trasmiten de familia en familia.
-Asistimos también a los Festivales de Música Religiosa en Marinilla y en Rionegro. Allá llevaste también tus Corales.
-Estuvimos en las islas de Aruba y Curazao.
-Yo ya había estado en Europa durante mes y medio, y tuve el gran placer de conocer algunos países de Europa Central, y un poco, su arte, su historia, su cultura… pero, recuerdo la falta que me hiciste. Tú eras mi mentor cultural pero te habías tenido que quedar en tu trabajo de Medellín y atendiendo a nuestros jóvenes hijos.
-Otro año nos fuimos a Suramérica, y nos deleitamos conociendo países como Brasil, Chile, Argentina, (La Patagonia), Perú, Ecuador. Recuerdos especiales: la ciudad de Machu Picchu; las cataratas del Iguazú; la arquitectura de Río de Janeiro y de Brasilia; todo lo colonial del Ecuador; su gran monumento al Libertador; la cosmopolita ciudad de Buenos Aires; “El Caminito” en donde re-crean a Carlos Gardel, lo mismo que en el “Viejo Almacén”; el tener que pasar agachados frente al “Palacio de la Moneda” en Chile, porque la dictadura del general Pinochet no permitía mirar ni mucho ni poco; la exuberante vegetación de América…Volar sobre el Matto Grosso…
-Y los grandes y alborotados paseos con nuestros niños: vacaciones pasadas en nuestra cabaña de Tolú, en cuyo mar ellos aprendieron a nadar. Íbamos en Semana Santa, en julio y en diciembre y, ¡claro!, había que llevarles a sus amiguitos; en los paseos  también estaban Coveñas, Cartagena; y, años después, el disfrute de nuestra acción-cabaña en el “Contry Club Tayrona”, entre Santa Marta y Riohacha; nuestra casa campestre en Concepción, Antioquia; nuestra casita en Titiribí…
Pero el recuerdo más vivo en la memoria de todos nosotros, fue el último paseo que hicimos los seis (nuestros cuatro hijos tenían entre cuatro y diez años). Sigo pensando, maestro, que fue algo extraordinario para todos: ellos aún lo recuerdan con gran regocijo:
Salimos de Medellín a las dos de la mañana en un bus que nos llevaría a Tolú (nuestros muchachitos fueron despertados por ti a la una de la madrugada, igual que cuando fuimos de paseo a San Jerónimo); después de unos días en  nuestra cabaña de Tolú, nos fuimos a Cartagena, de allí a Barranquilla, luego a Santa Marta, a Riohacha, a Manaure para conocer las minas de sal; luego a  Maicao para comerciar.
Claro, maestro Chaves, que tu bolsillo no daba para muchas compras: una grabadora, una “máquina de retratar”, o de “tomar vistas” (así se decía en esa época), y un par de bluyines para cada uno de los niños… y unos hoteles para clase media-media. ¡Pero, estábamos felices los seis juntos!
Nos fuimos, luego, de Maicao a Bucaramanga y de ahí a Barrancabermeja, en tren. No sé si recuerdas, maestro,  que el tren se averió en la  cuenca del Supamaz, que la comida que llevábamos, unos pollos asados, se  avinagró, que cayó un aguacero torrencial toda la noche, y los niños durmieron, de a dos, en cada banca del tren, sin comer, y cobijados, dos con tu saco y los otros dos con mi suéter. ¡Qué frío el que tuvimos que aguantar!
De Barrancabermeja llegamos a Puerto Berrío (que tánto conocíamos y tánto nos gustaba, pues cada año íbamos de paseo allá). En el Hotel Magdalena, el mejor de todo el paseo, estuvimos alegres, descansamos de toda la travesía y en sus corredores los niños dieron rienda suelta a su alegría: corrían, gritaban, cantaban, nadaban en la piscina… y unos días después, el regreso en tren a Medellín, desde Puerto Berrío.
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Te retiraste de Bellas Artes, y La “Coral” se desintegró y desapareció. En 1960 te fuiste por primera vez a Europa a especializarte; fuiste a Salzburgo en Austria, algo muy natural, dados tu amor y devoción por Mozart. Hiciste cursos intensivos de montaje y dirección de ópera en Alemania y en Italia. Diste conciertos: en 1961, en la Sala Cultural de El Vaticano y en la Embajada Colombiana en Italia; en 1962, dos conciertos en Alemania y Austria. De todos ellos dan cuenta los programas, los afiches y algunos recortes de prensa que yo guardo celosamente.
A propósito, en una de tus cartas, me escribías desde Alemania, y me contabas el fenómeno socio-musical observado por ti:
Me decías: “Me imagino la cara que pones al leer la palabra “claques”. En el arte y en los espectáculos, aquí, suceden cosas o actitudes que entre nosotros, por ahora se verían con gran extrañeza. Sin embargo en estos países las “claques” son un oficio tan común como el de los mismos artistas. Especialmente, en Italia, las “claques”, que entre nosotros podríamos llamar “barras”, “hinchas”, económicamente (parece mentira) viven del aplauso sin ser artistas; y la duración del aplauso se mide por la cantidad de dinero que pague el artista por el que fueron contratados. De su generosidad con las “claques” depende el éxito o el fracaso del artista. En la ópera, un aplauso oportuno o un silbido inoportuno, se encargan de consagrar o hacer fracasar a un artista. En Italia, en la famosa Scalla, no supimos si fue su última presentación, Giuseppe Di Stefano, al terminar de interpretar “Payasos”, escuchamos, al bajar el telón, esta determinante expresión: “Pipo, como curiosamente lo llamaban, “tu sei finito”. Ya era un artista muy distante del joven que vimos debutar con el “Barbero”, en México. Este es el oficio de las “claques” que en los grandes teatros tienen sus puestos permanentes……..”

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 Regresaste dos años después, y te nombraron profesor de canto, solfeo e historia de la música en la Universidad del Magdalena, en Santa Marta. Concluido tu contrato, volviste a Medellín, y fue, entonces, cuando  fundaste la “Academia Mozart” (calle Perú con la carrera Palacé); allí abriste los cursos de solfeo, piano, canto, declamación, y una sección para iniciar a los niños en la música. Hay que destacar la categoría cultural de los alumnos que acudían a la Academia Mozart. En la sección de Declamación, siempre se distinguieron Mara Agudelo y José Machado  por su disciplina, su inteligencia, su vocación cultural, sus aptitudes y su brillante voz de declamadores. Fueron varios los programas que con ellos y sus compañeros, tu Academia presentó en varios teatros. Hoy, Mara y José, nuestros grandes amigos, son excelentes cultores del verso, poetas amables, gentiles, sencillos y cordiales.
Además, maestro Chaves, institucionalizaste en tu Academia un curso completo (tres años) de Fonoaudiología. Como sé que te gusta recordar especialmente este curso, por ser base –como pacientemente me explicabas- para la perfección de la voz, el carácter, el comportamiento de cantantes coristas y solistas, voy a recordarte, maestro Chaves, las asignaturas impartidas, que impusiste, de acuerdo con tus estudios en México y en Europa: (Aún conservo completo, ese programa de estudios)
Primer año: Fonética; Anatomía y fisiología de la audio-fonación; Física acústica; Semiología foniátrica; Psicopatología (primera parte); Psicología y Psicometría (primera parte).
Segundo año: Clínica audiológica; Clínica foniátrica; Psicopatología (segunda parte); Audiometría; Terapéutica foniátrica y quinésica; Psicología evolutiva; Psicometría; Didáctica asistencial; Terapéutica audiológica (primera parte).
Tercer año: Terapéutica audiológica (segunda parte); Audiometría clínica (práctica); Psicología y Psicopatología; Terapéutica  Foniátrica.
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 Fundaste también, como dependencia de la Academia Mozart, la “Escuela Nacional de Ópera”, con asiento en la ciudad de Medellín. En el Proyecto de Ley se lee:

“El Congreso de Colombia decreta:

“Naturaleza de la Escuela:  
 Art. 1º Asígnase la suma de doscientos cincuenta mil pesos como aporte de la Nación para la creación de la Escuela Nacional de Ópera de la Academia Mozart de la ciudad de Medellín.  (…)
Art. 3º  Debido a que la Academia Mozart fundada y dirigida por el maestro Luis Eduardo Chaves, funciona en Medellín y tiene personería jurídica, y además, ha sido la entidad organizadora de las temporadas de ópera presentadas en el país, se estima conveniente que dicha Escuela funcione como dependencia de dicha Academia (…).  Art. 6º  La Escuela Nacional de Ópera estará dividida en las siguientes secciones: Coral; Repertorio para comprimarios y solistas; Artes escénicas y declamación; Decorados y vestuarios; Ballet; Teoría y solfeo; Técnica vocal; Idiomas. (…)”.
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 También te alcanzaba el tiempo para escribir frecuentemente artículos en los periódicos El Correo, El Diario, El Colombiano, de Medellín, y enviar a El Tiempo de Bogotá comentarios de fondo didáctico y cultural. (Tengo a mi izquierda, en nuestro saloncito de estudio, sobre el órgano, marca “Thomas”, los archivos de tus comentarios musicales).
¡Pero, maestro, no se te olvide que yo fui también tu secretaria! , “pasar en limpio” tus escritos,  en una maquinita de escribir, portátil, marca “Olivetti” (¡ah! también fue mi aporte al matrimonio). Y redactar para la prensa, de cuando en cuando, los comentarios sobre las presentaciones de los declamadores. ¡Cómo me gustaba escribir sobre poetas y sobre sus páginas inolvidables!

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Años más tarde, la Secretaría de Educación del Departamento solicitó tus servicios como experto en la enseñanza de la música en los centros de educación; así, llevaste tu arte y tus metodologías tan especiales, a los liceos Gonzalo Restrepo Jaramillo, Marco Fidel Suárez, Normal Antioqueña, Escuela de Artes del municipio de Medellín, Normal Nacional de Varones, Javiera Londoño, Centro Femenino de Antioquia, la Universidad Adventista, la Universidad de Medellín, la Pontificia Universidad Bolivariana…. ; además de ser asesor artístico de la Secretaría Departamental de Educación. En todo ello se puso de manifiesto tu eficiencia y acierto  en el desarrollo de tus proyectos culturales.
Por esa entrega a la difusión de la cultura, ya que tu propósito fue que todo el personal docente de Antioquia se vinculara al arte en sus diferentes manifestaciones: coros, danzas, teatro, declamación, cursos intensivos de música clásica, etc., dicha Secretaría te condecoró en 1969, con la “Medalla al Mérito Educativo y Cultural Miguel Giraldo Salazar”:

“Al Maestro Luis Eduardo Chaves, quien ha trabajado con ahínco, tenacidad y desprendimiento, no sólo en los cursos de especialización para los maestros de música y en la difusión de ella en los establecimientos de educación, sino también, a través del “Coro de Cámara” que fundó y dirige, integrado por prestantes miembros del magisterio y de la División de Educación, con repertorio muy variado de música sacra, obras del Romanticismo y varias páginas de autores latinoamericanos, con arreglos del mismo profesor Chaves”.

“La Coral de la Gobernación” que fundaste y dirigiste en ese tiempo, fue obra importante en el mundo cultural de Antioquia, y especialmente en el campo educativo: los profesores, hasta entonces, solo se dedicaban a enseñar; ahora, muchos formaban parte de la “Coral” y viajaban a las ciudades y municipios a dar conciertos; además de presentarse en cada uno de los actos oficiales de la Gobernación o del Municipio. Aprendieron solfeo, a leer partituras, a cantar en francés o en alemán o en italiano…; y, eran felices cuando interpretaban obras colombianas. Pero cuando te  aprestaste para volver a Europa, “La Coral de la Gobernación” se desintegró y desapareció.
Te fuiste nuevamente a Europa ¿recuerdas?, para asistir a los centros musicales de España, especialmente, en Santiago de Compostela en donde te dedicaste a la música sacra. Luego, fuiste a los llamados (en esa época) “países detrás de la cortina de hierro”; era el momento en que dominaba el comunismo. Del Conservatorio de la ciudad de Sofía, la capital de Bulgaria, trajiste el novedoso método “Kodaly” (creado por el ilustre músico húngaro) para educar musicalmente a los niños.
¿Recuerdas, maestro Chaves, la reacción de los directivos de la educación en Antioquia, cuando los reuniste y les presentaste el método y lo explicaste?

¡Cómo nos dolió!


Tajantemente lo rechazaron, te llamaron “comunista” y te castigaron enviándote como instructor de arte a la región del Magdalena Medio: En esas agresivas tierras ardientes, tuviste que afrontar viajes en tren y en lanchas; mosquitos, pésimos hoteles, incultura, bostezos, humo de cigarrillo, silbidos, gritos, ruidos inoportunos de rectores, profesores y alumnos de esos centros educativos, que oían hablar de Mozart, de Beethoven o de Verdi, o recibían clase de solfeo o de historia del arte, con los pies sobre mesas y sillas, regando la ceniza y las colillas  por todo el salón; todo eso era la respuesta a las más simples melodías musicales, a las clases de solfeo, al “Bel Canto”, a tu dedicación…

En esas tierras del Magdalena Medio trabajaste ardorosamente por el arte. Lo mismo, cuando fundaste las Casas de Cultura en Sonsón, Jericó, Yarumal, y el Conservatorio de Rionegro, que llevó por tantos años tu nombre.
Venías desde Puerto Berrío, cada semana, a presentar el informe sobre tu labor cultural y artística. En el último viaje de regreso, unos días antes de la Semana Santa, te reuniste con los directivos de la Educación Departamental y ¡qué sorpresa!
Para tu jubilación,  faltaba solo un mes de trabajo para cumplir el tiempo reglamentario. Lo que encontraste en la Secretaría de Educación de Antioquia, como respuesta a tus luchas, a tus sufrimientos en esos lugares inhóspitos, a tus servicios incondicionales, fue tu despido del trabajo por “comunista” y porque tenías “mucha edad” (63 años) y, además,  el no pago de tu último mes de trabajo; y, como si fuera poco, el quedarte sin la jubilación porque te faltaban 30 días del tiempo exigido.
Algunos años después, la doctora Elena Herrán de Montoya asumió el cargo de gobernadora y empezó a estudiar tu caso, tu hoja de vida, tus servicios y la causa injusta por la cual te habían despedido, y ordenó tu jubilación departamental (1988).

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 Lunes 6 de abril de 2009

Desde esta fecha, maestro Chaves, tú habitas una bella casa, “Plenilunio”, estás bien atendido y cumples noventa y seis años. Estás contento; la alegría de vivir que siempre te acompañó, la conservas aún, a pesar de tus quebrantos de salud: Hace tres años, en un fin de semana, pasado en nuestra casita de Titiribí, te caíste y te fracturaste la cadera. Fue delicado y conflictivo nuestro viaje de regreso, e inmediatamente ingresaste a la Clínica El Rosario; soportaste la operación y meses después pudiste dar muchos pasos con ayuda del caminador; fuiste valiente y seguiste caminado con ese apoyo; así salíamos con nuestra familia a los restaurantes a almorzar, también fuimos al Parque de El Salado, salíamos a comer, etc. Pero la anestesia seguía afectando tu memoria y desequilibrando tu carácter; empezaste a perder calidad de vida, se me fue volviendo imposible el cuidarte de día y de noche; las enfermeras que conseguimos para que te cuidaran en el día y en la noche, no mostraron capacidad y afecto por su trabajo, y por eso, mi familia acordó llevarte a “Plenilunio”, uno de los mejores refugios.
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Hoy, experimento un inmenso sentimiento de ausencia… Tú, en Plenilunio; nuestros hijos han establecido sus propios hogares…
¡Me devuelvo!… Desde el principio de nuestro matrimonio (1951), tu   deseo, muy acorde con lo que era costumbre-ley en ese entonces, era que yo, como señora casada, me entregara solamente al hogar. “Una señora casada no podía trabajar; la responsabilidad era del esposo”, ese era el mandato moral de la época.
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En el discurrir de nuestra existencia, juntos, fuiste comprendiendo que para mí, las aulas, la literatura y el lenguaje eran mi alma, lo que había estudiado. Después de doce años como ama de casa,  accediste a que yo volviera  al mundo de las letras, de las aulas y del diálogo fructífero y enriquecedor (era el año 1963).
 De ahí en adelante, fuiste condescendiente y aceptaste y aplaudiste mi labor: maestra, periodista, escritora, autora de varios textos de estudio, bajo el título de: “Serie Español y Literatura” para los grados de primaria y los  del bachillerato; mi columna dominical en El Colombiano, durante doce años: “Funcionalidad del Idioma, Hemos oído y leído”.
 En todas las horas de la noche dedicadas a escribir, siempre me acompañó la monumental obra musical de J. S. Bach: “El Magníficat”, cuyos cantantes intérpretes me ponían el alma “en un hilo”. Siempre he amado a Bach, tú lo sabes; quizás por esto, me regalaste dicha obra en un acetato de 33 revoluciones. Recuerdo también, que tú me hiciste conocer y me enseñaste a escuchar los Conciertos Brandemburgueses de Bach porque, según tú, eran parte de lo mejor de su producción.
Hoy, en 2009,  voy sintiendo gusto por  la soledad y el silencio para leer; pero también -¡qué paradoja!- necesito el diálogo; un diálogo que deleite, que enriquezca, que anime, que dé altura y exquisitez al espíritu; que mi interlocutor y yo podamos, ambos, expresar libremente lo que sabemos, lo que aprendemos, lo que nos hace pensar, y también, lo que nos entretiene. ¡Un interlocutor como tú!
Maestro Chaves, en este presente, me siento muy sola; estás lejos, y los amigos se nos han ido para siempre; la familia también está ausente: Cada uno de los hijos ha formado, de manera comprometida y acertada, su propia familia, su propio hogar…

Ahora, cuando todos los días voy a estar contigo, me embarga una emoción que no puedo darle nombre: es alegría de saberte bien; tristeza por tu ausencia de nuestra casa; tu cuarto vacío… el órgano mudo… no se oye ópera ni ninguna clase de música… la falta de diálogo… ya no existen nuestras diarias salidas al Centro de la ciudad…, nuestro tinto mañanero en cualquier cafetería, especialmente en El Ástor… nuestra diaria presencia en la misa de La Candelaria o de la Catedral o de San Ignacio…nuestro diario callejear para criticar personas, construcciones, obras de arte, parques, monumentos, vitrinas de librerías, almacenes de instrumentos musicales, conciertos, museos…
Está cerca nuestro último paso por este mundo, y me es tan agridulce el instante del encuentro con quienes nos conocen -¡tantos!- y nos vieron siempre juntos.
Hoy, esas mismas personas no conciben mi presencia sin ti en las calles y en otros lugares, y las consabidas preguntas son: ¿dónde está su esposo?, ¿qué pasó con el maestro Chaves? Y, entonces, siento más hondamente tu ausencia.
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 23 de diciembre de 2009


Maestro, no me resigno a verte del otro lado de la música.
A veces  -muchas veces-  me es insoportable tu ausencia en muchos campos, especialmente en el contexto de la música. Fue ella, principalmente, la que nos unió y nos mantuvo juntos todos estos años, hasta que llegaste  -el 6 de abril de 2009-  a “Plenilunio”, el  Refugio que hoy te alberga, y en donde pasas tus horas, tus días, tus meses… alejándote, mentalmente, cada vez más de ese poder embrujador de la música, la que fue tu vida, tu trabajo, tu razón de ser; alejándote de esos dioses que poblaron tu alma y tu espíritu: Mozart, Bach, Beethoven, Verdi, Fauré, Litz…. a los que tanto interpretaste con tu bella voz de tenor lírico, y que imprimieron en mí tanta devoción y tanto respeto por ti, hasta entregarte mi juventud, mi vida y mi corazón en la mañana del 22 de julio de 1951.

Sábado13 de febrero de 2010

Asistimos, maestro, tú y yo con todos los residentes de Plenilunio, las familias y visitantes, como de costumbre a las 2.30 p.m. a la Santa misa celebrada por el Padre Jesús Botero. Y ¡qué sorpresa nos llevamos tú y yo!
El excelente grupo “Tango social” presentó a continuación de la misa, un gran espectáculo de baile, con lo mejor del repertorio del tango. Sus integrantes son unos brillantes artistas a quienes colmamos de aplausos. ¡El acto era en homenaje a ti y a mí! Estuvimos muy agradecidos; alabamos su trabajo y sentimos un poco de desasosiego y timidez…

6 de abril de 2010

Cumples un año de estar ausente de tu casa; no puedo atajar mis lágrimas frente al sentimiento de pérdida de tu tan –en otro tiempo-  lúcida mente, de tu vibrante alma ante el arte de los acordes…
Te veo en el Refugio, tranquilo, sereno, alegre, cordial, pero… tan ausente de lo que nos unió durante sesenta años y nos prolongó en nuestros  cuatro hijos y en nuestros ocho nietos.
Veo, aquí en esta nuestra casa, en la biblioteca, esa profusión de partituras, libros, casetes, discos, CD, óperas… y siento que cae sobre mí todo el peso de la orfandad que hoy padece tu música.
¡Nos has dejado solos! A ella y a mí. ¿Dónde andas, Maestro Chaves? ¿Por dónde van tus pensamientos en esta inmensa casa tuya y mía? Ya no escucho a Mozart, tu gran amor, ni a los personajes de las óperas más amadas e interpretadas por ti. ¿Qué pasó con tu alma sensitiva de artista “puro”, íntegro?
Tu mente se ha opacado y me has dejado este mundo de presencias sonoras. ¡Cómo he sufrido en todos estos meses al recoger, agrupar, seleccionar y proteger tu música, tus partituras, las instrumentaciones de grandes obras, que realizabas tú, con tinta y plumas especiales: ¡yo te vi hacerlo!
Solo mi alma está a la intemperie, mis pasos van por las calles de este Medellín sin los tuyos (¡cómo callejeábamos después del tinto de la mañana y de la misa!); mis palabras no te alcanzan ya. Si acaso, en un minuto brillan tus valores y tus deseos, y luego, los veo opacarse rápidamente frente a mí. ¡Todo es ya  tan pasajero, tan olvidable!
Aquí estoy escribiendo, entre lágrimas, mi emoción tan solitaria; tengo el órgano “Thomas” a mi izquierda, está sólo… está mudo…, como mudas y solas están esta casa y mi alma.
Tuvimos muchos desencuentros, pero los superamos, y nos fue posible ir adquiriendo tolerancia, paciencia, prudencia y capacidad de perdón sincero, para seguir viviendo nuestra vida en común y poder tener la sabiduría de ir separando los verdaderos valores de la mucha “basura” que hay en los matrimonios. ¡Por eso, pudimos descartar tantas cosas! ¡Fue muy difícil para mí, pero al mismo tiempo, formador, verte valorar la vida desde arriba, desde el plano del arte, de la belleza!  Como si no estuvieras de verdad atado a la monotonía de la vida, ni a las pequeñas cosas por las cuales había que vivir.  Te percibí tantas veces  flotando en un mundo de ideales y de ensueños: conciertos, óperas, partituras, poesía, especialmente la escrita para los niños, a la cual tú le componías la música….
Si supieras lo doloroso que es verte ausente y presente al mismo tiempo; lo inconsolable de tener que hablarte de cosas simples y en frases cortas, a veces, irreales, para poder atraer tu atención. Cómo me duelen los momentos de ausencia: los veo en tu mirada, en tus palabras, en tus apreciaciones, en tus frases inconclusas, en tus inocentes ideas fijas…….
Entonces, pongo mi cabeza en tu hombro y recuerdo nuestra vida de “ayer”, (ya jubilados), nuestros tintos compartidos todas las mañanas, después de la misa; las calles que tanto recorrimos juntos para dejar crecer y gozar nuestro “niño interior”. Disfrutábamos los espacios, admirábamos la poca elegancia y belleza que queda aún en Medellín, o criticábamos malévolamente todos los destrozos de las modernas construcciones. Anduvimos por tus antiguos caminos: Bellas Artes; Teatro Pablo Tobón Uribe; la Catedral Basílica Metropolitana, en donde tantas veces presentaste y dirigiste tu Coral en famosos conciertos; el lugar donde fundaste la Academia Mozart y en donde tantos artistas del Bel Canto, del piano, de la declamación se formaron. Fuimos sencillos y amistosos al saludar con efusión a  todos los que nos detenían para hablarnos y… luego, ni tú ni yo ¡sabíamos quiénes eran!
Sé que también has olvidado nuestros fines de semana en nuestra florecida y soleada casita de Titiribí, en donde  escuchabas música y tocabas la organeta. Allá, entre tus partituras, estaba una que yo amo de corazón, porque en ella nuestros dos hijos mayores aprendieron a tocar piano: “El pequeño álbum de Ana Magdalena Bach”. ¡Cómo lo he buscado! Esa partitura tenía tus anotaciones y las del profesor de piano de nuestros niños.
En fin. Estoy haciendo una lista de recuerdos, quizás para atormentarme; pero, ¡qué más hago en esta inmensa casa, en la que estoy sola, con mis pensamientos!  Maestro: ¿es necesario el profundo dolor del alma para sentir aún más hondo el vínculo que nos une?
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Maestro Chaves:
Hoy es viernes 28 de mayo de 2010. Clínica de Las Américas.

Ahora, son las diez de la mañana… Veo cómo la enfermera y la médica te desvisten, te ponen un respirador y van contigo al segundo piso, a Cuidados Intensivos…
Nosotros, tu familia, vamos detrás de ti, en silencio, expectantes, confusos, llorosos; y yo, maestro, no puedo con la angustia y con las lágrimas…
Ayer, jueves 27, al amanecer, te dio un derrame cerebral,… Dice el neurólogo que es muy grave para tu edad (te faltan diez días para cumplir noventa y siete años) y que el sitio del cerebro donde se manifestó el derrame, te paralizó el lado izquierdo.
Todo este jueves fue profundamente doloroso para todos nosotros y creo que para ti también, puesto que tu lengua bastante encogida, se movía incansable, sin poder coordinar ni vocalizar nada. Tu pierna y tu brazo izquierdos no sentían mis presiones, tu mano derecha se movía en el vacío, hasta encontrar mi mano… así, estuvimos todo el día tú y yo y la familia. A las diez de la noche del jueves, te dejamos, todavía en Urgencias. La esposa de nuestro hijo menor  te cuidó toda la noche.
Hoy viernes 28 de mayo, a las siete de la mañana, cuando regresé a la Clínica, te encontré peor: tenías mucha fiebre, el lado izquierdo de tu cara hinchado; te percibí molesto y sufriente por la careta para respirar: al amanecer se te había declarado una neumonía; te tenían con antibióticos y había que llevarte de nuevo a Cuidados Intensivos…

Hoy es sábado 29 de mayo.

A las seis de la mañana Ana y yo entramos a tu espacio en Cuidados Intensivos. Te veo muy ausente, adormilado, y a veces con una mirada errante. Y ¡silencio! No tenemos nada qué decir. Frente a varias sondas: alimento, suero, antibióticos, conteo de orina, etc. ¿qué puede uno comentar? Te hablamos… Nada… Se acabó el tiempo de visita… y la tristeza y el miedo siguen creciendo dentro de todos nosotros…
En Plenilunio nos habían invitado a la Santa Misa de este sábado… Mi primera reacción fue: yo no voy, no puedo dejar de llorar… no quiero llevar este espectáculo de dolor y de lágrimas a los residentes, a las directivas, a los visitantes… Pero, aquí en mi cuarto, sola y con llanto, siento un indecible impulso…
¿Tu Amor, mi Señor Jesús? ¿Tu Voluntad que siempre me pone los hitos que han jalonado mi vida?... ¡Fui a la Misa!

Maestro, ¡tu familia fue a la Santa Misa! ¿Sentiste, desde tu lecho en Cuidados Intensivos, el gran amor y la fuerza positiva de quienes tanto te queremos?
¡Lloré mucho!  En mi mente te vi sentado a mi lado, como de costumbre, con un rostro rebosante de alegría, tus manos juntas, devotas, suplicantes en el momento de recibir a Jesús Sacramentado. Maestro Chaves, hay en la vida instantes tan profundos de dolor o de amor, que nos rebasan, nos estrujan…
Son las cuatro y treinta de este sábado 29.
Después de la Santa Misa, llegamos a la Clínica. Entran a verte de uno en uno, tus nietos y sus amigos, luego nuestros hijos, nuestras nueras. Al salir, a cada uno les brillan los ojos y yo les percibo un corazón tranquilo, sosegado: estás reaccionando, dicen.
El último turno de entrada fue para mi hija y yo… te vimos quieto, dormido, luego, medio despierto; te hablamos y ¡poco lo notaste! ¿Te dormiste? ¿Te fuiste? Fueron solo unos minutos. De repente, abriste los ojos y entendiste un poco lo que te estaba pasando.
¡Sentí tu presencia, Señor Jesús!   Supe de inmediato que fe, amor y confianza traen Tu Ayuda…, ”el viento (el Espíritu) sopla donde quiere…”, lo dice la Biblia.
Son las siete de la noche de este sábado 29, y nos dicen  que te trasladan, maestro, a la Unidad de Cuidados Especiales; eso significa que estás evolucionando; que Dios te sana y tu vitalidad y fortaleza responden. Tu alegría de SER y de vivir te ha  sacado siempre de hondas pesadumbres y de delicados estados de salud.

¡Bravo, maestro,  eres un ejemplo de vida, con un poder inmenso de recuperación!

Son las once de la noche ¡Hasta mañana, maestro! ¡Descansa, progresa y haz que ese brazo y esa pierna “despierten” y  obedezcan a tu cerebro! ¡Te amamos!

Hoy es domingo, 30 de mayo:

A la media noche de este sábado que termina, te llevaron a Cuidados Especiales. Hemos estado contigo todo el día domingo; he visto tu enorme fuerza de voluntad dándole la orden a tu mano izquierda; has logrado, con mucha dificultad pero con mucha constancia, llevarla hasta tu mejilla, ¡qué alegría!

Lunes 31 de mayo y martes primero de junio:

Sigues progresando, y nosotros todos, estamos junto a ti. Todos tenemos el corazón palpitante frente a las expectativas…

Miércoles 2 de junio de 2010

Nos han dicho que puedes salir de la Clínica. Como vas para el Refugio y allá tienen todos los recursos necesarios, te mandan con todos los implementos de vida.
Maestro: Son las cinco y media de la tarde de hoy miércoles. Si pudieras captar la inmensa alegría de volver a Plenilunio. ¡Qué  alegría con que te recibimos!  Siento mi corazón palpitante  y rebosante de amor y de agradecimiento. Tu cama, como la necesitas; la puerta del cuarto, con palabras y adornos de bienvenida; nuestras amigas con una gran sonrisa de amor y de acogida y con un apretado abrazo fraternal. ¡Dios ha de premiarles tanta bondad!

8 de junio de 2010.

Buenos días, maestro. ¡Felicitaciones por tu cumpleaños!   Son noventa y siete años de una fructífera vida. A propósito: nuestra gente  me pregunta si de verdad tienes todos esos años….
Recordemos un hecho histórico:
Era el año de 1957 en que por primera vez en Colombia, se le concedía a la mujer tener cédula de ciudadanía y poder votar en las elecciones siguientes. El entusiasmo de las mujeres era extraordinario, y los hombres… callaban.
El doce de agosto de 1958, acudimos tú y yo a sacar las cédulas de ciudadanía, porque tú lo que tenías era una cédula de extranjería y un documento oficial de la Cancillería de México, y yo, una tarjeta postal que era lo máximo que podía tener una mujer de esos tiempos, y la que nos identificaba desde la época de estudiantes.
Tuvimos pues, nuestras nuevas cédulas en donde leíamos: Luis Eduardo Chaves Becerra, Lucila González de Chaves  debajo de las muy feas fotos. ¿Por qué no figuro con mi nombre de soltera como se usa en estos tiempos: Lucila González Restrepo?  Porque “antaño”, una señora casada por la Iglesia, además de no poder trabajar (la Epístola de San Pablo le decía - hoy no - a la mujer casada: “no saldréis de tu casa si la necesidad no os llevare”), tenía que acreditar y “lucir” el “de”; por eso, ahí dice Lucila González de Chaves; y es así como figuro en todos mis documentos oficiales y privados, en mis derechos de autor como escritora, y como me conoce y me llama  toda la gente.

Hoy es sábado 26 de junio.

En Plenilunio están celebrando el Día del Padre.
Una Santa Misa muy cercana a tu corazón, Señor Jesús, sencilla, devota, con unas palabras del sacerdote Jesús Botero, amables, elogiosas y consoladoras.
Al mirarte detenidamente y sufrir contigo, he entendido, de pronto, que lo mejor para ti es una silla de ruedas, después de ver tu cansancio y tu incomodidad.
 Maestro Chaves, quiero dejar constancia aquí, mientras tú estás ausente de todo y Plenilunio sigue celebrando el Día del Padre, de lo que fuiste, de todo lo que hiciste por el arte, por la familia, por los amigos, por los artistas en formación…

Ocurrió ayer domingo 27 de junio de 2010,

Hacia el mediodía: aparecieron de nuevo la isquemia y la neumonía… … ¿Por qué está tan triste mi alma? ¿Por qué estoy llorando tanto? ¿Es el dolor interior acumulado? ¿Es el presentimiento? ¿Es mi cobardía frente a la realidad?

Lunes 28 de junio.

He ido muy temprano a estar contigo, y  me alegré al verte tranquilo y relajado en la silla de ruedas: puedes estar en el patio,  ir por los corredores…. No hablas, no puedes comer solo, pero las niñas enfermeras te dan los alimentos; también huyes de nuestro mundo, te duermes, no entiendes, regresas al poco rato, te iluminas un poquito… y yo pienso en los versos del poeta Porfirio Barba-Jacob: …”Era una llama al viento, y el viento la apagó…”    “Porque no es nada una llamita al viento…”

Lunes 26 de julio

Estoy junto a ti, maestro. Tú no lo notas; tampoco te das cuenta de la presencia de tus hijos. ¿Dónde están tu espíritu, tu alma, tu pensamiento, tus palabras, tu alegría?
Sentado en tu silla de ruedas, junto a mí, dormitas, musitas un poco, pero no sé qué dices. Tus manos, apenas, se mueven, tus ojos no miran, y yo, como dice el poeta “me estoy muriendo de sentir lo que siento”.
Un momento, solo un diminuto momento, y tu mano derecha aprieta con fuerza, mucha fuerza, la mía… ¡Cuánto quisiera saber qué es, qué pasa, qué quieres decir…!
Siento la angustia de tener y no tener, de verte enderezar el rumbo hacia el Corazón del Padre; el dolor de la pequeñez de mi fortaleza, mi inseguridad para quedarme aquí, sola, viéndote ascender por el camino de la LUZ. ¡Nos vamos quedando sin ti! Sólo percibo tu presencia física….

Ocurrió ayer domingo 25 de julio, hacia el mediodía:

Aparecieron de nuevo la neumonía y el derrame cerebral… “Eres una llamita al viento”…
Maestro, son las dos y media de la tarde de este lunes 26… ¡No puedo escribir más! El poeta Gregorio Gutiérrez González lo dijo: “¡Basta! Las penas tienen su pudor… y nombres hay que nunca se pronuncian sin que tiemble con lágrimas la voz”.

Martes 27 de julio.

Al levantarme, muy temprano, recibí la mala noticia de la noche que pasaste. ¡Había que llevarte a urgencias! Se repetían las isquemias y la neumonía.
Tu habla está bloqueada. A veces, y muy fugazmente, abres un poco los ojos y luchas por ubicarnos; no lo consigues. Pero, sé que oíste todo lo que te dije al oído: “¡deja que la tranquilidad y la paz penetren en ti! Demos gracias a Dios por tu vida tan realizada. Recuerda con serenidad que fuiste esposo, padre, amigo y un excelente trabajador de la cultura. Puedes decir adiós con la alegría de la tarea cumplida. No tienes que inquietarte por nada ni arrepentirte de nada. ¡Estás en paz; no hay dolor en tu alma! ¡Sólo serenidad! Repite conmigo esto que se me ocurre decirle al Señor, que me nace del alma:

¡Gracias, Señor, por la vida que me diste!
¡Gracias por la profesión a la que me llamaste, y que tánto colmó mi alma!
¡Gracias por la familia que me diste y que ha respondido con nobleza a mis ideales!
¡Gracias por la Casa de Amor y Paz y Servicio que me pusiste en mi sendero, cuando empecé a caminar para encontrarme Contigo!
¡Gracias, Dios de Amor!

¡Estamos en paz, solo hay sosiego en tu alma y en tu corazón!  ¡Sé que me escuchaste!

Jueves 29 de julio de 2010.

Maestro:
Un sobrio, elegante y académico acto de graduación de ingenieros realizado en el auditorio del Colegio de San Ignacio (Medellín) tuvo lugar a las cinco de esta tarde.
¡Hoy, Sara Osorio Chaves, tu nieta, ha recibido, con honores, su título de Ingeniera Administrativa!

Su título y su “Mención Honorífica” refrendan para siempre en su vida, el hermoso pregón de su Escuela de Ingeniería de Antioquia:

                                SER              SABER         SERVIR

Horas más tarde fuimos todos a tu Casa, Plenilunio.
Sarita quiso poner su cabeza en tu almohada junto a la tuya, y su amado diploma en tus manos de abuelo; su amado diploma… su amado abuelo…
No reaccionas, Maestro; estás ausente; ni siquiera tus manos tienen energía para tocar el título de ingeniera…
En el acto de graduación, una silla debía estar ahí, exclusivamente para ti, ¡y con honores! Pero… no estabas… y el frío del dolor y  mi soledad atenaceaban mi corazón…
¡No pudo ser, tampoco, tu presencia esta noche, ni tu alegría en el momento en que Sara quiso entregarte su cosecha y besar con devoción y agradecimiento tu frente!

¡Estás agotado! ¡Muy enfermo!

Siempre amaste el silencio, el sosiego. Pero, ahora te acosamos a preguntas, largas, incomprensibles…Tú no entiendes, no precisas, no ubicas, de ahí la recarga en tu cerebro que ya no procesa nada. Todos esos ruidos te desgastan, te incomodan. Lo sé.
Yo prefiero hablarte al oído porque sé que le hablo a tu alma, a tu energía, a tu espíritu y sé que me oyes y el tono bajo te da serenidad.

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Maestro Chaves, es la una de la mañana; no he podido dormir y estoy escribiendo todo esto entre lágrimas, las mismas de toda la tarde, de todos los días…

¡Me dueles, Maestro!

Voy a contarte esto: a las nueve de esta noche que ya termina, cuando toda nuestra familia estuvo reunida en el restaurante, para ofrecerle la comida de honor y de felicitación a Sara… otra vez, la silla vacía… la tuya, desde la cual, siempre, presidiste nuestros encuentros. Tu sitio de honor para presidir la mesa, como en otros tiempos… No hubo quién la ocupara…. ¡Nadie quiso ocuparla!
En silencio, mientras todos celebraban los triunfos  y honores de Sarita, me concentré en ti, te busqué, te lloré y deseé que nuestra familia estuviera  unida. Eso fue lo que siempre me repetiste, lo que deseabas, casi tu único anhelo: “estamos todos juntos”, me repetías con mucha frecuencia.
La esperada unión familiar será el mejor tributo a un abuelo, a un padre, a un esposo, a un amigo, y la más alta nota de nuestro agradecimiento hacia ti.

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Jueves 5 de agosto de 2010

Son las dos y media de la tarde; acabo de llegar a la casa, pues estuve contigo toda la mañana.
Estoy desolada y tengo miedo.
Maestro, ya no respondes a nada, no hay músculo que te obedezca, pero tampoco hay cerebro que dé órdenes. Nada se mueve en ti, ni tus ojos, ni tu lengua. Ya no recibes ninguna clase de alimento, no hay capacidad en ti. Sólo percibo tu respiración.   ¡Tengo miedo! ¡Mucho miedo!  
Estoy completamente sola en esta casa, en un silencio que me acosa, en una incertidumbre que me persigue; doy vueltas y vueltas por todas partes y no puedo contener mi llanto, no hay con quién compartir mi pena; todos están trabajando; no me atrevo a llamarlos, no quiero alarmarlos.
Como el poeta: “¡Señor, no tengo nada para ofrecerte, sólo mi dolor!”
Y mis lágrimas, y mi inmensa pena.

Viernes, 6 de agosto.

¡Acaban de ponerte la sonda para alimentarte! ………..
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¡Señor! Que esta tristeza nos haga a todos más fuertes, más santos, más humildes, más sinceros Contigo y más entregados a tu Santa Voluntad.
Y a él, al maestro, sólo Tú, Señor, sabes cuándo estará listo para entrar, de veras, en tu Gloria… En ese momento…. ¡llévatelo!  ¡Que no sufra! Abrázalo, Señor; y conserva en nosotros –su familia y amigos- un dulce y consolador recuerdo. Que su amor nos alcance desde la Eternidad.

Sábado, 7 de agosto.

Maestro Chaves, te digo al oído que ha llegado el Padre Botero para celebrar la Santa Misa. Son las dos y media de la tarde. Ha entrado el Padre a tu cuarto, te ha saludado con un inmenso amor fraterno, te ha dicho unas palabras preciosas…. Te vi apretarle la mano…
Te alerté para que estuviéramos en misa: mientras te explicaba todo al oído –porque nunca te gustaron los ruidos y las voces gritonas-, me apretaste fuertemente la mano, tus ojos se entreabrieron, te canté al oído las canciones que todos iban entonando, y tú movías un poco tus labios. Te dije: hemos comulgado, pero aquí en tu cuarto, para que no tengas que caminar y no te fatigues; recemos juntos; me apretaste la mano con fuerza y tuve la certeza de que estabas presente.
Luego nuestra amiga, María Elena Arango, la jefa de las voluntarias de Plenilunio, con su bella voz de contralto, te cantó al oído: Un viejo Amor, Cielito lindo, Tierra labrantía. Pegado de mi mano, trasmitías tu amor por la música, la única que te hace reaccionar, que te despierta y te regresa a nuestro mundo.
Aquí nos tienes a todos….Tus ojos se mueven y tu mano derecha aprieta… ¡Nos amas, nos lo estás comunicando claramente!

Domingo, 8 de agosto de 2010

Maestro, estoy leyendo los periódicos; son las diez de la mañana.
Quiero contarte que la prensa destaca, hoy domingo, una circunstancia relacionada con el desfile de autos clásicos. Es una historia, para ti y para mí muy grata y amable de recordar y que me produce nostalgia; me refiero a la limusina de don Diego Echavarría Misas y su esposa doña Dita, los nobles señores del Castillo. ¿Recuerdas? Nos invitaban a las comidas-concierto que organizaban, y muchos de esos conciertos eran realizados por ti o por alguno de tus alumnos: Lía Montoya, Humberto Echavarría, Nelly Duque, Anita Echavarría…o por los pianistas Harold Martina, Blanca Uribe…
Te hablo del carro de don Diego porque en él nos transportaban hasta el Castillo: era amplio, moderno, novedoso; en ese momento sólo dos ilustres personas lo tenían: don Diego y otro magnate de la industria.
Es una bella historia de esa limusina, de la que sacaron lo sicarios  a don Diego, para secuestrarlo y luego darle muerte. El carro se perdió, estuvo abandonado mucho más de treinta años (dice la prensa); sólo a principios de este año (2010) fue encontrado; empezaron las investigaciones y la identificación. El comprador de la casi “chatarra”, al conocer quién había sido el dueño y quién lo había traído al país, lo recobró, lo revivió y  le puso sus piezas originales. Hoy, desfila airoso, por primera vez, con los demás autos clásicos y antiguos por las calles de Medellín. Luego irá al Museo-Castillo – lo dicen los periódicos de Medellín - y será guardado allá, en una urna de cristal, como parte de la historia de ese gran mecenas del arte que fue don Diego Echavarría Misas. Es lo que estoy leyendo.

Hoy es lunes 13 de septiembre de 2010

Maestro: el pasado viernes 10, por la noche te quitaste la sonda nasal, por la cual te estaban alimentando. Y el sábado pudiste tragar el desayuno, luego el almuerzo… y así has venido. Pero hay algo más: tu fortaleza corporal y tu voluntad de hierro te han hecho despertar: desde el sábado abriste los ojos y miraste… quieres precisar nuestra presencia, has hablado, estás despierto.
En esta mañana de lunes, tú y yo en Plenilunio, escuchamos las canciones de Alfonso Ortiz Tirado, el tenor lírico que fue tu amigo en México, a quien tanto admiras y  a cuya voz se asemeja la tuya, pues fueron ustedes de la misma escuela (Instituto de Bellas Artes de México). Al escuchar, interpretadas por Ortiz Tirado, las canciones del Maestro Carlos Vieco (“Carlitos” le decías tú por ser tu amigo personal), te despertaste del todo…, eran canciones que tú incorporaste a tu repertorio de conciertos.
Hoy, por todo lo anterior, tengo alegría y bendigo al Señor por este espacio de paz y compañía que nos deparó. ¡No pienso en el futuro, sólo vivo este presente!

Viernes 15 de octubre de 2010

Te han tenido que poner una sonda conectada directamente al estómago para alimentarte. Te has vuelto a dormir a causa de las continuas isquemias, te cuesta trabajo tragar los alimentos y esa es la razón de la sonda. Nos duele mucho esta nueva circunstancia en ti, pero nos dicen quienes conocen de ella, que es calidad de vida… ese pensamiento nos ayuda a soportar todo esto.

Domingo 24 de octubre de 2010

En esta mañana hemos visto que estás muy delicado. Nuestro día ha sido de angustia, de expectante dolor.
Yo no estaba preparada para situaciones dolorosas que nos llegaran de repente y de las cuales todos desconocemos el momento final.
¡Señor, no tengo nada que entregarte, sólo mi dolor y mis lágrimas!
Tú, Señor, has de guiarme por el camino del dolor que da fe en Ti, confianza y esperanza.

Lunes 25 de octubre de 2010

Estoy contigo desde las nueve de la mañana. Me dueles maestro. El médico vino a verte a las diez y media de la mañana y ha confirmado que te dio una trombosis en tu muslo y pierna y brazo  izquierdos; los tienes hinchados. Tú estás en un mundo de paz, eso refleja tu semblante y tus amables gestos. Ya te pusieron esta tarde la primera dosis de anticoagulante. El médico me confirma que eres una llamita y que ya te estás apagando, pero que no tienes dolores; en esa tónica te apagarás para siempre cuando nuestro Dios de amor lo disponga y tu organismo haya cumplido totalmente.
Hoy te repetí al oído: maestro: no tengamos remordimientos ni apegos; hemos recorrido un camino de servicio a los demás, hemos cumplido fielmente con la familia y debemos estar satisfechos de ello.
El médico Álvaro Montoya  me ha afirmado que en cualquier momento te apagas..
Estás caminando, maestro, una senda de luz hacia el Padre. Una senda clara y serena, gracias al Amor de Cristo y de tu lucha por tus ideales.
¡Maestro, tú y yo estamos en paz! ¡En paz con todos, con la familia, con los amigos, con la sociedad; ya hemos dejado atrás los apegos, los egoísmos, los resquemores…!
¡Maestro, puedes irte! ¡Vete con alegría, con serenidad, con amor!

¡Señor Jesús, saldré, con tu ayuda, de este amargo túnel de soledad y de dolor, y seré una bella mariposa en tus manos. El maestro y yo revolotearemos muy cerca de tu rostro y de tu corazón. Sé que nos amas y nos abrazas. Sólo eso necesitamos!

9 de diciembre de 2010:

Has vuelto a despertar. Parece que el sopor y el sueño profundo que te acompañan días y semanas enteras, te ayudaran a recoger fuerzas, a poner un poco de orden en tu cerebro. En realidad, la sonda que tienes conectada al estómago sí te ha dado calidad de vida: tu semblante es de nuevo sereno, señorial, atento, tus ojos están abiertos; al médico lo has dejado gratamente sorprendido cuando le dijiste que estabas bien, y vas poco a poco, adueñándote del espacio.

10 de diciembre de 2010

Maestro: Hace cincuenta y ocho años la empresa de discos “Silver” grabó en discos de 78 revoluciones, uno de tus conciertos de Navidad presentado en la Basílica Metropolitana con la presencia del Señor Arzobispo, los señores canónigos y el público que llenó la iglesia (era domingo). Tus alumnos estuvieron dirigidos por ti, e interpretaron: Venid al Portal (a capella), del Padre Andrés Rosas; Himno de Navidad (a capella), de Jorge Camargo Spolidore; Gloria a Dios en las alturas (Oratorio de Navidad), de Camilo Saint-Saens; A Belén van las gentes (Oratorio de Navidad  - a capella), de Saint-Saens; Alegraos (Oratorio de Navidad), de Saint-Saens; En la Gloria del Señor (El Mesías), de J. F. Haendel.
Con los mismos años de antigüedad, tengo la grabación en acetatos de 33 revoluciones, que la Radiodifusora Nacional de Colombia realizó de tus conciertos en el Teatro Colón de Bogotá y en la Televisora Nacional (retransmitidos por la Radiodifusora Nal.). Tu Coral presentó: La Cantata 78 de J.S. Bach y el Oratorio de Navidad de Saint-Saens. Algunas arias para tenor las interpretaste tú.
Pues bien, maestro, estoy en busca de alguien con alta tecnología para rescatar esas grabaciones y pasarlas a CD……

Jueves 16 de diciembre de 2010:

Maestro Chaves, han empezado las celebraciones navideñas; entre todos los actos el más significativo es el rezo de la novena. Recuerdas maestro, que nuestra vieja y gran amiga la Madre María Agudelo, del Colegio Compañía de María La Enseñanza, nos contó la verdadera historia de la novena: Bertilda Samper, conocida en el convento como la Madre María Ignacia, había adaptado, hace más de cien años, el texto de la novena, el cual se conserva intacto, a pesar de las modificaciones que, le han querido hacer. Hay quienes no toleran la expresión: “Santísimo José, esposo de María y padre putativo de Jesús”…; este adjetivo lo cambian por el melindroso “padre adoptivo”…; además, desconocen el valor del pronombre reverencial “vos”. Y revuelven: el vos, el tú, el usted, quitándole así brillantez, armonía, musicalidad y alegría a nuestra tradicional novena. También les parecen muy románticos los gozos y les han introducido mensajes sobre la pobreza, el desplazamiento, el hambre, la unión entre los seres humanos, la paz de las familias…
Televida presentó en Plenilunio el sexto día de la Novena; todo resplandecía: la alegría, la decoración de la casa, los ancianos residentes, las voces que cantaban y las que leían los textos de la novena.
 Pero lo más especial es que desde el nueve de diciembre sigues despierto. Has podido unirte a todos nosotros  para rezar la novena….

Enero de 2011

Maestro, estás bien dentro de tus circunstancias. A veces hablas un poco, otras no. Me miras largamente y yo te entiendo: quieres precisarme, necesitas que te confirme mi compañía y mi afecto. Te preocupas por mi salud, o porque pueda dejarte solo. No, señor. Te quiero y te lo digo todos los días al oído. Te acompañaré siempre.

Sábado, 19 de febrero de 2011.

¡Otra vez la crisis! Tu pulmonía se declaró con fuerza, especialmente en tu pulmón izquierdo: fiebre, postración, gravedad. Tu  IPS,  Sura, quiere que te llevemos a urgencias a las seis de esta tarde fría. Tenemos tan mal recuerdo, y hemos pasado noches y días tan amargos en esas urgencias, que no queremos llevarte……
…………………………………………

(Decid cuando yo muera… (¡y el día esté lejano!):
Soberbio y desdeñoso, pródigo y turbulento,
En el vital deliquio por siempre insaciado,
Era una llama al viento…
Vagó, sensual y triste, por islas de su América;
En un pinar de Honduras vigorizó el aliento;
La tierra mexicana le dio su rebeldía,
Su libertad, sus ímpetus… Y era una llama al viento.
De simas no sondadas subía a las estrellas
Un gran dolor incógnito vibraba por su acento;
Fue sabio en sus abismos –y humilde, humilde, humilde-,
Porque no es nada una llamita al viento…
Y supo cosas lúgubres, tan hondas y letales,
Que nunca humana lira jamás esclareció,
Y nadie ha comprendido su trágico lamento…
Era una llama al viento, y el viento la apagó.
(Porfirio Barba-Jacob –colombiano-)
Guatemala, julio 29 de 1923)
…………………………………………………..

Tu gravedad, tus muchos años, tu postración, no son ninguna garantía para bambolearte en una ambulancia y esperar en un pasillo, en una estrecha camilla, a que algún médico aparezca…
La jefa de enfermería de Plenilunio nos hace el favor de llamarnos un médico particular, ¡cuánto antes!, digo, y en muy poco tiempo llega el médico.
Son las siete de la noche de este sábado; de inmediato, el médico te pone en tratamiento: más antibióticos venosos por ocho días, nebulizaciones, oxígeno, terapia pulmonar…. A las ocho de esta noche vamos mi hija y yo a los laboratorios de la Clínica  a llevar toda esa cantidad de muestras para exámenes que te tomaron. Sin mirarnos, la señora que atiende nos dice: “a esta hora no se reciben muestras, vuelvan mañana”. Entonces, le aclaramos que vamos a pagar particularmente  y en efectivo……
Recibe las muestras y dice que más o menos en una hora estarán los resultados.
A las diez de la noche los reclamamos, se los llevamos a la enfermera jefa y ella se los lee al médico particular; él incrementa el tratamiento. Tres días has estado muy grave, pero los cuidados del médico particular y los del servicio de enfermería de tu Refugio, hacen que  tu especial organismo vuelva a responder.
Sólo el lunes 21 de febrero, en horas de la tarde, vuelves a estar en manos de tu IPS, gracias al doctor Álvaro Montoya, que ha sido tu ángel protector. Ocurrió que este doctor, que te ha cuidado, no estaba en tu IPS el sábado cuando lo llamamos de urgencia, y el médico que lo reemplazaba ordenó tu traslado a urgencias……

Martes, primero de marzo de 2011

Estás mucho mejor, maestro, tu semblante vuelve a ser normal, con apariencia de relativa salud, pero sigues pegado al oxígeno y con los antibióticos, además de las terapias.

Jueves, 3 de marzo:

Ni hoy, ni los días siguientes podré estar contigo acompañándote, como siempre, porque debo someterme a una cirugía hoy a las dos de la tarde. Llevo un año   enferma y esperando esta operación. Se me  ha deteriorado mucho la salud y tengo que hacer gran esfuerzo para vivir y realizar todo cuanto me toca hacer, por pequeño que sea.

Lunes, 7 de marzo:

¡Mi operación fue aplazada para mañana martes a las cuatro de la tarde!

Domingo, 13 de marzo:

¡Maestro! Otra crisis y muy fuerte. Te empezó a las doce de la noche de este domingo: mucho vómito y agua en los pulmones. Te han llevado a esas horas a urgencias de la Clínica Las Américas, con la mayor premura. Han ido contigo Ana y Juan David. Y yo, aquí, atada a una severa incapacidad, a causa de que, aunque la operación marchó bien, fue realizada en el contexto de mis muchas fallas físicas, de mis alergias, a no poder utilizar los recursos, ni ningún antiinflamatorio…me dejaron sangrar.
 Y ahora… esto otro, tú, ¡mi maestro, muriéndote de madrugada! A las tres y media del amanecer de este lunes me llamó Juan para decirme que te estabas apagando y que el médico había dicho que en cualquier minuto podría darte un paro respiratorio o cardíaco. ¡Pienso en ti, aquí en mi cuarto! Te acompaño, te abrazo y oro al Señor por ti y por mí. Ha llegado Ana de la Clínica y confirma que estás muy delicado. Tengo claro el mensaje casi esotérico, de la espiritualidad oriental, de que “cuando el alumno está listo, aparece el Maestro”. ¿Estás listo? Hace muchos días y meses que estás listo. Todos nosotros, con inmenso dolor, esperamos en Dios, confiamos en Él y afirmamos que también estamos listos….
Son las cuatro y media de la madrugada de este lunes. Me llama Juan y me dice que has empezado a reaccionar. Te van a hospitalizar, porque todavía estás en urgencias, para hacerte un tratamiento intensivo. Nosotros no queremos procedimientos heroicos. Sólo lo que vas necesitando, sin forzar tu físico, sin efectos violentos de resucitación. Así lo hemos convenido todos en la familia. Queremos que te vayas en paz, serenamente, con naturalidad como conviene a una vida que ya termina.
Son las cuatro de la tarde de este lunes, estás en urgencias, y aún no sabemos nada de hospitalización…
Son las cinco y treinta de la tarde y en este momento te están trasladando (sin mí porque estoy recién operada) para el Hospital Manuel Uribe Ángel de Envigado. Estás estable, aunque sigues muy delicado. Aquí van, maestro, mi espíritu y mi alma contigo. ¡Dios ha de guiarnos y ayudarnos! Recibe mi bendición y mi amor.

Miércoles 16 de marzo:

Ayer me quitaron los puntos de la operación; aunque estoy con las defensas muy bajas y no del todo bien, el cirujano me dio permiso para ir a verte al Hospital, en una visita muy corta.
Maestro, estás muy enfermo….
Tuve el valor de hablarte al oído de nuestras cosas, de nuestros sesenta años de matrimonio, de alentarte a emprender el camino de la paz y de la luz, a estar tranquilo. Quizás me escuchaste… es que no respondes ya a ningún llamado ni a ningún estímulo; sólo veo tu lucha por respirar.
 ¡Nos hemos despedido!  ¡Me voy con un infinito dolor y sin poder contener las lágrimas!

Miércoles, 16 de marzo de 2011:

¡Mi maestro!  A las nueve y media de la noche te has ido para siempre. Ya estabas listo y el  Gran Maestro te tendió los brazos y te dijo ¡VEN! Te fuiste en medio del sueño, con paz y serenidad. Para ti, ¡nuestro homenaje de amor y de recuerdo por siempre! ¡Acompáñanos desde el cielo!

¡Qué tristeza más triste, más tristísima,
Qué desolada soledad tan triste!
Qué soledad más sola, más solísima,
Qué triste soledad tan desolada
Tenía esa palabra: ¡triste!, ¡sola!

(Poema de Edgar Poe Restrepo; poeta antioqueño, autor de la letra del Himno de la Universidad de Antioquia, UdeA)

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