martes, 8 de diciembre de 2015

¡NAVIDAD! 2015




¡VEN!   ¡NO TARDES TANTO!


Las palabras que dan nombre a este texto son una invocación del ser humano; demandan ayuda; son una súplica que repetimos cada año en Navidad, cuando, congregados en torno al pesebre, rezamos la Novena al Niño Jesús.


¡Ven a nuestras almas
Ven, no tardes tanto!


Hermosa e inolvidable costumbre.

Y… si nos apartamos de la bella, musical y devota literatura de dicha Novena, escrita hace más de cien años por Bertilda Samper, monja de la comunidad de la Compañía de María, La Enseñanza, llamada en el Claustro: Hermana María Ignacia; si nos apartamos un poco –digo- de dicho texto, y reflexionamos sobre nuestra fe, descubrimos  que Él   ¡ya vino!  ¡que vive en nosotros!    ¡que nuestro amor y nuestra esperanza mantienen viva y permanente su presencia en nuestra personal comunión con Él!

Deberíamos confesar, con entereza y seguridad, este sentimiento, porque la real presencia – siempre - de Dios en nuestro corazón es el eje de nuestra fe, su llama alimentadora.

Pero, llega Navidad y nuestras costumbres católicas nos remiten cada año al pesebre para sentir, anhelar y, por nueve días, creer firmemente que el Dios-Niño nace para reavivar nuestros principios cristianos y encender el apagado deseo de sentirnos hijos de Dios.
 Creo que debemos cuidar lo eterno: Su Presencia en nosotros desde nuestro nacimiento; y con la certeza de vivir siempre en Él y Él en nosotros, practicar devotamente los ritos.
         

GOZOS Y REFLEXIONES


Estas reflexiones están basadas en el texto clásico, ya citado, de la novena y de sus gozos, que amorosamente nos remiten a nuestra infancia:

1.”Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros”. (Juan 1. 14)

2. Dios Padre entrega a su Hijo a los hombres como la máxima demostración de amor y de perdón.

3. Soberana María, madre del Dios encarnado, prepara nuestras almas para tan deseado nacimiento.

4. Dulcísimo Niño Jesús, venimos confiados ante ti, porque por medio de Santa Margarita del Santísimo Sacramento nos prometiste:
 “Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado”.

5. Jesús-Niño, ante ti exponemos nuestro deseo de llevar una vida santa y poder así, conseguir una eternidad bienaventurada.

6. Adoramos tu Encarnación en el seno de la Virgen María y, por ello, estamos seguros de que acogerás nuestras plegarias y nos llevarás a tu Reino de Paz.

7. El Dios-Padre, por amor al hombre, busca otra morada, y su misericordia infinita, para poder redimirlo y salvarlo, se encarna en la Virgen María.

8. El hombre, creado por Dios, le había desobedecido y merecido, por ello, un castigo eterno, pero el Dios-Padre nos da a su Hijo para expiar aquella desobediencia, ingratitud y rebeldía.

9. Dios-Niño, postrados ante ti en el pesebre, adoramos tu alma y, en ella, la gracia santificadora, la ciencia beatífica y te pedimos que por medio de ellas ayudes la debilidad de nuestras almas y les des nuevas energías para cumplir tu Voluntad.

10. La imponderable sabiduría del Espíritu Santo  te formó en las entrañas de la Virgen María, con tanta delicadeza y tanta capacidad para poder sufrir hasta el exceso y, así, redimirnos y hacernos hijos de Dios.

11. Virgen María, nos unimos a tu adoración por el Dios-Hombre, encarnado en tu seno y como tú, queremos estar siempre anonadados para que Él lo sea todo en nuestras vidas.

12. Divino Niño: ayúdanos a aprender tu lección de amor: Quien se entrega a la Voluntad de Dios, ya no se pertenece a sí mismo, y no quiere a cada instante sino lo que Él quiere, siguiéndole fervientemente.

13. Dios-Niño: queremos prepararnos para tu cumpleaños, purificando nuestras almas para que sean una verdadera morada tuya;  y ennobleciendo nuestros corazones para que aprendan a amar, como tú, sin medida.

14. Llega la medianoche y, como hace más de dos mil años, tú estás en el pesebre.
 Tú, el vaticinado, el anhelado febrilmente. Tu santa Madre, transportada de júbilo, se postra a tus pies. José, te rinde el homenaje con el que inaugura su misterioso e imponderable oficio de padre putativo del Redentor de los hombres.
¡Feliz cumpleaños, mi Señor!



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