jueves, 23 de mayo de 2019

EL IDIOMA EN CAMPAÑA




El idioma en campaña

Autor: Lucila González de Chaves
22 mayo de 2019 - 09:05 PM

En las campañas no hay duelos, sino debates, coloquios o, si se quiere, enfrentamientos.

Medellín
1. ¿Duelo o debate?

Dice el académico, doctor David Gallego:
Es de desear que no todo intercambio de pareceres entre políticos se llamara duelo.
Duelo es una voz con resonancias guerreras o épicas que señala desde el principio, un antagonismo. Y, aunque un duelo dialéctico no tiene nada de malo, se mire como se mire, cabe preguntarse si pueden calificarse de tales los intercambios de acusaciones en que suelen enredarse los aspirantes a presidir el Gobierno.
Todo lo dicho, en cualquier caso, es opinable. Pero lo que no admite discusión, si nos atenemos a las definiciones académicas, es el hecho de que un duelo es un enfrentamiento entre dos —no entre más personas— a consecuencia de un reto o desafío. Muchos recordarán la novela Los duelistas, de Joseph Conrad, y su posterior adaptación al cine por parte de Ridley Scott. Eran dos —y no cuatro ni cinco— los oficiales franceses que se enfrentaban sin cesar durante años: Gabriel Feraud y Armand d’Hubert.

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Tal es el significado recogido en el Diccionario desde 1780. Solo en el año 2001 incluye la Academia una ampliación semántica: duelo pasa a convertirse en cualquier enfrentamiento entre dos personas o dos grupos, medien o no ofensas de honor o armas.
El paso que no se considera válido es aplicar el término duelo a los enfrentamientos entre más de dos personas. Por tanto, conviene evitar titulares como “Duelo de candidatos: Sánchez, Casado y Rivera se verán las caras en dos debates en solo 24 horas”. Es posible que con el correr del tiempo, llegue a extenderse este uso, tanto que acabe aceptándose, pero hoy por hoy resulta desaconsejable.
¿Y por qué desaconsejable? Si nos fijamos en la etimología de duelo, veremos que este sustantivo procede del bajo latín duellum, familia léxica de duo, que se adaptó al español con tilde en la u: dúo. Tal como señala Joan Corominas en su célebre diccionario etimológico, este duellum (‘guerra’) es una variante de Bellum: bélico (‘guerrero’), de donde proceden vocablos como: beligerante (‘dicho de una nación, que está en guerra’), (‘combativo’).
En realidad, la etimología no es razón suficiente para censurar un uso, pues la raíz de nuestro léxico no preocupa a los hablantes. Lo determinante es que un duelo es entre dos, y este es el uso mayoritario considerado correcto.
Así que en las campañas no hay duelos, sino debates, coloquios o, si se quiere, enfrentamientos.

2. Las construcciones centroderecha y centroizquierda:

Definen una ideología o una posición política, - dice la RAE - mientras que las expresiones: centro-derecha o centro-izquierda, con guion, aluden a la unión (en un Gobierno o en una coalición) de partidos de centro y de derecha, o de centro y de izquierda, respectivamente.
Aunque en los medios de comunicación suelen emplearse estas formas como si fueran equivalentes, conviene distinguir:
  1. Centroderecha o centroizquierda
Estas palabras definen una ideología o una posición política identificada por la defensa de los postulados centristas con tendencias conservadoras, en el primer caso, o progresistas en el segundo: “El partido reivindica el espacio político del centroderecha”.
  1. Centro-derecha; centro-izquierda (con guion)
Se refieren a la unión, por ejemplo en un Gobierno, pacto o coalición, de grupos políticos de centro y de derecha, o de izquierda, que mantienen sus identidades: “El pacto de centro-izquierda reunirá a centristas y socialistas”.
Se emplea el guion para unir dos sustantivos en un compuesto ocasional, conservando sus significados originales; puede reemplazarse por la conjunción Y.
Se escriben en una sola palabra cuando el significado es el resultado de la fusión de las dos nociones.
En cuanto al género, en el uso alternan y son válidos el masculino y el femenino en ambos casos (el centroderecha / la centroderecha; el centro-derecha / la centro-derecha).

3. Némesis

El sustantivo de origen latino, némesis, que se ha empleado en ocasiones en textos sobre mitología con el significado de ‘venganza justiciera’, se usa actualmente, y es adecuado, con el sentido de ‘archienemigo’.
Uso válido: El Inter de Milán se impone a su némesis en el partido decisivo.
Es un uso muy extendido, que se acerca, por la semántica, a uno de los significados que se le da en inglés a nemesis: ‘eterno rival’.
Es conveniente recordar que este término se escribe sin comillas, en minúscula y con tilde sobre la primera E porque es vocablo esdrújulo.
Aunque de manera general se utiliza como nombre femenino, es cada vez más frecuente su empleo como masculino («El némesis de M. es uno de los luchadores más pesados del juego»), probablemente por influencia del sustantivo: enemigo.

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4. Dos femeninos que aún hacen vacilar

La concejala y la edila son femeninos adecuados y preferibles, para referirse a las mujeres que forman parte de una corporación local.

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