viernes, 30 de diciembre de 2016

NUEVO AÑO - 2017





EN TUS MANOS, SEÑOR, EL NUEVO AÑO


Ya es una costumbre que cada treinta y uno de diciembre repitamos nuestra historia:
Lamentos por el año que termina porque no fue pródigo en dones: fallamos en lo educativo, en lo económico, en lo gubernamental, en lo de la salud, en nuestras relaciones familiares, en el cumplimiento de la palabra empeñada (modernamente se dice: “honrar la palabra”), en las promesas de dar a los ciudadanos protección y ayuda, en comprometernos seriamente con la marcha noble y honesta de nuestro país, en vigilar y fortalecer sus bases democráticas….
Lamentos porque la Patria sigue igual de maltratada o peor y los colombianos, engañados; porque en el año que expira, no pudimos poner cimientos para curar las penalidades que padecemos.
Parece que  estamos padeciendo, de manera generalizada, el mal de la desidia en todos los aspectos.
Muchos creen subsanar sus desaciertos y borrar los atropellos cometidos con desbordadas celebraciones: desencadenantes de nuevas y múltiples depresiones; celebraciones altisonantes y  descontroladas, de algarabía insoportable, de inconsciencia social y ética.
Otros  celebran de la misma manera sus logros alcanzados. Y, todo eso constituye el umbral que, según ellos, nos permite entrar con felicidad y esperanza en el nuevo año. ¿Cuándo aprenderemos a vivir “ligeros de equipaje”, ajenos a las malsanas promesas, a las satisfacciones viles de engañar y dañar moral, social y económicamente a los otros?
…………..
Señor, te damos gracias por tu misericordiosa presencia en todos  los instantes, en los que nos has llenado de vigor interior y físico, de prudencia y perdón, de vida reflexiva y de sabiduría selectiva.
Dios Providente, danos luz  para conocer nuestros aciertos y desaciertos; para hacer  la debida selección de nuestros actos y palabras y enderezar nuestro rumbo.
Da fuerza a nuestra voluntad para ser firmes en el servicio y en el amor; y para decidirnos a la conquista de la convivencia y el respeto.
Da rectitud a nuestra conciencia para que marchemos con responsabilidad hacia un futuro enriquecedor, viviendo este presente con dignidad; para que la vergüenza vuelva a tener vigencia.
Da fe a nuestro espíritu para fortalecer nuestras metas, y poder caminar confiadamente por el sendero que nos lleva hacia el respeto; hacia un vivir libre de mentiras, de trampas, de asaltos alevosos a las conciencias, a los comportamientos honrados, a la verdad.
Da honestidad a nuestra capacidad de análisis  para aceptar que  nos estamos envileciendo y, por ello, convirtiendo en desorden moral,  social y político cuanto nos rodea.
Señor Dios,  queremos cambiar nuestro rumbo equivocado; queremos ser merecedores del  derecho a tener sosiego mediante el amor y el respeto a Ti, a la Patria y a nuestros hermanos.
Quiero  traer a esta columna el bello decir del poeta y dramaturgo José María Pemán:

Yo sé que estás conmigo,
 Porque todas las cosas se me han vuelto claridad…
 Porque tengo la sed y el agua juntas
 En el jardín de mi sereno afán.
Yo sé que estás conmigo
Porque he visto en las cosas
Tu Sombra que es la luz…
Y se me han aclarado las razones
De las cosas humildes;
Y el andar por el camino blanco
Se me ha hecho un ejercicio de felicidad.
No  he sido arrebatado sobre nubes,
Ni he escuchado tu voz,
Ni me he salido del prado verde
Donde suelo andar…
¡Otra vez como ayer
Te he conocido
En la manera              
De partir el pan!”
……………………………………

Señor: yo sé que en la mañana pura
de este mundo, tu diestra generosa
hizo la luz antes que toda cosa
porque todo tuviera su figura.

Yo sé que te refleja la segura
línea inmortal del lirio y de la rosa
mejor que la embriagada y temerosa
música de los vientos en la altura.

Por eso te celebro yo en el frío
pensar exacto a la verdad sujeto
y en la ribera sin temblor del río:

por eso yo te adoro, mudo y quieto:
y por eso, Señor, el dolor mío
por llegar a Ti se hizo soneto.

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