jueves, 21 de febrero de 2019

EL LIBRO EJEMPLAR DE LA DOCTORA MONTOYA



Sólo para mortales

Autor: Lucila González de Chaves
20 febrero de 2019 - 09:05 PM

Se convierte en un manual para familias, profesionales, hospitales, clínicas, IPS, trabajadores de la salud, grupos de voluntarios, casas de ancianos, etc.

Desde su profesión como oncóloga, especializada en cuidados para enfermos terminales, día a día, la doctora Montoya hace presencia frente al dolor: físico, psicológico, social, económico, emocional, y les consagra sus saberes científicos y su generosidad e intuición fraterna para paliar el paso a la eternidad, de los enfermos de cáncer.
Solo para mortales, escrito por la doctora Olga Montoya Echeverri, es un libro admirable por la delicadeza para narrar los diferentes aconteceres de sus pacientes de cáncer; por la humildad para ejercer su altísima profesión; por la sencillez, elegancia y ternura femeninas, y por la extraordinaria claridad en el manejo del lenguaje.

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Solo para mortales (¡qué extensa connotación la del título!), un libro que, por la seriedad del tema y su exclusiva forma lingüística: estilo llano, claro, tierno, respetuoso y fraterno, se convierte en un manual para familias, profesionales, hospitales, clínicas, IPS, trabajadores de la salud, grupos de voluntarios, casas de ancianos, etc.
La ciencia médica especializada, el valor y la conservación de la vida – corta o larga –, y la muerte, nuestra cercana e invisible compañera de cada momento, se mueven en esta obra como personajes, tan importantes como los mismos pacientes.
Leemos con un agridulce sabor en el alma y con admiración las historias personales y profesionales de la doctora Olga, producto de su servicio en el Hospital General Luz Castro de Gutiérrez, en donde su bondadoso corazón amó y practicó su ciencia médica, especializada en Europa en “dolor y cuidado paliativo”.
En cada uno de sus “casos” contados sabia y sencillamente, el lector va comprobando permanentemente, y con agradecimiento, la labor del Voluntariado, ese grupo numeroso de personas de alta alcurnia espiritual y corazón generoso que desde su fundación ponen en marcha la generosidad y los conocimientos para colaborarle eficazmente a la médica en su labor científica y humana, cuya sensibilidad, psicología y comprensión captamos en esta frase: “Es muy diferente ver una gota de sangre en una prenda blanca a verla en la tela de color rojo”. Es la explicación que sin sensacionalismo, nos da para hablar de ciertas ropas de color rojo… especialmente para Aliria, debido al carácter de su cáncer.
¿Qué hay en este libro, que podemos leer con alguna serenidad, situaciones inclementes, horas límite de vidas, silenciosos y profundos desgarramientos de los deudos, presenciando los últimos momentos? La doctora Olga sabía paliar el dolor, no solo con tratamientos no invasivos al enfermo, sino, además, con su gigantesco corazón amoroso, su sencillez y acompañamiento a cada ser doliente, sin faltarle a la verdad por dolorosa que fuera, sin merma de su sabiduría, elegancia y fluidez como médica, como amiga, como dirigente de altos estudios urgentes de casos ya definitivamente imposibles.
Esto es lo raro: que una médica de tan alta categoría siga conservando su exquisita feminidad, que narre con tanta humildad y sensibilidad momentos que cortan el aliento, que su corazón esté todo entero para comprender y adivinar lo que ese moribundo necesita, siente, desea...
Algunos conceptos de la doctora Montoya:
  1. (El Voluntariado)… (en ellas) “me despertaban admiración su entrega y gratuidad […], aún no sabía la importancia que tendrían esos grupos […]; de ello me quedó una valiosa enseñanza: las voluntarias deberían tener muchos asuntos resueltos en su vida personal para poder realizar bien su labor…”. (p. 28)
2. Al solicitar aumento del tiempo para consultas…, “él no estaba de acuerdo; la efectividad de su gestión estaba medida por el número de consultas y no por las condiciones particulares de pacientes y familias”. p. 36)
3. “Debo reconocer con humildad el valor, la solidaridad y la dignidad que nos despiertan estas experiencias límite entre la vida y la muerte”. […]. “La muerte es una experiencia única, propia, individual, indelegable e irrepetible…. Un camino por recorrer sin la ayuda de los vivos…, en ese recorrido nos ayudan nuestros seres queridos inmortalizados ya fallecidos, y el concepto de la divinidad que, según nuestras creencias, tengamos”. (p. 141).
4. Un enfermo dice de su cuidador:
”…. Siento que he perdido más independencia a su lado de la que la enfermedad me ha robado, porque su visión del mundo es muy diferente a la mía”. (p. 143)
5. “.las emociones no se deben medicalizar, es importante que el paciente las saque afuera, y uno debe estar preparado para escucharlas y dejarlas fluir como si fuesen un río”. (p. 144)
6. “.cuánto dolor y desilusión nos produce ver cómo el derecho a la salud que pregonan nuestros políticos se aleja cada día más de ser la verdadera realidad de nuestros enfermos”. (p. 162)

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Mi saludo cordial a las mujeres entregadas con amor a la medicina, entre ellas: la oncóloga Olga Montoya Echeverri y la psiquíatra Lina Agudelo Baena.

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